EnseÑanzas del último 1º de Mayo
Una política
de aparatos frustró la posibilidad de una masiva protesta popular
La
situación política abierta a partir del 19-20 de diciembre, y el inédito golpe
económico descargado contra el pueblo trabajador, merecían un Primero de Mayo
de movilización popular unitaria y multitudinaria.
Obviamente
no podía esperarse que esto viniera de la mano de corrientes como la CTA y la
CCC, y sus abiertos compromisos con el establishment al que le rezan para que
se “humanice”. Pero tal vez muchos esperaran que de la mano de la izquierda
proviniese un llamamiento en común que facilitara una convocatoria masiva.
Sin
embargo, desde dos organizaciones de la izquierda, el MST y el PO, se optó por
un camino que privilegiaba su propio protagonismo por encima de las necesidades
reales planteadas hoy en la Argentina. En función de eso, el MST concentró sus
energías en manipular el funcionamiento de la Interbarrial para lanzar la
convocatoria a un supuesto “acto de las asambleas barriales”. Y el PO, mediante
un acuerdo con Martino, recubrió su llamado de “acto de los desocupados”.
Ambos, engañosamente, invocaban la necesidad de un acto “unitario” al que
debían plegarse los demás. Por supuesto, con sendos llamados “unitarios” que
enmascaraban las convocatorias de los partidos con el nombre de “asambleas” o
“piqueteros”, el resultado era inevitable: ninguna convocatoria unitaria y una
nueva frustración para muchos.
Así,
tantas declamaciones falsamente “unitarias” derivaron en tres actos diferentes
(MST en el Obelisco, PO-Bloque Piquetero en Plaza de Mayo y CTA-CCC en
Congreso. El PC hizo su propio juego y participó como parte de Izquierda Unida
en el acto frente al Obelisco, y también formó parte del evento ante el
Congreso dada su afinidad con la CTA.).
Es
muy evidente que la única actividad multitudinaria y unitaria posible, era la
realización de una manifestación de protesta y repudio al gobierno y toda su
política, que no podía tener ni “oradores representativos” como pretendía el
PO, ni mucho menos un “documento único” como impulsaba el MST. En todo caso,
cada organización, cada asamblea y hasta cada individuo, podía portar sus
propias leyendas y banderas, en el marco de un interés común por “que se vaya
Duhalde, que se vayan todos”.
En
un contexto de unidad real, cada organización podía tranquilamente haber
realizado sus propios actos políticos en horas previas, como forma también de
dar impulso a una confluencia en común en la Plaza de Mayo más tarde. Si algo
expresaba la mentirosa voluntad de realizar una gran acción unitaria, era la
inexistencia de convocatorias propias de los partidos por aparte, lo cual
dejaba al desnudo el objetivo de manipulación de asambleas y organismos de
desocupados por parte de unos y otros. Y esto también se evidenciaba en las metodologías
impulsadas en cada caso. Por un lado, el “acto con oradores representativos”,
si era real y masivo, tenía que contemplar algo más de 200 oradores (entre
asambleas y organizaciones). Por el suyo, el “acto con documento único” era por
sí imposible como expresión genuina de las asambleas. ¿Cómo podrían tener un
documento político único en un Primero de Mayo las asambleas populares cuando
éstas, por su propia definición, son organismos de confluencia de explotados y
oprimidos por el sistema que tienen la más amplia y variada diversidad de
enfoques, opiniones y simpatías políticas? El objetivo de uniformarlas en un
documento único, sólo podía lograrse sobre la base del absoluto vaciamiento de
las asambleas. Por último, el colmo del absurdo fue la pretensión de hacer
votar en las asambleas a qué acto se concurría, como si una eventual mayoría en
favor de uno le pudiera impedir al resto concurrir a los actos de su
preferencia (convocados por quien fuese).
Nuevamente,
el PO y el MST jugaron un papel contrario al desarrollo del movimiento
piquetero y de las asambleas populares y su potencial capacidad de nuclear a
los trabajadores ocupados y desocupados, a los estudiantes, los jubilados, los
pequeños ahorristas, etc. La mayoría de las pocas asambleas que lograron
movilizarse, lejos de sumarse al acto del Obelisco, al del Congreso, o al de la
Plaza de Mayo, recorrieron la zona céntrica repudiando a los “aparatos” que
frustraron la posibilidad de la que podía haber sido una gran jornada de
necesaria protesta popular.
Ahora, ambos partidos cruzan lanzas
desde sus periódicos, intentando explicar cada uno la responsabilidad de
supuestas y/o reales “conspiraciones” orquestadas por el otro. Patéticamente,
la misma vergonzosa experiencia, pretenden reeditarla para el 9 de julio.
Pero
no se trata de conspiraciones: se trata de la ceguera política de una
izquierda, burocrática y aparatista, condenada a desaparecer como punto de
referencia para el movimiento de masas, cuando éste se ha levantado en rechazo
a la arbitrariedad del orden institucional y, en consecuencia, no está
dispuesto a soportar los patéticos atropellos burocráticos de una vieja
izquierda que añora volver a la cultura de los “cuerpos orgánicos”, pero
dirigidos por ellos.
l. rubiales
La Liga Socialista Revolucionaria
y Convergencia Socialista
realizaron un acto a las 15 hs. en la Plaza Lorea, bajo las consignas “1º de
Mayo Obrero, Socialista, Internacionalista - Por la Unidad de los
Revolucionarios”. Ante algo más de 300 personas hablaron los dirigentes Jorge
Guidobono y Horacio Lagar, deplorando la imposibilidad de confluir en una
protesta multitudinaria con todos los sectores populares que reclaman, semana
tras semana “que se vayan todos”.