en venezuela
BUSH PERDIO UNA BATALLA
Bajando desde los cerros de Caracas, ganando las calles en ciudades como
Maracay y Valencia, el pueblo de Venezuela resistió, rechazó y derrotó el golpe
de Estado contra el gobierno de Hugo Chávez, pergeñado por el imperialismo
norteamericano y que durante 47 horas depositó al empresario Pedro Carmona en
el poder.
La instantánea y decidida reacción del pueblo, junto con el apoyo de un
sector de las Fuerzas Armadas, fue la clave del retroceso de las fuerzas
golpistas. Y fue también un motivo de festejo para todos los pueblos de América
latina: Estados Unidos intentó dar un gran salto en la colonización de la
región y recibió un duro golpe en la mandíbula.
El pueblo venezolano demostró que al imperialismo se lo puede enfrentar,
e incluso derrotar parcialmente, si miles de explotados ganan las calles
dispuestos a jugarse la vida en defensa de sus propios intereses.
El golpe en Venezuela marcó un
vuelco de inmensa importancia en la política de los Estados Unidos hacia
América latina. Con el centro de sus intereses puestos en la aplicación total
del Plan Colombia, el imperialismo volvió a impulsar –tras más de un cuarto de
siglo– un golpe de Estado militar (al estilo tradicional), como forma de
avanzar a saltos en la colonización de toda la región.
Lejos de su anterior mentiroso
discurso “de defensa de los derechos humanos”, el imperialismo yanqui volvió a
sus viejas tradiciones y dispuso de funcionarios, ideólogos y ejecutores para
montar el golpe. Para ello, tal como informó la revista Newsweek el día posterior al golpe –e innumerables medios después–,
hubo reuniones preparatorias en Norteamérica, y un trabajo en equipo junto a la
rancia y reaccionaria burguesía venezolana, la Iglesia, la cúpula de las
Fuerzas Armadas y la dirigencia sindical. Los medios de comunicación privados
venezolanos reflejaron más que nunca su posicionamiento antidemocrático durante
los días previos al golpe.
El imperialismo especuló con que
los tres años de gobierno de Chávez, durante los que no resolvió ninguno de los
grandes problemas de las masas hambrientas (el 80% de los venezolanos vive por
debajo del nivel de pobreza), lo habían debilitado lo suficiente como para que
aquéllas no reaccionaran. Se equivocó en
todo: las masas pobres bajaron de los ranchos e inundaron las calles y
colocaron ante una virtual fractura a las Fuerzas Armadas. El generalato
retrocedió ante la inminencia de una guerra civil, en las que llevaban las de
perder si el pueblo se armaba –en forma generalizada y como pudiese– y junto a
los sectores chavista y legalista aplastaban militarmente a los golpistas.
Chávez reapareció y asumió
nuevamente la presidencia por una sola razón: el pueblo ganó los calles y se
lanzó a la lucha como un torbellino. Esa es la clave de todo.
Además de los pueblos de América
latina, las Fuerzas Armadas de diferentes países seguramente han hecho varias
anotaciones de los sucesos. En la Argentina, el jefe del Estado Mayor de la
Armada, Joaquín Stella, aseguró que “vistos los sucesos de Venezuela, un golpe
militar en la Argentina destruiría a las Fuerzas Armadas” (Página/12, 22/4/2002).
El
golpe y el Plan
¿Era conveniente sostener en el
poder peruano a Fujimori, si parte importante de sus negociados incluían la
venta de armas a las guerrillas colombianas? No. Y el imperialismo actuó en
consecuencia: bajó el pulgar a su hasta entonces aliado, manipulando el
auténtico rechazo de sectores de masas al dictador nipón. Ese mismo dedo fue
bajado también ante la intentona de golpe cívico-militar, de corte populista,
en Ecuador en el 2000, que sólo se mantuvo en el poder durante tres de horas.
Teniendo en cuenta los 1.600
kilómetros de frontera compartida entre Colombia y Venezuela y las supuestas o
reales simpatías de Chávez con las Farc, es rídiculo preguntarse sobre los
motivos que impulsaron al imperialismo a preparar el golpe, y a tener la
caradurez de lamentarse ante el fallido intento.
El futuro del Plan Colombia
concentra el destino de todos los países latinoamericanos. El candado militar
en torno a Colombia que se ha construido en toda la región, la multiplicación
de bases norteamericanas, de agregados militares, las millonarias cifras de
dinero envíadas para financiar y perfeccionar a las Fuerzas Armadas
colombianas, tuvo un fuerte revés en la cachetada que recibió el imperialismo
en Venezuela.
A la búsqueda de la
implementación total del Plan Colombia, se le adjunta que el presidente
venezolano fue uno de los pocos en no “hacer la venia” ante el imperialismo
luego de los atentados del 11 de septiembre. Es más, tiene muy buenas
relaciones con casi todos los enemigos de los Estados Unidos (Cuba, las Farc,
Irak, Siria) y ocupa el cuarto lugar dentro de la Opep (Organización de Países
Exportadores de Petróleo), organismo que se erige como un problema permanente
para el imperialismo pues, en gran medida, determina el precio del barril de
petróleo.
La relación de Chávez con Fidel
Castro es altamente irritativa para Estados Unidos. Máxime teniendo en cuenta
la línea cada vez más dura de bloquear a la Isla económica y políticamente. La
unilateral ruptura de relaciones con Cuba por parte de Batlle, el presidente de
Uruguay; el voto “lamebotas” argentino y la “apretada” del presidente mexicano
Fox a Castro para que éste no estuviera en Monterrey cuando llegara George
Bush, van en el mismo sentido.
No casualmente, una de las
primeras medida que tomó Pedro “El Breve” (como han bautizado a Carmona en
Venezuela) en sus 47 horas de presidencia, fue cortar las exportaciones de
petróleo a Cuba, que gozaban de un arancel especial.
La Isla, a cambio y entre otras
cosas, había enviado a un buen número de educadores, como forma de ayudar a
aminorar los altos índices de analfabetismo venezolanos.
La Iglesia, dicho sea de paso,
venía alertando sobre los problemas de la “cubanización de la educación” y de
todos los peligros que concentra el comunismo en la cabeza de los más pequeños.
Desde parroquias, iglesias y su partido político (Copei) fue parte del riñón de
la preparación del golpe.
El
golpe y las Fuerzas Armadas
Todo indica que Chávez encuentra
su mayor respaldo entre las segundas líneas de las jerarquías castrenses y
desde la tropa. Es más, el “paseo” al que fue sometido Chávez durante el golpe
–fue llevado a cinco cuarteles diferentes– parece haber tenido que ver con la
inseguridad de detener al presidente depuesto en lugares donde contaba con las
simpatías de las tropas acuarteladas.
En varias ciudades, el pueblo
rodeó los cuarteles para exigirles a los militares que defiendan a Chávez. Los
2.000 paracaidistas que se rebelaron durante el golpe, amenazaron incluso con
dar armas a la población para defender al derrocado presidente.
Desde Venezuela, un compañero
escribió: “En Maracay está la segunda
concentración militar del país. En una de estas bases, en la brigada de
Paracaidistas, un general y toda la tropa se rebelaron desde la noche del
viernes 12. Estos llamaron al pueblo a que se apostara alrededor de donde
estaban ubicados, proclamando que si el gobierno no dimitía al final del día
éstos entregarían armas a la población y procederían a bombardear, con los F-16
en su poder, el Palacio Miraflores y las bases enemigas. Hicieron un llamado a
los ex reservistas para que se prepararan y anotaran en las listas para
proceder a la entrega de armas. En las mesas de control los anotados pasaron a
ser más de 6.000. Al final no entregaron las armas, ya que desde el mediodía
los golpistas empezaron a negociar…”.
Esto, junto con los miles de venezolanos
que se dirigían hacia Caracas y los que bajaban desde los cerros, fue lo que
hizo retroceder a los golpistas, más allá de las hipócritas excusas que hayan
esgrimido los militares. Por ejemplo: el comandante general del Ejército,
Efraín Vásquez –uno de los primeros en sumarse al golpe y uno de los primeros
en bajarse ante el alzamiento popular– además de hacer gala de su cobardía y de
sus camaleónicas convicciones democráticas, argumentó que los motivos que se
bajaba del Golpe debido a “la enorme cantidad de muertos entre el pueblo
venezolano” durante las jornadas del 14 y 15 de abril.
Al margen de nuestro dolor por los más de cuarenta
asesinados por los golpistas, lo que el general Vásquez ha olvidado es que las
mismas jerarquías militares que intentaron derrocar a Chávez fueron las que
protagonizaron la sanguinaria represión del “Caracazo” en 1989 que dejó un
saldo de más de 2.000 asesinados.
Las purgas y ajustes de cuenta en las cúpulas
militares signarán buena parte del próximo período y, para ello, como es
costumbre, no se descarta que haya una ola de “accidentes” aéreos como el que
mató el 20 de abril a quien fuera recientemente nombrado jefe de la fuerza
Aérea, el comandante chavista Luis Acevedo.
Un golpe de confianza
A diferencia del tono conciliador de Chávez para con
los golpistas, su posterior anuncio de retirar el directorio conflictivo
designado en PDVSA y la mano tendida a la jerarquía católica y a los oficiales
golpistas, estamos convencidos de que el rumbo es opuesto: hay que ser muy
duros con los golpistas, sus instigadores y jefes imperialistas.
La única garantía para
una real democracia en Venezuela es el pueblo organizado y armado.Para dar
trabajo y sacar de la miseria a las grandes masas de trabajadores desocupados
se debe expropiar a los golpistas de la Cámara de los grandes empresarios. Los
trabajadores con o sin actividad deben echar a patadas a los burócratas
sindicales golpistas, e ir construyendo un poder alternativo al poder de los imperialistas,
capitalistas, milicos y civiles golpistas (curas y burócratas incluidos).
La de Venezuela, es la misma
batalla que tenemos planteada todos los pueblos del continente contra la
colonización imperialista y sus socios capitalistas locales. Y esta batalla
perdida por Bush es un fuerte empujón sobre el ánimo y la confianza del pueblo
venezolano y crea mejores condiciones para la pelea por la liberación de todo
el continente.
Julio Hernández