Adónde está, que no se ve, esa famosa CGT?

Hacia un sindicalismo revolucionario

 

El control de la burocracia sindical peronista sobre los trabajadores venía en picada antes de la rebelión popular de diciembre.

La rebelión del 19-20 de diciembre hizo que ese distanciamiento pegara un salto al ubicarse todos los sectores de la burocracia en contra de la lucha: Daer, obvio; Moyano, previsible, después de sus fracasados actos del 20 de noviembre y del 12 de diciembre, este último evidenciado más por la contundencia del paro general del día siguiente. De Gennaro, en vez de encabezar a los trabajadores de ATE en la pelea que se libraba frente al Congreso, los hizo huir al local del Frenapo con el pretexto de que los luchadores eran “provocadores”, mientras se dedicaba a seguir con el “plesbiscito” contra la pobreza y le daba la espalda al que se dirimía en la lucha callejera. La lista incluye a la CCC, cuyo sector “piquetero” comandado por Alderete se había comprometido a concentrarse para marchar –junto a D’Elía de la CTA y a la izquierda– el 20 de diciembre a las 14 hs. en Congreso. Y también “se borró” con el infame pretexto de los supuestos “provocadores”.

No es casual que Moyano esté deprimido por no poder salir tranquilo a tomar un café por miedo a que lo reconozcan y repudien. Daer ni siquiera se deprime: no se le ocurre semejante aventura. De Gennaro tiene un desprestigio menor, pero su negativa a organizar una resistencia fuerte de estatales y docentes, trabaja aceleradamente en su contra. Y la CCC dependerá de cómo distribuya el gobierno, de aquí en más, los planes Trabajar cuyo control ejerce en buena parte.

 

La Argentina y el agotamiento

de los sindicatos tradicionales

 

En las empresas y gremios se sufre una descomunal arremetida de las patronales en todos los terrenos, con la catastrófica desocupación como telón de fondo y factor de disciplinamiento social de los trabajadores.

Pero a estas razones de tipo objetivo se suma y combina el papel de toda la dirigencia sindical, que fue un factor muy importante para que los capitalistas nos puedan ir llevando a estos abismos de miseria y superexplotación. Hoy es una traba absoluta para organizar una resistencia seria, y no meros paros simbólicos y aislados en los que los trabajadores creen cada vez menos porque comprueban su ineficiencia, además de la pérdida salarial por los días caídos.

Como cuadro general, que naturalmente admite excepciones, en particular en la periferia, el movimiento sindical estatizado creado por Perón en la década del cuarenta, ha entrado en un virtual e irreversible colapso, que acompañó como la sombra al cuerpo a la bancarrota capitalista. Y la burocracia no podrá impedir el proceso hacia una refundación del movimiento sindical. Es decir, hacia la construcción de otro movimiento sindical, no a la reforma de éste que es globalmente insanable, por más que haya que explorar las posibles excepciones a esta regla general.

 

Qué hacer y hacia dónde ir

 

Hay un proceso muy desigual y no es posible aplicar una “receta” o tener un comportamiento único. Por ejemplo, hay compañeros “quemados” como anticapitalistas y/o revolucionarios frente a la patronal y a la burocracia cuya mejor defensa es hacerse fuertes públicamente junto a sus compañeros (a los que a su vez no hay que quemar públicamente). En este caso de la dictadura en las empresas, hay que combinar restos de trabajo público con trabajo clandestino frente a la patronal y a la burocracia delatora y represiva.

En otros casos, donde no existen comisiones internas o delegados, ni compañeros con una trayectoria ya reconocida, el grueso del trabajo interno debe ser completamente clandestino. Y el apoyo que se pueda brindar desde afuera debe ser cuidadoso y preocupado por no “deschavar” a los mejores compañeros, a los más inquietos y activistas. Dicho en otras palabras, hay que terminar con el cretinismo democratista y leguleyo practicado durante estas dos décadas por parte de la izquierda que se reclama revolucionaria.

Partiendo del hecho de que la vida es quien se encargará de dar respuestas acabadas, sí queremos decir que la reorganización de la clase trabajadora debe dotarse de una política revolucionaria, es decir anticapitalista, incluyendo la completa independencia del Estado capitalista, que es el aparato ejecutivo de la clase dominante.

Esto significa educar a los trabajadores en la desconfianza permanente en la clase enemiga y su Estado, mucho más después de haberse agotado la relativa eficacia de ejercer “presión” sobre él.

En un sentido amplio está planteado retomar formas de lucha previas al peronismo, sean las del anarquismo y la llamada “semana trágica” de 1919, o las de la huelga de ocho meses en la construcción, que dirigieron los comunistas en la década del treinta. No para intentar copiarlas en su forma, pero sí en su contenido.

Con esto no debe entenderse que los socialistas revolucionarios no trabajamos en los sindicatos reales existentes –y no en los que son cáscaras vacías que peleamos por destruir–, siempre bregando por crear verdaderas organizaciones obreras, antipatronales, antiburocráticas, anticapitalistas y para la lucha de clases contra nuestros enemigos.

Queda finalmente una pregunta cuya respuesta es imposible de dar hoy: ¿cuál será el mecanismo de engranaje y ensamble de la reorganización sindical de los trabajadores con las asambleas populares, máxime si nuevos hechos objetivos –propios del derrumbe capitalista del país– o subjetivos –como nuevos levantamientos populares– las transforman en organizaciones de masas?

Más que especular sobre hipotéticas respuestas, de lo que se trata es de trabajar en esa perspectiva.

Jorge Guidobono

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