Sharon-Bush:
Un genocidio sin final
Ariel
Sharon no se detiene en su camino hacia el exterminio total del pueblo
palestino. La ocupación militar de los territorios de Gaza y Cisjordania, el
bombardeo selectivo sobre la población civil en hospitales y escuelas, la
invasión a campos de refugiados, los planes para instrumentar deportaciones en
masa, los muertos palestinos que se cuentan por miles: todas son muestras del
accionar asesino del primer ministro israelí.
Tras la salida del ejército
sionista de Ramalhá, después de tres días de ocupación, las fuerzas militares
secuestraron a más de 200 hombres, luego de destrozar decenas de casas y de
dejar pintados los muros con el símbolo del Estado de Israel –la estrella de
David– y el número 932, la unidad que había llevado a cabo la operación.
Aunque los medios imperialistas se
empeñen en hablar de guerra o enfrentamientos, es inevitable pronunciar,
inequívocamente, una palabra: genocidio. Tampoco puede evitarse establecer, al
instante, una trágica comparación con las multitudinarias matanzas del régimen
nacionalsocialista conducido por Hitler en las décadas de 1930 y 1940. Entre
Sharon y Hitler son muchas más las similitudes, que las escasas diferencias de
forma.
El pasado 13 de marzo, el
Consejo de Seguridad de la ONU–impulsado por Estados Unidos– aprobó, por
primera vez en la historia, la creación de un estado palestino. “Era un mensaje
universal que puede conducir a un mundo más pacífico”, dijo George Bush días
después. Pero viniendo de quien viene, hay que empezar a sospechar. ¡Si hasta
Mc Namara (secretario de Defensa durante la guerra de Vietnam) se manifestó
escandalizado por la bárbara política militarista del fraudulento texano!
En realidad, la resolución 1.397 sancionada por la ONU tiene tantas posibilidades de ser llevada a la práctica, como un decreto que prohíba la lluvia. Por eso no dice absolutamente nada en torno a los territorios ocupados en 1967 por Israel, luego de la Guerra de los Seis Días. Por el contrario, sí reconoce la existencia de Israel como Estado. Tampoco la resolución se pronuncia, ni en el menor detalle, sobre los límites en los que se establecería la nueva nación.
La novedosa flexibilidad de
Estados Unidos, el aliado más estrecho y poderoso del gobierno de Sharon a
escala mundial, el verdadero patrón, proviene de la necesidad de aproximarse a
los estados árabes en momentos en que el vicepresidente Dick Cheney intenta
obtener su apoyo para una ofensiva sobre Irak en los próximos meses. Más
precisamente, la clave política tiene relación con Arabia Saudita: este país
(al igual que los Emiratos Arabes Unidos) se negó a permitir la utilización de
sus bases militares para atacar a Saddam Hussein. Y esta respuesta es muy
distinta a la recibida por el mismo Cheney once años atrás en la recorrida
previa a la Guerra del Golfo. Que Dick Cheney, un hombre muy fuerte de la
industria petrolera, sea una vez más el encargado de la recorrida por Medio
Oriente devela el enigma, desnudando los verdaderos intereses que pretendía
encubrir el imperialismo.
Mientras tanto, los reyes de
los países árabes más poderosos (el rey Fahd de Arabia Saudita entre ellos)
siguen negociando el petróleo con sectores del imperialismo europeo –que también
tiene grandes intereses en Irak– y,en consecuencia, las tensiones entre los
bloques imperialistas en la Otan no pueden seguir escondiéndose.
La violencia y el genocidio
contra el heroico pueblo de Palestina son inseparables de la política
guerrerista del imperialismo norteamericano, que sigue apañando a Sharon. Pero
tampoco es soslayable la responsabilidad de Arafat y su política
de“negociación” con los gobiernos de Bush y los sauditas, y de represión a los
palestinos que deciden tomar la lucha en sus propias manos, desconociendo su
decrépita dirección.
Inevitablemente, una
solución genuina de paz para el pueblo palestino (que nada tiene que ver con la
paz de los cementerios de Sharon y del gobierno estadounidense) sólo será
encontrada por los explotados de la región, en lucha contra el genocida Sharon,
el imperialismo norteamericano y el propio Arafat.
La otra posibilidad es más
barbarie y más muertes.
Maximiliano Estarosta