Una izquierda que es parte del pasado

 p;

La izquierda orgánica también es parte del pasado, no ayuda sino que obstaculiza el desarrollo del presente y sólo una nueva organización puede rescatar a sus mejores elementos para un futuro de no adaptación a la burguesía, de práctica burocrática, de ser un Walt Dysney de la fenecida Argentina peronista, burocrática e irrepetible.

    Después de la exitosa y positiva marcha del 16 de noviembre empieza un desagio con la participación de varias fuerzas en los actos de Moyano del 20/11 y del 12 de diciembre; continúa el 19 con el llamado junto a D’Elía y Alderete a una marcha el 20 (antes del estado de sitio), a la que estos últimos no van por considerar que el centro estaba lleno de provocadores, mientras la realidad era que la gente luchaba en las calles y enfrentaba a la policía.

     Se puede discutir la actuación de la izquierda el día 20. Lo que no se puede discutir es que estuvo. No se puede discutir sobre la base de las infames calumnias que le endosa Petras.

     Su cruce de caminos no se produce ahí, donde la izquierda fue parte –bien, mal o regular– de una lucha difícil. El cruce se produce después de la caída de De la Rúa. Y no porque PO u otros no entendieran que a la población no legusta que le pongan adelante una bandera a la que no adhieren. Tampoco creo que se debiera, en lo fundamental, a que PO siguiera subido a una disparatada calesita manejada por la CTA y la CCC, que estaban en el juego de los abrazos con Rodríguez Saá, mientras Pitrola asomaba la nariz en el margen derecho de la foto.

     Rodríguez Saá pasó como el cometa Haley, sólo que despertando sueños y no pánicos en aquellos con vocación de soñadores; y sueños de triunfos revolucionarios en aquellos que confunden crónicamente –y desde tiempos inmemoriales– el faro de una revolución triunfante con un grupo de luciérnagas.

     En semanas se definen comportamientos esquivos por años. La caída de “Adolfo, el breve” trajo esa oportunidad. La crisis de gobernabilidad abría para la izquierda socialista varios caminos, salvo uno: ayudar a entrampar al pueblo en la farsa ilegítima y antipopular de la Asamblea Legislativa. La fuerza principal, Izquierda Unida, y otras, eligieron precisamente ese camino (no otra cosa significaba levantar la fórmula Zamora-Walsh).

     Porque es simple: hay una elección si hay dos candidatos, así sea en un circo romano. Si Zamora hubiera sacado tres votos, se podría presentar periodísticamente las cosas así: “Aplastante triunfo de Duhalde sobre Zamora: 260 a 3”, con un subtítulo que dijera: “Valiente actitud de la izquierda: votando por su candidato legitimó la elección de Duhalde”.

     Dejando de lado la flagrante grosería de ni siquiera avisar a Zamora, guiada sólo por el foco de luz mediática que parece atraer a quienes creen que más valen unos minutos de TV o unos centímetros en los diarios que una política de principios, este hecho demuestra un grado de adaptación enorme a una democracia burguesa en plena descomposición y plantea reorientaciones políticas.

J. G.

 

Hosted by www.Geocities.ws

1