“Gasto
político”
Sueños de Videla
Mientras en el
gobierno se discute otorgar un seguro de cambio por US$ 11.200 millones a los
capitalistas timberos endeudados en dólares se hace propaganda sobre la opinión
pública para convencerla de que el gran problema del país es el “gasto de la
política” que, en la más alta de las estimaciones, supone US$ 2.000 millones al
año.
Por supuesto
nadie menciona que el 24 de marzo de 1976 se eliminó en forma absoluta el
gasto de la política por más de seis años. La dictadura militar derrocó a
Isabel Perón, que dejaba una deuda externa de US$ 7.000 millones. En 1983, los
militares genocidas abandonaban la Casa Rosada con una deuda que había crecido
hasta los US$ 46.000 millones. Tras garantizar un 100% de “economía política”,
la dictadura posibilitó un robo de US$ 40.000 millones para los ladrones
capitalistas y sus capataces de uniforme: algo equivalente a 20 años de“gasto
político” en un tercio de tiempo.
En
el presupuesto que se acaba de votar para este año, no hay punto de comparación
entre lo destinado al gasto político y lo que se llevan las Fuerzas Armadas.
Esta casta parasitaria, completamente inútil para la guerra “en defensa de la
soberanía nacional”, y absolutamente eficaz para traficar armas, volar una
ciudad como Río Tercero para ocultar las pruebas; y probadamente apta para
perseguir, encarcelar y torturar, y para asesinar a los treinta mil compañeros
desaparecidos, se lleva la quinta parte del presupuesto nacional.
Toda
la estructura estatal cobija a innumerables zánganos que pululan, por ejemplo,
en las embajadas: desde los agregados militares de las tres fuerzas, que nadie
sabe para qué están, hasta los diplomáticos que gastan fortunas, y viven en
lujosas mansiones del exterior, como si los capitalistas de esos países que
fueran a invertir en la Argentina, dejaran de hacerlo si ellos viviesen en
departamentos de dos ambientes. O los jueces, con sueldos de US$ 14.000, que
“administran justicia” para quien haya llegado primero con el sobre más
abultado.
El
finado gobierno del “aburrido”, garantizó una gran fiesta para los
beneficiarios de las privatizaciones. Un caso más que singular fue el del
yacimiento de Loma de la Lata. Ese contrato, que vencía en el 2017, se prorrogó
en el año 2000 hasta el 2027 por la irrisoria suma de US$ 300 millones de
dólares, siendo que se estimaban en US$ 40.000 millones las ganancias que
obtendría Repsol en esos 10 años. Sobra decir que, con la devaluación, más que
duplicaron los beneficios, ya que un gran porcentaje de la producción se
destina a la exportación.
Otro robo es el
canon que deberían pagar las empresas privatizadas al Estado. Entre los grandes
deudores se encuentra Macri hijo, que le debe al Estado US$ 250 millones por el
Correo Argentino. También hay que admitir que el pibe no aprendió solo: su
padre Francisco, le debe al Estado unos US$ 170 millones por contrabando de
autopartes de Fiat. Las empresas telefónicas también deben cientos de millones,
pero se les permitió girar las ganancias a las casas matrices que saquearon
nuestros bolsillos desde el monopolio del mercado libre, lo mismo los
ferrocarriles y las autopistas.
Estamos en contra
del despilfarro de los políticos capitalistas. Repudiamos sus robos y sus
privilegios. Pero con sus propuestas de achicar las cámaras o unificarlas no
vamos a sacárnoslos de encima. Porque sus propuestas no van en el sentido de
renunciar a sus privilegios, sino de barrer la representación de las minorías.
Por eso estamos a favor de que haya representación en el parlamento de un
diputado cada 20.000 habitantes, o algo así, con el país como único distrito,
pero que cobre lo mismo que una directora de escuela y que sea revocable cuando
quienes lo votaron así lo decidan. Y, lógicamente, disolver el aristocrático
Senado,
El problema mayor que enfrentammos no es el gasto político sino el
saqueo capitalista de la oligarquía de la región que, falta de industria y ante
la crisis económica, siguió una vía de acumulación mediante los grandes
negociados que instrumentaron sus alcahuetes uniformados y que continuaron sus
capataces “democráticos”.
B. Blarouson