Un voto lamebotas

 

La condena que intenta Estados Unidos contra el estado cubano por su supuesta violación a los derechos humanos, es un insulto a todos los demás países de un continente que padece altísimos índices de pobreza –muy superiores a los de Cuba–, de analfabetismo –que ni siquiera existe allí–, de mortalidad infantil desconocidos en la isla, y un interminable rosario de calamidades desatadas por el capitalismo.

Esos índices no sólo valen para los cientos de millones de latinoamericanos. También están los 16 millones “sin techo” de los Estados Unidos, los miles de pobres asesinados por su policía, y los dos millones de infelices presos (un 75% de los cuales son hispanos y negros) en sus cárceles y otros tantos con procesos por delitos menores.

Que los mayores genocidas del planeta, desde Hiroshima –y aun antes– hasta hoy, se crean con derecho a decidir quién “viola” los derechos humanos, es un atropello a la más elemental lógica vulgar.

Sin embargo, una vez más, el gobierno argentino se dispone a votar contra Cuba en la nueva reunión de las Naciones Unidas.

Duhalde y el canciller ex ministro de la Triple A, Carlos Ruckauf, dicen estar preocupados por la situación en Cuba. Pero nada les preocupan los 16 millones de pobres de la Argentina, ni los miles de genocidas que andan sueltos, incluidos los responsables de los crímenes del 20 de diciembre. Si finalmente Duhalde decide “condenar” a Cuba, no haría más que continuar la tradición inaugurada por el menemismo, que puntillosamente siguió De la Rúa. ¡La actitud del gobierno usurpador, es desvergonzada!

Parece ser un requisito para ocupar el sillón presidencial en la Rosada, tener certificado de “lamebotas” del imperio de la barbarie.

b. Blarouson

 

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