Ellos
o nosotros
Conflicto
municipal en General Pueyrredón
Mar
del Plata no sólo se caracteriza por ser sede del Festival Internacional de
Cine sino también por tener el índice más alto de desocupación del país, por el
éxodo masivo de jóvenes al exterior, por el deterioro en los sistemas de salud,
educación y cultura.
La temporada
veraniega se vio sacudida por la renuncia del intendente Aprile, atrapado en su
propio proyecto de gobierno que exigía mayor ajuste, despidos y recesión.
La ciudad tiene 5.700 empleados municipales
que brindan los servicios básicos desde el trabajo en los cementerios, el
sistema de vialidad, el mantenimiento de la infraestructura de la ciudad, obras
sanitarias, desagües cloacales, alumbrado, barrido y limpieza, hasta la
atención primaria de salud en los barrios, la escolarización a través de 67
establecimientos educativos, el servicio de bibliotecas, museos, extensión
cultural y turística. Durante los últimos años se agudizó la intención de que
estos servicios deben reestructurarse, traspasarse o privatizarse; y la
explicación reside en que estos gobiernos y el sistema capitalista no quieren
mantener ni la salud, ni la educación ni los programas culturales y sociales;
nada de esto genera ganancias. En una sociedad dirigida por los mercados en la
cual todos los proyectos se delinean en el FMI, sólo hay un ordenamiento
básico, que es la lógica del mercado y por ende se convierten en la
exclusividad de una minoría que puede pagarlos.
Hoy los
municipales sabemos que nos enfrentamos al mayor ajuste, no sólo de las
conquistas salariales sino también del régimen laboral y de la propia
estabilidad de los puestos de trabajo. El gobierno comunal avanza sobre la
tercerización, privatización y descentralización; con un discurso modernizador
pretende traspasar las áreas rentables como tránsito, recaudación impositiva,
estacionamiento medido a empresas privadas y eliminar progresivamente las áreas
que generan gastos como cultura, educación y salud.
Los empleados municipales sabemos que estas políticas no son sinónimo de mejoría, también intuimos lo que no queremos y por eso hemos comenzado a proponer proyectos transitorios que generarían ahorro como el corte de pasto en los cementerios (hoy en manos de una empresa privada); la recolección de residuos, el mantenimiento y la construcción de escuelas, salitas de salud, espacios verdes. Por otra parte hemos exigido que las grandes empresas de la ciudad paguen las tasas municipales, los cánones y no los eximan vergonzosamente por amiguismo o clientelismo político.
Durante los
últimos cuatro meses nos hemos movilizado, hemos discutido, creado instancias
de autoconvocados, participamos de asambleas (por dentro y por fuera del
sindicato), hemos cuestionado duramente a la dirigencia sindical cómplice de
estos ajustes y todo esto en definitiva se constituye como una experiencia y
una base para luchar contra el próximo ajuste. Tal vez lo más importante es
que, incipientemente, empezamos a delinear nuestros propios planes de
gobernabilidad, en los cuales discutimos dónde ahorrar o gastar, entendiéndolos
como proyectos alternativos a la crisis donde los propios trabajadores somos capaces
de planificar, dirigir, y gobernar.
Viviana
(Mar del Plata)