UNLP: Periodismo y el conflicto de la toma

 

La segunda mitad de agosto en La Plata no empezó con clases sino con un contundente paro por tiempo indeterminado de los trabajadores de la educación contra la aplicación de la Ley de Déficit Cero. Significa el embargo permanente de conquistas históricas de los trabajadores y el pueblo, por eso, desde un principio, los estudiantes nos plegamos a la lucha docente, como parte de la nuestra contra el arancelamiento y la liquidación de la educación pública. Desde Periodismo se tomó el edificio Reforma Universitaria, en el que también cursan otras facultades. Allí funcionan oficinas del Fomec y la Coneau, posgrados arancelados, Sanidad y otras dependencias.

El hecho se fue convirtiendo día a día en un referente de lucha regional, ganando apoyo y sembrando enemigos, para terminar siendo una importante experiencia. Y lo fue, porque a pesar de no haber logrado el objetivo por el cual se salió a la pelea, se ganó en organización y conciencia.

 

            En el medio pasaron muchísimas cosas. Primero fue la Asamblea Universitaria radical extraordinaria que “resolvió” que había que volver a las aulas para defender la educación estudiando puertas adentro. Después, las burocracias de Adulp y Atulp lograron imponer la modalidad de paros rotativos de 48 horas, intercalados. Pero a contramano de esta tendencia, los estudiantes reafirmábamos en cada asamblea la voluntad de seguir en pie, lo que significaba en aquel contexto, continuar con la toma. La razón era simple: no había por qué levantar nuestra medida de lucha si nada se había obtenido.

            Así y todo los obstáculos a sortear fueron creciendo a medida que se iban definiendo claramente las posturas. En Periodismo, puertas adentro del decanato, las cátedras simpatizantes con la agrupación peronista Rodolfo Walsh, y ésta como conducción del centro, empezaban a trabajar “por abajo” contra los estudiantes en lucha. La causa fue que el decano de Periodismo, Carlos Guerrero (PJ), que es oposición en el Rectorado, empezaba a quedar como la oveja negra de la Universidad, que lo responsabilizaba por estar “promoviendo la toma”.

            Sumado a esto, el enemigo morado de los estudiantes, la Franja, hacía pesar su aparato por todos lados: en asambleas, en los medios, en sus facultades, etcétera. Su más repudiable acción la organizó frente al edificio, haciendo una encuesta que duró dos días seguidos, a la que llamaron “plebiscito”, arrojando el resultado que era de esperar por haber sido la Franja quien la llamó, fiscalizó y recontó. De esto se tomaron todos los medios para desprestigiar la medida.

            No les alcanzó, porque se respondió planificadamente en la calle, discutiendo con los estudiantes y llamándolos a sumarse, haciendo la radio abierta, difundiendo el Diario de la Toma entre los estudiantes y la población en general, y haciendo una parodia de plebiscito que reflejaba el falso eje de discusión que querían imponer. “Franja Morada roba planes Trabajar”, decía la bandera de ese color colgada desde el tercer piso del Jockey, a la vista de todo el mundo. En esta campaña de desprestigio permanente, el diario El Día publicaba cotidianamente rumores de desalojo policial inminente a “los treinta militantes que usurpaban” el edificio. Al pasquín se le respondió con un escrache, en medio de la tradicional marcha de antorchas junto al resto de las facultades.

            Mientras tanto, el cáncer interno que significaban La Walsh, Guerrero y sus profesores, trabajaba fuerte para la próxima asamblea. Asistieron cerca de 1.000 estudiantes de los 4.000 de la Facultad, más los docentes, graduados y hasta el ex decano, que vino a decirnos por qué había que levantar. Se dejó pasar a los medios locales y se invitó a participar a los sectores en lucha como los trabajadores de la Río de la Plata, organismos de Derechos Humanos, estudiantes de otras facultades, desocupados, despedidos del Ioma, etcétera.

            La asamblea comenzó mostrando las producciones de radio, audiovisual, gráfica, afiches y actividades, demostrando que allí se trabajaba en función de pelear por defender un derecho, y neutralizar así la campaña sucia de ese verdadero “frente amplio contra la toma”. Los estudiantes dieron masivo apoyo una vez más a la medida adhiriéndose activamente a las comisiones. Pero por fuera de la Facultad, la lucha hacía ya tiempo había perdido fuerza. A esto contribuyeron en gran medida los centros opositores a Franja en la Fulp, que se limitaban a organizar “hechos políticos” simbólicos como clases en el Cabildo, abrazar el Congreso y tantas medidas ingeniosas, que desarmaban por abajo el planteo de los estudiantes de sus propias facultades, que veían necesario encarar un proceso similar al de Periodismo. Todos estos factores contribuyeron al desgaste en forma permanente, a lo que se agregó que tanto el Fomec como las carreras de otras facultades “mudaron” sus actividades a otros lugares garantizando así su funcionamiento.

            El conflicto estaba ahora planteado sólo en Periodismo. La siguiente asamblea apoyó la toma con la modalidad de dar clases sólo en dos aulas magnas, para no perder el diálogo con los alumnos. La que siguió, de nuevo con aparato, tampoco pudo levantar la medida. Sólo que esta vez, la decisión del decano fue que, si no podía ganar “democráticamente” en asambleas, lo haría “como se debe hacer”: desconociendo el mandato y decidiendo, al otro día, mudar todas las cursadas a los complejos prestados por el gobierno municipal y el PJ local. Desparramaron estudiantes por toda la ciudad: para eso sí le sirvieron los aparatos.

            El golpe fue sentido y el mensaje claro. Había que aislar al activismo. Este, a la vez, entre sorpresas y falta de experiencia, no supo adoptar una respuesta unificada, contundente: habían sido excedidos sus alcances políticos y los estudiantes, poco a poco, volvieron a las clases.

            Con la proximidad de las elecciones estudiantiles, las agrupaciones comenzaron a pensar en las urnas. Para algunas de ellas, parece que de nada valió esa experiencia de lucha ya que se escucharon promesas de centros honestos y democráticos, cuando la realidad mostró que el centro puede ser desbordado como nunca cuando hay predisposición a hacerlo. La organización que nos dimos en Periodismo es un buen ejemplo de democracia directa y participación. Hay que desarrollarla y extenderla, para superarla al calor de las luchas que vendrán.

 

Pedro (La Plata)

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