UBA Se derrumbó la monarquía morada

 

            En la segunda quincena de septiembre, las elecciones para Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA (la más poblada de América latina) marcaron el inicio del derrumbe de la Franja Morada en la Universidad.

            La derrota a manos de la TNT se fue extendiendo como un reguero al resto de las grandes facultades, y fue el preanuncio de un fenómeno más global que se expresaría en las elecciones del 14 de octubre a escala nacional en la sociedad.

            El estudiantado fue, como siempre, la caja de resonancia de las tendencias más profundas que se venían incubando al ritmo del agotamiento de la gestión capitalista. Y expresó, más concentradamente que el resto de la población, una tendencia a la búsqueda de alternativas por fuera de las respuestas más tradicionales ofrecidas por el sistema.

            De conjunto, los votos fueron a parar a manos de acuerdos o frentes de corrientes de izquierda, independientes y/o de oposición más o menos indefinidas. A diferencia del fenómeno de fines de los ’80, que dio lugar a la aparición de la Upau como correlato de la derechista UCeDé (que se integraría rápidamente al menemismo, con lo que desapareció del ámbito estudiantil), el fracaso de la Alianza (incluido su componente de centroizquierda, el Frepaso) derivó en un corrimiento del voto juvenil hacia la izquierda “en general”.

            Por primera vez en veinte años de reinado morado, bajo la corona del archirreelecto monarca Shuberoff, el estudiantado universitario está a las puertas de procesar un cambio de tipo histórico. Esta es la principal lectura que creemos hay que hacer de los resultados de las elecciones de Centros.

            La agudización de la crisis económica y el consecuente recorte del presupuesto educativo, ponen en tiempo presente la necesidad de terminar con una universidad estatal, masiva y básicamente gratuita, que funcionó desde 1983 hasta hoy. Porque lejos de los equivocados análisis de los impresionistas, que hablaban de la elitización de la universidad en estos años, como producto de cuotas y restricciones implementadas con cuentagotas, la universidad estatal mantuvo niveles de masividad iguales y hasta superiores a los de los años ’70, y albergó a un componente cada vez mayor de estudiantes que trabajan. Llegó la hora de reservarla para los hijos de los sectores con mayores ingresos.

            La perspectiva inmediata que se le presenta a los estudiantes es salir a una lucha fuerte y decidida si quieren defender su derecho a estudiar, o condenarse a asistir a su propio entierro. Es la misma disyuntiva que tienen planteada los docentes y el resto de la población trabajadora (desocupada u ocupada): una pelea por la supervivencia.

            Con ese marco de referencia deben orientar sus próximos pasos las corrientes que quedaron al frente de los Centros. Porque a diferencia de lo que ocurrió durante los ’80 o los ’90, los votos que recibieron no expresan una relación directa con su inserción militante real, sino que son tributarios de un rechazo más general hacia todo lo viejo, los aparatos tradicionales y sus metodologías institucionales que mostraron un completo fracaso a la hora de defender la educación. Además, ni el gobierno ni la Franja se sentarán a mirar cómo se fortalecen las corrientes anticapitalistas para organizar la lucha contra ellos. En Económicas, por ejemplo, ya se le quitó al Centro el manejo anual de US$ 2 millones que administraba la Franja, con el argumento de que “el Centro debe recuperar la esencia de su función gremial” (para cuentos, ¡nadie como la UCR!). De hecho, se va hacia la privatización de todos los servicios que las facultades brindaban a través de los organismos estudiantiles (fotocopias, apuntes, etc.). Y, por supuesto, la Franja intentará disfrazarse de lo que sea para recomponer su lugar y apelará a los métodos que crea más convenientes, desde pintarse de rojo hasta armarse de matones (lo que es más probable).

            Los triunfos obtenidos en estos meses, deben ser tomados como palancas para revolucionar los Centros: si se limitan a ser un mero recambio “más honesto” de la Franja, serán barridos sin pena ni gloria, en una gestión tan efímera como intrascendente.

 

De la cabeza a los pies: organizarse

para actuar

 

            La clave para que este hecho histórico se convierta en ganancia para la lucha contra el arancel es que este cambio evidenciado en la cabeza de miles de estudiantes tenga su correlato en organización para la acción.

            Para ello es necesaria una batalla política e ideológica que termine de desterrar la idea de que la educación es un derecho intocable, ajeno a la voracidad del capital y su crisis, y concientizar a la mayor cantidad posible de la magnitud de la pelea planteada. Al mismo tiempo deberemos tejer redes organizativas desde las aulas, en las que todos los estudiantes participen debatiendo y decidiendo creativa y democráticamente los pasos a seguir y cómo hacerlo. En este sentido, cualquier intento de sustituir a la Franja y sus métodos –aunque sea embelleciéndolo con un discurso de izquierda– conducirá a un rotundo fracaso. Los métodos participativos y democráticos no deben ser sólo una declaración de principios. Son una necesidad. Miles y miles de estudiantes pensando, debatiendo, organizándose y actuando, podrán defender la universidad.

            Para este mes de diciembre la Fuba tiene planificado su Congreso anual, en el que la Franja puede perder la presidencia. Sea cual fuere el resultado, los partidos de izquierda, las corrientes opositoras y las agrupaciones independientes que coincidamos en que la necesidad es la organización de los estudiantes por la base, debemos participar con una política común: comenzar a organizar un congreso de delegados elegidos en las aulas, a comienzos del ciclo lectivo 2002.

 

La lucha o el cementerio

 

            La pelea es por la supervivencia de la universidad estatal masiva y gratuita. Hoy el gobierno –más en general el capitalismo en su crisis– necesita enterrarla y no tiene margen para concesiones. El movimiento estudiantil se halla ante la necesidad de emprender y desarrollar una lucha de dimensiones cualitativamente superiores a cualquiera de las que ha llevado adelante en los últimos veinte años, si está decidido a ofrecer resistencia. En este camino se verá impulsado a emprender acciones cada vez más radicalizadas, en las calles, donde deberá enfrentar y derrotar incluso la única respuesta que el gobierno tiene para darle: represión y más represión.

            Al mismo tiempo será vital que la lucha trascienda las paredes universitarias, coordinando con otros niveles de la educación, y con los trabajadores ocupados y desocupados. Transitando este sendero, el movimiento estudiantil podrá convertirse en el impulso para el desarrollo de luchas sociales más profundas, abriendo el camino hacia un cambio revolucionario de la sociedad.

 

MOLOTE y L. R.

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