Menem libre

Y la banda sigue... robando

 

            La sentencia con la cual la Suprema Corte de Justicia liberó a Menem y a parte de los cuarenta ladrones dejó en claro que la justicia no existe ni existirá. Y que, a partir de ahora, el único caso que podrá juzgarse por asociación ilícita en este país es el de Rímolo, con lo cual la banda sigue robando. Eso sí, mucho más tranquila.

            El bochornoso fallo de la Corte, escrito por el juez Augusto Belluscio, hombre de Alfonsín, sobrepasa el absurdo al comparar el juicio a Menem con los métodos de la última dictadura. Con ello, los acusadores pasaron automáticamente a ser acusados. La defensa de Menem no tuvo que hacer demasiado trabajo para lograr su libertad. Tan sólo tuvo que esperar un tiempo, y apelar a los resortes de poder que éste armó durante sus diez años de reinado, en los que hizo de la Corte un club de amigos que, como tales, le respondieron. A Belluscio le bastaron unas cuantas horas –en tiempos judiciales, récord histórico que merecería un lugar entre los Guinness– para transformar con su pluma el Código Penal, y dar por inexistente la figura de asociación ilícita.

            Pero para ser justos, hay que decir que Menem no sólo recibió la ayuda de su Club de Amigos, sino también del actual gobierno. En primer lugar, parece que a todo el mundo se le pasó por alto la recusación obvia a dos miembros del club, Nazareno y Vazquez, por probada relación de amistad con el imputado. Otro detalle “menor” que se le pasó por alto a un fiscal, días atrás, fue el de apelar el fallo en la causa que se le seguía a Menem por enriquecimiento ilícito.

            Pero la administración De la Rúa no es lo único que hizo. Menem fue preso antes de las elecciones como una prebenda transitoria, para intentar amortiguar la clara derrota electoral con el mensaje a la sociedad de que la economía no funciona, pero la justicia sí. Pasadas las elecciones, Menem tiene más sentido libre que encerrado en Don Torcuato. Porque es seguro que les dará más de un dolor de cabeza a los presidenciables mejor posicionados del justicialismo, como Duhalde, y con ello el gobierno tendrá un poco de respiro.

            Ahora el mensaje cambia: nadie, por las razones que fuere, puede denunciar o investigar los delitos de la gran burguesía y sus representantes políticos. Aun si se trata de delitos “menores”: porque hay que recordar que a Menem se lo investigaba por el tráfico de armas, pero ni una sola palabra se dijo en los Tribunales acerca del remate del país a través de las tramposas y suculentas privatizaciones.

            Y el fallo de la Corte no sólo es un guiño para los que cometieron delitos en el anterior gobierno, sino también una cobertura a futuro, que lleva tranquilidad para los delitos cometidos en lo que va de este gobierno, como fueron las coimas en el Senado, y para los que seguro se seguirán cometiendo.

            La división de poderes, que se supone un importante pilar para el buen funcionamiento del régimen democrático, ha demostrado, una vez más, que es sólo un artilugio con el que se pretende encubrir la completa subordinación del aparato judicial a la fracción gobernante, ya sea se trate de tal o cual gobierno, o de tal o cual régimen.

            En la Argentina, al igual que en Estados Unidos, Japón o los países “serios” de Europa, los capitalistas utilizan la coima, la violación de leyes nacionales e internacionales (diseñadas por ellos mismos), la compra de senadores o diputados, los suicidios insospechados, etc., para asegurar sus negocios. No se tratan de inventos argentinos como el dulce de leche, sino del comportamiento normal del capital en busca de ganancias. La Corte Suprema argentina no es una excepción, por más que compita por el primer puesto de la vergüenza nacional.

 

Blarouson

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