“La izquierda se moviliza por una salida obrera y popular”
La Argentina capitalista se cae en pedazos, se
descompone. Y de la mano de Estados Unidos, el mundo avanza hacia niveles de
barbarie nunca vistos.
Se hace urgente y necesario intentar estructurar una
propuesta política alternativa que sólo puede concebirse como revolucionaria,
antimperialista, anticapitalista y antiburocrática. Y esto requiere de la
confluencia de las fuerzas de la izquierda, priorizando los muchos puntos en
que podemos ponernos de acuerdo.
La marcha realizada el viernes 16 de noviembre bajo la consigna “la izquierda se moviliza por una salida obrera y popular” –y continuada el 30 con la manifestación ante la Embajada de Estados Unidos en repudio a su guerra– tiene el valor de ser un primer paso en esa dirección. Es evidente que, a partir de allí, hay que seguir avanzando. Pero no hay que perder de vista el inmenso valor que tiene el hecho de que, por primera vez en décadas, la mayoría de las fuerzas de la izquierda se reúnen, no para ver cómo arman un acuerdo electoral más o menos precario, sino para debatir propuestas prácticas para empezar a articular una respuesta política ante la catástrofe que se descarga sobre el conjunto de los explotados (no sólo económica sino que también amenaza seriamente las de por sí retaceadas libertades democráticas).
El 14 de octubre, de alguna manera, fue parte de un
proceso más global que se viene expresando –no sólo en la Argentina– a escala
de masas, de agotamiento del discurso capitalista. Pero que es también un
agotamiento de todo lo “viejo”: de los viejos aparatos, de la vieja cultura del
monolitismo (peronista o stalinista). El derrumbe de la Franja Morada en la
Universidad es parte de lo mismo.
Hay que construir alternativas distintas y opuestas a las
del capitalismo en todos los terrenos: social, político, organizativo,
cultural, de lucha…
Desde la Liga Socialista Revolucionaria venimos
insistiendo en la necesidad de trabajar por construir una nueva cultura en el
seno de las organizaciones de la izquierda y en su relacionamiento entre sí.
Una cultura de impulso leal a los puntos de acuerdo y de respeto por las
divergencias y la independencia de cada fuerza para defender el resto de sus
posiciones.
Sólo así podrá mostrarse la izquierda como una
herramienta eficaz, capaz de construir un bloque/movimiento/frente (o como se
lo llame) que posibilite a miles de compañeros independientes organizarse en
comités unitarios donde puedan ser protagonistas y desde donde puedan ejercer
una conducción real: para intervenir en todos los terrenos de lucha (político,
ideológico, programático, metodológico y práctico) en que es necesario
enfrentar la ofensiva capitalista-imperialista.
Este sistema ya ha demostrado que es imposible reformarlo
y/o humanizarlo. Y si tenemos el propósito de terminar con ocho mil años de
sociedades de clases, es evidente que no puede haber un pensamiento único
acerca de cómo lograrlo. Y tampoco puede lograrse sin la participación activa
de millones y millones de explotados y oprimidos dispuestos a dar la vida por
un mundo donde crecer sea una alegría cotidiana.
Los trabajadores, ocupados y desocupados, desde Zanón y
Río Turbio hasta los piqueteros de diversos puntos del país, están resistiendo
como pueden los ataques del capital, su Estado y sus gobiernos. Le cabe a la
izquierda, la responsabilidad de ayudar a dar un envión inicial que prepare la
posibilidad de un cambio revolucionario de la sociedad.
Como parte de este objetivo, y siguiendo lo que ya es una
tradición de Bandera Roja, les hemos solicitado a los dirigentes de las
organizaciones que convocaron a la marcha del 16/11, al MAS y a Luis Zamora,
que nos enviaran su punto de vista acerca de la situación actual y cuáles
consideran que deberían ser los pasos a seguir de aquí en más. En esta página
publicamos las respuestas que recibimos.
Jorge
Guidobono
Liga
Socialista Revolucionaria
escribe Juan Carlos Giordano
(MST en Izquierda Unida)
Es evidente que el país se sigue hundiendo. Con De la
Rúa, Cavallo y los gobernadores del PJ, el sistema capitalista argentino ha
entrado en su etapa terminal. Para los trabajadores y el pueblo se ha
transformado en un infierno. Sin embargo, para quienes creemos que el hambre y
la miseria se van a terminar cuando gobiernen los trabajadores y el pueblo y se
avance al socialismo, el futuro es alentador.
Años atrás, ocurría todo esto, pero peor: millones
confiaban en los viejos políticos. Desde hace años esos partidos que
hegemonizaron la vida política del país, se han vaciado de contenido. ¡Y de
votos! La Alianza y el PJ perdieron el 14 de octubre millones de voluntades. Y
una parte muy importante votó a la izquierda. ¡Un hecho histórico!
Este dato, nos alerta sobre la necesidad en dar pasos para
construir una herramienta política al servicio de los cambios revolucionarios
que hacen falta producir.
La unidad de la izquierda y los
luchadores: una necesidad
Puede caer el modelo económico, pero también el gobierno.
Muchas veces en estos meses surgió un interrogante entre los sectores populares
¿Quién tiene que gobernar? Sólo esa pregunta abona que en cualquier momento se
va a poner al rojo vivo esta posibilidad.
Y la izquierda y los luchadores tenemos que prepararnos
para afrontar ese vacío político que hay en el país. Ni el PJ ni la
centroizquierda, visto históricamente, lo van a llenar. Tampoco hay margen para
golpes de Estado.
Hay que unirse en un programa común para llevarlo
adelante. Por no pagar la deuda externa, romper con el FMI, expropiar a las
multinacionales, renacionalizar las empresas privatizadas, enjuiciar a los
genocidas, liberar a los presos por luchar y empujar para que gobiernen los que
nunca gobernaron.
Sabemos que entre las agrupaciones de izquierda tenemos
diferencias, pero eso no es obstáculo. Entre el MST y el PC tal vez tengamos
más diferencias que con otras agrupaciones. Sin embargo avanzamos en la unidad.
Igual con Patricia Walsh que viene de otra identidad. Pero pudimos avanzar. Y
lo más importante es que millones piden a gritos: “únanse”. Y muchos han
desacreditado ese reclamo diciendo que es una tarea “electoralista”. No. Unidad
para las elecciones, pero esencialmente para las luchas, para barrer a la
burocracia sindical, para ayudar a que germine una nueva conducción sindical
antiburocrática y combativa, y por fin, para lo más importante, para que esa
unidad favorezca a la organización de las masas en la pelea por construir una
nueva herramienta política al servicio de los intereses de la clase obrera.
Tendremos que acordar puntos comunes, seguir el debate de
las diferencias, incluso buscar en forma urgente mecanismos democráticos que
nos permitan convivir y dirimir las visiones encontradas. Pero nunca
retrasarnos en la tarea que el momento histórico nos llama a ocupar.
Se ha abierto esa pelea en Argentina. Y empiezan a surgir
organismos de lucha que van a plantear encaminar sus reclamos para ese lado.
Los luchadores sociales y la izquierda tenemos que intervenir. Incluso no hay
que descartar, que si se dan pasos en esa unidad, se pueda llegar a una
herramienta común entre las fuerzas que nos reivindicamos revolucionarias.
La marcha unitaria de la izquierda del pasado 16; la del
30/11 en contra de la agresión imperialista a Afganistán y la que se está preparando
para el 19/12 contra el Presupuesto 2002, tienen que transcurrir bajo esta
visión más estratégica. Para iniciar ese camino. Ese es nuestro compromiso.
escribe
Horacio Lagar
(Convergencia
Socialista)
La izquierda produjo el viernes 16 un hecho de gran
importancia, reuniendo a una multitud decidida a intervenir de manera combativa
e independiente en el escenario nacional. El derrumbe de las instituciones
administradoras del capitalismo colonial, reclamaban esa unidad de acción,
porque sólo la izquierda demostró programa, voluntad y moral para salvar al
país de la decadencia.
Esa unidad, todavía embrionaria, es la gran esperanza
para millones de argentinos castigados por los ajustes de la recolonización
imperialista.
Con su presencia de “fantasma” corporizado, la izquierda
asustó al oficialismo y a los partidos de derecha, manipuladores de nuevas
alternativas de salvataje en complicidad con los políticos oportunistas de la
“centroizquierda”. Por eso los trabajadores en actividad, los desocupados, la
juventud y el activismo, están escuchando sonar la hora de la izquierda.
Perciben que es la izquierda, democráticamente organizada y movilizada, la
opción para llenar un vacío de poder que de otra manera será llenado por los
conocidos de siempre o sus “suplentes”. El resultado será el mismo: mayor
explotación.
La realidad argentina ha sido descripta magistralmente en
el Informe de los Diputados que investigaron el lavado de dinero. Esa
descripción es mucho más que una denuncia de la corrupción de un “modelo”.
Retrata al capitalismo contemporáneo, mostrando todas sus lacras, tanto en su
ámbito nacional como internacional.
Importa poco que los diputados informantes hayan
descubierto esas lacras con el fin de salvar al Sistema. Lo que importa es que
quedó demostrada la necesidad de enterrarlo en el basurero de la Historia,
junto con su “globalizada” economía y sus administradores políticos.
Esa es la tarea actual que no puede cumplir ningún otro
“sujeto social” que no sea el pueblo trabajador. Y el referente obligado de ese
sujeto es la izquierda que se une. Podrá hacerlo si los partidos y grupos que
la integran, con su propia identidad, suman fuerzas en un frente común de lucha
en todos los terrenos.
Los objetivos son concretos y precisos. No se limitan a
“declamar” contra la pobreza en general, al estilo de los empresarios que
lamentan la falta de consumidores y la caída de las ventas, compitiendo en
buenas intenciones con los burócratas y los políticos patronales. La pobreza
que la izquierda enfrenta no se “produce”… ¡La producen ellos… los Escasany,
Roggio, Macri, Pérez Companc y las empresas privatizadas por los gobernantes
corruptos!
Dado que la unidad de acción no conforma un “partido”,
cada cual en la izquierda decidirá su comportamiento táctico ante las diversas
expresiones de “oposición a la pobreza”, vengan de los políticos, de los
obispos o de los dirigentes sindicales. Pero la izquierda ya tiene
identificados a los que deberá enfrentar con su movilización. Son los que
“fabrican la pobreza” y quienes la administran para enriquecerse. Tienen nombre
y apellido y son bien conocidos.
Esta delimitación exige tomar la delantera para organizar
y movilizar a los que soportan la ofensiva imperialista, sin ponerse a la cola
de los claudicantes que pretenden combatir la pobreza aumentando el consumo.
(20/11/2001)
escribe
Patricia Walsh
Diputada
nacional (IU)
La experiencia de unidad en la
acción, que últimamente iniciamos diversas corrientes de la izquierda –IU, PO,
PH, FOS, MAS, LSR– y movimientos sociales, como el MIJP que lideran Raúl
Castells y Nina Peloso, resulta enriquecedora. Naturalmente, espero que podamos
continuarla y profundizarla. No porque todos coincidamos en todo, sino porque
unos cuantos podemos coincidir en mucho. Y eso fortalece la participación en
las luchas. Viniendo como venimos, en nuestro país, de semejante nivel de
fragmentación, no es poca cosa...
¿Cuánto tiempo hace que varios
partidos y grupos de izquierda no hacíamos una gran marcha conjunta, contra el
gobierno y contra la deuda, como hicimos el pasado 16 de noviembre desde
Congreso a Plaza de Mayo? ¿O no es la unidad lo que nos permitió convocar a
cerca de 5.000 compañeros, llevando distintas banderas pero todas de izquierda?
¿No será por esa unidad que la gente que salía del Teatro San Martín aplaudía
al paso de la columna? ¿No se reflexiona que si toda la izquierda se hubiera
presentado junta en las elecciones, en la Capital del país, hubiéramos nada
menos que ganado todos?
Cuando decidí sumarme al
proyecto de Izquierda Unida, junto al MST, al PC y a otros compañeros y
compañeras independientes como yo, lo hice desde la convicción de que la unidad
de la izquierda y los sectores combativos es una necesidad. Una necesidad no
sólo para participar en las luchas de todos los días, que son imprescindibles,
sino sobre todo para avanzar en la construcción de una alternativa política
–incluyendo no sólo la lucha electoral– para enfrentar a los partidos del
sistema. Así concibo mi propia banca: al servicio de las luchas y de la unidad
de la izquierda.
Y cuando digo partidos del
sistema me refiero no sólo a los tradicionales, sino también a los intentos de
recrear experiencias de “centroizquierda”. Porque quienes vamos por no pagar la
deuda externa, por derrotar este modelo, por anular las leyes de impunidad,
vamos por las salidas de fondo y estructurales: por el gobierno de los
trabajadores y la construcción del socialismo. La crisis de la Alianza, el PJ y
la burocracia sindical nos están dejando un espacio más que amplio. Desde la
legitimidad de nuestras luchas y nuestras organizaciones, nuestro desafío es
ocuparlo.
¿La clave para la unidad?
Privilegiar los puntos en común. Porque las diferencias existen y los matices también.
Es muy fácil, si se quiere, hacer un mundo de cuestiones tácticas. O al revés:
por divergencias estratégicas, evitar siempre la unidad en un momento dado y
por temas concretos. Por eso hay un aprendizaje y un esfuerzo necesarios: saber
anteponer lo principal que se comparte a lo secundario en que no se acuerda.
Porque si la unidad se logra en base a puntos comunes, respetando todas las
identidades, fortalece a todos sus componentes. En ese sentido, desde IU
seguimos llamando al compañero Luis Zamora y a Autodeterminación y Libertad a
volver a sentarnos, cambiar ideas y encontrar los caminos que nos permitan
actuar juntos en aquello que coincidamos.
Este viernes 30 estaremos
manifestando contra el imperialismo norteamericano, agresor de Afganistán, y
contra el servilismo del gobierno argentino. Marcharemos todas las
organizaciones que nombré al principio, más el PCR y el PTS. También estamos
conversando sobre otra iniciativa de movilización común contra el Presupuesto
2002, para las próximas semanas. Es decir, oportunidades para construir unidad
en la acción no nos faltan. ¿Podremos hacerlo? El valor de la unidad merece el
mayor de los esfuerzos.
La
izquierda y la crisis de poder
escribe
Jorge Altamira
Legislador
en Ciudad de Buenos Aires (Partido Obrero)
La izquierda se enfrenta, en Argentina, a la mayor crisis
del capitalismo en toda su historia. Ella tiene lugar, además, luego del
fracaso de una experiencia ininterrumpida de gobiernos constitucionales del
peronismo, del radicalismo y hasta de una fracción de la pequeña burguesía que
siempre ha posado de disidente. Existe por lo tanto una convergencia de los
elementos objetivos y subjetivos que hacen a una gran crisis política.
La izquierda, y no solamente en Argentina, aborda esta
crisis de proporciones históricas bajo el “trauma del muro de Berlín”, o sea
desde una perspectiva forjada desde el ángulo ideológico de la “derrota del
socialismo”. Interviene por lo tanto con un enfoque de adaptación al
capitalismo, aún más democratizante y electoralista que el que tenía con
antelación al derrumbe soviético. No puede explicar el surgimiento de esta
enorme crisis capitalista, ni pudo menos preverla. Ha demorado en admitir que
asistimos a una crisis de poder y la reduce al ámbito nacional. Ni los sectores
más avanzados de esta izquierda plantean la cuestión del poder, al punto que se
han referido a la necesidad de una Constituyente en forma errática y en
relación a cuestiones políticas específicas. En realidad, la crisis argentina
es una versión acentuada de una crisis mundial, que arranca desde la década del
70 y que tuvo en la disolución de la URSS a uno de sus episodios más
gigantescos.
La desorientación de la izquierda refleja en cierto modo
la de las propias masas, pero con la salvedad de que éstas sufren
ideológicamente la debacle del nacionalismo burgués y del stalinismo. Sin
embargo, se afirma en los explotados la tendencia a la acción directa, que es
uno de los elementos más importantes de la lucha revolucionaria.
La crisis de poder que se ha abierto constituye el punto
de partida metodológico para una intervención de la izquierda. La lucha por el
poder se encuentra objetivamente planteada, no depende de que la lucha
reivindicativa deba llegar antes a un determinado estadio de desarrollo. El
puente entre la conciencia actual de los trabajadores y la de su completo
carácter de clase, puede ser desarrollado como consecuencia de esta crisis de
poder y a partir de una agitación política directa, mediante el planteo de un
gobierno basado en una Asamblea constituyente, no sólo en la nación sino
también en las provincias y municipios. Al desarrollar la necesidad de un
gobierno deliberativo y al mismo tiempo investido de la totalidad de los
poderes del Estado, aproximamos a los trabajadores y a la situación política
como tal a la dictadura del proletariado.
El tiempo necesario de desarrollo de esta transición no
es otro que el de la madurez de las masas, lo cual supone una maduración de la
crisis internacional y del desenvolvimiento revolucionario en América latina.
La hora
de la izquierda
escribe
Patricio Echegaray
Legislador
en Ciudad de Buenos Aires (IU). Secretario General del Partido Comunista de la
Argentina
En este difícil momento que
viven los trabajadores y el pueblo, como consecuencia de la crisis general que
no puede ser ocultada por el imperio y de la aplicación de las políticas
capitalistas-neoliberales presentan a la izquierda nuevas responsabilidades y
tareas a asumir: la capacidad para dar respuestas combativas y alternativas.
Se han registrado fuertes
cambios de situación. Hay en el mundo un estado de guerra provocado por el
imperialismo norteamericano y sus aliados. Al desastre económico y social que
sufrimos en el país, hay que sumarle una crisis política dentro de la cual el
rasgo más sobresaliente es la quita de representatividad que sufrieron la
Alianza y el justicialismo en las últimas elecciones. El carácter político de
la crisis es una de las razones más visibles que deja sin iniciativa a los
sectores sindicales, y otros, que no dejan de referenciarse en los partidos del
sistema o en las variantes centristas. Lo que hace falta es construir desde la
izquierda, y en particular desde las luchas, una alternativa que se proponga
acumular fuerzas e instalar en el gobierno y en el poder una transformación de
cambios profundos.
Una fuerte voluntad que se
disponga a privilegiar el salario y el empleo, la salud y la educación, el
techo y la tierra para los trabajadores y los sectores populares.
Las izquierdas han venido incrementando
en estos años su rol en las luchas populares y en los movimientos sociales. Las
representaciones parlamentarias obtenidas en el 2000 fueron producto de esa
realidad, ahora se han incrementado y en las elecciones del 2001 un millón y
medio de personas votaron por las izquierdas. A mayor presencia en donde hay
que estar, haciendo lo que hay que hacer y diciendo lo que hay que decir, mayor
reconocimiento social.
Estos datos señalan cuál es la
tarea. Resolver el drama de la dispersión ya no es una cuestión de posiciones
políticas o de diferencias en un debate. Se trata de si estamos de verdad
dispuestos a construir una fuerza para disputar el gobierno y el poder a las
clases dominantes. O dicho de modo más sencillo: si tenemos o no voluntad de poder.
El Partido Comunista en su
reciente Conferencia Nacional ha elaborado propuestas sobre la coyuntura
poniendo el centro en la unidad de todas las fuerzas que resisten al modelo y
al sistema vigente y en la construcción de un polo alternativo de salida a la
crisis.
En tal sentido varias de sus
ideas están ya contenidas, después de debates unitarios y fructíferos, en la
convocatoria a un acto de Izquierda Unida para el sábado 8 de diciembre y en la
mesa plural de izquierdas que luego de la convocatoria del 16 de noviembre
contra el pago de la deuda externa, contra el déficit cero y el presupuesto
2002, por el apoyo a todas las luchas, por la libertad de Alí, Castells y todos
los presos políticos y contra la guerra imperialista en Afganistán; continúa con
las reuniones ahora para diseñar la movilización del 19 de diciembre, dando
continuidad a esas consignas. Estas demostraciones pueden y deben ser el
puntapié inicial de un compromiso unitario y de una serie de encuentros
plurales de las fuerzas de izquierda que se propongan objetivos más vastos,
tales como un encuentro de las izquierdas políticas y sociales. Una mesa de
enlace, de consulta, de intercambio y de posibles convocatorias comunes y
coincidencias futuras en los diversos terrenos de la lucha de clases, podría
ser el camino.
No estamos sólo ante la crisis
de un gobierno, de un partido o de un presidente. Los problemas que hoy
sufrimos los argentinos son expresión de la crisis del capitalismo, que es
mundial y abarca todas las esferas de la vida social. Nada puede darle al
pueblo el gobierno argentino y nada puede darle el imperio a un gobierno en
bancarrota.
“Si fuéramos capaces de
unirnos, que hermoso sería el futuro...y que cercano”, decía el Che hace ya
muchos años. Esas palabras, dirigidas a los argentinos, son un llamado de
atención ahora, cuando una crisis creciente afecta a las fuerzas del capital y
cuando se abren nuevas oportunidades para avances y nuevos triunfos de los
partidarios del socialismo.