Educación y Privatización

No todo va mejor con Coca-Cola

 

            Finalizando el ciclo lectivo casi abruptamente, podemos hacer  balance y sacar conclusiones sobre uno de los años más difíciles y de mayor ajuste que ha sufrido la escuela argentina. Esto se traduce no sólo en los recortes salariales, los atrasos en los pagos, el incumplimiento del pago de las becas estudiantiles, el cierre de comedores escolares y de servicios educativos por falta de pago a los proveedores, sino también en los altos índices de deserción y desgranamiento y en el deterioro permanente de la calidad educativa.

            El gobierno en pleno pone en práctica la reestructuración del Estado y sus gastos, no escatima en podar los servicios esenciales para la población como son la salud y la educación, donde todavía no llegaron a su punto máximo las consecuencias de la descentralización y privatización del servicio educativo.

            La estructura organizativa propuesta por la Ley Federal de Educación aporta el marco jurídico para lograrlo. El sector más debilitado sería el polimodal, una especie de ciclo de especialización, no se sabe bien para qué, con cinco orientaciones. El alumno que llega a este nivel, después de nueve años de escolarización básica y general, se encontrará frente a una propuesta pedagógica de tres años, en la anterior y ya desarticulada escuela secundaria. Este ciclo es el más endeble y el que será privatizado, arancelado o sponsorizado con mayor rapidez. En principio, porque es en él donde la matrícula escolar desciende; y en segundo lugar, porque es de donde muchas empresas pueden sacar mano de obra gratis o miserablemente rentada a través de alumnos pasantes.

            Nada tiene de progresivo lograr alianzas con empresas o grupos multinacionales ávidos de penetrar en los proyectos educativos y delinear contenidos y planificaciones de acuerdo con su conveniencia, o mejor dicho, su ganancia. Es en ese objetivo donde se borran para siempre los valores de la cultura general humanista y científica que son rápidamente modificados por los “valores” del mercado, de la bolsa y del capitalismo.

 

La experiencia latinoamericana

 

            El “Programa de Autoevaluación y Planificación. Escuelas por el cambio”, es un buen ejemplo del avance ideológico y material de las transnacionales en la educación latinoamericana. En la Argentina se está llevando a cabo, en forma de prueba piloto, en cuarenta y seis escuelas.

            Este programa pertenece a la Fundación Compromiso que, a su vez, pertenece a Coca-Cola Company. Como ellos mismos anuncian, este programa tiene como finalidad “ayudar a las escuelas de escasos recursos a mejorar su desempeño, generar recursos y fortalecer el compromiso de sus comunidades, para lograr un cambio profundo en la organización y administración de recursos del sistema educativo público”.

            Vemos así cómo el Estado y las transnacionales comparten un mismo acuerdo que podría enunciarse como gastar menos, ajustar aún más en los sectores de escasos recursos y garantizar la ideología y adoctrinamiento capitalista incluso en los sectores de bajos recursos que difícilmente entren en el mercado laboral tradicional. Otro de los objetivos de este proyecto se refiere a “identificar a los clientes para los cuales trabajan y ayudarlos a conocer sus necesidades”. Como para que no queden dudas de quiénes pretenden dirigir la educación, el término “clientes” es sinónimo de “alumnos” y sus “necesidades” son las “carencias” a las cuales someten a miles de niños las políticas capitalistas.

            Otro suculento párrafo del programa menciona al “Manual de Autoevaluación” de la Fundación Peter Drucker, diseñado con cinco preguntas básicas: “¿Cuál es nuestra misión?; ¿Quién es nuestro cliente?; ¿Qué valora el cliente?; ¿Cuáles son nuestros resultados? y ¿Cuál es nuestro plan?”.

            A cambio de la incorporación de este programa al Proyecto Educativo Institucional (PEI) de las escuelas, esta fundación dona a cada establecimiento escolar 200 libros (cuyo valor en el mercado oscila entre $ 2,50 y $ 4) y una biblioteca armable tan pequeña, que ni siquiera entran los ejemplares, cuyo valor ronda los $ 60. La implementación del proyecto está a cargo de los “docentes voluntarios” de la propia escuela como un trabajo más, extra y gratuito, a los que ya vienen realizando.

            Todo esto se repite a lo largo y ancho del país, con distintos nombres de empresas pero con un mismo objetivo: la inserción ideológica y laboral en la educación, la preparación “cultural” de sus futuros clientes y la progresiva privatización y gerenciamiento de las escuelas.

            Los gremios se escudan en cuestiones meramente salariales y coyunturales como la de hacer o no un censo, o la de reclamar los fondos del Incentivo Docente, y se “protegen” debajo de una carpa blanca poniendo cortinas de humo al verdadero problema.

            Hoy no podemos separar las problemáticas laborales de los docentes de las políticas educativas de estos gobiernos, de las multinacionales y de la banca mundial. Todo tiene relación y correlato con el sistema económico capitalista, por eso es demagógico el discurso de los “dirigentes sindicales” con respecto al cambio de “modelo” y sus “progresivas” apuestas a cambios políticos dentro de los partidos de la burguesía. La cuestión es comenzar a discutir quiénes debemos dirigir la educación, quiénes debemos delinear las políticas educativas y quiénes pueden ser los verdaderos artífices de un cambio de fondo de este sistema capitalista.

 

Viviana (Mar del Plata)

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