Plan
Colombia: la cara visible del intervencionismo en América latina
Pocos días después del 11 de septiembre el Congreso de
los Estados Unidos aprobó un aumento en US$ 40.000 millones en gasto bélico,
“justificados” por el ataque que ahora están realizando contra Afganistán. Algo
que no se dijo abiertamente es que una parte importante de estos dólares tiene
como destino el Plan Colombia y las bases que han ido colocando en América
latina (como la de Manta, Ecuador, que está siendo equipada con tecnología de
punta, y con pista de aterrizaje para aviones militares de todo tipo).
Años atrás comenzó la instalación de estas bases y la
realización de operaciones conjuntas entre los ejércitos latinoamericanos y
estadounidenses con la excusa de la lucha contra el narcotráfico. De esta
estrategia nació lo que conocemos como Plan Colombia que, meses atrás, demostró
su fracaso en lo que respecta a la erradicación de los cultivos de coca y
amapola (que incluso se han incrementado en el curso de este año). Las voces
críticas comenzaron a aparecer (el mismísimo Kissinger se opuso a la
intervención norteamericana), pero luego del 11 de septiembre la derecha
militarista cerró filas detrás de una nueva “causa”: la lucha contra el
terrorismo mundial.
Un objetivo mayor
Con el intervencionismo militar
en América latina (con Colombia como máximo exponente) Estados Unidos busca
consolidar el dominio político-armado en la región, para tratar de avanzar en
el terreno económico, en el cual hoy compite por igual con Europa. La
concreción de una unión aduanera (Alca) quizá podría sacar al país del norte de
la recesión en que se halla inmerso. No es casualidad que otra parte de su
voluminoso presupuesto bélico esté destinada a mantener a los uniformados de la
federación que se encuentran entrenando en los distintos países del continente,
junto a los respectivos ejércitos locales. La Argentina no es la excepción: hay
miembros del Ejército norteamericano instalados en las tres puntas del país. En
Tierra del Fuego, en Salta (único caso de dominio público, conocido como
Cabañas 2001) y en la selva misionera, donde se supone realizan prácticas para
una futura intervención en la guerra del Ejército colombiano y sus
paramilitares contra las Farc y el ELN.
Colombia tiene poco que envidiarle a Afganistán, si se
tiene en cuenta que no hay una guerra “declarada” en su contra. Son millones
los campesinos que han sido obligados a emigrar por fuerzas paramilitares con
apoyo de las fuerzas oficiales. Y si oponen resistencia, son asesinados
indiscriminadamente. Los imperialistas buscan acabar con la base social de la
guerrilla, la cual depende en parte de los ingresos que generan los cultivos
campesinos.
De a uno por vez
El Estado se encuentra totalmente debilitado. Hace años
que no encuentra solución a la recesión y al desempleo que agobian al pueblo. El
costo de mantener un aparato represivo que tenga a raya a la guerrilla absorbe
gran parte del gasto público, y aun así no logra el éxito. Es el Plan Colombia
el que contiene momentáneamente la situación, que es muy delicada.
La ultraderecha paramilitar y el sector más radicalizado
del Ejército presionan al sistema político para iniciar una ofensiva abierta
contra la guerrilla. El país está viviendo una intensa ola de violencia
política. Han secuestrado a un grupo de diputados integrantes de la Comisión de
Paz, y uno de ellos fue asesinado. Esto, sumado a los ataques que sufren
miembros de organismos de derechos humanos, y los más de cien dirigentes
sindicales asesinados en lo que va del año, muestran la magnitud del conflicto.
Para Estados Unidos no es conveniente que se desate una
guerra abierta, ya que se vería forzado a tomar cartas en el asunto, cuando su
aparato militar está mayoritariamente volcado a la lucha contra los talibanes. El
rótulo de “organización terrorista” que el Departamento de Estado colocó a las
Farc y al ELN, tensaron más las cosas.
Parte de la comunidad política estadounidense está dando
signos de que una futura intervención militar en Colombia es ineludible. Francis
Taylor, coordinador de contraterrorismo del Departamento de Estado, admitió la
posibilidad de que vayan a utilizar “todos los elementos” disponibles,
incluyendo comandos armados. Zell Miller, senador demócrata, vociferó:
“Mientras Bin Laden se oculta en el lejano Afganistán, sus lugartenientes menos
conocidos se encuentran a menos de dos horas de vuelo de Miami. Pronto, esta
víbora va a mordernos”. Y agregó: “La frontera de Argentina, Paraguay y Brasil
es un sitio sin ley donde miembros de Hamas, Hezbolah y otros, vinculados a Bin
Laden, planean sus próximos ataques terroristas”.
El imperialismo estadounidense intervino en Afganistán
con el apoyo de la comunidad política internacional, prácticamente sin
cuestionamientos. Nada indica que no ocurra lo mismo con Colombia, que ha
desplazado a Turquía del tercer lugar que ocupaba (después de Israel y Egipto)
en la ayuda militar proporcionada por Estados Unidos. La potencia del norte
logró la reafirmación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (Tiar)
y sus estrategas ya están impulsando la conformación de un “Comando para las
Américas” con tropas de todos los ejércitos del continente, de la misma manera
que están tratando de reclutar tropas de países aliados de Oriente para que
aporten la carne de cañón en la destrucción del territorio afgano.
Creemos necesario manifestarnos en contra del
intervencionismo militar de Estados Unidos en Colombia, como máxima expresión
del que se viene dando en todo el continente, la Argentina incluida. Mientras
las cámaras ponen nuestra mirada del otro lado del mundo, por nuestras calles
también está “pasando algo” y sería bueno estar listos para hacerle frente.
Fedon