Cachemira: un volcán en el techo del mundo

 

            El 11 de septiembre sacudió al mundo entero. Pero mucho más –aunque con menos publicidad– lo están haciendo las determinaciones tomadas por el imperialismo dirigido por Bush (Jr) y sus “halcones”. Una vez más, India y Pakistán vuelven a enfrentarse por Cachemira. Pero a diferencia de ocasiones anteriores, Estados Unidos no puede dirigir la partida por satélite: ahora juega con fichas propias.

            Con la descolonización, a mediados de la década de 1940, comenzaron los enfrentamientos entre India y Pakistán por esa pequeña porción de tierra situada en el Himalaya llamada Cachemira. Las confrontaciones se repitieron en 1965 y en 1971, dando como resultado la independencia de Bangladesh, suplantando la creación artificial de “Pakistán oriental” en suelo bengalí, y con la India entre los dos Pakistán. Los conflictos no dejaron de sucederse hasta el día de hoy, y los muertos se cuentan por decenas de miles.

            En la parte india de Cachemira(1) existen, desde 1990, guerrillas separatistas islámicas apoyadas militarmente por Pakistán, que pretende la anexión de ese territorio. Los primeros días de octubre hubo atentados suicidas en la zona india de Cachemira autoadjudicados por esos grupos islámicos. Ante la respuesta india, el ejército paquistaní se declaró en estado de alerta por cuarta vez desde los atentados del 11 de septiembre.

            Pero esto no sería algo tan importante para el imperialismo yanqui si Afganistán no lindara con Pakistán. Veamos dos pequeñas muestras de “coherencia imperialista”: hasta septiembre, Pakistán era objeto de un conjunto de sanciones bilaterales (económicas, comerciales y militares) por haberse transformado en potencia nuclear en 1998 y por haber “abandonado la democracia” con el golpe del hoy “democrático” y “liberador” Pervez Musharraf. Pocos meses antes del derrumbe de las Torres Gemelas y del ataque al Pentágono, Bush le dio a los talibanes US$ 43 millones por su papel en la “lucha contra las drogas”. Para Estados Unidos, el conflicto entre India y Pakistán representa una amenaza en Medio Oriente de una dimensión igual o mayor que el conflicto entre Israel y Palestina.

 

Deseos incumplidos

 

            Colin Powell estuvo, a mediados de octubre, en estos dos países, y no “de paseo”. Lo llevaban objetivos muy firmes: obtener la seguridad de que el conflicto no escalará aún más, y consolidar la posición de Pakistán como “nuevo aliado”, en función de lo cual dio su respaldo personalmente a Musharraf. Pero el recibimiento al bajar del avión presagió su suerte en esta misión: los ecos de los disparos de distintas sonoridades que los ejércitos de ambas naciones intercambiaban en Cachemira no fueron exactamente una bienvenida muy distinta a la despedida.

            En Islamabad, Powell se comprometió a presionar al gobierno indio para detener las acciones militares en Cachemira. En Nueva Delhi, en cambio, afirmó que la presente lucha “antiterrorista” que libran el gendarme del mundo y sus aliados británicos incluía como objetivo a la guerrilla musulmana que pelea en Cachemira.

            Naturalmente, estas declaraciones no cayeron en gracia siquiera en el lado indio (ya que cuestionaron la aparente paridad moral entre los “justos” reclamos indios y las reivindicaciones de una guerrilla supuestamente apoyada por Bin Laden) ni en el de su oponente, ya que Pakistán ha reconocido a los guerrilleros como “combatientes por la libertad”.

            Es decir, Powell no ha podido hacer otra cosa que irse con las manos vacías. Es más, su aparición y sus declaraciones tensaron aun más las relaciones entre ambos países, y fogonearon el antiimperialismo al interior de ellos.

 

Final abierto en un escenario muy complejo

 

            En otra situación, Pakistán hubiera considerado las declaraciones de Colin Powell como una agresión. Pero hoy, mientras continúan los enfrentamientos en Cachemira, India y Pakistán han quedado atrapados en el mismo bando. Y esto no hace más que sumar problemas a un escenario muy complejo.

            Tanto India como Pakistán están oficialmente del lado imperialista, pero no todo es tan homogéneo. Basta ver algunos de los reclamos de Musharraf hacia el secretario de Estado: evitar que la Alianza del Norte (a la que el imperialismo norteamericano utiliza como brazo local para imponer su dominio en la zona) se haga con el poder en Afganistán (la etnia pashtun debería tener una voz predominante en la solución final); además, exige ayuda económica y militar, y el levantamiento de todas las sanciones. Estos últimos requerimientos pueden cumplirse, pero nada garantiza la estabilidad de ese país.

            Es un elemento insoslayable el apoyo que consigue el régimen talibán entre la población paquistaní, que se evidencia no sólo en las importantes marchas a favor de Bin Laden, sino también en el alistamiento en el ejército afgano. Esto es particularmente importante ya que Pakistán –al igual que India– viene experimentado con armamento nuclear desde 1998.

            Las huelgas nacionales, convocadas por sectores sindicales opuestos a los ataques imperialistas y al propio gobierno militar, fueron y siguen siendo de un muy alto acatamiento, y las grandes movilizaciones mantienen al país virtualmente paralizado.

            Además, durante la estadía de Powell, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Pakistán, contradiciendo a Musharraf, dijo que los talibanes “no son terroristas” y arremetió contra los ataques estadounidenses en Afganistán.

            El gobierno militar se encuentra en una situación de extrema vulnerabilidad en un sentido muy amplio, lo que constituye un grave problema para los intereses imperialistas en la región.

            El conflicto entre India y Pakistán data de varias décadas, y su aparición fue consecuencia, en gran medida, del depredador imperialismo británico. Hoy, este conflicto es más que nunca inseparable de los intereses imperialistas en juego, ya que Pakistán –y por lo tanto también India– es una pieza clave en Medio Oriente para los fines norteamericanos.

            Del desarrollo de las acciones llevadas adelante por las clases dominadas indias y paquistaníes, dependerá el fin de su suerte. Y esta lucha es indivisible hoy de la que libran los pueblos oprimidos en Medio Oriente.

 

MAXI

(9 de noviembre de 2001)

 

1. Cachemira (que era un principado) se encuentra desde 1947 dividida en dos tercios pertenecientes a India y el tercio restante a Pakistán. Cachemira es una zona mayoritariamente musulmana y pertenece al virreynato británico de toda la región, fragmentado por el colonizador al tener que retirarse en la segunda posguerra.

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