UNIVERSIDAD

Se anuncia el final, pero la última palabra no está dicha

 

El ajuste lanzado en el mes de julio por la Alianza, además de profundizar el genocidio contra los jubilados y avanzar sobre los sueldos de los empleados del estado, poda el presupuesto de la universidad estatal recortando el 13% de los salarios de docentes y no docentes, en la perspectiva de lograr un imposible “déficit cero” el presente año.

Algunos rectores, amparados en la autonomía universitaria, decidieron no efectuar el recorte en julio comenzando a hacerlo en agosto, otros lo hicieron parcialmente y el resto lo aplicó íntegramente. La UBA anunció que no rebajará los sueldos, pero el recorte será absorbido con los recursos propios de las facultades, del rectorado y demás unidades –colegios, hospitales, CBC–. No obstante el presupuesto de cada facultad será reducido, teniendo que autoajustar gastos de insumos, funcionamiento y mantenimiento. Algunas facultades ya plantearon la imposibilidad de llegar a fin de año en esas condiciones.

Los docentes realizaron distintas medidas de lucha, desde clases públicas, cortes de calle y marchas, hasta paros activos –en algunos casos continuados y en otros sólo algunos días– sin toma de exámenes ni dictado de clases.

Ante este panorama, la Franja Morada se limitó a hacer declaraciones de rechazo al ajuste, a boicotear el paro docente diciendo que los estudiantes quedamos como rehenes de una pelea ajena, y llamándolos a movilizarse en contadas ocasiones con la excusa de que “la mejor manera de defender la educación es con más educación”.

Pasado más de un mes de lanzado el ajuste el gobierno no da señales de retroceso. Por el contrario viene por más.

 

Lo que viene

 

Entre las exigencias del FMI para otorgar el último préstamo de US$ 8.000 millones se encuentra la de cumplir a rajatabla con el déficit cero, ante lo cual la alianza De la Rúa-Cavallo, según un informe del Banco Provincia (Página/12, 27/8/2001), tiene dos opciones: o pasa a recortar cerca de un 40% los sueldos estatales y jubilaciones o amplía la base presupuestaria sobre la que ajustar. Entre las partidas a recortar en la segunda opción se encuentran el incentivo docente, el Fondo del tabaco, la coparticipación a las provincias y las transferencias a las universidades.

En este contexto, la educación superior estatal no tiene posibilidades de salir ilesa por lo que el recorte –en monto similar al de López Murphy– se hará realidad, más tarde o más temprano. En esta situación las facultades no podrán sostenerse ya que el 90% de las partidas son destinadas al pago de salarios docentes. La universidad estatal se encontrará ante un abismo: cerrar sus puertas o aplicar el arancel.

Sin embargo, el ministro de Educación Andrés Delich intentó explicar que este ajuste no modifica sustancialmente la situación del sector y que el gobierno no impulsa el arancelamiento ni puede hacerlo porque la autonomía universitaria se lo impide, teniendo que ser el Consejo Superior de cada universidad el que debe decidir cómo subsistir.

Además, aclaró que la posibilidad de aplicar el arancel está contemplada en la Ley de Educación Superior (LES) y que en algunas universidades ya se aplica. En el mismo sentido de elitización, va la propuesta del Ministro de multar a los estudiantes que no aprueben el 70% de las materias cursadas durante el año.

De ponerse en práctica el arancelamiento y las multas, miles de estudiantes serán expulsados de las facultades y otros tantos jamás ingresarán.

 

Has recorrido un largo camino

 

La universidad se ha visto muy golpeada en los últimos años. Podas en su presupuesto –algunas anunciadas y otras de hecho por la no transferencia de las partidas–, reformas en las carreras para acortarlas y pasar contenidos a los posgrados pagos –mecanismo amparado en la LES–, y modificaciones administrativas (como el cambio en la modalidad de las inscripciones en algunas facultades). Todo ello con el objetivo de que cada vez seamos menos los estudiantes en las aulas y menos los profesionales con un futuro seguro de desempleo, y que represente un gasto menor para el estado.

Pero es de vital importancia ser conscientes de que este avance no será uno más de una larga lista. Será la estocada final a la universidad estatal, pública y gratuita, ya en agonía como consecuencia del ahogo presupuestario de años complementado con las reformas tendientes a su elitización. El modelo que necesitan imponer es el de la universidad de Río de Janeiro que es estatal, con un exámen de ingreso y, próximamente, con un arancel.

 

Organizarnos

para defenderla

 

Debemos presentar batalla ante lo que puede ser el último avance sobre la universidad tal como la conocemos hoy, legado de la reforma de 1918: estatal, gratuita y masiva. La guerra esta declarada y los bandos bien definidos: o se defiende la universidad estatal, aun con todas las críticas que le hacemos y debemos, o se asistirá a su entierro.

Para presentar una férrea resistencia tenemos que pelear codo a codo estudiantes, docentes y no docentes. Buscando la coordinación entre las facultades y las universidades del país, con estudiantes y docentes de los otros niveles de la educación y con todos los sectores de la sociedad en lucha contra el ajuste y que quieran una universidad estatal, laica, masiva y gratuita.

 

leo y Molote

 

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