CAPITALISMO

SIN ANESTESIA

 

Hay un estado de virtual colapso capitalista en todos los terrenos que se vuelca sobre el pueblo trabajador, también en todos los terrenos. Esta es la base de la crisis en que entró aceleradamente la vieja forma de dominación burguesa, de sus instituciones. El congreso se parece más a Walt Disney congelado que a un poder de Estado. Explotó el bipartidismo, se rompió la Alianza, se feudalizó el peronismo, hay una virtual división de hecho en la UCR, y se “evaporó” el Frepaso, que fue el grupo más dinámico en los ’90.

Los estatales, y en particular los docentes, vienen protagonizando una importante lucha defensiva en Buenos Aires y otras provincias (Misiones y San Juan, por ejemplo). Los gobernantes no tienen margen para retroceder y apelan a la coerción y la represión, así sea por fuera de lo legal, pero práctica en la acción de su aparato. Valga como ejemplo que están tratando de unificar un aparato único de 65.000 hombres y 4.400 millones de presupuesto (además de los 2.300 millones de las policías provinciales y del presupuesto del Ejército, la Marina y la Aeronáutica).

Engañan a la gente con que el problema es el “gasto de la política” y hacen plebiscitos y asambleas constituyentes para bajar un gasto de 1.500 millones (que va a parar, en lo fundamental a manos de ñoquis, coimeros y todo tipo de sinvergüenzas). Pero resuelven por decreto y, sin ningún plebiscito, la prórroga de la explotación de Loma de la Lata en favor de Repsol, que significa una ganancia extra de entre 30 y 40.000 millones de dólares. (Y tiempo para llamar a plebiscitos, tenían de sobra: la concesión vence en el 2017 y se la renovaron hasta el 2027.)

Hay puntos de resistencia en varios terrenos, incluyendo el heterogéneo movimiento de piqueteros que acaba de realizar un congreso ayer en La Matanza (ver pág. 6).

Sin subestimar un milímetro ésas y todas las acciones de resistencia, nos parece que el proceso más rico es el que transcurre por las cabezas de millones de trabajadores y sectores populares que, después de ver al capitalismo al desnudo, están procesando un cuestionamiento importante de todos los valores de esta sociedad, del rol de la deuda, de los megacapitalistas que se robaron decenas y cientos de miles de millones en este último cuarto de siglo. Nuestra apuesta es a desarrollar esa conciencia y a darle organización y protagonismo.

 

No fracasó un modelo: fracasó el capitalismo

 

Alguna gente bien intencionada, pero también muchos sinvergüenzas, dirigentes, economistas y periodistas quieren hacer creer que cambiando de remedio, la enfermedad se cura. Los primeros son ingenuos; los segundos, estafadores profesionales. Alcanza con ver que, en el mundo, un tercio de la mano de obra está desocupada, que las dos terceras partes de la humanidad “vive” con un dólar o menos por día, y que la crisis llegó a Japón, Estados Unidos y también a Europa (al margen de que ellos caigan desde más arriba).

En la Argentina, los 14 millones de compañeros debajo del nivel de pobreza, los cuatro millones de desocupados y subocupados y todos los índices escalofriantes, no son producto de que fracasó un “modelo”, sino de que funcionó el capitalismo a raja tabla, y éstos son los resultados lógicos e inevitables. Cualquier otro “modelo” dentro del sistema, sólo puede traer más barbarie capitalista, porque es un régimen históricamente agotado.

Proponer “un país para todos”, u “otro país posible”, es vulgar demagogia facilista. El país actual es para unos pocos que succionan la riqueza y la vida de decenas de millones. Y esas decenas de millones sólo podrán tener un país a su servicio, aplastando a los parásitos capitalistas que hoy mandan, incluyendo a todos sus sirvientes y mayordomos (con o sin gorra).

La explicación es simple: el capitalismo “salvaje” es el único posible en esta época para mantener sus ganancias. Creer en un capitalismo “humano” es mucho más peligroso que acercarse a un tigre viejo para educarlo en que ser vegetariano le prolongaría la vida.

 

Explotó una bomba de fragmentación en los partidos capitalistas

 

Fingiendo reír sobre la real división de la izquierda, los jefes burgueses intentan esconder su propia situación: no quedó en pie ninguna de sus estructuras políticas. El peronismo se presenta con siete fórmulas en la capital federal y algo más en Buenos Aires. En algunos casos se presenta aliado al partido de Cavallo (que integra el gobierno que puso preso a Menem), en otros a la UCeDé (a la que ni Alsogaray quiere, y es una de las múltiples partes electoralmente irrelevantes de la derecha). La Alianza se “evaporó”: el Frepaso se parece a un fantasma fracasado, y la UCR tiene a su principal referente presidencial (Carrió) en otra fuerza (el ARI). Y Farinello sigue carreteando en pista sin levantar vuelo, por lo menos por ahora.

Este descomunal desgaste de los partidos patronales es parte de un agotamiento extremo de las formas de dominación política e ideológica de la burguesía. Esto provoca tendencias hacia la radicalización.

Por un lado, el campo burgués tiende a ejercer su dominio con formas crecientemente desembozadas de dictadura del capital (así se siga votando formalmente).

Desde el punto de vista de los explotados, la situación es más compleja. Si bien por un lado el strep tease capitalista empuja a un fuerte cuestionamiento del régimen, sus instituciones y sus valores; por el otro lado, ese proceso no evoluciona positivamente si se queda sólo en lo espontáneo: necesita organización y orientación política.

La mayoría de la vieja izquierda camina en dirección opuesta a esa tendencia positiva: está cada vez más integrada a un sistema en descomposición. Y en vez de inocular entre los explotados odio de clase hacia sus verdugos, se dedica a repartir ilusiones en el valor del voto y en las posibilidades “mágicas” de las asambleas constituyentes (algunos incluso en la farsa que armó, con ese nombre, De la Sota en Córdoba).

Otra parte de la izquierda –como el PCR y otros– son abstencionistas en las elecciones para que no les cuenten las costillas, y acuerdan con patrones “nacionales” en busca de “otro modelo” capitalista (al estilo de Chávez de Venezuela u otras figuras parecidas). En general, se proponen contribuir a encumbrar a nuevos amos de los trabajadores –aprovechando el desprestigio de los partidos tradicionales–, sin tener ningún proyecto antimperialista ni tomar en lo fundamental alguna medida contra él (similares, por ejemplo, a las que tomaron los militares nacionalistas de fines de los ’60 en Perú, Bolivia o Panamá).

 

Entre la barbarie que avanza

y los cambios en la conciencia del pueblo trabajador

 

Es muy evidente que el factor más dinámico de la realidad actual es la brutal ofensiva burguesa en toda la línea. Pero esa ofensiva empezó a derrumbarse en un plano que le fue vital para sostenerla: el ideológico, que hace una década propagandizaba que el capitalismo era el fin de la historia. Y lo mismo pasó con el modelo “democrático”: todo empezó a desnudarse hace unos años y terminó mostrando que las promesas de progreso materiales eran una inmensa mentira, al igual que su cobertura ideológica.

Pero que la barbarización capitalista quede al desnudo, tampoco garantiza nada por sí sola. La ofensiva no se va a agotar por su desprestigio si no es enfrentada muy duramente. Como mucho, perderá en fuerza ideológica, pero se travestirá con otras formas, xenófobas, nacionalistas semifascistas, o alguna otra inmundicia. Incluso puede volver a ser desviada por alguna nueva creación, o recreación, centroizquierdista destinada a actuar de caza bobo.

Los importantes cuestionamientos que discurren en la cabeza de millones de trabajadores y explotados sientan las bases para que pueda construirse un bloque socialista revolucionario, firme para la lucha de clases.

Para que eso sea posible es imprescindible ser claros, y separar aguas de quienes ofrecen cantos de sirenas democráticas o alimentan ilusiones en el poder mágico de los votos para cambiar la historia y provocar cambios que, en realidad, sólo pueden lograrse por vías revolucionarias.

En la Liga Socialista Revolucionaria valoramos también la participación electoral como una herramienta de propaganda, y no despreciamos la cantidad de votos que pueda atraer un proyecto revolucionario. Por eso, hemos batallado desde hace meses por un proyecto de reagrupamiento de los socialistas revolucionarios que participe también en las elecciones. Que pueda expresarse sin alimentar ilusiones tramposas en esta democracia explotadora, tal como hicimos junto al MAS en la Capital el año pasado, cuando marchamos con un lema simple –“revolución socialista o barbarie capitalista”– bajo el cual hicimos también un acto/debate el último Primero de Mayo; y ambos hemos contribuido a la obtención de la personería electoral para Luis Zamora y su grupo. Y no dudamos de que este tipo de relacionamiento posible y positivo, tendrá frutos a corto o mediano plazo.

Como desechamos las actitudes votoblanquistas o abstencionistas, vamos a participar activamente en la presente campaña electoral (ver pág. 7), de la única forma en que las actuales condiciones nos lo posibilitan: propagandizando un voto programático antimperialista, anticapitalista, antiburocrático, y por el reagrupamiento fraterno y democrático del socialismo revolucionario, como condición necesaria para el triunfo de los explotados en la lucha por derrotar a la barbarie capitalista e imponer su propio poder, al servicio de la revolución socialista latinoamericana e internacional.

Para el 14 de octubre falta muy poco, y crece el descrédito de los explotados en las soluciones electorales. Sobre ese descreimiento queremos intervenir en estos cuarenta días, para buscar convencer de que la lucha necesaria es larga y de fondo; y que es imprescindible que la libremos juntos millones de cabezas, brazos y pechos, hasta terminar con los grandes capitalistas y su dominio.

 

 

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