El fascismo del gobernador que sonríe
En la Argentina según cifras
oficiales hay casi 600.000 chicos menores de 14 años que trabajan. Este término
en realidad no califica exactamente la actividad que desempeñan. Aunque su
trabajo esté prohibido constitucionalmente, estos menores constituyen los
eslabones más débiles de la cadena de explotación. Provenientes de miles de
hogares pauperizados, recorren las calles de las ciudades pidiendo limosna,
limpiando parabrisas, revisando tachos de basura, vendiendo baratijas y, lo más
atroz, las chicas muchas veces son explotadas en el circuito de la prostitución
infantil.
Hijas e hijos de obreros, de
desocupados, la mayoría de los chicos de la calle viven en el conurbano
bonaerense. Algunos tienen el acto casi heroico de trabajar y también ir a la
escuela. Otros potencialmente pueden ser delincuentes, utilizando la palabra
que impone la justicia imperante.
Estos niños, que pueden lograr
enternecer a tanta señora gorda o que un alto ejecutivo dé vuelta la cara en su
auto importado, han sido objeto del más siniestro plan de represión por parte
de la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Ruckauf, a través de la
circular promocionada por el comisario Impari, determinó que fueran recogidos
por patrulleros y alojados en comisarías, hasta determinar su …¿futuro? Por supuesto no fue error ni equivocación
del gobernador con sonrisa de dentífrico. Es propio de su accionar, de la
ideología del que quiere ser el próximo presidente.
En tanto: niño yuntero, niño obrero,
niño piquetero, niño de la calle, estamos junto a vos, porque el futuro te
pertenece.
C.
M.