Pasolini

Retrato del libertino

       

Aquel 1975, cuando en Ostia encuentra el fin Pier Paolo Pasolini, el poder debe haberse sentido aliviado. Es que en el suelo de las mismas calles pobres que fueron un ícono de su estética, se encontraba uno de los intelectuales más corrosivos que haya tenido el siglo xx.

Vida, estética y política de un transgresor

            La prensa amarilla se regodeó con la crónica de una pelea entre homosexuales, pero a nadie se le escapaba que Pasolini con sus denuncias contra la Democracia Cristiana y el progresismo cómplice, había incomodado a más de uno. Es así que, más allá de la historia oficial, el asesinato tenía, y tiene aun hoy, un pestilente tufillo a crimen por encargo.

            La revista Locas, en su edición de junio, publicó un interesante artículo de Raquel Angel(*) que afirma que muy pocos artistas –como Pasolini– conjugaron obra y praxis política, además de haber reivindicado la elección de utilizar todos los agujeros del cuerpo para el placer.

            Eso era lo que le molestaba al establishment de derecha e izquierda. Pasolini perteneció a una generación de cineastas que eligió el camino de una estética brutal, revulsiva, sin concesiones ni pedidos de permiso.

            Bertolucci, Bellochio, Ferreri comprendieron que la realidad estaba a kilómetros de distancia del populismo demagógico de De Sica y compañía. Y tomaron para sí las banderas de una ciencia subversiva –el psicoanálisis–, del feminismo, del buen vivir y de que los pobres no volaban en escoba, sino que se morían de hambre y frío en los barrios marginales.

            Pasolini se jugaba todo el tiempo, tomando decisiones difíciles, pero comprometiendo su cuerpo, desafiando a las buenas costumbres, a su justicia y a sus carceleros. Enfrentó a lo largo de su vida la friolera de treinta y seis procesos judiciales y ni así pudieron hacerlo callar.

            Murió en las calles, las mismas para las que vivió y a las que conocía tan bien.

Sobre Saló y la obscenidad

            Una de sus obras más desaforadas fue esta parábola sobre el fascismo que recibió la censura en gran parte del mundo. Es que su arte, como el de Godard, Artaud, Meyerhold, el Marat Sade de Peter Brook y el Living Theatre, está hecho para conmover.

            Lo que molestó de Saló –más que la mierda y la fellatio como metáforas del poder– fue su demoledor alegato contra toda forma de control.

            En ninguno de sus fotogramas había término medio. Estaban puestos para sacudir, así como sus poemas o sus ensayos, verdaderas odas a los desclasados y a la perfección de los cuerpos jóvenes que tanto lo seducían.

            Ver Saló es una experiencia única y demuestra que, ante todo el falso progresismo escondido en la más subjetiva objetividad, a este sistema hay que denunciarlo todos los días y lograr el arte más revulsivo que, aun dentro de él, pueda expresarse.

A modo de conclusión

            Un homenaje a Pasolini encierra un sinfín de cuestiones, es el homenaje al artista genial, creador de notables filmes como El Evangelio según San Mateo, El Decamerón y Teorema; al militante político que no se acomodó como intelectual de salón del partido –PCI– y rompió con éste, junto a tantos otros, con una obra de un humor demoledor, Pajaritos y Pajarracos; al homosexual que salió a gritar y militar su sexualidad más allá de lo que dijeran la moralidad burguesa y la moralidad stalinista; y, sobre todo, al poeta de la calle que prefirió el compromiso político a la vida placentera; el fango al sillón, y el “caos” al orden.

            En Caro Diario, cuando Nani Moretti recorre la ciudad en moto buscando la tumba de Pasolini, la emoción se convierte en el reconocimiento de un gran artista a otro.

            Para finalizar, quiero volver a las palabras de Raquel Angel, que realiza una síntesis genial del ideario pasoliniano: “El cine, las novelas, los textos de Pasolini, eran su forma de dar cuenta de la barbarie capitalista que ha separado el arte de la vida, la ética de la política y al hombre de su historia”.

Gustavo (Furiosa Entropía) * “La pasión segun Pasolini, contra la obscenidad del poder”.

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