XVI Encuentro Nacional de Mujeres
anticonceptivos
para decidir; aborto legal y gratuito para no morir
el
sexo es biológico, la sexualidad es libre eleccion
saquen
sus rosarios de nuestros ovarios
el
patriarcado te oprime, la cultura te controla, el sistema te mata
Libertad
a tod@s l@s pres@s polític@s
Con
estas consignas, la Liga Socialista Revolucionaria participó –junto con
compañeras del Movimiento al Socialismo– del XVI Encuentro Nacional de Mujeres,
que se desarrolló en La Plata los días 18 a 20 de agosto. Cerca de 8.000
mujeres nos reunimos durante dos días de debates, que culminaron con una marcha
por las principales calles de la ciudad.
La
Iglesia Vaticana intervino con una descomunal ofensiva tratando de imponer su
doctrina. Lanzó una ofensiva previa, comandada por el arzobispo de La Plata,
que incluía la recolección de firmas desde las parroquias en contra de la
legalización del aborto. La Comisión Organizadora “cedió” a las presiones del
arzobispado y, por primera vez, se suprimió el taller “Mujer, anticoncepción y
aborto”, temas que quedaron relegados al final de una multitud de puntos del
taller “Salud sexual y reproductiva”.
El
avance de la injerencia de la Iglesia ha sido tal, que el Encuentro hasta dejó
de levantar el eslogan que lo identificaba desde sus inicios: “Anticonceptivos
para no abortar, aborto legal para no morir”.
Pese
a todo, la temática estuvo presente en muchas comisiones dejando a la vista la
importancia del tema, junto a la problemática socioeconómica que enfrentamos
día a día.
Qué
son los Encuentros
Los
Encuentros, nacidos como espacios autoconvocados, horizontales, sin dueños, que
tenían como lema central la lucha por la legalización del aborto, se han ido
institucionalizando, y hoy ya no son tales. Así, una Comisión Organizadora –cuya
legitimidad ya nadie sabe de dónde proviene ni cómo se integra– garantiza,
desde el programa oficial y la mecánica de funcionamiento, que el Encuentro no
se traduzca en un programa de acción de año a año, y se limite sólo a un ámbito
de debate.
Básicamente,
la Comisión Organizadora está conformada por la Iglesia Católica, el PCR-CCC y
la CTA, que intentan encubrir su férrea apropiación de los encuentros mediante
el simple trámite de prohibir la presencia de identificaciones políticas o
partidarias. Se convoca a identificarse sólo a través de los lugares de
procedencia geográfica, con el argumento de que de esta manera se evitarían las
divisiones y se facilitaría el desenvolvimiento “democrático” del Encuentro.
Además, con el correr de los años, se han ido creando más y más talleres (en
esta edición llegaban a 41, que a la vez se desdoblan en comisiones cuando
sobrepasan las 40 personas) con lo que logran que la discusión de temas
centrales se diluya entre tanta dispersión y, de paso, se obstaculiza que las
posiciones más radicalizadas puedan cobrar peso en el conjunto.
Por
otro lado, la multiplicación de los talleres es utilizada por cada una de las
corrientes como forma de fortalecer su posición en la Comisión, donde
claramente se reparten –como feudos– el manejo de los distintos grupos de
talleres. Es ilustrativa, este año, la creación de un taller “Mujer y cárcel”,
que se mostró férreamente controlado por la Pastoral Social. Y para el 2002 la
CTA logró que se agregue otro taller sobre “Mujer, comunidad y justicia”.
A la
vez, cada comisión de debate que se conforma a partir de los talleres, cuenta
con la presencia de una coordinadora que es designada por la Comisión, que las
reúne al finalizar cada sesión para recoger los resúmenes de lo discutido en
cada ámbito. Entonces, en las comisiones donde surgen discusiones que puedan
escapar a su control, o amenacen con volcar el tono de las conclusiones en un
sentido contrario a sus intereses, “aterrizan” –en la sesión siguiente– decenas
de mujeres que no se sabe de dónde salieron y que –oh, casualidad– vienen a
reforzar “la voz oficial” e intentan por todos los medios desnaturalizar lo ya
discutido. En el peor de los casos, sirven como reaseguro de que, a la hora de
leer las conclusiones, aparezcan dos o más posiciones, en pie de igualdad.
Por
último, las conclusiones de cada comisión (que son alrededor de 100) se leen en
una ceremonia de cierre el tercer día (lunes), cuando ya la abrumadora mayoría
tuvo que volver a sus lugares de residencia, lo que hace más que dudoso cuál es
el contenido de esas lecturas y, más aún, qué es lo que quedará de ellas en el
cuadernillo que se imprime para el Encuentro siguiente, es decir… un año
después.
Por
su composición, puede decirse que, de conjunto, la Comisión Organizadora es
tributaria ideológica del Partido Justicialista, por lo que pudo verse que era
muy fácil lograr pronunciamientos críticos del gobierno nacional, pero que no
rozacen al gobernador Ruckauf, por ejemplo, quien declaró “de interés
provincial” al Encuentro.
En
este contexto, la mayoría de las corrientes de izquierda se mueve cuidándose de
“no sacar los pies del plato”. Nadie se presentaba en las comisiones
identificándose con el nombre de sus partidos ni llevaban banderas partidarias.
Y, lo que es más importante, hacían esfuerzos denodados por subrayar que en el
tema aborto no era tan decisivo el poder del Vaticano, sino que la mayor
responsabilidad era de los gobiernos. Casi sin diferenciarse en nada de la
corriente “Católicas por el derecho al aborto”, hacían hincapié en la necesidad
de la educación y la prevención, para obviar la discusión acerca del derecho de
la mujer a decidir sobre su propio cuerpo. Y llegaron incluso a apelar a la
memoria de monseñor Angelelli para intentar demostrar que la Iglesia no era
homogénea. Se eludía, claro, el pequeño detalle de que el obispo fue,
casualmente, una de las víctimas de la última dictadura militar, que actuó con
la bendición de los representantes del Vaticano en la Argentina.
La
nota más destacada la dio el Partido Obrero (obviamente identificado como “Polo
Obrero”) cuyo volante destacaba el eslogan “Las Mujeres con los Piqueteros”,
dejando muy claro cuál es el papel que este pretendido agrupamiento marxista
nos tiene reservado para ocupar. Al parecer, las aspiraciones electorales del
PO están muy por encima de intentar superar aquella maravillosa definición
popularizada por Yoko Ono: “La mujer es el negro de la historia”.
Encuentros:
un espacio a defender
Más
allá de los manejos de las organizadoras, el Encuentro se nutre de una fuerte
presencia de mujeres que concurren con un genuino afán de intercambiar
experiencias y volcar allí sus inquietudes y denuncias de los atropellos que se
viven en los más diversos puntos del país.
Las
luchas docentes y estudiantiles, las puebladas, la desocupación, la violencia
familiar, las secuelas del genocidio, la represión actual, los abusos
policiales contra los menores, la persecución, las amenazas, los
encarcelamientos temporarios y torturas en las comisarías infligidas a
luchadores obreros y/o populares, cobran presencias de carne y hueso en los
talleres.
Una
delegación de compañeras de Gral. Mosconi recorrió diversas comisiones para
pedir pronunciamientos en favor de la libertad de sus presos, por el retiro de
Gendarmería, y en solidaridad con la abogada Mara Puntano que lleva, casi en
soledad, las causas y procesamientos en Salta, siendo permanentemente amenazada
por esta actividad.
El
macartismo, el racismo, la xenofobia, el terrorismo ideológico, fueron
denunciados como instrumentos de sumisión social. Fue también muy educativa la
recorrida de una delegación de mujeres bolivianas que llevaron la denuncia del
caso de Marcelina Meneses (ver contratapa). Se denunciaron el operativo Cabañas
2001 y el proyecto de la “superfuerza” de seguridad.
Diversas
agrupaciones feministas desempeñaron un papel protagónico. Con posiciones más
radicalizadas que muchas de las presentes, fueron un punto de referencia
durante el transcurso de la marcha, subiéndose a las escalinatas de la Catedral
con algunas consignas que apuntaban al corazón de la pelea que cruzaba el
Encuentro (“Si el Papa fuera mujer, el aborto sería ley”; o “Soy lesbiana
porque me gusta y me da la gana”). Previamente, habían organizado actividades
callejeras y talleres alternativos que abordaban temáticas como “ABC del
feminismo” o “Mujer, prostitución y los crímenes de Mar del Plata”, en las que
prevalecía un fuerte tono anticapitalista.
Desde
la Liga Socialista Revolucionaria, participamos con nuestra bandera y
difundiendo la declaración que elaboramos de común acuerdo con compañeras del
MAS. En los talleres en los que participamos tratamos de contribuir a que
tuviesen un desarrollo lo más democrático posible.
Centramos
nuestras denuncias contra la arremetida terrorista de la Iglesia, e impulsamos
la recuperación del taller sobre aborto. Propusimos la inclusión del derecho al
aborto como parte de los Derechos Humanos e hicimos hincapié en la necesidad de
reivindicar el pleno derecho al aborto libre, legal y gratuito.
Entre
otras cosas, denunciamos al sistema capitalista-imperialista (y no al “modelo
neoliberal”) como el gran responsable del avasallamiento de los derechos de las
mujeres, de la pérdida de conquistas obreras, la desocupación, el militarismo
creciente y la represión actual, desde el Plan Colombia hasta los bombardeos
sobre Irak. A la libre internacionalización del capital que equipara a los
Pérez Companc, Fortabat o Pescarmona locales con los grandes grupos económicos,
nacionales y extranjeros, que dominan el país y el planeta, contrapusimos la
necesidad de forjar una identidad internacional como explotad@s y oprimid@s,
por encima de los artificiosos nombres de los países con los que pretenden
dividirnos.
Por
último, dimos cuenta de que el Encuentro se estaba desenvolviendo en simultáneo
con las manifestaciones que en Filadelfia reclamaban la libertad para Mumia
Abu-Jamal (ver recuadro).
Un
punto que en algo lograba expresar que –atravesando la pelea contra la
milenaria opresión del género– existe una clara divisoria de clases, era la
entusiasta y unánime ovación que lograban las propuestas de repudio a la
ministra de Trabajo, Patricia Bullrich.
L.
rubiales