Menem, el descartable

 

            Desde junio, el ex pretendido emperador, Carlos Saúl Iº, está preso, la taba se le dio vuelta. Y no fue la vejez la que lo derrotó.

            La explicación de por qué Menem está preso, no hay que buscarla en la Argentina, sino en Estados Unidos. Los antiguos patrones han pasado a considerarlo descartable. En realidad, siempre lo fue, lo que pasa es que Menem se enteró hace poco.

            Una semana antes de su detención Menem declaraba a los medios televisivos que, sin el apoyo de Estados Unidos, él no podría haber hecho nada, dado que la Sexta Flota Naval “podía detectar hasta una pelota de golf”. Lo dijo desde el lugar de quien concentró el poder durante diez años en un país y que realmente creyó que los servicios prestados al imperio le servirían de garantía de impunidad para toda la vida.

            Pero la respuesta escueta de Estados Unidos le destrozó la ilusión: “No sabíamos nada”, declararon desde el Departamento de Estado, dejándole bien en claro que el imperio es el imperio, y los lacayos, lacayos y nada más.

            Sin embargo, quizá sea esa circunstancia una de las pocas en que Menem dijo la verdad: nada de lo que apareció en la superficie sobre el caso por el que se lo juzga, el tráfico de armas a Ecuador y Croacia, es nuevo. Tanto la Side como la CIA, sabían que Menem exportaba pólvora a Croacia por pedido de Estados Unidos.

            La explicación de que alguien que se pretendía emperador, termine en una prisión de lujo, corre por cuenta de los explotadores. Estos no hicieron más que reconfirmar el final del juego para algunos de sus sirvientes tercermundistas. A los Pinochet, a los Noriega, a los Fujimori o a los Menem, se los usa para luego tirarlos al tacho de basura, cuando se vuelven inservibles.

            Así y todo, Menem nunca se desalentó e intentó varios caminos para zafar del encierro. Entre ellos, la pretendida jugada de tirarse a Senador para las próximas elecciones por La Rioja, con la que tuvo que tragarse sus convicciones: “Un Papa no puede ser Cardenal”. Además de mascullar en silencio la negativa de su hermano a cederle su lugar en la lista de candidatos, para no correr su misma suerte.

            Por otro lado, la campaña de sus seguidores, asimilando al mítico Perón del exilio con el actual “¿preso político?” Carlos Menem, no cabe más que en la imaginación de algún sector de la “corte” a sueldo, que especula con los remotos sentimientos de la trasnoche justicialista; por más “ruido” que intenten hacer con las delgadas caravanas de “combis” y autos de lujo, con el significativo recorrido de Congreso a La Recoleta.

            A decir verdad, el tráfico de armas es casi una anécdota entre las graves decisiones que tomó Menem.

            Sencillamente, remató un país mediante las tramposas privatizaciones con las que los Macri, Perez Compac, Fortabat, Pescarmona o Rocca y los grupos multinacionales amasaron fortunas que, en tiempos de acumulación capitalista “normal”, les hubiese demandado toda una vida o varias generaciones. Y son éstos también los que se siguen beneficiando con las prórrogas de los contratos, negociadas con la Alianza, sin siquiera pagar el mísero canon, y por las cuales tendrían que estar presos ellos, su actual gerente, De la Rúa, y el ingeniero de la desocupación y la pobreza estructural del país, Domingo Cavallo.

            Con Menem tirado a los leones, el gobierno de la Alianza, que asumió allá por el siglo pasado, tiene la esperanza de que la imagen del recluso “se multiplique” como panes, que calmarían el hambre de millones de desocupados, así sea con la ilusión de que tal vez existe justicia. Así, busca bajar los decibeles del odio que supo acumular en tan poco tiempo.

            Menem es un delincuente capitalista, que está detenido por uno de sus tantos robos menores. Está preso y es gratificante que haya tenido que festejar su cumpleaños encerrado en Don Torcuato. Pero ningún miembro del gobierno anterior de los Estados Unidos es investigado por el tráfico que ordenaron, como tampoco están cerca de los tribunales los empresarios que amasaron fortunas. En cambio sí están tras las rejas, en cárceles de verdad, Emilio Alí y una treintena de luchadores que no quisieron entender que se podían alimentar de ilusiones.

 

Blarouson

 

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