La Guerra de las Galaxias (parte II)
Estados
Unidos ha lanzado su plan de desarrollo armamentista bajo el modelo del ex
presidente Reagan: la Guerra de las Galaxias. En aquel momento, la excusa era “la
amenaza a las democracias” representada por el “monstruo comunista” de la URSS.
Hoy es la pequeña Libia, Corea del Norte e Irak. Y, para intentar salir del
campo del absurdo completo, incluyen para el futuro a China.
La
antesala de este momento militar fue el genocidio perpetrado por la Otan
comandada por Estados Unidos y la pandilla europea en la ex Yugoslavia. Allí se
pudieron distinguir algunos elementos que hoy se desarrollan: la militarización
de Alemania como parte de la creación de la Eurofuerza para disputar el
liderazgo militar que hoy ostenta Estados Unidos; el bombardeo a la Embajada de
China, “justificado” por no figurar en un mapa “viejo”; y la intervención
militar directa en la política interna de un país violando las propias leyes
internacionales existentes.
Con
respecto a China es inocultable la demonización que lleva adelante la Casa
Blanca. Los Juegos de Guerra que desarrolla el Pentágono como hipótesis para
delinear los potenciales conflictos a futuro, tienen a China como enemigo para
el 2017. La crisis desatada por el avión espía ha desnudado la existencia de
los trabajos de inteligencia sobre el gobierno de Beijing. Al mismo tiempo,
descubierta la acción, Washington en ningún momento dejó entrever que dejaría
de hacer inteligencia militar y/o de otro tipo.
Fundamentalmente,
el escudo de defensa antimisiles es el clímax del conflicto armamentista. Los
primeros días de julio anunciaron que el escudo sería construido en Alaska.
Tanto
Europa como Rusia han expresado una fuerte oposición a este plan unilateral.
George Bush (h) plantea que el acuerdo de reducción de misiles de largo
alcance, conocido como ABM (Tratado Antimisiles Balísticos), firmado por
Estados Unidos y la ex URSS en 1972, es sólo una reliquia de la Guerra Fría.
Figura en su discurso la teoría de que Rusia no es más un enemigo. Pero al
mismo tiempo, con el escudo antimisiles, Bush (h) viola descaradamente el ABM,
cuando Rusia hoy lo considera el pilar de la seguridad mundial. Donald
Rumsfeld, secretario de Defensa norteamericano, declaró: “Sólo en cuestión de
meses violaremos el ABM” (La Nación, 23/7/2001, pág. 2).
Estados
Unidos está haciendo una mega exposición de sus avances en armamentos, que van
desde el escudo antimisiles, el avión sin necesidad de piloto, el soldado de
asalto al estilo Terminator, la mosca-robot para espionaje en terreno enemigo,
hasta el microondas gigante para la represión interna.
El
desarrollo de estos proyectos activa miles de millones de dólares de
presupuesto de la administración Bush, que tiene como escenario una recesión
que ya no se oculta. Pero, además, la industria militar norteamericana tiene
vida propia a la hora de defender sus negocios y ganancias.
En
este marco Henry Kissinger ha planteado, entre otras cosas, que “la seguridad
para unos es la inseguridad para otros” (en alusión a la posible creación de
una Eurofuerza, además de calificar como un error dicho proyecto) y que “una
crisis en este terreno (por la supremacía militar) puede provocar millones de
muertos en un par de horas” (Clarín, 22/1/2001, páginas 16 y 17) .
Estados
Unidos pilotea un difícil consenso político sobre armamento con sus aliados
europeos en la Otan con un endeble discurso ideológico acerca de los posibles
enemigos. La diferencia con Europa se profundiza con la enérgica negativa de
Bush a adscribirse al protocolo de Kyoto, que apunta a la reducción de
emanación de gases tóxicos que provocan el recalentamiento planetario (fenómeno
del que Estados Unidos es el principal responsable). El argumento fue que este
acuerdo apunta directamente contra la reactivación de la industria
norteamericana en un momento de recesión.
Kissinger
plantea que el verdadero conflicto que se proyecta como elemento de tensión
está más relacionado con Medio Oriente, específicamente por la energía y su
precio. Este también es un elemento de tensión entre Europa y Washington.
Los
presidentes de Rusia, Vladimir Putin, y de China, Jiang Zemin, firmaron un
acuerdo histórico después de décadas de conflicto ruso-chino. Ambos comparten
diferencias importantes con Estados Unidos, que los mira con recelo en los
terrenos comercial y militar, debido a sus poderíos nucleares.
Los
capitalistas vienen siendo los principales destructores del planeta. Pero por
la hegemonía militar, política y económica, están desarrollando en armas un
volumen tecnológico que puede hacer del planeta un lugar inhabitable en días u
horas, donde el napalm usado en Vietnam sería casi como una inofensiva bombita
de olor.
Los
capitalistas, con Estados Unidos a la cabeza, están embarcados en una terrible
guerra comercial que amenaza al mundo con un futuro de millones de muertos. Las
guerras locales, como en Irak, Palestina, Africa, los Balcanes o el Plan
Colombia, son las consecuencias directas de la búsqueda de ganancia.
La
amenaza es latente. Al mismo tiempo, los movimientos anticapitalistas son un
elemento progresivo de repudio a este sistema esencialmente destructor.
No
es menor tener en cuenta que, a pesar de la parafernalia militar de los
imperialistas, no pueden detener la decadencia de su sistema de dominación. La
historia puede ser testigo de muchos ejemplos. Su mecanismo ideológico de
fabricación de mentiras, para lograr consenso social, no logra ocultar sus
entrañas que se desnudan día tras día ante los ojos de millones.
La
acción decidida y revolucionaria de los explotados tiene en sus manos la
posibilidad de torcer la historia. Los imperialistas y los capitalistas son una
amenaza para la existencia misma del planeta. Y esto no es ciencia ficción.
Hugo
Verjádez