Estados Unidos y el Tribunal de La Haya:
Impunidad por chantaje
El
Congreso de los Estados Unidos amenaza con boicotear el pago de la partida de
US$ 532 millones que le debe a la ONU. A cambio de los fondos, el Congreso le
pide al gobierno de Bush (h) la sanción de un Acta de Protección de Miembros
del Servicio Americano, por la cual los estadounidenses no podrían ser juzgados
en el Tribunal Internacional de La Haya por crímenes de guerra, violaciones a
los derechos humanos y genocidios.
“El
acta también prohíbe la participación de tropas estadounidenses en operaciones
de la ONU, a menos que éstos reciban a priori inmunidad por parte del Tribunal”
(Clarín, 18/8/2001, pág. 32, destacado en el original). Si bien el pedido del
Acta es por parte del Congreso –en su mayoría republicanos, pero a la que
adhieren diputados demócratas– al presidente Bush (h) no le disgusta en
absoluto la idea de “legalizar” la impunidad, ya que desde que asumió mediante
fraudulentas elecciones, ésa ha sido su metodología. Los bombardeos semanales a
Irak y el desconocimiento del acuerdo de Kyoto sobre el calentamiento
climático, ilustran su comportamiento.
El
Tribunal de La Haya
Es
un supratribunal creado por la ONU que desde hace tres años funciona como la
corte de Crímenes de Guerra para la ex Yugoslavia. Este Tribunal Internacional
para juzgar genocidas y violaciones a los derechos humanos como así también
crímenes de guerra, no ha entrado en funcionamiento por falta de ratificación
por parte de los países que sancionaron su creación en 1998 en la ciudad de
Roma.
Estados
Unidos utiliza el chantaje económico y amenaza con retirar su firma de
adhesión, porque no quiere correr el riesgo de que sus más destacados “jefes”
sean llamados a declarar. Por ejemplo, el señor Kissinger, responsable del
genocidio en Vietnam y padre intelectual del Plan Cóndor, como de tantos otros
hechos de violación a los derechos humanos y crímenes de guerra; o Bush padre,
por los hechos de la Guerra del Golfo y Clinton por los “errores” cometidos en
los Balcanes, como bombardear un hospital o destruir la Embajada de China, y
tantos otros crímenes que van desde Vietnam hasta nuestros días.
Por
supuesto que, con Acta o sin ella, los jefes imperialistas hacen valer, en los
hechos, ciertos privilegios para sí. Ya cuando el juez parisino Roger Le Loire
llamó a declarar a Kissinger, éste simplemente se negó a presentarse
argumentando falta de tiempo, porque tenía “la agenda ocupada”. Y Estados
Unidos desestimó al juez (o al correo europeo), esgrimiendo que jamás habían
recibido la citación.
Pero
la resolución del Congreso estadounidense pretende pegar un salto y darle un
marco de legitimidad jurídica a su pretendida hegemonía mundial, para que a
todo el planeta le quede claro que la única justicia posible es la que sirve a
sus intereses. Y que no van a ser los mayores representantes del capitalismo
imperialista mundial quienes vayan a sentarse en el banquillo de los acusados:
violarán los propios tribunales que ellos impulsan cuantas veces lo consideren
necesario.
Esto
no hace más que dejar en claro que los tribunales internacionales impulsados
por las potencias imperialistas, como es el caso del Tribunal de La Haya
dependiente de la ONU, están destinados a juzgar a aquellos que, de una u otra
forma, perjudiquen los intereses de los amos del universo. Eventualmente,
pueden someter a juicio a algún viejo dictador “descartable”, hoy en desuso,
para ocultar por esa vía sus propios crímenes. Ese es el caso de las
rimbombantes causas que lleva en España el juez Baltasar Garzón, que
involucraron al decrépito Pinochet; y aquél es el objetivo de la creación del
Tribunal Internacional para juzgar al genocida Milosevich y abrir la puerta al
eventual juzgamiento del dictador Saddam Hussein, a quien Estados Unidos
pertrechó cuando le hizo falta para combatir a Irán, y hoy demoniza cuando está
en juego el control de los precios del petróleo.
Entre
tanto, el nuevo Hitler llamado Ariel Sharon y el gobierno genocida turco, que
colabora con Israel y sirve de base de operaciones para los bombardeos sobre
Irak, gozan de toda la simpatía de los norteamericanos mientras se consuma el
genocidio de los pueblos palestino y kurdo.
Hoy,
a todos sus crímenes, Estados Unidos agrega el chantaje para terminar de
coronar su impunidad universal.
Isadora