El heredero de Banzer ocupó el trono

 

El pasado 6 de agosto, el ex dictador Hugo Banzer, se vio obligado a renunciar a la presidencia de Bolivia, acorralado por el cáncer y los diferentes sectores de la burguesía que exigían una conducción clara del país ante la crisis política y económica. En su lugar asumió el vicepresidente Jorge Quiroga. Una semana antes Banzer, anunciaba su renuncia desde los Estados Unidos donde se encontraba haciendo un tratamiento contra su enfermedad terminal.

Banzer le facilitó la asunción a su heredero, dando la orden a su partido de que no presionase con la repartija de cargos, lo que fue muy agradecido por Quiroga que no paraba de halagarlo en el acto de traspaso de mando. En el mismo, el decrépito dictador se dio el lujo de reinvidicar su dictadura, mientras en la calle eran arrestados once universitarios por recordarle su pasado mediante unos afiches.

La asunción de Quiroga fue definida por la prensa “como el primer soplo de aire fresco”, luego del interminable julio, signado por las protestas y movilizaciones de campesinos.

Quiroga logró un fuerte respaldo de la burguesía y una tregua con los campesinos, reabriendo el diálogo con el gobierno que se encontraba roto. La tregua se basó en una negociación de inversiones por US$ 28 millones en más de cien proyectos para el sector, dejando de lado las demandas más de fondo como el reclamo de tierras y la red de agua.

También tuvo la suficiente cintura para sumar a la oposición al Diálogo II, resuelto por el FMI y el Banco Mundial, y destrabar así el envió de fondos de alivio de la deuda, unos US$ 1.573 millones que serían distribuidos entre los más pobres. La pelea ahora pasa por quién los distribuye: si el gobierno, la oposición o las centrales obreras y campesinas, lo que es altamente improbable.

Aun habiendo tranquilizado las aguas en el panorama político, todos los números de la economía hacen imposible que Quiroga pueda cumplir con sus promesas de asunción: creación de empleo, lucha contra la corrupción, reducción de la pobreza. Si bien Bolivia dispone de un recurso como el gas, que ha pasado a ser el principal producto de exportación sobre todo por la crisis energética de Brasil –principal consumidor de la región–, esto no alcanza para contrapesar los indicadores macroeconómicos del primer semestre con respecto al anterior.

La economía no sólo no tuvo el crecimiento anunciado sino que se acerca al signo negativo; con cierre de empresas y microempresas. Sólo en la ciudad de El Alto, en el Gran La Paz, cerraron más de 500, con la consecuente suba de la desocupación. La mora bancaria creció, cayó la construcción más de 12%, bajó la recaudación aduanera un 8%, se redujeron las exportaciones y aumentaron los los productos de la canasta familiar.

La composición del gabinete, con más economistas que políticos, y sus primeros pasos, evidencian que el año de gestión que le queda a Quiroga será utilizado para intentar profundizar el saqueo a la población en general. El plan económico se resume en cobrar por adelantado el gas vendido a Brasil, y continuar el proceso de privatizaciones de las empresas del Estado, incluidos los servicios de salud y educación.

El congelamiento de los precios de los carburantes, negociado con las refinerías hasta el año que viene, le costó casi US$ 20 millones, que serán financiados con el Impuesto Especial de Hidrocarburos y Derivados, que obviamente lo paga el pueblo, con lo que se siguen financiando las millonarias ganancias de las empresas beneficiadas con la privatización, entre ellas Perez Companc-Petrobrás.

La economía boliviana se basó, en los últimos años, en la producción y comercialización de la coca. La erradicación forzosa de los cultivos, impuesta por Estados Unidos, está provocando un hoyo negro en la economía, díficil de cubrir. Los cultivos alternativos fracasaron, y el negocio de la producción de la cocaína sigue a pleno y no justamente porque los campesinos sigan o no plantando coca. Por ejemplo, una denuncia realizada por el viceministro de Defensa Social hace ya más de un año, daba cuenta de que en el mismo seno del gobierno se fabrica cocaína mediante el uso irregular de 700 licencias para la comercialización de hoja de coca legal de los Yungas. Se estima que con eso se fabrican 600 toneladas de cocaína al año.

Los capitalistas de Bolivia estrenan un presidente que les da cierto oxígeno para intentar avanzar en su ofensiva contra los trabajadores y el pueblo. Aun así los trabajadores de la Caja Nacional de Salud iniciaron una nueva huelga de hambre por el incumplimiento de los acuerdos firmados durante el mes de julio, y en rechazo a la tercerización y la privatización del servicio. Y más temprano que tarde, los campesinos y los trabajadores de la educación se verán, como en los meses pasados, ante la necesidad de enfrentar los planes que penden sobre sus cabezas, porque la erradicación forzosa continúa y se mantiene la intención de privatizar la educación.

 

BlaroUson

 

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