ALTAMIRA
Cuando Veinte Años son Nada
El
texto que reproducimos en este recuadro, es la transcripción parcial de un
estudio sobre la organización Política Obrera (PO), nombre con el que se
conocía al actual Partido Obrero. Fue elaborado por su Comité Ejecutivo, y por
mí personalmente, para la militancia del Partido Socialista de los Trabajadores
(PST) el 1º de octubre de 1980. (1) El
texto forma parte del libro El trotskismo bajo la dictadura (Cuadernos de
Bandera Roja, Buenos Aires, marzo de 1996). Lo publicamos para conocimiento de
nuestros lectores, vista la continuidad de la política de “Asamblea
Constituyente” desde los tiempos de la dictadura militar.
Argentina:
que Videla llame a una Asamblea Constituyente para que ésta lo destituya
Cuatro años, tres meses y dos días
después del golpe del 24 de marzo de 1976, el 26 de junio pasado [del año
1980], Política Obrera (PO) trajo como consigna de tapa de su periódico (PO Nº
311) la estrategia de la etapa: “Que se vaya la dictadura militar”.
Pero el parche no resolvió nada: en
los números posteriores, la consigna quedó relegada al olvido y volvió a
campear esa perfecta mezcla de democratismo y sindicalismo que,
alternativamente, nos ofrece PO, esquivándole el bulto al problema político
central que resume y sintetiza tanto las reivindicaciones sindicales como las
democráticas: la lucha por derrocar a la dictadura.
Hasta el 26 de junio de 1980 la
posición de PO está sintetizada en el programa que propagandiza desde la tapa
de su periódico Nº 308, del 23 de abril de 1980, bajo el título: “Plataforma de
acción”. Después de levantar una serie de reclamos correctos (salarios, CGT,
presos, desaparecidos, etc.), resume su posición política de la siguiente
forma:
“Por
una Asamblea Constituyente democrática y soberana, único camino para
centralizar el conjunto de los reclamos de la población explotada y avanzar
hacia la liquidación de la dictadura militar”.
En el número siguiente (309),
insisten, por si quedaran dudas:
“Por
una Asamblea Constituyente soberana y democrática, como camino para centralizar
el conjunto de reclamos de la población explotada y avanzar hacia la
liquidación de la dictadura militar”.
Ya antes (nº 306) podía leerse:
“La
única alternativa democrática real es exigir que sean las masas las que
decidan, entonces; por una Asamblea Constituyente Soberana y Democrática.
Luchando y organizando por esta perspectiva iremos abriendo el camino para la
única solución democrática para la crisis actual: el derrocamiento de la
dictadura”.
Una explicación de la posición de PO
de negarse a levantar como consigna central de la etapa la lucha contra la
dictadura y de su capitulación a ésta al proponerle que sea ella quien convoque
a una Asamblea Constituyente “que centralice la lucha contra ella”, la da
Rafael Santos (PO):
“En
la práctica, la cuestión se plantea así: ¿Podemos concordar en la movilización
práctica con corrientes burguesas o pequeñoburguesas por una Asamblea
Constituyente soberana y democrática, o debemos poner como condición que
primero se pronuncien por Abajo la Dictadura?”
Como, correctamente, le respondió F.
Forgue (CorCi):
“Es
así que PO admite que su política, en lo concerniente a la consigna de Asamblea
Constituyente en la Argentina, consiste en postular la consigna de tal manera
que sea compatible con los acuerdos circunstanciales con las fracciones de la
burguesía y de la pequeña burguesía que no plantean la cuestión del
derrocamiento de la dictadura.”
O, dicho en menos palabras: adecuar
el programa a lo que, supuestamente, está dispuesta a hacer la burguesía. Esa
ha sido y es la política de PO (incluso también después del periódico Nº 311,
26 de junio de 1980).
¿Qué es lo que propone, en síntesis,
PO?
1) Que la dictadura militar llame a
elecciones libres para una Asamblea Constituyente Soberana, no que en la lucha
a muerte por derribar revolucionariamente a la dictadura las masas impongan
elecciones para Asamblea Constituyente u otra cosa;
2) que sea un organismo burgués –la
Asamblea Constituyente–, convocada mediante elecciones libres por un régimen
militar que no está precisamente propenso a dar elecciones “libres”, quien “centralice”
la lucha… contra la dictadura militar.
Cualquier salida democrática pasa
inexorablemente por la pelea por derribar a la dictadura militar. No se trata
de pedirle –o incluso de imponerle– a ésta que dé una salida “democrática”: se
trata de que el proletariado sea el caudillo de la lucha democrática
antidictatorial para abrir un proceso de revolución permanente que permita
catapultar al proletariado como el caudillo de los sectores opuestos a la
dictadura (y a los trotskistas como su dirección) haciendo de la lucha
antidictatorial el puente hacia la lucha por el gobierno obrero y popular. Esta
y no otra tiene que ser la estrategia de un partido que se reclame trotskista.
Es totalmente secundario especular
sobre cuáles pueden ser las mediaciones que arroje la lucha de clases; más aun,
es muy probable que cuantas menos arroje, mejor para la marcha de la revolución
proletaria. Ello, obviamente, no indica que si estas mediaciones se producen,
los revolucionarios no sepamos aprovecharlas, pero en absoluto constituyen un
objetivo estratégico: son un mero rodeo táctico que podremos y deberemos
aprovechar en caso que se produzcan, a pesar de que nuestro objetivo no es ése,
sino movilizar revolucionariamente a las masas para que el proletariado
hegemonice la lucha antidictatorial y la transforme en el puente hacia la
revolución socialista.
Para ser más claros: si se diera una
situación como la de Perú(2) (que debe andar rondando por la cabecita de
Altamira) discutiríamos si participamos o no en las elecciones a la Asamblea
Constituyente de acuerdo con el desarrollo concreto de la lucha de clases, con
las posibilidades de pasar directamente o no a una fase insurreccional y con el
peso concreto de nuestro partido. Todo esto involucra opciones tácticas de una
gran importancia que deberíamos evaluar en el caso de que llegaran a
producirse. Pero en absoluto constituyen la estrategia hacia la cual nuestro
partido, y cualquiera que se reivindique trotskista, quiere conducir al
movimiento de masas en la etapa actual. Si la burguesía se ve obligada a apelar
al pantano democrático para tratar de detener al movimiento de masas, veremos
cómo intervenimos para que ello no se produzca.
Pero nuestro objetivo es otro:
transformar, mediante la movilización de masas, la lucha democrática
antidictatorial en una lucha transicional que abra al proletariado y a nuestro
partido el camino hacia el gobierno obrero y popular.
La posición de PO nada tiene que ver
con ese objetivo. Capitula frente a la dictadura al no tener como eje central
de su programa la lucha contra ella; se adapta en forma oportunista a lo que
sectores de la burguesía pueden estar dispuestos a hacer (llamar a una Asamblea
Constituyente sin derribar a la dictadura; lo cual es, además, ilusorio, porque
esos sectores no existen) y le tiende a esos supuestos sectores “antidictatoriales”
de la burguesía (y del stalinismo), un puente de plata para que no sea el
proletariado quien hegemonice la lucha antidictatorial: propone que sea un
organismo burgués, la Asamblea Constituyente, quien centralice la lucha contra
la dictadura.
Para el trotskismo, hasta el
nacimiento de Altamira, el problema era inverso: cómo lograr que los soviets,
los sindicatos y los organismos obreros fueran quienes cumplieran esa tarea y
se intervenía, o no, en las elecciones burguesas como un problema táctico, para
avanzar hacia esa perspectiva estratégica, jamás postulándose como objetivo (ya
que no es un fin en sí mismo, un objetivo a ser alcanzado por el movimiento
obrero).
Pero la posición de PO de no
levantar la lucha contra la dictadura no se limita a su periódico. Es una
concepción concreta que se aplica en su política práctica. Por ejemplo, en la
facultad de Filosofía, PO votó junto al PC, en contra del PST, para que el
programa del centro que se está reconstruyendo no incluya la lucha contra la
dictadura, por ser “ultraizquierdista” o “sectario”. La política de
acomodamiento creciente al stalinismo y a la burguesía seudo democrática no es
una mera formulación teórica: es una práctica política que coloca en los hechos
a PO junto a las fuerzas que, con mayor o menor franqueza, apoyan a la dictadura.
jorge
Notas
del autor (marzo de 1996):
1.
Al mismo tiempo que desarrollábamos estas críticas a las posiciones de PO,
repudiamos la infame calumnia de Lambert que echó al PO del COR-CI (Comité por
la Reconstrucción de la Cuarta Internacional) bajo la acusación de “¡Perros de
Videla!”
2.
Asamblea Constituyente en Perú de 1978, convocada por la dictadura peruana
después de la huelga general seminsurreccional de julio de 1977. En ella el
Focep impulsado por los trotskistas y encabezado por Hugo Blanco y Ricardo
Napurí, realizó una elección importantísima, siéndole reconocido el 12% de los
votos pese a que se le robara una gran cantidad ya que, entre otras cosas, la
militancia se reducía a cerca de un centenar de compañeros.
La Asamblea Constituyente mostró las
insalvables limitaciones que tiene la institución burguesa como palanca
revolucionaria (la “moción roja” que planteaba destituir a la dictadura, no
sólo careció de los votos sino de la fuerza extraparlamentaria y las milicias
para imponerse).
En lo fundamental, la Asamblea
Constituyente actuó como un mecanismo de descompresión democrática y de
retirada gradual de la dictadura militar evitando el riesgo de que ésta fuera
derrocada insurreccionalmente.
Este proceso revolucionario abortado
por canales “constituyentes” está en la base del trágico curso posterior,
incluyendo a la dictadura de Fujimori y los militares.