Por que rechazamos al ALCA

 

Durante la primera semana de abril Buenos Aires fue sede de una de las reuniones de 34 ministros de países de América, como parte de las rondas de discusión acerca de cuál será la mejor manera de poner en funcionamiento el Area de Libre Comercio de las Américas, de Alaska a Tierra del Fuego (Alca). Supuestamente, ese tratado establecería el “libre comercio” entre todos los países de América (excepto Cuba). La realidad, es que el Alca significa un salto cualitativo en la colonización norteamericana sobre la América latina.

Según la propaganda de Estados Unidos, mediante el Alca cualquier país del continente podría venderle, por ejemplo, aviones o computadoras. Para que semejante mentira quede al desnudo, basta ver que los PBI sumados de toda Sudamérica, Centroamérica y el Caribe, totalizan 12,1%, mientras que el PBI de Estados Unidos constituye el 76%.

El “libre comercio” que pretende Estados Unidos, es impunidad comercial para imponer sus condiciones, sin fronteras, sobre las economías de toda América latina; mientras quiere mantener a los trabajadores divididos en múltiples fronteras para así poder sojuzgarnos aun más. Como si esto fuera poco, un promedio de 1,4 mexicano es asesinado por día al intentar entrar a territorio estadounidense.

El proyecto Alca no es nuevo, y su implementación se viene discutiendo desde los tiempos de Bush (padre) y de Clinton. Hoy, Bush (h) quiere acelerar el trámite, como forma de afrontar su propia crisis económica interna. Esta política de los yanquis no está desvinculada del Plan Colombia; de los entrenamientos militares conjuntos realizados en la Argentina, dirigidos por los yanquis; de la supuesta “guerra contra los narcos”, siendo que Estados Unidos es uno de los principales consumidores del planeta.

El proyecto forma parte de una política de dominación y de aumento de la explotación para el conjunto de los trabajadores del continente.

A la vez, Latinoamérica no es una masa homogénea y si atendemos a su PBI, a su cantidad de habitantes, a su participación en el comercio internacional y a las inversiones que puede atraer, podemos dar cuenta de ello. La oposición del gobierno de Brasil no constituye una posición antimperialista como sueñan ver algunos, sino que es parte de las luchas entre intereses de distintos monopolios (en este caso, con gran peso del imperialismo europeo, como también lo manifiestan algunos sectores “antiAlca” en la Argentina).

Pero las contradicciones entre las distintas burguesías no impiden mostrar afinidades entre ellos a la hora de rebajar el precio de la fuerza de trabajo, de despedir en masa y de nivelar hacia abajo las condiciones laborales. Por eso es vital avanzar en la organización por la base en todos los lugares de trabajo, con independencia del Estado, de las patronales y de los burócratas a su servicio, en defensa de todas nuestras conquistas pisoteadas y ante la represión que preparan para sostener sus “ajustes” continentales.

 

 

No al Alca - No al imperialismo - No al capitalismo

 

Con esta perspectiva, es que la Liga Socialista Revolucionaria apoya –y llama a participar– de toda movilización, acción de protesta o de esclarecimiento, que posibiliten sumar fuerzas al rechazo al plan imperialista. Los duros y masivos enfrentamientos con la policía en Quebec (Canadá) constituyen un indicio promisorio de la voluntad de los pueblos de poner las mayores piedras posibles en el camino que los explotadores pretenden allanar. Sólo así, habrá posibilidades de disputarle su poder a los amos del mundo, habiten en el continente que sea.

Cuando los socialistas revolucionarios nos pronunciamos contra el Alca, no lo hacemos en nombre del Mercosur, ni de políticas nacionalistas-proteccionistas, ni de un alineamiento antinorteamericano y proeuropeo. Sí somos partidarios de un bloque regional antimperialista y anticapitalista, que sólo podrá ser tal, sobre la base de enterrar el poder de quienes son los principales responsables de la sujeción del continente al imperialismo: las propias burguesías que detentan el poder en cada país. A partir de allí, una federación libre de países socialistas del continente, podrá a la vez tender lazos con los explotados del gran país del Norte, para unirnos en una revolución socialista internacional que pelee por terminar con toda explotación y opresión en América y en todo el planeta.

L. R.

 

 

 

Bush Jr: El Sonido y la Furia

 

Las tonterías y los rasgos de particular incultura del presidente George Walker Bush (Jr) han desatado una epidemia de chistes en Estados Unidos. Muchas personas que se definen como “progresistas”, suelen encontrar un consuelo, bastante pequeño por cierto, en remarcar el carácter poco instruido de algunos gobernantes que son, no casualmente, los que hacen la historia. Un burgués bruto puede ser un buen jefe político burgués. Pensar locontrario es el prejuicio, a la inversa, que presenta la ideología burguesa –para golpear la conciencia de los explotados– contra los propagandistas del socialismo cuando éstos explican la necesidad de que los trabajadores gobiernen la sociedad. Entonces, dejando los chistes a un lado, intentaremos ver los rasgos más salientes del nuevo gobierno norteamericano.

 

NMD

El NMD (National Missile Defense) es un proyecto nacido en la última etapa del gobierno de Bush padre y desarrollado a partir de un estudio de Colin Powell y Dick Cheney (¿les suenan?). Ya en aquel momento podía caracterizarse como el intento de asegurar el monopolio de la iniciativa en armas estratégicas para Estados Unidos mediante el despliegue de un paraguas misilístico que les garantizara invulnerabilidad ante cualquier ataque o respuesta externa. Sin embargo, en medio de la euforia y el optimismo que siguió a la caída del bloque del este, su implementación empezó a sonar como descabellada o como una rémora de otro tiempo.

En 1995 fue aprobado un proyecto de NMD atemperado, propuesto por iniciativa de los republicanos, y se planteó su instalación para el 2003. Ya en 1998 se planteaba la hipótesis de que los llamados “estados delincuentes” (Corea del Norte, Irán, Libia, etc.) pudieran llevar adelante instalaciones misilísticas para lanzarlas sobre ciudades norteamericanas.

El NMD está en marcha. Veremos hasta dónde puede llegar, porque la iniciativa es conflictiva. Algunos comentaristas han expresado que el NMD inaugura una nueva era en la política internacional. Dos son las razones para esto. La primera es que supone la ruptura unilateral del Tratado ABM firmado por Estados Unidos y la URSS en 1972. La segunda es que esta iniciativa es la definitiva negación de que un mundo globalizado es un mundo básicamente pacífico. Los conflictos militares anteriores generalmente eran vistos como “correcciones” a una norma universal aceptada por las naciones civilizadas (“hacer entrar en razón a Saddam Hussein” y argumentos por el estilo). La aceptación de una hipótesis de conflicto permanente, aunque el enemigo declarado nos resulte más propio de un comic que de la realidad, es la demostración empírica del sepultamiento del“nuevo orden internacional” en el que tantos reformistas pusieron sus más entusiastas anhelos. Además, la instalación del NMD va a costar alrededor de US$ 50.000 millones y requerirá más bases militares en países extranjeros.

 

Relaciones peligrosas

 

Las reacciones que hasta ahora ha provocado el NMD han mostrado, con respecto a algunos países, la ritualidad a la que puede llegar la diplomacia. Alemania, por ejemplo, declaró que ha tomado nota del proyecto pero todavía no lo ha evaluado. Francia y Gran Bretaña han manifestado que están a la expectativa. (Blair mismo tuvo problemas en su frente interno ya que los conservadores han quebrado una lanza en favor del NMD.)

Bush jr fue bastante cuidadoso en sus anuncios y prometió no tomar medidas unilaterales; lo cual, dada la naturaleza del proyecto, parece un chiste. Pero la política tiene sus reglas y Bush jr no va a ser quien se las saltee. En estos días ha decidido enviar a los número dos del Departamento de Estado, de Defensa y del Consejo de Seguridad Nacional a entrevistarse con los dirigentes europeos, rusos y asiáticos. Putin se ha convertido en este tiempo en su principal punto de interés. La especulación de que el inmenso arsenal ruso pudiera articularse con un poder opuesto y complementario (el capitalismo alemán parece el candidato natural) desvela a los norteamericanos, que tratan con una fría cortesía al gobierno ruso.

Con respecto al Asia la política norteamericana ha traído bastante oposición. Koizumi, nuevo primer ministro japonés (ex-ministro de Comunicaciones) manifestó sus intenciones de quebrar el tope constitucional alarmamentismo, impuesto por el general Douglas MacArthur después de la segunda guerra mundial.

En China, desde el incidente del avión, el gobierno se halla en tensión con el jefe de la Casa Blanca. En Estados Unidos, Henry Kissinger se ha manifestado a favor de enfriar los conflictos con los chinos. En un artículo, reproducido por Clarín el 2 de mayo, Kissinger plantea que si bien la política de Clinton de “compromiso” y “sociedad estratégica” (es decir de integración pacífica al capital occidental) era equivocada, Estados Unidos debía buscar alguna forma de entendimiento con China. El conflicto con esta nación, según piensa el arquitecto de la “Detente” de los ’70, es una opción de última instancia.

El panorama que se observa en la política internacional es que el orden de Yalta ha tenido una sobrevida excesiva con respecto a las causas que lo posibilitaron. De sus dos puntales (Estados Unidos y URSS) sólo subsiste uno, que intenta mantener las ventajas obtenidas en aquella negociación más allá de lo admisible en las nuevas condiciones. Los países derrotados en la segunda guerra mundial (Alemania y Japón) tuvieron que aceptar la indisputada hegemonía norteamericana en parte como un mal trago obligado y en parte por oposición a la URSS. En el mundo actual, dividido en tres bloques comerciales, la política con respecto a los armamentos se orienta por el lado norteamericano a mantener sus privilegios de fuego y por el lado europeo (hegemonizado por Alemania) y asiático se apuesta a “barajar y dar de nuevo”.

 

La política doméstica de Bush jr

 

Pese al optimismo de hace pocos meses parece que la recesión llegó para quedarse. En abril bajó 0,1% el índice de productividad. Los empresarios ya claman y culpan a la recesión de los males de la economía. El desempleode abril fue de 4,5%, tendencialmente sube (4,3% en marzo), y las grandes empresas anuncian despidos masivos. La propuesta republicana para salir de la recesión no es muy novedosa: un recorte masivo de impuestos de US$ 1,35 billones en 11 años. Esto puede ser factible o no, pero lo cierto es que el gobierno no se ha mantenido inactivo. En menos de 100 días ha pagado muchos de los favores recibidos de sectores empresarios durante la campaña electoral: 1) revocó un gran número de medidas de seguridad laboral negociadas por la AFL-CIO y el gobierno anterior (como frutilla del postre revocó requerimientos para que los contratistas públicos usen mano de obra sindicalizada); 2) reformó la ley de bancarrotas, a pedido de los bancos y las compañías de tarjetas de crédito, quitando protección legal a quienes estén en quiebra (los principales perjudicados son familias pobres, en su mayoría de desocupados); 3) eliminó reglamentos que obligaban a las compañías mineras a pagar los costes de limpieza si contaminan los suministros de agua; 4) revocó leyes que protegían bosques mediante la prohibición de la tala y de la construcción de autopistas; 5) los costos de cortar emisiones de dióxido de carbono fueron eliminados de las cuentas de las empresas de carbón, electricidad, gas y petróleo. Los beneficiados por estas medidas, como es público, han hecho su aporte a la elección de George Walker: las empresas petroleras (25 millones), la industria maderera (3,2 millones), la industria minera (2,6 millones), los bancos y compañías de tarjetas de crédito (25 millones). Ahora se dedican a pasar por caja a buscar lo suyo.

El significado general que tienen estas medidas es que la capacidad de lobby que muestran las empresas con respecto al gobierno norteamericano actual anula el costado que tiene todo Estado capitalista de representar una mediación de los intereses del capital con respecto a un “interés general”, aunque codificado en términos burgueses.

 

De vuelta al pasado

 

El capitalismo estadounidense se vuelve cada vez más contradictorio con los derechos ciudadanos (burgueses). Veamos algunos ejemplos.

El 10 de mayo en un fallo, calificado de histórico, la Corte Suprema de Estados Unidos modificó la legislación acerca de derechos civiles. Se impide llevar adelante juicios por discriminación contra instituciones. La ley reformada dice que sólo se puede hacer un juicio ante un caso de racismo explícito; pero agrega que, si por los efectos de la política de selección de una institución determinada, una minoría (nacional, étnicao sexual) resulta perjudicada de conjunto …hay que aguantársela e irse a otra ciudad o país.

Si bien aun no se ha retrocedido por atrás de los ’60, ésa parece ser la aspiración de los conservadores. Antonin Scalia, vocero de la mayoría de la Corte, dijo que la intención de la reforma es “acabar con 35 años de errores jurídicos” (bastante explícito el hombre).

El 14 de mayo, en la misma tónica, los próceres de la Corte Suprema fallaron que es inadmisible sin excepciones, el uso medicinal de la marihuana (práctica actual en Alaska, Arizona, Hawaii, Maine, Oregon, Washington, Nevada y Colorado y extendida por los Clubes de Cannabis que existen en todas las ciudades grandes de Estados Unidos).

Los derechos obtenidos por las minorías no vienen con garantía de eternidad. Deben ser defendidos por los propios interesados y por las personas democráticas y de izquierda, más allá de que estas últimas lo hagan desde una perspectiva que haga centro en el combate global contra el capital.

 

Una sociedad en retroceso

 

Por fuera de explicaciones que privilegian la“maldad intrínseca del imperialismo yanqui”, creo que hay que bucear en la base material que sustenta este nuevo auge reaccionario: los cambios que experimentan las grandes ciudades norteamericanas, en los ámbitos cultural y económico. De las 100 ciudades norteamericanas más importantes, 48 tienen menos habitantes blancos que negros, hispanos o asiáticos. Y 71 de esas 100 ciudades pierden residentes blancos. En 1990, en 70 de ellas era absoluta mayoría la población blanca. Chicago, cuyo crecimiento demográfico era estacionario desde 1950, ha incorporado 208.000 hispanos. Esto también ha significado una baja en la recaudación impositiva de los municipios ya que en promedio los hispanos son US$ 14.000 anuales más pobres que los blancos. Por supuesto que estos datos son de tipo estadístico y, si bien muestran la tendencia general, hay que saber que no dicen todo. La categoría “blanco” admite varias realidades. No se trata de una cuestión de razas sino de la manera peculiar en que dos planos de realidad (ingresos y etnia) configuran una realidad determinada.

Las ciudades chicas son, en el Estados Unidos actual, la vanguardia popular de la reacción. Confrontadas con una realidad crítica, se refugian en sus prejuicios y fantasean cómo impedir que lleguen inmigrantes. En Siler City, Carolina del Norte, David Duke (un ex-líder del Ku Klux Klan) asesora sobre estas cuestiones al municipio. Los republicanos ganaron aplastantemente en esta clase de lugares, con lo que las medidas reaccionarias, en el plano interno, responden a una expectativa real. En todas esas ciudades existen milicias de ultraderecha del tipo de la que llevó adelante el atentado de abril de 1995 en Oklahoma (cuyo responsable Timothy McVeigh quizá zafe gracias a que el FBI ha ¿perdido? cerca de 200 pruebas).

¿Cuánto soportarán los sectores afectados y el grueso de los trabajadores norteamericanos este festival de legislación y gobierno conservadores? No lo sabemos. Lo evidente es que el regreso de los republicanos a la Casa Blanca recuerda la frase de Tayllerand sobre la Restauración borbónica: “Nada han olvidado, nada han aprendido”. Muchos de los acontecimientos futuros van a estar cifrados en cómo se resuelvan estas contradicciones en el interior de Estados Unidos.

Foxley

 

EE.UU. en la ONU: Cosecharás tu siembra

 

Por primera vez, desde 1947, año en que se fundó la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (ONU), Estados Unidos no es elegido como país integrante. Y tampoco se lo acepta para la Oficina Internacional de Control de Drogas, lo cual fue tomado con sorpresa en Washington. En la votación fue decisiva la actitud de los países europeos, que se condujeron en bloque y ocuparon las plazas en dicha comisión, apoyados por el descontento de la comunidad internacional ante las decisiones unilaterales tomadas por los Estados Unidos.

El desconocimiento de los tratados firmados con la URSS en 1972 sobre prohibición de ensayos nucleares; la negativa a firmar los acuerdos sobre abolición de minas terrestres; la afirmación de Bush jr acerca del “deber de defender los intereses de la economía y la industria norteamericana” para justificar su alejamiento de los compromisos de Kyoto sobre cambio climático (Estados Unidos es el principal responsable de emisión de gasesque producen el efecto invernadero); su oposición a facilitar medicamentos contra el Sida a países en desarrollo; y la creación de un escudo antimisilístico, son algunos de los motivos que provocaron la reacción internacional. Por otro lado, Estados Unidos es el principal consumidor de drogas, la banca norteamericana es la que realiza el mayor lavado de dinero proveniente del narcotráfico y su territorio es uno de los principales productores de marihuana del mundo.

Pero nada de esto es nuevo. El imperialismo norteamericano vino utilizando el pretexto de la lucha por los derechos humanos y, más recientemente, el de la lucha contra el narcotráfico para seguir imponiendo su supremacía militar e ideológica, en refuerzo de su dominación económica en el mundo. Fue así que no vaciló en dejar tierra arrasada en los Balcanes, utilizar uranio empobrecido en los misiles, bombardea como por deporte a Irak (donde ya son más de un millón y medio los muertos desde el inicio del conflicto) y profundiza y extiende el Plan Colombia, que incluye la utilización de químicos desfoliantes, a costa de destruir el Amazonas, pulmón del planeta.

La Unión Europea movió muy bien sus fichas (logró entrar la Austria de Haider) castigando a su gigante competidor en la ONU y los norteamericanos han vivido esto como una derrota humillante y respondieron de una forma muy poco diplomática: retuvieron US$ 224 millones de su cuota, por lo que Kofi Annan los acusó de chantaje.

Por supuesto, esta resolución no les otorga a los jerarcas europeos un “certificado de buena conducta”, sino que marca el pulso de los enfrentamientos entre los amos del mundo en esta nueva era colonizadora. En la arena de la ONU, Estados Unidos sufrió una derrota que, si bien no es Vietnam, no deja de ser muy significativa.

F. de Bruno

 

Macedonia: La guerra no termina con la interminable ocupación de la OTAN en los Balcanes

 

A pesar de los 100.000 hombres de la Otan que ocupan la Península y de las numerosas bases instaladas, los focos de incendio reaparecen periódicamente en una región donde una solución nacional y/o étnica es más difícil de encontrar que un imperialismo “humanitario”.

Ayer fueron las matanzas de serbios por el UCK (guerrilla albanesa) en el territorio de Kosovo, o la posible separación de Montenegro. Ahora suceden enfrentamientos armados en Macedonia.

Esta división administrativa del territorio –creada por Tito como parte de Yugoslavia– no tiene nada que ver con los descendientes de Alejandro Magno: está poblada en su mayoría por búlgaros que habitan los territorios que Serbia arrebató en la Segunda Guerra Balcánica, y por una minoría de algo más de 20% de origen albanés.

Es un pequeño territorio que alberga a poco más de dos millones de personas y a una base militar de la Otan con 3.000 hombres.

En los últimos meses se vienen produciendo enfrentamientos militares entre guerrilleros, posiblemente del UCK, y el ejército “macedonio”.

Una delegación de alto nivel de la Otan expresó su apoyo al gobierno de Skopye, al tiempo que presionó la integración del partido albanés a un gobierno de unidad nacional, a cambio de algunas concesiones, como por ejemplo el derecho a una universidad cuya enseñanza se realice en ese idioma.

Por otro lado, hay denuncias de que las tropas de la Otan en la frontera de Kosovo con Macedonia, en particular las italianas, han abierto corredores para el ingreso a Macedonia de las guerrillas albanesas.

Es muy posible que el imperialismo italiano, con El Olivo o mañana con Berlusconi, presione para conformar una paradojal “Gran Albania”, que sea su región de influencia, como lo intentó hacer en buena parte del siglo XX.

Pero, al margen de ese objetivo, o combinadas con él, las que sí están actuando son las mafias de las armas, las mismas que llevaron a la implosión del Estado albanés en 1997 (cuando se terminó el gigantesco negocio de la venta de armas a la ex Yugoslavia), que hoy  siguen actuando.

Para que haya paz en la región son necesarias varias condiciones. En primer lugar, es necesario expulsar a las tropas de la Otan que no son tropas de “paz” sino de ocupación.

En segundo lugar, luchar incansablemente contra los gobiernos y estados capitalistas y proimperialistas de toda la región –incluyendo los de Serbia y Montenegro– para imponer en todos ellos el poder de los trabajadores y campesinos. Sobre esa base, impulsar una Federación Socialista de los Balcanes donde se respeten las lenguas, tradiciones culturales, religiosas y de todo tipo, de las distintas nacionalidades y etnias que el paso de la historia amontonó allí desordenadamente y en forma muy compleja.

Desde el nacimiento de Yugoslavia (los eslavos del sur), impuesto por el presidente Wilson de Estados Unidos en la “Paz de Versalles”, en adelante, cualquier intento de solución nacional impulsada por los distintos imperialismos y sus lacayos en la región, no sólo no traerá ninguna solución sino nuevas y terribles guerras. Así fueron las dos guerras balcánicas de comienzos del siglo XX y las sucedidas en la década del ’90 en la región. El siglo XXI comienza con nuevos enfrentamientos bélicos en un territorio ocupado por la más formidable coalición militar imperialista de la historia, la Otan.

 Jorge Guidobono

 

Bolivia: Un eslabón débil de la cadena capitalista

 

El pasado abril Bolivia se vio convulsionada por una ola de cortes de rutas, paros y movilizaciones en seis de sus nueve departamentos, protagonizada fundamentalmente por los campesinos cocaleros y encabezada por su dirigente y diputado Evo Morales.

La chispa que encendió la mecha fue el recorte del 40% en las indemnizaciones pagadas a los campesinos por la erradicación de los cultivos de coca. Exigían también la suspensión total del plan de erradicación. En la oleada, se fueron sumando diferentes sectores como los trabajadores de salud y educación, jubilados, pequeños deudores, transportistas y estudiantes.

Por otro lado, el reclamo de aumento de haberes aglutinó a maestros y médicos –que rechazan la municipalización de los servicios– y a los jubilados, mientras los estudiantes se oponen a la política educativa y presupuestaria del gobierno.

Ante el bloqueo de carreteras y las movilizaciones de campesinos y trabajadores urbanos, el gobierno no dudó, e instaló el terror. La represión fue desatada en el campo y la ciudad. Detuvieron a varios dirigentes gremiales, a muchos de ellos se les ha iniciado juicio por asesinato y terrorismo, y otros han sido confinados al destierro en la zona de El Beni, limítrofe con Brasil, profundizando un proceso de criminalización de la actividad sindical. Hubo por lo menos una decena de muertos, cientos de detenidos y varios continúan desaparecidos.

El centro de los enfrentamientos entre los campesinos y el Ejército fue la zona de El Chapare (en el distrito de Cochamba), que ha sido militarizada y es donde se concentra el cultivo de coca. Sesenta mil familias viven de ello.

La zona recibió el influjo de las migraciones de los mineros pobres por la privatización generalizada de las minas en la década del ’80. Hasta entonces, los mineros habían sido la vanguardia de las clases explotadas, incluyendo la experiencia de haber protagonizado una revolución que destruyó al Ejército en 1952. La metodología radicalizada de las luchas de abril, tiene su raíz en la tradición de los mineros.

Los campesinos dinamitaron las rutas y llevaron a cabo la “guerra de hormigas”, que consistía en ir tirando piedras de gran tamaño en los caminos para que no pudieran circular los vehículos. El Ejército pasaba limpiando el camino, y los campesinos volvían a tirar las piedras. A la vez, la marcha iniciada el 17 de abril desde los principales centros del país con destino a La Paz para el día 23, convocada por Evo Morales, se ganó el nombre de “la marcha invisible”. Varias veces la Policía y el Ejército intentaron intervenirla pero los marchistas se dividían en varios grupos y seguían rumbo a la ciudad por caminos desconocidos para las fuerzas represivas.

En la primera semana de mayo, la Central Obrera de Bolivia (COB) comenzó las negociaciones con el gobierno. La COB exigía un aumento del salario mínimo del 200%, y un aumento para los gremios de salud y educación del 8%, pero el gobierno no aceptaba ni el 6%. Además, el presidente constitucional (y ex dictador militar), el general Hugo Banzer contestó que, en realidad, en esos sectores hacían falta despidos masivos.

Pero pasada la segunda semana de mayo y viendo que el movimiento huelguístico no cesaba, el gobierno dio el brazo a torcer y cedió en varios frentes de conflicto cerrando así las posibilidades de desborde de la situación.

Esta política, también iba en el sentido de aislar al movimiento campesino, cuyo reclamo es mucho más difícil de resolver. Así el gobierno cedió por un lado un aumento a los jubilados y, por ahora, desactivó a los estudiantes retirando la reforma educativa, aunque prometiendo volver con una Ley de Universidades. Pero con los trabajadores de salud y educación, no le fue igual. El aumento concedido del 7,5% no logró frenar sus movilizaciones, dado que no ven satisfechas sus demandas. En cuanto al reclamo de aumento del salario mínimo, el gobierno también cedió. Pero los empresarios ya anticiparon su negativa a cumplir con el decreto presidencial.

A la vez las negociaciones llevadas adelante por la Confederación Sindical Unica de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), cuyo dirigente, recientemente reelecto, es Felipe Quispe, El Mallku, no llegaron a ningún tipo de acuerdo, más que la promesa de diálogo.

El gobierno

 

El gobierno de Banzer se enfrenta a esta crisis social acompañado de una crisis política. Los últimos comicios para electores departamentales están teñidos de la sombra de la corrupción. La coalición de gobierno, formada por cuatro de los cinco partidos, esta cruzándose acusaciones sobre los cargos repartidos.

Dado el escaso predicamento que obtuvieron las diferentes fracciones burguesas en las últimas elecciones, y en pos de lavarse un poco las caras ante las masas, han comenzado a llevar adelante reformas internas en los partidos, en vistas al recambio presidencial próximo. Pero, aunque la mona se vista de seda...

En esta situación, entra en escena la vieja zorra internacional: la Iglesia Católica. Actuando como mediadora, llama a los diferentes “actores” de la escena nacional, a firmar una carta de intenciones para tratar los problemas más gruesos que hoy tiene la burguesía: la erradicación de la coca y la crisis electoral. La misma aún no se ha realizado y el papel mediador de la iglesia duró poco, ya que la cúpula ha manifestado, tomando las palabras del dios mercado, que “el cultivo de coca es un pecado”. Está claro que, más allá de las esperanzas en el “diálogo” del dirigente campesino Felipe Quispe, nada bueno podrán esperar de la mediación vaticana los campesinos cocaleros, dado que, como dijera el propio Quispe, la Iglesia fue parte del brazo ejecutor de “quienes nos esclavizaron hace 500 años".

 

El campesinado, la coca y el Plan Andino

 

El Plan Colombia ha desembarcado en Bolivia para luchar contra el nuevo archienemigo virtual: el narcotráfico. Y por ello ha demonizado a los campesinos cocaleros a los que define como “narcoguerrilla”. Con ese argumento, se han instalado bases militares estadounidenses en territorio boliviano, en particular en El Chapare. Estados Unidos es el principal impulsor y director de la erradicación de los cultivos de coca. El llamado “Plan Dignidad”, base de ejecución de la erradicación de los cultivos, tiene un costo de US$ 942 millones. Estados Unidos y Europa aportaron US$ 300 millones, de los cuales sólo el 8% se ha utilizado para las indemnizaciones y el resto fue a parar al circuito de la corrupción y al equipamiento de la Policía y las Fuerzas Armadas.

El fracaso del plan de erradicación no es una novedad para la burguesía. Los cultivos alternativos que se han experimentado, como el de ananá, café y banano, han fracasado no sólo por los costos, sino porque las tierras cedidas son inservibles para los mismos, dejando en la ruina a los campesinos pobres.

Cabe señalar que fue durante la dictadura de Banzer cuando el narcotráfico se enquistó en el Estado boliviano. La colonización de El Chapare se intensificó durante ese período, coincidente con el salto en la acumulación de capital por vía del cultivo y maceración de la coca, tradicional componente nutritivo y energético en el Altiplano.

 

No está dicha la última palabra

 

Habiendo desactivado parte importante de los frentes de conflicto, el gobierno de Banzer se aboca de lleno a intentar frenar el levantamiento campesino cocalero. Para ello utiliza todo tipo de maniobras en pos de ganar tiempo. La firma de acuerdos y sus reiterados incumplimientos es la experiencia que se reitera.

El gobierno de Banzer es la feta del sandwich entre el imperialismo de Estados Unidos y la creciente resistencia campesina y urbana. Mientras los yanquis ubican a Bolivia como parte del Plan Colombia, y en su operativo de control del negocio de la droga condenana una hambruna descomunal a millones de campesinos y trabajadores, la resistencia de los cocaleros y de los campesinos empuja en sentido contrario.

Hay un proceso de lucha abierto en el cual no está dicha la última palabra. El enemigo seguirá atacando, pero los trabajadores del campo y de la ciudad en Bolivia han demostrado una inmensa capacidad de resistencia, eincluso han tumbado numerosos gobiernos como el propio Banzer sufrió en su cuero en 1979.

Julio-Blarouson

 

Negociaciones por la paz en Colombia: ¿Mito o realidad?

 

Recientemente un comando paramilitar de ultraderecha se apoderó de la región que el presidente Pastrana había ordenado desmilitarizar, como condición para reiniciar el diálogo de paz con el ELN (Ejército de Liberación Nacional). Esta “avivada” tuvo como consecuencia que las negociaciones volvieran al congelador.

Las Fuerzas Armadas nada hicieron por recuperar el control de ese territorio, así como tampoco han hecho nada ante las constantes denuncias de todo tipo de abusos y asesinatos que llevan a cabo los paramilitares en poblaciones indígenas y el campo, como  el reciente secuestro de cien campesinos en el Estado cuya capital es Medellín.

Estos hechos no sorprenden. Son una muestra clara de la complicidad entre Fuerzas Armadas y paramilitares que, en realidad, no pretenden que el conflicto con la guerrilla insurgente se resuelva pacíficamente. (*)

Sin embargo, semanas atrás, las Fuerzas Armadas colombianas capturaron a 61 miembros del grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), responsable, de la masacre de 40 campesinos de la localidad de Naya. El propio jefe de Estado, Andrés Pastrana, catalogó el hecho como “el golpe más importante del Ejército contra AUC” y reiteró el compromiso del gobierno “de combatir por igual” a todos los grupos armados al margen de la ley. Este acontecimiento suena contradictorio, pero es a las claras una cortina de humo que pretende esconder que no se hace nada por desbloquear el proceso de paz. Además, suena ilógico que el Ejército vaya a utilizar parte de su tropa para tratar de desbaratar a un grupo que, no sólo no amenaza su existencia, sino que depende de él y con el que comparte un enemigo común, las Farc y el ELN.

 

Estados Unidos busca pelea a toda costa

 

Con la caída de la Unión Soviética, Estados Unidos se ha quedado sin una “excusa” para mantener activo su tremendo aparato militar. Ahora le llegó el turno a la “narcoguerrilla” colombiana. Con la puesta en marcha del Plan Colombia, pusieron algo más que un pie en la región. Ya hay más de 500 asesores del Ejército y la CIA trabajando junto con las Fuerzas Armadas colombianas, realizando tareas de defoliación y fumigación de cultivos de coca. La sustancia utilizada para la fumigación (el ecocida Roundup) es suministrado por la multinacional Monsanto, la misma que proveyó el “agente Naranja” durante la guerra de Vietnam. Además de ser nocivo para el ser humano, el defoliante no distingue entre la coca y los alimentos.

Por otro lado, esta policíaca idea de eliminar la oferta en lugar de ver qué hacer para reducir la altísima demanda de la población yanqui, demostró ser inviable desde el vamos. La CNN acaba de dar a conocer un informe que muestra que en este último año la cantidad de hectáreas cultivadas con coca ha aumentado más de un 50%. Con este claro fracaso, ¿se van a retirar de la zona? Damos por hecho que no. No vinieron sólo para eso. Quieren acabar con quienes hoy controlan el negocio de la droga, no con el negocio, al que quieren para sí (también porque es la banca estadounidense la que obtiene miles de millones lavando dinero del narco).

Con el fracaso del modelo neoliberal, la calidad de vida en Latinoamérica se está viniendo a pique y las masas ya están saliendo a protestar. Temeroso de cualquier tipo de desborde, Estados Unidos está militarizando la región. Ha venido colocando bases militares en Paraguay, Bolivia, Perú, Aruba, Curaçao y está terminando otra en Manta, Ecuador. Si bien en la Argentina no ha instalado una, está adoctrinando al ejército “lamebotas” y utilizando el territorio para realizar maniobras conjuntas, por ejemplo en la selva misionera. En los últimos meses se han realizado varios operativos militares en conjunto con Estados Unidos. Con la Marina en Zárate y Tierra del Fuego, Fuerzas Armadas en Córdoba y en Misiones, y hace unos días en San Luis con la Fuerza Aérea.

La nueva administración Bush viene con ganas de pelearse con todos (menos con la Iglesia o con los régimenes genocidas de Turquía e Israel). Volvió a plantear la necesidad de concretar el proyecto “guerra de las galaxias”, poniendo en su hipótesis de conflicto a China (que hoy por hoy lo único que tiene de comunista son los colores de su bandera). Bombardeó Irak sin dar algún justificativo de peso. Y baraja la posibilidad de dar ayuda financiera-militar (cerca de US$ 1.000 millones) a los países que limitan con Colombia, para evitar un estallido de masas en las fronteras. Es una extensión del “Plan Colombia” a la que llaman “Plan Andino”. La ayuda iría a parar a países como Perú, Bolivia y Ecuador.

La intervención en Ecuador es tan fuerte como en Colombia: hicieron fracasar un golpe de Estado nacionalista/indigenista el año pasado; impusieron el dólar como moneda oficial, y están instalando una base militar. Cada vez se parece más a Puerto Rico que a un país independiente. Y esto es, en definitiva, lo que Estados Unidos pretende para toda Latinoamérica con la implementación del Alca.

A diferencia de la intervención en Vietnam, esta vez Estados Unidos sólo daría apoyo “logístico” o, por lo menos, eso pretende. Lo que intenta es regionalizar el conflicto, y que sean los ejércitos latinoamericanos los que intervengan físicamente. Dicho de otro modo, quiere organizar un ejército latinoamericano que le sea fiel y lograr sus objetivos sin un solo muerto yanqui.

Pronunciarnos en contra de la intervención estadounidense en Colombia es pronunciarnos en contra de todas las medidas que Estados Unidos digita en Latinoamérica y que cada día profundizan el ahogo de los pueblos. Sólo si logramos un repudio masivo podremos empezar a pensar como posible una vida sin dominación.

Fede N.

 

* Nada de esto es nuevo. Basta recordar (aunque muchos quieran enterrarlo en el olvido) el asesinato de 5.000 militantes de la Unión Popular, partido político formado por miembros de las Farc, quienes a principios de los ’80 habían acordado con el presidente de turno presentar una alternativa político electoral al conflicto armado.

 

Italia levanta a Berlusconi con la mano derecha

 

Giro a la derecha. Así puede definirse el resultado de las recientes elecciones en Italia. Silvio Berlusconi, uno de los quince hombres más ricos del mundo, fue elegido nuevo jefe de gobierno y la coalición de derecha que lidera consiguió la mayoría absoluta, tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados.

Sin embargo, esto no expresa la verdadera relación entre los votos de todas las fuerzas. La perfidia del sistema electoral –desde hace una década– le posibilita la mayoría abrumadora, de las 630 bancas en disputa, a quien gana, así sea por unos pocos puntos, como en este caso.

De hecho, se aplicó la representación proporcional para sólo un cuarto de los diputados. En los tres cuartos restantes, toma prácticamente todo el que gana la circunscripción electoral. Esto llevó, por ejemplo, a que Refundación Comunista, que obtuvo un 5% del total de votos, sólo logró ocupar un tercio de las bancas (11) que le hubiesen correspondido (más de 30) en representación proporcional al número de votos obtenidos. Pero esto no resta importancia al triunfo obtenido por la derecha.

 

Las elecciones del 20 de mayo en Italia, estuvieron signadas por una diferencia bastante poco clara entre los programas que presentaban F. Rutelli al frente de las candidaturas de El Olivo –la alianza gobernante, que incluye partidos socialdemócratas, ex(euro)comunistas y centristas– y la Casa de las Libertades –la coalición de derecha liderada por Berlusconi. Como primera impresión, podemos decir que el discurso populista, xenófobo, racista y macartista de esta última, conjugó muy bien con el hastío provocado por el gobierno de Azeglio Ciampi, y buena parte de los italianos prefirió una “monarquía populista-mediática” antes que un mal conocido.

A la derrota de El Olivo contribuyó también la importante elección hecha por Refundación Comunista: 5% de los votos. De haber contado con esa porción del electorado, el triunfo de Rutelli hubiera estado asegurado.

Berlusconi contó con el apoyo de buena parte de la burguesía italiana. Y ganó en unas elecciones para las cuales estaban habilitados casi 50 millones de italianos, sobre una población total de 57 millones (1). Una buena parte de sus votos los cosechó entre los jóvenes de 18 a 25 años.

 

Populismo de palabra en una coalición y un gobierno de derecha

 

Como un fiel discípulo y admirador de Reagan y Thatcher, el día posterior a la votación, Berlusconi prometió una “revolución conservadora”.

La combinación de liberalismo económico con promesas de medidas keynesianas (aumento de jubilaciones, gigantesco plan de obras públicas, etc.) y la segura mano dura contra la delincuencia y la inmigración, fueron los ejes del “contrato con los italianos” que firmó ante sus propias cámaras de televisión, cual Mussolini del siglo XXI.

Es necesario ver quiénes son los aliados de Forza Italia, sin los cuales Berlusconi hubiera sido vencido por El Olivo. Los más importantes son: la Alianza Nacional del neofascista G. Fini y la Liga del Norte de Humberto Bossi; también la integran algunos partidos neofascistas menores como Forza Nuova. A fines del año pasado, F. Storace, dirigente de la Alianza Nacional propuso crear una comisión para que revisara los textos escolares acusados (por su propio partido) de tener tendencias marxistas(2). El último 25 de abril(3), militantes neofascistas de Forza Nuova, con la complicidad del alcalde de Forza Italia, homenajearon al jerarca fascista Pietro Fazzi en el municipio de Lucca.

Estos dos ejemplos bastan para dar cuenta del tipo de gobierno que acaba de ser electo en Italia. Cómo se irá desarrollando este juego de fuerzas al interior de la coalición de gobierno y de toda la burguesía italiana es algo todavía imposible de predecir.

 

Un Charles Foster Kane a la italiana

 

Probablemente, el Citizen Kane de Orson Welles sea alguien con quien Berlusconi pudiera ser comparado. Con la salvedad de que la derrota del personaje interpretado por Welles hasta podría entristecernos frente a su actual par italiano. Berlusconi, cuya fortuna se calcula en US$ 14.000 millones, es el mayor propietario de medios de comunicación en toda Italia. Tiene tres grandes redes privadas de televisión (la mitad de toda la televisión), la mayor parte de la comercialización de la publicidad televisiva, la editorial de libros y revistas Mondadori y el diario Il Giornale. Es muy importante recordar que, por ejemplo, la otra mitad de la televisión es estatal y, por lo tanto, a partir de la asunción, la RAI pasaría a ser controlada por el mismísimo cavaliere. (Toda alusión al invento burgués de la “libertad de expresión” o de “opinión pública”, no es más que una perfecta ironía.)

También es dueño del club Milan, y afronta una plaga de denuncias por una infinidad de causas que van desde el financiamiento ilícito de su partido (Forza Italia) y los fraudes impositivos, hasta la corrupción de jueces en España, donde es dueño del canal Telecinco. Fue condenado a seis años y cinco meses de cárcel por distintos tribunales, pero como la justicia no sólo no es divina sino que es capitalista, ha sido absuelto de algunas acusaciones y en otras causas los cargos simplemente prescribieron. Como si esto fuera poco, sus relaciones con la mafia son vox populi. Un verdadero prontuario para el nuevo jefe de Gobierno.

A partir de este historial, numerosos medios burgueses de Estados Unidos y Europa, como The Economist, El Mundo y Le Monde Diplomatique, lo atacaron durante toda la campaña con el argumento de que no era idóneo para estar al frente de un país como Italia, la quinta economía del mundo.

Umberto Eco lo definió con mayor precisión: “El berlusconismo se caracteriza por disponer de un formidable aparato mediático masivo y usarlo para quejarse de la persecución por parte de los medios”(4).

 

¿Hacia un nuevo macartismo?

 

La campaña electoral de Berlusconi tuvo, como un elemento central de su propaganda, la configuración de un enemigo “comunista”, que tiene mucho menos “justificación” en la realidad que cuando el senador McCarthy emprendió su “cruzada” en los años cincuenta.

No obstante, Berlusconi no vaciló en acusar a los medios e intelectuales europeos y yanquis que lo cuestionaban, de ser voceros de una campaña orquestada por la izquierda y los comunistas (¿alguien podría sospechar del izquierdismo de The Economist?). Para fortalecer esta “teoría de la conspiración”, el magnate denunció constantes–y mentirosas– amenazas de muerte que le habría hecho la izquierda y, más recientemente, reflotó el supuesto “peligro latente” de las Brigadas Rojas.

El triunfo de Silvio Berlusconi le plantea a toda Europa, y a Italia en particular, una situación nueva y muy peligrosa. Por primera vez en mucho tiempo, la dominación de la burguesía como clase social deja de estar en Italia tan velada tras la figura del Estado como Marx la veía en el siglo XIX: en el país de il cavaliere, el presidente mismo es uno de los representantes más arquetípicos de la gran burguesía. Aquí, la aspiración autoritaria y reaccionaria de Berlusconi no inhibe en absoluto –y así se encargó de declararlo él mismo desde un primer momento– la promoción de sus propios intereses económicos.

De no mediar cambios importantes, Italia vivirá en los próximos años en medio de un gran desprecio y represión por toda conducta diferente de la del “zar de los medios” y sus aliados. Y esto puede repercutir en toda Europa, dada la sempiterna existencia de brotes neonazis.

El horror y la incitación al repudio más activo que debe provocarnos Berlusconi son mucho mayores que frente a Haider: Berlusconi tiene mucho más dinero y poder, e Italia es mucho más importante que una pequeña provincia de Austria.

MAXI

 

 

 

1. Esto muestra el altísimo promedio de edad de los italianos que entra en clara contradicción con los planteos racistas y xenófobos como el de Umberto Bossi, dada la evidente necesidad de mano de obra extranjera.

2. Para más información ver “Crece la bestia neonazi” en Bandera Roja Nº 50, 28/11/2000.

3. Cada 25 de abril se conmemora en toda Italia el aniversario de la liberación del fascismo.

4. Clarín, Tribuna abierta, 25/4/2001.

 

Sharon va por el exterminio del pueblo palestino

 

Ovadia Yosef, el líder del Shas, el partido ultrarreligioso que participa en el gobierno de Ariel Sharon, llamó hace poco más de un mes a “golpear fuerte y con gusto a los árabes, con misiles” y dijo que Dios “los destruirá ylos hará desaparecer”.

Esta declaración encierra la esencia del genocidio que se propuso llevar adelante Ariel Sharon desde que subió al poder en Israel, y que hoy está perpetrando sin ninguna clase de artilugios que intenten ocultarlo.

Los asesinatos de palestinos por parte del ejército israelí son, hace ya un tiempo, algo cotidiano. Las imágenes de horror que podemos ver en los diarios o en la televisión son cada vez más terribles. Y es sólo una mínima parte.

En los últimos meses, los ataques a bases palestinas como la de la guardia personal de Arafat y las invasiones y bombardeos sobre distintas poblaciones de Gaza y Cisjordania se han intensificado. El eje del conflicto está puesto ahora en las colonias judías asentadas en la franja de Gaza y Cisjordania, que son parte fundamental del territorio sobre el que están asentados los palestinos, y que reclaman para construir su estado. Estas colonias están sostenidas económica y militarmente por el Estado israelí. Pero, eso no es todo.

El plan de Sharon de crear un “gran Israel” y exterminar a todos los palestinos tiene, evidentemente, en esa zona el principal punto de conflicto. Por lo tanto, como primera medida, el primer ministro israelí aclaró que “Israel retendrá posiciones terrestres en Gaza el tiempo que lo precise”, y que por ahora seguirán construyendo colonias en esas tierras. Además, Sharon prohibió a Shimon Peres analizar la menor propuesta de retirada de asentamientos judíos en las negociaciones que se estuvieron manteniendo con Bush Jr. y con los palestinos a través de Egipto y Jordania. En una visita hecha por Sharon a estas colonias, este se comprometió a “cambiar la situación” y a impedir cualquier ataque de parte de los palestinos. Cual probado asesino de palestinos sentenció las medidas que tomó y tomará contra los palestinos en su misma tierra: “Algunas reconoceremos haberlascometido, algunas negaremos haberlas realizado y sobre otras nunca se sabrá”.

Siendo parte de esta escalada nacionalista y genocida, aparecieron en el mes de abril, en los principales diarios israelíes, avisos del Mossad (servicio secreto del país) pidiendo técnicos e ingenieros que sirvan como agentes especializados en alta tecnología: “enrólate en el Mossad, servirás a la Patria” es la consigna.

En este escenario, Arafat no hace más que buscar una salida negociada a través de Estados Unidos y la Unión Europea, se encarga de disolver y perseguir a los “comités de resistencia popular” y a los dirigentes del Hamas por sus críticas a la autoridad palestina. De todas maneras, la debilidad de Arafat es muy grande y los importantes sectores de masas que pelean muy fuerte no lo hacen en lo fundamental porque él lo ordena, sino cuestionando su política de conciliación con el imperialismo.

Los socialistas revolucionarios debemos denunciar a cada paso el genocidio, que hoy está profundizando Ariel Sharon pero que lleva ya más de medio siglo, siendo muy conscientes de que el camino que propone Arafat parael pueblo palestino no es otra cosa que una caída segura al abismo, o al mar en este caso. La confianza en los gobiernos árabes de la región, burgueses y proimperialistas, va en el mismo sentido. Sólo una política de clase podrá solucionar el problema nacional en la región.

Unicamente en una lucha a muerte contra la reaccionaria, oscurantista y genocida burguesía israelí y su propio estado, con un gran protagonismo de las masas explotadas palestinas e israelíes y con independencia delas direcciones (sean de la religión que sean) se podrá intentar poner fin a este genocidio. Solamente en lucha contra cualquier tipo de estado y en la perspectiva de una Federación Socialista de Medio Oriente, donde habiten democráticamente árabes, palestinos, judíos y ateos de todas las regiones, se podrá poner fin a las distintas luchas interburguesas y religiosas que costaron la vida de cientos de miles de explotados en los últimos siglos.

MAXI

 

Huelga en Lufthansa

 

En este mes, dos huelgas de trabajadores aeronáuticos conmueven, de distinta forma, a diferentes lugares de Europa y Argentina. Una es la huelga de los trabajadores de Aerolíneas Argentinas, que incumbe tanto a la Argentina como a un país europeo en particular como es España, y la otra es la de Lufthansa, que tiene su centro en el aeropuerto de Frankfurt, el más transitado de Europa.

Solamente en el año 2000, Lufthansa ganó 893,7 millones de dólares, y los trabajadores de esta empresa son los segundos peores pagos de toda Europa: sobre estas dos razones se basan los reclamos que dan sentido a la huelga. Los trabajadores piden que como mínimo sus salarios sean equiparados con los de otras líneas aéreas europeas.

Más de 4000 pilotos del sindicato Verinigung Cockpit (VC) están peleando por un aumento salarial de 35% y por la participación en las ganancias de la empresa. Este proceso comenzó a mediados de abril con un paro de tres horas, siguió con uno de doce y desde el jueves 10 de mayo decidieron dejar de trabajar todos los jueves hasta que la empresa no cumpla con lo que están exigiendo. La huelga del jueves 10 fue la primera en 75 años de vida de la empresa Lufthansa, la más importante de las líneas aéreas alemanas. Previo a estas medidas, la empresa les había propuesto en el mes de abril un alza en los salarios de entre el 10 y el 15 por ciento y participación en las ganancias, pero esto no fue aceptado por el sindicato.

En el primer jueves de paro, se tuvieron que cancelar más de 500 vuelos que tenía programados la empresa, más de 40.000 se quedaron en tierra. Las pérdidas que esta huelga le ocasionan a los bolsillos capitalistas germanos se cuentan en millones de dólares.

Aerolíneas y Lufthansa tienen varios puntos de diferencia, que pueden encontrar su representación más sintética en las reivindicaciones que dan lugar a los conflictos. Una, la de los trabajadores argentinos,  para defender el trabajo y defender su propia supervivencia; la otra, para tener participación en las ganancias de la empresa y aumento de salarios. Una, de un país ya prácticamente devastado por los imperialismos yanqui y europeo; otra, de un país imperialista que comienza a entrar, al igual que los principales países de la Unión Europea en una crisis económica importante.

Pero una y otra tienen un punto común que es el más importante por sobre cualquier distinción que pueda hacerse: la clase, los trabajadores, que son los que llevan adelante los dos procesos, y demuestran con su lucha decidida y organizada que pueden cuestionar cualquier decisión de los capitalistas.

 

MAXI

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