¡Viva el triunfo de los mineros y el pueblo de Río Turbio

   

“El 11 de mayo, la asamblea general de los mineros de Río Turbio aprobó por aclamación y dio mandato a la dirección del sindicato minero para que firme el acta de acuerdo con la patronal menemista de Y.C.R.T. S.A. En dicha acta, la empresa se rinde ante la movilización y organización popular de la cuenca carbonífera.

    Las negociaciones se habían iniciado el jueves 10 en un Hotel a pocos kilómetros de los dos pueblos de la cuenca (28 de Noviembre y Río Turbio) en donde grupos de obreros y, en general, todo el pueblo se encontraba pendiente de las negociaciones especialmente los sectores nucleados en torno al conflicto minero en la Coordinadora Obrero-Estudiantil.

    En la reunión participaron el representante de la empresa, la Comisión Directiva de ATE Río Turbio, un representante de ATE Nacional radicado en Río Gallegos, representantes de los trabajadores contratados de las empresas tercerizadas, intendentes, diputados provinciales y concejales, el representante de la Subsecretaría de Trabajo y de la Dirección de Trabajo de Río Turbio.

    Estas conversaciones culminaron con un cuarto intermedio hasta la mañana del día 11, momento en que los trabajadores realizaran una primera evaluación del borrador delActa de acuerdo. Se realizaron observaciones para que sean incorporadas al Acta definitiva.

    En la tarde del 11, luego de que el representante de la empresa aceptara incorporar la mayoría de las modificaciones planteadas, la Asamblea General aprobó por aclamación los términos de la misma y dio mandato a la Comisión Directiva para firmarla.

    En el camino quedaban maniobras e intentos de la patronal por quebrar la huelga enviando cerca de 60 cartas de intimación a trabajar bajo amenaza de despido, enviando un representante sin atribuciones ejecutivas y a un miembro de la FATLYF (Fed. Arg. de Trabajadores de Luz y Fuerza, socio patronal en la concesión) que se presentó como mediador, y no pagando los salarios de mayo.

    En el marco de las negociaciones los intendentes de los pueblos propusieron realizar un aporte económico de los municipios para la continuidad laboral de nueve contratados, lo cual fue rechazado por los mineros que plantearon que la empresa debía hacerse cargo de esos gastos. En el acta se detalla el reclamo de los mineros, de la cual resumimos sus puntos:

    Deberán quedar sin efecto las intimaciones a reintegrarse al trabajo de la totalidad del personal tercerizado. Los cuatro despedidos debían ser reincorporados sin la pérdida de la continuidad laboral ni deducciones salariales ni modificación del régimen laboral y salarial. Los contratados a los cuales se les vencían los contratos deben ser recontratados. Antes del 30 de mayo y bajo condiciones establecidas por la asamblea se escalonen los pagos de las deudas salariales reclamadas. En el día de la fecha deben abonarse los sueldos de la totalidad del personal por ser una medida extorsiva que no los hayan abonado. La empresa no debe descontar los días de paro. Los contratados que trabajan por producción deben recibir un salario mínimo estipulado (no menor a $ 600 promedio). "Los esfuerzos para recuperar la producción perdida serán dentro de las jornadas convencionadas y/o acordadas sin modificar los actuales regímenes laborales".

    El representante de la empresa plantea que "…Acepta las correcciones efectuadas por la A.T.E. en conformidad al petitorio de los puntos en discusión”.

    El triunfo de los mineros de Río Turbio es un paso muy importante en el proceso de reconstrucción de una nueva dirección obrera en la zona, que abre perspectivas más amplias hacia el conjunto del país,…en la perspectiva planteada por la Lista Negra y la Agrupación 3 de Abril, que se apoyan en una propuesta clasista y anticapitalista, asentada en el método de la democracia directa de las asambleas del conjunto de los trabajadores, y con la perspectiva de conquistar una "sociedad de hombres libres" de la explotación capitalista.

    No dudamos de que el conjunto de los trabajadores y pobladores de la cuenca manifiestan un sentido reconocimiento a todos quienes manifestaron su solidaridad y mantuvieron su atención puesta en el desarrollo de la lucha.

Río Turbio,

12 de Mayo de 2001”

 

(Comunicado de la Comisión Directiva Minera)

[email protected]

Tel./Fax: 02902-421318

www.portalrioturbio.com.ar

 

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Trabajadores de Epec: la horma del zapato privatizador

 

El 9 de mayo el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, anunció la concreción de la privatización del sector de distribución y comercialización de la Empresa Provincial de Energía de Córdoba (Epec).

La concesión será por 35 años, los primeros 10 serían monopólicos ya que luego se desregularía el mercado, y el monto total que se espera recaudar ronda los $ 1.000 millones, de los cuales se cobrarían anticipadamente entre $ 600 y 700 millones, que podrán efectivizarse, hasta un 60%, en certificados de cancelación de la deuda financiera que el Estado provincial mantiene con diferentes bancos, entre ellos el Río, el Galicia y el Francés.

Algunas de las empresas interesadas son el Exxel Group en posible asociación con el grupo Roggio, quienes ya tuvieron la concesión de las empresas de electricidad privatizadas en Salta, San Luis y La Rioja; la española Endesa, con participación en Edesur y recién retirada de Edenor; y Electricité de France con mayoría accionaria en Edenor, entre otras.

Con un simple cálculo saltan a la vista las dimensiones de este meganegocio: la facturación de Epec durante el año 2000 fue de $ 327 millones, según lo cual en sólo unos pocos años el monto pagado será amortizado y el resto serán puras ganancias para la empresa que se adjudique la privatización. Además, el gobierno provincial autorizó que la tarifa que paga el consumidor sea fijada en dólares y esté atada a la inflación de Estados Unidos, muy superior a la nativa en la última década. Además negoció una baja del 10% en el precio de la energía que una de las mayoristas le suministra a Epec por contrato hasta el 2006.

Por otro lado, el Estado provincial mantiene una deuda con su empresa por casi $ 30 millones por facturas no abonadas, monedas que seguramente caerán en los bolsillos de la empresa que gane la concesión.

Por último, como la provincia de Santa Fe está en igual proceso de privatización de la Empresa Provincial de Energía, De la Sota acordó con el gobernador Carlos Reuteman turnarse en el llamado a licitación para que las empresas privadas puedan presentarse en ambas como oferentes, sin perderse ninguno de los negocios.

Los argumentos para la privatización son que la empresa brinda un servicio caro y precario por la falta de inversión estatal dada la escasez de recursos, que pierde un 22% de lo que genera o distribuye por deficiencias técnicas, que paga sobreprecios por la energía que compra en contratos desventajosos a largo plazo, y que mantiene una relación laboral atada a un convenio colectivo de trabajo inconveniente para su rentabilidad.

 

La resistencia

 

De la Sota le hará otra gauchada al futuro concesionario: piensa entregar la empresa en agosto con un 25% (600 trabajadores) menos de personal.

Con esta perspectiva, y fruto de la experiencia de las privatizaciones en el ámbito nacional, los trabajadores y el sindicato de Luz y Fuerza preparan la resistencia. El mismo día que se anunció la salida a la venta de los pliegos para la licitación, llevaron a cabo un paro de 48 horas con asistencia a los lugares de trabajo, que terminó con 219 trabajadores detenidos por la policía. También organizaron movilizaciones, acordaron el quite de colaboraciones y paros sorpresivos de 2 horas por turno. El día del paro, media ciudad de Córdoba se quedó sin luz y durante el fin de semana siguiente, 40 barrios alternativamente sufrieron cortes de energía.

Esta es la diferencia con el proceso privatizador-entregador de la década menemista: la resistencia que ofrecen los trabajadores a que Epec pase a manos privadas. Saben que, de concretarse, lo que les espera es desocupación y miseria, como bien lo expresa Aerolíneas; más despidos, aumento de tarifas y deterioro del servicio para el pueblo cordobés (basta recordar el apagón de Edesur durante 10 días en la Capital Federal en febrero del ’99); y grandes ganancias para los capitalistas.

 

Como aspirina para moribundo

 

La concesión de la distribución y comercialización de Epec es sólo el primer paso de una larga lista de privatizaciones: la producción y transporte de energía, el Banco de Córdoba, el cobro de impuestos y la Lotería, que espera desprenderse de 300 empleados. En el Banco, entre retiros voluntarios y despidos, 1.500 trabajadores quedarían desocupados. El principal interesado en hacerse cargo de su control es el lavadinero Citibank.

Más allá de los argumentos oficiales, esta andanada privatizadora busca sacar del constante rojo la economía provincial, que dejó un déficit oficial de $ 116 millones en el 2000 aunque la cifra real se calcula en bastante más dado que el pago a contratistas y proveedores fue pateado para este año. La deuda financiera que posee el Estado cordobés ronda los
$ 1.450 millones; el 40% pretende ser cancelado con la privatización de Epec.

Esta agonía en las cuentas, y la bicicleta financiera a la que lleva, no es exclusiva de Córdoba sino que la gran mayoría de las provincias se encuentra en igual o peor situación, producto de la desaparición de las economías regionales, de la crisis capitalista en general y del vaciamiento de las arcas provinciales que hicieron los diferentes partidos.

La experiencia en el ámbito nacional no permite engañarse: las privatizaciones no lograron sacar de la crisis al Estado sino que la pospusieron en el tiempo. Los grandes beneficios se los llevaron los capitalistas, y los políticos patronales recibieron una retribución a cambio de concretar el “favor”.

Por todo esto saludamos la lucha de los trabajadores cordobeses, con la certeza de que es el único camino para la resistencia a la privatización, y creemos de vital importancia su extensión a todo el pueblo de la provincia, en coordinación con los diferentes sindicatos y organizaciones de trabajadores y estudiantes, en lucha por sus propias reivindicaciones.

MOLOTe

 

A Córdoba volvió la dictadura

 

El 11 de mayo pasado, 219 empleados de la planta de Villa Revol de Epec fueron detenidos, acusados de sabotear la planta y provocar un corte de luz que dejó a más de 50.000 usuarios de la ciudad de Córdoba sin energía. La metodología con que se llevaron a cabo las detenciones es particularmente preocupante. El operativo recordaba los tiempos de la última dictadura militar genocida. Por un lado, se los sacó de la planta con un amplio operativo policial cuando cumplían un paro con asistencia a los lugares de trabajo. Por el otro, el ministro de Obras Públicas provincial, Carlos Caserio, argumentó como causa de la detención: “Los activistas más reconocidos estaban en ese momento en Villa Revol. Entonces, nos da que pensar que todo esto no puede ser casual“ (La Voz del Interior, 12/5/2001).

Con este método, José Manuel de la Sota intenta desarticular la resistencia de los trabajadores a la privatización de Epec. Lograr la derrota de los trabajadores es de vital importancia para el gobierno para poder facilitar la entrega de la empresa al futuro concesionario, sumándole el atractivo de una planta con menores costos laborales (es decir, un plantel de personal reducido a su mínima expresión).

Tanto el paro como las movilizaciones y asambleas forman parte de la lucha que están llevando adelante los trabajadores y el Sindicato de Luz y Fuerza de la ciudad capital, en oposición a la privatización de la empresa.

Luz y Fuerza Córdoba, denuncia que hay sobre los trabajadores 150 órdenes de captura y 70 aún permanecen detenidos. Es necesario ampliar la difusión y extender los pronunciamientos de repudio a estos hechos. Hay que parar ese rumbo represivo antiobrero, o se terminará de liquidar toda libertad para los trabajadores, aun cuando no haya uniformes al frente de las instituciones del Estado.

 

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Huelga de futbolistas: se viene el contraataque

 

Los futbolistas le tiraron un hermoso caño a las patronales. Eso sí, ahora hay que estar dispuestos a la furiosa ofensiva de los dueños de la pelota (y del referí, las canchas, las camisetas y la televisión; de los arcos, los choripanes y el Prode; de las escuelas, los hospitales y la Justicia; de las fábricas, los cines y la policía...)

¡Pero qué hermoso caño tiraron!

    El 1º de mayo, bello día para comenzar con una pelea, los futbolistas de todos los planteles de Primera A (salvo Unión de Santa Fe), Nacional B y Primera B, declararon un paro por tiempo indeterminado en reclamo de la deuda que los clubes mantenían con los diferentes planteles. Dejó de negociarse individualmente con los dirigentes y se pasó a exigir el pago al conjunto de los futbolistas profesionales. Los $ 55 millones, en concepto de sueldos y premios atrasados, fueron el principal reclamo.

    Las “estrellas”, imprescindibles para que la medida tuviera éxito, cambiaron gambetas por una cerrada defensa. Varias voces repetían: “Queremos refundar al fútbol argentino para que esto no vuelva a pasar y que los dirigentes no nos vivan prometiendo cosas que nunca cumplen”.

    Con la primera plana de los diarios asegurada y confiando en que su protesta se convirtiera pronto en política de Estado para el Gobierno, los jugadores salieron al noveno paro desde la entrada del fútbol al profesionalismo, allá por 1931. De ninguna de las anteriores protestas se retiraron derrotados y, desde José Félix Uriburu hasta Carlos Menem, siempre contaron con una dedicación particular de los gobernantes. ¡Que no faltendistracciones en la cabeza de los explotados! La Alianza, no escapa a esta ley.

    A las pocas horas de lanzado el paro, Julio Grondona, presidente de la AFA, ofreció un “blindaje” de 15 millones para que el fin de semana el creciente riesgo país se ahogara en un grito de gol.

(El conflicto de Aerolíneas Argentinas levantaba temperatura y los empleados de Epec se oponían a la privatización de la empresa cordobesa de electricidad.)

    No hubo caso, los futbolistas estaban firmes y querían toda la plata de la deuda. No sólo eso, querían garantías de no volver a pasar por lo mismo. Los innumerables programas de fútbol se alimentaron entonces de escenas en blanco y negro y sesudos debates, mientras repetían 1.000 veces las imágenes del gol de Maradona a los ingleses en el ’86, y el de Cárdenas contra el Celthic en el ’67.

    Grondona pasó a la ofensiva nuevamente y presionó a todos los dirigentes de clubes. “Terminemos con la orgía –sugería el presidente de la AFA–, van a tener que pagar los 35 millones que reclaman y al club que no lo haga lo mando al descenso”. No, don Julio, son $ 55 millones. Aunque no figure en la AFA la parte que se paga comúnmente en negro, los futbolistas no aceptaron menos que esa cifra.

    Con un segundo rechazo en su haber y la amenaza de otro domingo sin fútbol, Grondona, Patricia Bullrich (ministra de Trabajo), Chrystian Colombo (jefe de Gabinete), Daniel Scioli (titular de la Comisión de Deportes), la crema de la dirigencia de los clubes (sólo faltaba el Séptimo de Caballería), sellaron un tramposo acuerdo: se reconocía el total de la deuda, la AFA salía como garante (luego de un acuerdo con Repsol) de los clubes que pudieran pagar y se sancionaría con el descenso de categoría a los clubes morosos.

    Pero pese a esta concesión, vino un nuevo rechazo de los futbolistas (3 a 0). Querían garantías de que si algún club era sancionado por no pagar, no sufrieran las consecuencias los futbolistas, y que la AFA se comprometiera a respetar el contrato anterior a la sanción.     

(Cavallo estaba por anunciar las nuevas medidas. 219 trabajadores de Epec eran detenidos y 17 de ellos heridos por la policía. Aeroparque se transformaba en un campamento de trabajadores en protesta. El sindicato de boleteros y empleados deportivos se declaraba en estado de alerta en solidaridad con los futbolistas y con reclamos propios, al igual que la Asociación de Entrenadores.)

    “Quiero fútbol sí o sí”, trinó De la Rúa y mandó a Colombo a terminar lo que la camaleónica ministra de Trabajo no había logrado solucionar en diez días. Los dirigentes aceptaron esta última exigencia de los futbolistas, presionados por don Julio. Don Julio aceptó presionado por el Gobierno. El Gobierno aceptó presionado por el desgobierno.

    El 11 de mayo, día del Himno Nacional –feo día para terminar con una pelea– Independiente perdía con Argentinos Juniors por dos a cero.

 

Se viene el contraataque

   

    De todas las concesiones que la AFA hizo a los futbolistas surge una pregunta: ¿Cómo harán los clubes, la mayoría de ellos en quiebra, para poder cumplir con sus deudas y evitar ser sancionados? Deberán, indefectiblemente, abrir sus puertas al capital privado en cualquiera de las variantes intermedias hasta llegar por fin a los Clubes SA, el gran proyecto de Grondona y los popes que sólo piensan convertir este deporte en oro. Ta-ta-ta Gooold!

    Los primeros resultados de las medidas propuestas desde la AFA ya están a la vista: en la fecha posterior al levantamiento del paro, Belgrano de Córdoba salió a la cancha con una enorme foto del cantante Rodrigo en el frente de su habitual camiseta celeste. La idea pertenece a una empresa de telefonía celular que, a cambio de un dinerillo, se encargaría de vender la original prenda ($ 30 cada una) a los “piratas” fanáticos del “Potro”. Pocas horas antes, autoridades de Independiente volaban a England para conseguir un préstamo de 5 millones, dando como garantía de pago el pase de varios jugadores. Boca anunció una disminución del 30% del presupuesto para el fútbol.

    Varios clubes anunciaron que recortarán su plantilla de jugadores de 25 a 16 profesionales y que bajarán sueldos y primas. Teniendo en cuenta que son pocas las estrellas que se salvan con un pase al exterior, y que las cifras que manejan Boca o River distan años luz del resto, el grueso de los futbolistas deberá enfrentar ahora las arremetidas de una temible delantera: recortes, despidos y privatizaciones.

    Los trabajadores de Epec y Aerolíneas Argentinas demostraron que saben de qué se trata, y cómo enfrentarlo.

Julio Hernández

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Aerolíneas: las alas del saqueo

 

Alfredo se dispone a tomar el vuelo de las 12 con destino a los Estados Unidos. Se baja del taxi que lo llevó hasta Ezeiza y, apenas levanta la mirada, duda un segundo y piensa: “Este tachero hijo de una gran puta me trajo a una villa”.

Claro, Alfredo no leyó los diarios. No sabe que, en realidad, está ante una medida de protesta de los empleados de Aerolíneas Argentinas (AA) que reclaman sus sueldos del mes de abril. Tampoco sabe que la Sepi (Sociedad deParticipaciones Industriales de España), que es dueña del 85% de las acciones de Aerolíneas, es la que debe los sueldos de abril y está negociando con los técnicos de mantenimiento (nucleados en la Asociación de Personal Técnico Aeronáutico) la reincorporación de más de 500 despedidos sin causa justificada.

Ahora bien, cuando Alfredo cruce a través de esa turba de personajes que duermen en colchones tirados en el hall del modernísimo espigón internacional, cuidando que la olla popular no le deje olor a guiso de arroz en el saco, tal vez algún periodista (u otro viajero un poco más informado) le cuente el porqué de la protesta. Le dirán que, debido al déficit operativo de US$ 360 millones declarado por la Sepi, se impuso unilateralmente el “Plan Director”: una especie de salto cualitativo y cuantitativo en la explotación de los trabajadores, que incluye aumento de la carga horaria, reducción de salarios, incremento de la sinergia Austral-Aerolíneas (lo que, irónicamente, implica una disminución de la cantidad de vuelos y, por ende, de recaudación) y, por supuesto, despidos, despidos y más despidos.

Cuando los trabajadores se enteraron de este proyecto, en octubre del año pasado, empezaron los paros y el gobierno intervino acordando que no habría despidos. La Sepi acató la orden como quien le dice que sí a un locoy en marzo del 2001 comenzó con los despidos, por lo que los trabajadores retomaron las medidas de fuerza. El gobierno impuso la conciliación obligatoria por lo que la empresa debía dar marcha atrás en la baja de salariosy en los despidos, y consensuar codo a codo con los sindicatos un “plan maestro” para sacar adelante a “nuestra” línea de bandera con el sacrificio de todos, de la empresa y de los compañeros trabajadores… (Sí, claro.)

De los siete sindicatos que agrupan a los trabajadores de Aerolíneas, cinco estuvieron de acuerdo en seguir con el Plan Director (No, Alfredo, yo tampoco puedo creerlo) y dos se opusieron, el ya mencionado Apta y la Asociación de Azafatas, con Alicia Castro al frente, que nuclea también a los comisarios de a bordo. A fines de abril empezaron a llegar los telegramas de despidos, con la excusa de que el tiempo de negociar ya se había acabado.

Esta vez sólo el gremio de los técnicos, con Ricardo Cirielli a la cabeza, retomó el paro y dejó en stand by todos los vuelos de la empresa. Con esto, comenzó una especie de truco gallo entre el Estado argentino, la empresa y los trabajadores. El Ministerio de Trabajo decía que el Estado español y la empresa debían enfrentar la situación reincorporando a los más de 500 despedidos; la empresa argumentaba que necesitaba la ayuda del Estado argentino para afrontar la deuda de US$ 850 millones (de los cuales US$ 550 fueron pagados en papeles de deuda) y los trabajadores insistían en que ésta es una cuestión política entre los dos estados, y hacen hincapié en el obvio vaciamiento.

Resultado: nuevamente a la conciliación obligatoria. Se levanta el paro luego de diez días.

A estas idas y venidas se le suma la perversa figura del empresario Eurnekian, quien quiere hincarle el colmillo a la ya agonizante AA, a cambio de que la Sepi termine de hacer rodar las cabezas de los trabajadores que se resisten al Plan Director. La concreción definitiva de ese plan implicaría una capitalización de US$ 650 millones, a costa del despido real de 1.400 empleados. El presidente de la Sepi, Pedro Ferreras, se mostró muy entusiasmado (incluso durante la conciliación obligatoria) por llevar hasta las últimas consecuencias el ajustazo. ¿Estos son los que se van a sentar a negociar?

 

Vine, Vi y Vacié

 

Alfredo ya está mareado. Y ni siquiera está en el avión. Se pregunta cómo puede ser que en una empresa “termina” un conflicto y luego empieza otro. Piensa en los subtes, en el agua, en el gas, en la luz, etc. Todas esas cosas funcionan mejor desde que están privatizadas. Bah, eso cree. Se dispone a embarcar. Al fin y al cabo, él vive en Estados Unidos desde hace dos años…

Lo que Alfredo no sabe es que estas cosas no son nuevas: expresan el indisimulable vaciamiento que se está llevando a cabo en AA. Siendo una de las empresas más rentables del Estado, fue privatizada en 1990, al comienzo del menemato. En esa época, ocupaba a 11.500 personas, contaba con una flota de 29 aviones (todavía no controlaba Austral) de los cuales 28 eran propios, facturaba US$ 1.600 millones y declaraba ganancias netas de US$ 90 millones. Hoy, casi diez años después, emplea a 5.500 personas (¡y vamos por menos!), controla 44 naves, de las cuales 43 son alquiladas. Sus ventas cayeron de US$ 1.600 a 1.000 millones anuales. ¿Cómo llegó a esto? ¿La gente dejó de viajar en avión repentinamente? Ciertamente, no. ¿Entonces?

El decreto de transferencia firmado en 1990 establecía que, para que Iberia percibiera el 85% de las acciones de Aerolíneas, debía pagar US$ 260 millones en efectivo y US$ 1.610 millones en títulos de deuda, pero una cláusula autorizaba a Iberia a endeudar Aerolíneas para pagar su propia privatización (!). Ya en 1991 presentaba un pasivo de US$ 390 millones.

En el ’95 los accionistas empezaron a rifar los bienes: oficinas en Nueva York, París, Francfort y dos edificios en Buenos Aires (uno de ellos era su sede central).

Hasta octubre del 2000 pertenecía en un 5% al Estado argentino, 10% a los trabajadores y 85% al holding Interinvest que se repartía entre Iberia, American Airlines (8,5% cada una) y Andes Holding (68%). Esta, a su vez, tenía tres socios: la Sepi (45%) y los bancos Merril Lynch y Bankers Trust (55%). Se han licuado cuatro socios minoritarios ya que, considerando las últimas negociaciones, quedaría la Sepi como único accionista.

No hay duda alguna de que esto es un vaciamiento, y uno que sigue todas las reglas del manual: entramos, rifamos todo y rajamos. (El último apague la luz, muchachos.)

 

Un amor real es como vivir en aeropuertos

 

La conciliación obligatoria venció finalmente el viernes 18, y no se llegó a nada. En consecuencia, la ministra de Trabajo se calzó el uniforme de referí y al grito de “Esto es lo último que el Estado puede hacer por ustedes”, se propuso como árbitro entre los sindicatos y la patronal. A cambio de que se abonen sin falta los haberes atrasados, todos los sindicatos firmaron un acta aceptando el arbitraje estatal. Todos menos Apta, a lo que la Ministra (con la sutileza y delicadeza que la caracterizan) respondió acusando a su secretario general, Cirielli, de ser el culpable de que el conflicto no se pueda solucionar.

La empresa ignoró olímpicamente los convenios firmados en octubre último, la conciliación obligatoria y todos los ultimátum del Estado argentino.

Llegó el martes 22 (fecha límite para el pago de los salarios) y ni la plata ni los patrones aparecieron. A los que dormían en el hall del aeropuerto los despertó una circular que decía que la Sepi no es el único accionista, ni tampoco es la empresa (¿ah, no?), por lo tanto no estaba obligada a pagar. Claro, los otros accionistas son los mismos trabajadores y el Estado argentino. Y como accionista, según lo acordado en los compromisos asumidos en octubre del 2000, el Estado debe aportar US$ 32 millones para la capitalización de AA. O sea, la empresa le dice al gobierno: nosotros no vamos a poner un mango, el quilombo se lo van a comer ustedes porque nosotros estamos a miles de kilómetros de distancia...

Con los números en rojo y todo, el gobierno va a poner US$ 16,5 millones que sacará del presupuesto del Ministerio de Infraestructura y Vivienda (¡justo de ahí!) para salvar el puchero. Ahora, si este gobierno miserable se pone con la plata, es porque entiende que la empresa se plantó: o hace “rentable” a AA –concretando los despidos–, o la quiebra. En ambos casos, los trabajadores pierden (excepto que también se planten, como hicieron los técnicos hasta ahora). Y a quienes piden la re-nacionalización de AA, basta recordarles que el Estado no es precisamente “nuestro”.

Sin embargo, el conflicto ya salió a la calle con marchas de los sindicatos y del aparato de la CTA a la Embajada de España. El gobierno, por su parte, mandará a Bullrich a negociar a España, en el marco del arbitraje firmado por seis de los siete sindicatos. Según la Ministra, irá a exigirle a los españoles que pongan en marcha un plan de reactivación de AA, pero sin despidos, ni deuda de haberes y con la garantía de estabilidad por dos años (¡grande, Pato!).

Qué resultados tendrá el arbitraje es un misterio a medias. No olvidemos que Bullrich responde directamente al actual presidente (perdón, ministro de Economía) Cavallo, quien fue decisivo en la privatización-saqueo que derivó en este vaciamiento.

La pregunta es qué va a pasar si, como es muy probable, no se llega a ninguna solución. Porque a la posición de la patronal hay que sumarle el apetito de Eurnekian.

Si el Estado se borra, la quiebra va a ser un hecho y 7.000 familias van a quedar en la lona o acampando en el Aeropuerto para siempre. Y si el arbitraje logra sus objetivos: ¿qué dos años de estabilidad puede asegurar una empresa vacía y endeudada?, ¿quién asegura que en pocos meses (o días) no se violen unilateralmente los pactos, como viene sucediendo? ¿Quién garantiza?, ¿el Estado español?, ¿Bullrich?, ¿Cavallo?

El interés de los trabajadores pasa por no dejarse llevar por las burocracias que, incluso conscientes del vaciamiento que se producía no actuaron a tiempo, siendo en parte responsables de que el futuro de Aerolíneas (y el de sus trabajadores) penda de un hilo.

Organizarse por debajo, democráticamente y con la convicción de no dar un paso atrás frente a la actitud depredadora de las patronales y “su” Estado, cuyo único objetivo es exprimir los bienes de la empresa, incluidos los trabajadores. Y dejarla tan vacía como el estómago de los miles de desempleados que pretende generar.

Nabu a.p.d.t.

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