revolución socialista o barbarie capitalista

1º de MAYO de 2001 - ANTICAPITALISTA, CLASISTA, INTERNACIONALISTA Y SOCIALISTA

 

Bajo estas consignas, la Liga Socialista Revolucionaria y el Movimiento al Socialismo, realizaron el 1º de Mayo pasado un acto/debate en la Capital Federal, dando continuidad a la experiencia realizada el año anterior y a las actividades compartidas en la instancia electoral del 7 de mayo del 2000. La nueva convocatoria conjunta manifestaba:

“Este 1º de Mayo, el Movimiento Al Socialismo y la Liga Socialista Revolucionaria nos reunimos nuevamente para reivindicar el socialismo internacionalista como única alternativa ante la barbarie capitalista, y a la transformación revolucionaria de la sociedad en el orden nacional e internacional, como único medio posible de iniciar la construcción de una sociedad sin opresión y sin explotación.

”Nuestra convocatoria común expresa, además, la convicción de que la construcción de una corriente socialista revolucionaria, trasciende los actuales marcos de nuestras organizaciones. Esto requiere de nosotros losmayores esfuerzos para lograr el reagrupamiento de las fuerzas del socialismo revolucionario, con un criterio amplio y democrático en el cual puedan expresarse la diversidad de las ideas con absoluta libertad.

”Esto incluye la necesidad de intervención activa en los procesos vivos de lucha de los explotados allí donde se desarrollen, alentando permanentemente la autoorganización democrática desde la base o todo tipo de organismo decidido por los propios trabajadores o sectores populares atacados por los capitalistas, totalmente independientes de la ingerencia del Estado, de los patrones y de las burocracias de todo pelaje atadas por distintas vías a esos intereses (…).

”Creemos más vigente que nunca, en este mundo al que hoy llaman “globalizado”, la necesidad de la organización internacional de los trabajadores para enfrentar a un capitalismo-imperialista que no tiene fronteras para la explotación y el lucro pero que se las impone a los trabajadores. (…)

”A la barbarie capitalista sólo se le opone un camino: el de la revolución socialista internacionalista, que no se detenga hasta terminar con la explotación del hombre por el hombre en todo el planeta.

Esto sólo será posible cuando los trabajadores y los pueblos organicen su propio poder, derroten al de sus verdugos y pongan bajo su control toda la organización de la sociedad.

El objetivo es gigantesco, pero no hay otra salida: o revolución socialista o barbarie capitalista.”

        Los dirigentes Jorge Guidobono (LSR) y Laura Marrone (MAS), expusieron aspectos centrales de análisis y políticas de sus respectivas organizaciones. A partir de ellos, se abrió un debate entre los casi 300 compañeros presentes, entre quienes se destacaron las presencias de Emilio Corbiere (dirigente del Partido Socialista Auténtico) y Susana Zaldúa (dirigenta de los trabajadores del ex Banco Mayo). En un clima de fraterna camaradería, las intervenciones giraron en torno a los nuevos problemas planteados en la realidad de las luchas en curso; los avances y limitaciones de los elementos de vanguardia y de la militancia, tanto en lo sindical como en los procesos sociales y de derechos humanos. Y la preocupación común que manifestó la mayoría de los compañeros, abordó la problemática de la construcción de la organización obrera revolucionaria, su metodología interna y su relacionamiento con los explotados en la actual fase de descomposición capitalista.

        Tras una veintena de exposiciones, Marrone y Guidobono redondearon sus conclusiones. Dio cierre al acto Ricardo Napurí, integrante del agrupamiento internacional Nuevo Curso, ex senador de Perú, de vasta trayectoria como dirigente en el movimiento trotskista latinoamericano.

        Un rasgo distintivo de la jornada fue el llamado a redoblar la denuncia y las acciones tendientes a lograr la libertad de Emilio Alí, quien, 48 horas antes, había sido condenado a más de cinco años de prisión. La concurrencia firmó una carta solidaria, que se le hizo llegar al compañero a la cárcel de Batán. Cabe destacar que, en Mar del Plata, ambas organizaciones realizaron también una actividad de debate conjunta en el Día Internacional de los Trabajadores.

        En las páginas que siguen, ofrecemos las versiones desgrabadas de las exposiciones de Guidobono, Marrone y Napurí (en el orden que se realizaron) como una forma más de dar continuidad al diálogo con nuestros lectores.

 

“Apostamos a la unidad de los revolucionarios”

 

Montevideo, 30 de abril de 2001

Queridos compañeros

del Movimiento al Socialismo

y de la Liga Socialista Revolucionaria

Reciban ustedes el más caluroso saludo internacionalista en este Acto conjunto del 1º de Mayo.

Estos momentos de ofensiva del capital y las medidas antiobreras que el gobierno de De la Rúa-Cavallo está imponiendo a los trabajadores argentinos exige, más que nunca, que las organizaciones que se reivindican revolucionarias demuestren su capacidad de acción conjunta en el camino de ofrecer una alternativa política común, opuesta al capitalismo barbarizante y a la ilusoria salida de un “capitalismo humanizado”.

Al igual que ustedes, rechazamos los acuerdos del Alca que someterá a los pueblos de América aún más a los yanquis, del mismo modo rechazamos el Mercosur de los burgueses porque ha traído y profundizará las calamidades de la clase trabajadora.

Saludamos a través de ustedes las luchas de resistencia de los trabajadores ocupados y desocupados argentinos, de nuestro país y del mundo.

Apostamos a la unidad de los revolucionarios a nivel nacional e internacional para retomar con fuerza las banderas del socialismo, la de una sociedad sin explotación ni opresión.

Por un 1º de Mayo Clasista, Internacionalista, Anticapitalista y Socialista

VIVA LA CLASE TRABAJADORA

Convergencia Socialista – Uruguay

 

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Jorge Guidobono

 

“La Unesco, según informa Clarín ayer, da la cifra de los compañeros que viven con menos de un dólar por día, y da también la cifra de los niños pobres muertos por enfermedades curables en 1999, que son 10 millones.

O sea que, sin que se dispare un tiro, en cinco años se tienen los muertos de la segunda guerra mundial. Eso es el capitalismo. Con el agregado de que, además, también se tiran tiros: hay un millón de muertos en Irak y en el genocidio de Ruanda, hay un millón y medio de campesinos que han sido desalojados por el ejército y los paramilitares en Colombia, y hay un curso de barbarie creciente que se expresa, por ejemplo, en que en Estados Unidos el 1% de la población vive presa, con lo cual naturalmente baja la tasa de desocupación –tienen una ocupación, ser presos–. Ese es el mundo de hoy y a lo que se va es a algo peor.

Nosotros estamos convencidos de que hay un agotamiento estructural de la sociedad capitalista, lo cual no quiere decir que se va a caer porque, entre otras cosas, para que se caiga, hay que tirarla.

Por ejemplo hoy miraba las manifestaciones fuertes, violentas en Londres, en Alemania, de los movimientos antiglobalización, anticapitalismo; en enfrentamientos duros con la policía, que reprimía al mejor estilo del coronel Falcón: ésa es la perspectiva.

La perspectiva no es que haya cada vez más democracia bajo el capitalismo, no sólo en la Argentina –donde el poder de hecho lo tiene Cavallo– sino en el mundo.

Vean lo que es Estados Unidos, la democracia más antigua del planeta. Una familia mafiosa como la de los Bush, manoteó el gobierno y trabaja al servicio del complejo militar industrial, y ésa es gente con la cual no se juega. Ante cualquier molestia, proceden a sacar los inconvenientes del medio como pasó con Kennedy hace 40 años y todavía no se sabe quién lo mató.

 

Hoy vamos a hacer una reunión en la cual sería bueno que, entre todos, tratemos de avanzar en los problemas que son nuestros, que nos corresponde ver en la lucha de clases.

La tendencia general del enemigo está clara, el problema es cuáles son nuestras posibilidades.

Yo hablaba hace un rato con Ricardo Napurí y le preguntaba si él sabía algo de la huelga general que ayer iba a empezar en Bolivia por la destitución de Banzer. A él le pasaba lo mismo que a mí, no podíamos tener noticias porque en las cadenas informativas, la principal noticia del exterior que hay es que un multimillonario yanqui anda por el espacio después de haber pagado 20 millones de dólares, pero de otros hechos no se informa nada.

Para mí es muy emblemático el problema de Bolivia. Porque si hay una clase obrera que en los últimos 50 o 60 años peleó hasta el cansancio, logró hacer una revolución, siendo pequeña, destruir al Estado, al Ejército hacerlo desfilar en calzoncillos en abril de 1952, armarse, tener control obrero, poder de veto en la Comibol: ésa es la clase obrera boliviana que, al mismo tiempo, fue diezmada por la crisis capitalista, por la superproducción del estaño.

Y no obstante muta y se transforma en una gigantesca lucha de los trabajadores del campo y la ciudad: eso son los cocaleros. De hecho han puesto en jaque al gobierno, le exigen la renuncia; no sabemos si lo lograrán o no.

Pero es una mutación permanente que para mí demuestra que Bolivia es el mejor ejemplo de que mientras haya explotación –que es la razón de ser del capitalismo– habrá sujeto social de la revolución y el socialismo.

El capitalismo en realidad lo que ataca es la cabeza de la gente, haciendo creer que logró la fórmula para terminar con los problemas: nunca fue así. Hubieron cambios muy profundos; por ejemplo: el pasaje del artesanado a la manufactura, de ésta a la gran industria, se crearon grandes contradicciones, crisis y dificultades en la representación y la lucha de los explotados.

Tampoco es un hecho nuevo que el sector de servicios sea un sector de punta mayoritario dentro de los trabajadores.

Hobsbawm, en la Historia del Siglo XX, dice que en 1913, en Estados Unidos, ya la mayoría de la clase trabajadora pertenecía al sector servicios, no a la industria, y marcaba una tendencia que se siguió desarrollando en el correr del siglo; con algunas contradicciones naturalmente, por ejemplo las guerras; y en esos períodos hubo mucho trabajo industrial, el 75, 80% del glorioso proletariado de Petrogrado dependía de la industria de guerra–durante la primera guerra mundial– directa o indirectamente.

La destrucción que provocaban las guerras, sobre la base de decenas o cientos de millones de muertos y de destrucción de buena parte del planeta, posibilitó la reactivación de lo que los capitalistas llaman los 30 gloriosos años, que se terminaron hace 25 y donde no sólo las conquistas de la época reformista no se pueden volver a repetir sino que se están perdiendo meticulosamente en todas partes.

 

Tengo muy claro que hay un debate sobre si hay una revolución socialista posible sin sujeto revolucionario, o algo por el estilo; es un debate que cruza a la izquierda, y no la cruza por primera vez.

Yo tengo algunos años de militancia y este debate ya lo tuvimos. Por ejemplo, antes de mayo del ’68 –en Francia– Marcuse decía que el proletariado se había aburguesado y que el único sujeto posible de la revolución podía ser el estudiantado y el lumpen proletariado.

En América latina esa misma discusión la tuvimos con el Che Guevara (en vida), respetuosamente, porque tenía pergaminos –haber hecho una revolución– de los que nosotros absolutamente carecíamos. Pero él, y toda una generación (que es la mía), estaba convencido de que el sujeto social de la revolución era el campesinado: las ciudades aburguesan; y que es indiferente el programa o la política, el problema de la revolución es el fusil. Lo que dividía aguas entre reformistas y revolucionarios era el fusil. Y América latina se llenó de corrientes guerrilleras con una política absolutamente reformista, de reformismo armado.

O sea que no es nuevo esto, simplemente lo nuevo es que, por ejemplo, el 62% de la población mundial hoy es urbana y en América latina, incluso en los lugares donde hay guerrilla rural como Colombia, el 70% de la población es urbana.

Hay cambios estructurales y hay una experiencia. Para mí el sujeto sigue siendo el mismo: la clase trabajadora con las alianzas que sean necesarias. Porque es equivocado decir “la revolución es obrera”. La revolución es obrera y socialista por sus objetivos pero es necesaria una política de alianza de clases, con campesinos, con los pobres de la ciudad y del campo, con grupos antiglobalización, feministas, minorías oprimidas, etcétera.

Porque se trata de luchar por el poder. La burguesía no regala el poder, lo defiende; si puede, con engaño, y si el engaño no es suficiente, lo defiende con balas. Y eso es lo que hay que destruir, no se trata de cambiar de gobierno, se trata de destruir al Estado mayor de la burguesía y su Estado, de desarmar a la burguesía y armar a los trabajadores y al pueblo para que gobiernen directamente. Y eso va a ser un camino duro, difícil, pero es el único camino.

La vida demostró que eso es perfectamente posible. La fuerza material más importante (me viene a la cabeza un ejemplo) el quinto ejército del mundo era el del Sha de Irán, apoyado por Estados Unidos, y millones de trabajadores y pobres lo tiraron. Otra cosa es qué pasó con esa revolución.

Las revoluciones no dependen de nosotros, el comienzo de las revoluciones depende de que millones se pongan en acción y en movimiento y que estén dispuestos a jugarse la vida porque no soportan más las condiciones de vida. Pero lo que sí depende de nosotros es ayudar a que tengan buen fin las revoluciones. Y que tengan buen fin quiere decir dos cosas: que no sean estafadas por la burguesía, la pequeña burguesía, las corrientes nacionalistas, religiosas, xenófobas y toda la porquería que prolifera en el mundo; que hagan exactamente lo que sólo la revolución rusa hizo, que tuvo una política para extender la revolución mundial y fracasó, fue derrotada; el imperialismo demostró vitalidad, vigencia, fuerza militar, organizó una ofensiva feroz durante años y años y logró aislarla, derrotando a la revolución alemana.

Pero el resto de las revoluciones que hubo, no tuvieron un carácter proletario; en consecuencia, tampoco tuvieron un carácter internacionalista.

 

Nosotros creemos que es un objetivo estratégico la lucha por el poder en un país pero que ese objetivo estratégico es táctico al servicio de la revolución mundial. Inevitablemente toda revolución que no se extienda, se desarrolle internacionalmente y triunfe mundialmente, va a retroceder. No hay ninguna posibilidad incluso de que se repita la experiencia de la Unión Soviética en las actuales condiciones del mundo capitalista.

Nuestra lucha hoy por hoy es, en lo fundamental, por la cabeza de la gente por más que haya dicho todo lo anterior. Y esa lucha es en condiciones en las cuales no hay fórmulas, no hay recetas. Por ejemplo se debate mucho sobreel problema de la autodeterminación de los trabajadores, sí, es correcto, pero la autodeterminación sólo es posible en una perspectiva revolucionaria y en lucha ideológica sistemática y permanente contra las corrientes burguesas y pequeñoburguesas, que son nacionalistas, democratizantes, fascistas y toda la porquería que carga la pequeña burguesía.

Yo vine a la Argentina hace casi 30 años, se podía ser pequeño burgués e incluso un obrero tenía la posibilidad de tener un taller, hoy no se puede nada de eso.

Están estructuralmente mucho más acotadas, o eliminadas, las posibilidades de pequeñoaburguesamiento. Cada vez son mayores los sectores asalariados. Multitudes de profesionales liberales que en otra época podían hacer carrera, vivir bien, hoy son esclavos igual que cualquier obrero o cualquier otro trabajador.

Hay un cuadro latinoamericano particular que tiene algunos hitos importantes. Uno de ellos es el Plan Colombia, que es un salto en el proceso de colonización de América latina, dentro del cual pasa absolutamente inadvertido que, por ejemplo se haya hecho la semana pasada la mayor operación aérea conjunta de Estados Unidos y la fuerza aérea, supuestamente argentina. Eso pasó y no se informó nada.

El imperialismo, en particular el norteamericano, aparentemente es omnipotente pero no lo es. Es un cierto castillo de naipes muy blindado (es cierto) y con una ofensiva ideológica feroz que le ha partido la cabeza a buena parte de la izquierda. El imperialismo trata de convencer, y buena parte de la izquierda de hecho lo cree, que son defensores de los derechos humanos, que son democráticos.

La esencia del imperialismo, en esta época y desde toda su historia, es la violencia, la coerción. Su mentirosa defensa de los derechos humanos es sólo un taparrabos con el que intenta engañar a la opinión pública paraque presione a su vez sobre la izquierda, para que la amanse.

 

Finalmente quería decir un concepto. No hay un modelo de revolución, cada revolución es única e irrepetible, es una combinación excepcional de circunstancias en la que sí nos cabe a los revolucionarios aprovecharlaso no. Creer que existe “el modelo” de la revolución rusa es absurdo, es irrepetible: allí había 10 millones de obreros y campesinos bajo bandera.

La esencia del poder burgués, que es el monopolio de la violencia, se quebró porque un grupo de mujeres salió a las calles en el Día Internacional de la Mujer, y arrastraron a los metalúrgicos y ganaron a parte del Ejército.

Toda revolución fue distinta, ninguna se parecía. Todo el que intentó calcar una revolución se equivocó.

Y tampoco es numérico, ¿saben cuántos eran los que hicieron la más gloriosa revolución en América latina, en 1952 en Bolivia? Eran 90.000 mineros y 8.000 fabriles de La Paz en un país de 5 millones de habitantes. Pero tenían la capacidad concentrada para arrastrar a millones de campesinos y pobres.

Para esa perspectiva es que tenemos que prepararnos. Lo otro, es la perspectiva de la barbarie. Gracias compañeros.

 

* * *

[Después del debate]: Yo suscribo la intervención del compañero del MAS, y también coincido con lo que dijo recién otra compañera acerca de que una de las tareas fundamentales de los revolucionarios es luchar contra la fragmentación del pensamiento que la burguesía promueve conscientemente: nada tiene que ver con nada; nunca se sabe de dónde salen las cosas.

Ahora, quiero señalar dos o tres cosas.

Una, me parece que todo el debate expresó una cuestión básica: hay que sentar las bases para una nueva cultura política; una nueva cultura hecha en oposición a la tradición peronista de la clase obrera argentina y a la tradición stalinista de buena parte de la clase obrera mundial; ¡no es poca cosa!

Los errores o los comportamientos que hayamos tenido, no fueron hechos por perversión; sino porque había un mundo determinado que impuso determinado tipo de prácticas. En un sentido muy amplio, ese mundo murió. El stalinismo no es –ni va a volver a ser– lo que fue, por más que haya nuevos aparatos y que la burguesía vuelva a inventar nuevos aparatos. El peronismo es una cáscara vacía así saque muchos votos. Pero nosotros tenemos que ser conscientes de que en vez de los partidos ultraverticalistas, tiene que primar el debate, el disenso, la horizontalidad en las decisiones, saber caminar juntos a pesar de que tengamos diferencias porque, en realidad, el desafío es terminar con ocho mil años de sociedad de clases y castas. Si hubiera un pensamiento único sobre cómo resolver eso, habría que creer en dios. Se necesitan millones y millones y millones de cabezas, pensando y actuando, sobre cómo enfrentar a un enemigo terrible que va a presentar batalla en todos los terrenos, inevitablemente, y muy violentas. Pero no sólo la violencia va a usar, va a usar también el engaño, todo…

No es sólo un deber ético terminar con un funcionamiento burocrático: es una necesidad para la acción, para la supervivencia, para derrotar al enemigo. Nos va a costar mucho poder hacerlo, pero no tenemos otra alternativa. O lo hacemos o desaparecemos.

Yo me juego a que lo hagamos y salgamos adelante y que seamos capaces de crear nuevos ámbitos, nuevas instancias de reagrupamiento, porque yo estoy convencido de que la mayoría de los socialistas revolucionarios no están ni en la Liga, ni en el MAS, ni en otras organizaciones, sino que están en lo fundamental en su casa, en organizaciones barriales, haciendo todo tipo de cosas. Y nosotros tenemos el deber de promover instancias superiores de organización. Y habremos tenido éxito si logramos que nos sobrepasen ampliamente al MAS y a la LSR. Nada más compañeros” •

 

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Laura Marrone

 

“Por alguna curiosa división de tareas, sin que nos pusiéramos de acuerdo, voy a referirme a algunos aspectos que Jorge no tocó, que están referidos más a lo que pasa en nuestro país. (Es una suerte, porque si no, iba a ser muy aburrido.)

El eje hoy es qué está pasando en nuestro país y qué podemos hacer. Un aspecto de nuestra reflexión colectiva es entender qué está ocurriendo.

Lo que vemos no corresponde a los modelos, las luchas no tienen las características que nosotros querríamos o aspiramos, con dirigentes reconocidos por los trabajadores, con formas de organización, con programa. No hay un organismo donde aparezca claro el surgimiento de una reorganización de los trabajadores que asuman un programa socialista. Y sin embargo en nuestro país están pasando cosas que tenemos que tratar de palpar, de precisar; porque en última instancia, en momentos de crisis, la claridad para poder actuar en él es fundamental para que las ideas revolucionarias puedan tener un salto.

Hace pocos días vivimos una crisis política que fue la mayor de los últimos doce años. En los últimos doce años no se había dado una crisis tan grande, que tuvo elementos de crisis de gobernabilidad. Fue resuelta, como todos sabemos, con la subida de Cavallo, que promete un cambio en la receta financiera con una serie de medidas que podrían o imaginan tener elementos para poder reactivar la economía. No duró mucho la ilusión; hoy ya vemosque los sectores de poder financiero están tirando aquellos pequeños destellos de ilusión de un reactivamiento económico.

La verdad es que Argentina vive una crisis económica que tiene elementos sumamente explosivos. La dinámica hoy tampoco la podemos prever.

¿Por qué explosivos? No por la acumulación que hoy tiene el movimiento obrero en su resistencia sino porque la burguesía ha llevado al país al borde de una bancarrota económica.

Es imposible seguir sustentando estos niveles de déficit fiscal y de pago de la deuda externa sin comprometer el aparato productivo mismo del país; es decir, la burguesía está matando la gallina de los huevos de oro.

Daniel Marx, el viceministro de Economía de este país, dijo las cifras –que hace algún tiempo sólo publicaban las revistas de izquierda– referidas a las verdaderas causas de la crisis financiera y el aumento del déficit fiscal. Daniel Marx dice: “Cavallo modificó el régimen de aporte jubilatorio y entre lo que se llevan las AFJP y la reducción de los aportes patronales el Estado perdió de recaudar en el último período US$ 40.000 millones”. Yo recuerdo que eso lo dijo un compañero economista que es simpatizante del MAS en una charla y los diarios lo ocultaron. Otro dato que da es que en los últimos años US$ 55.000 millones fueron al pago de intereses de la deuda externa y también reconoce que, con salarios congelados, en los últimos años la inflación es del 50%.

Hace años que hay recesión, que es ya depresión sin que ningún burgués invierta; se bajaron los salarios, se establecieron regímenes laborales que son de esclavitud, se aumentaron los ritmos de producción. Tenemos uno de los países con ritmo de producción más alto y sin embargo la burguesía no invierte; está esperando alguna otra bicicleta financiera.

 

¿Qué pasa sin embargo con el movimiento obrero? Este último año siguieron habiendo luchas de las que nunca dejaron de existir, sin embargo tampoco en esas luchas aparecieron grandes actores en lo programático. No hubo luchas en las que el trabajador fuera más allá del reclamo de sus derechos inmediatos, reivindicaciones inmediatas; por ejemplo si se plantearan ofensivas contra el gobierno como sí se da en las luchas de Bolivia. Yo también soy una apasionada de la lucha de Bolivia.

En Bolivia se están cortando las rutas con zanjas, los mineros cavan zanjas, son muy violentos, muy especiales, muy fuertes. Se cavan zanjas y se rompen los puentes, y el tercer bloqueo –como lo llaman ellos– hace peligrar launidad organizativa de Bolivia.

Los burgueses dicen “¡Vamos a la bancarrota en Bolivia!”, el burgués dice vamos a la bancarrota, no a la revolución. Porque ellos también tienen un problema, el grado de organización que tienen esos trabajadores todavía no plantea como salida a la terrible crisis económica que están viviendo, un contra poder de los trabajadores.

¿Qué es lo nuevo, sin embargo, en la Argentina? Porque no estamos igual que antes. Ninguno de los conflictos, ni siquiera la huelga general que terminó tirando abajo a López Murphy, no son una situación más. Algo distinto pasa y nos parece que es importante palparlo. Un compañero le llama un humor, hay un humor distinto. Es decir, existe en la cabeza de los trabajadores, y no sólo en nuestro país sino en el mundo, una pérdida de legitimidad o una pérdida de confianza en el capitalismo como sistema que les permite sobrevivir y satisfacer sus necesidades. Eso no pasaba hace 10 años cuando después de la caída del Muro la burguesía logró una ofensiva ideológica sobre los trabajadores del mundo entero y una confianza en el capitalismo como solución para sus problemas.

Recuerden que acá los trabajadores ferroviarios hacían su huelga heroica por los no despidos y contra el proyecto de privatización y una huelga que fue muy heroica y que hoy no existe en sus niveles de organización. Sin embargo estaba aislada porque el conjunto de la población sentía como una expectativa en la privatización de los servicios y su posible mejora. La cabeza de los trabajadores en la Argentina de conjunto acompañaba la ilusión de las medidas liberales como posible salida a sus necesidades. Hoy eso no existe. Hoy en la Argentina y el mundo hay una lectura diferente de lo que alguna pensadora llamaba el horror económico del capitalismo. Las cifras que mencionó Jorge podríamos ampliarlas y completarlas con unas que encontré y me parecieron bastante ilustrativas: en el año 1960 la relación entre ricos y pobres era de 30 a 1 y hoy es de 74 a 1; es decir que en 30 años la burguesía duplicó su concentración de riquezas en relación a los trabajadores del mundo. También menciona que 500 empresas controlan el 45% del PBI del mundo y que el 20% de los más ricos consume el 86% de lo que se produce en el mundo, es decir que la desigualdad en el mundo es tan grande que llega a límites que violentizan, y eso es el humor distinto que hay en el mundo entero.

No podemos decir que estamos igual que en la década del ’90, apenas cayó el Muro y la globalización capitalista pegó un salto en su expansión en todo el planeta.

Está ese sentimiento en la gente que todavía es bastante confuso, no es por una alternativa, no es un humor anticapitalista claro, no es con un programa alternativo socialista, no es así.

Entre otras cosas no se ha podido remontar la experiencia de lo que fueron los estados del este y lo terrible del stalinismo burocrático; por eso en el verdadero sentimiento de la gente no está el socialismo como salida. Pero sí está esa sensación de que el capitalismo no le da salida y ese es el puntapié, la base sobre la cual nosotros creemos debemos trabajar la necesidad de presentar a los trabajadores una salida global a su pesar, a su malestar, una salida de tipo anticapitalista.

Cuando nosotros decimos que el accionar de los revolucionarios hoy más que nunca tiene como norte la necesidad de ganar la cabeza de los trabajadores para una perspectiva socialista, tiene que ver no sólo con un deber ser nuestro sino con el hecho de que la gente se está planteando qué hacer frente a lo que ve que no le sirve y que no lo quiere más.

Pero tenemos que ser conscientes de que no estamos solos. También está la caída del pensamiento único liberal –así se llamó esta realidad– en la que parecía que no existía otra cosa que no fuera el capitalismo como salida y que conformó a intelectuales y pensadores que llenaron las pantallas de televisión. (…) Competidores nuestros que buscan canalizar ese sentimiento a través de otra perspectiva, y así surge la Iglesia con la propuesta de rechazar los excesos del capitalismo. (…) La palabra capitalismo ya no es patrimonio de los actos de la izquierda ni del discurso marxista. Sectores de la burguesía desplazados por la globalización, eso lo vemos fundamentalmente en Europa, plantean la necesidad de extender sus espacios con medidas proteccionistas que cuestionen el salvajismo del capitalismo; y también sectores de la burocracia.

En la Argentina también tenemos competidores que hoy presentan a los trabajadores frente al salvajismo de la globalización, la ilusión de que sería posible un capitalismo humano, un capitalismo reglamentado que estableciera normas mundiales que impidieran el salvajismo actual. Son los dirigentes de la CTA, son los Moyano, son también el cura Farinello del Polo Social que propone un capitalismo bonachón…

Nosotros tenemos el desafío de impedir que la cabeza de los trabajadores, que hoy empieza a tener ese alejamiento o esa crisis de confianza en el capitalismo liberal, caiga en el nuevo engaño de esas opciones porque no son de independencia de los trabajadores.

 

Estamos convencidos de que la nueva ofensiva de Cavallo y el gobierno de De la Rúa están lanzando en este momento con nuevos recortes y nuevas pérdidas de derechos, y más despidos para los trabajadores, nos plantean el desafío de volver a la calle. ¿Qué significa esto? Creemos que en lo inmediato está la necesidad de salir a organizar la resistencia contra las nuevas medidas de gobierno.

El hambre es muy grande y van a volver a producirse fenómenos como los de quince días atrás.

El desafío nuestro es participar en ese proceso de lucha, aun en los sectores más pequeños o en sectores que habitualmente no fueron nuestro sector de militancia. Por ejemplo, la cuestión de los desocupados, que no responde a los esquemas clásicos que nosotros tenemos y sin embargo son compañeros trabajadores que quedaron fuera del sistema productivo, que saben que no van a volver y hoy muchos están siendo víctimas de un manejo de tipoclientelar. Sin embargo, con estos cortes de ruta están expresando el comienzo de una búsqueda política, salir de la crisis de marginalidad individual a la que los llevó la desocupación y, para muchos jóvenes, a la droga y la delincuencia. La perspectiva de la lucha por mantener una fuente de trabajo o aun un subsidio, significa el camino para incorporarse a un tipo de lucha política más general.

Nuestro desafío es participar de esos procesos tratando de combinar la necesidad de la lucha inmediata con la perspectiva global por el socialismo. ¡No es fácil!, pero creemos que es una necesidad cada vez más urgente.

En ese marco pensamos nosotros, los compañeros del MAS, que la experiencia que venimos haciendo con los compañeros de la Liga nos plantea el desafío de buscar formas de relacionamiento con otros sectores, con otras organizaciones políticas y compañeros independientes que tienen posiciones socialistas revolucionarias y que, sin embargo, por la crisis de la cual todavía la izquierda en la Argentina no ha salido, se hallan dispersos.

Hoy hay muchos actos en Buenos Aires y en el país. Hay pequeños núcleos de compañeros que se dicen socialistas revolucionarios que están buscando y discutiendo como nosotros. Pero estamos dispersos. Indudablemente el relacionamiento de la izquierda plantea balances de las experiencias organizativas anteriores, que no están resueltos y probablemente no los resolveremos rápidamente. Pero sí nos parece que hacer el esfuerzo de buscar un trabajo en común con otros grupos que se reivindiquen de esta misma perspectiva, sería potenciar formas organizativas de tipo asamblearias, por redes o diversas formas, hoy tampoco está en nuestras manos puntualizar. Pero sí lo que queremos plantear para la discusión en esta asamblea, o acto/debate, es que justamente cada uno de nosotros se plantee cómo volver a las calles para luchar contra la nueva ofensiva del plan de Cavallo. Pero desde la perspectiva de ser tribunos socialistas; es decir, desde la perspectiva de irradiar sobre el conjunto de los trabajadores cuál es la salida de fondo de este sistema.   

 

* * *

[Después del debate] En el carácter mismo del debate y de las intervenciones se fue expresando o respondiendo a algunos de los problemas que se plantearon.

Quizá la mayor preocupación, como planteaba el compañero de subterráneos, es ¿cómo hacer para que esos esfuerzos de reorganización no se transformen en una nueva experiencia frustrante?

Nosotros tenemos la misma preocupación. No tenemos ninguna garantía de que la podamos resolver. Lo que sí en todo caso tenemos claro es que el problema fue parte de una experiencia negativa de nuestro partido y de la izquierda revolucionaria, y que el desafío es revertirlo.

No se crean que nos llevamos bien todos los días, a veces nos peleamos, pero lo que estamos intentando es recrear un tipo de relación donde tenga mucho peso –lo que señaló un compañero por aquí– el tema de la fraternidad en los debates y la honestidad en ellos.

Porque, si nosotros somos capaces de establecer relaciones donde lo que se priorice sea, en última instancia, lo que nos une programáticamente, y el respeto a la persona como compañero de la revolución, es muy probable que toda la crisis de aparato que tuvo la izquierda, y que todavía tiene, que lleva a hechos lamentables como por ejemplo compañeros que se agarran a los palos en una manifestación, pueda ser desterrada como producto de que generemos espacios donde el conjunto de los compañeros que formamos parte de la organización nos sintamos protagonistas y defendamos el espacio común que estamos construyendo.

Esto mismo que empezamos a hacer aquí nos gustaría llevarlo al conjunto de los trabajadores. De ahí la importancia de ver si es posible confluir no sólo con la Liga sino con otros grupos y con otros individuos.

Hay compañeros muy valiosos que eran de nuestro partido o no, como los compañeros que vinieron recién de Soldati, que no son de nuestra tradición y, sin embargo, están en la misma búsqueda.

Si nosotros lográramos un espacio común de trabajo con formas organizativas que no son las mismas de un partido revolucionario (lo que no quiere decir que no lo planteemos como una necesidad a largo plazo), si tuviéramos el espacio y la posibilidad de trabajar juntos mientras vamos resolviendo la explosión y la organización, tal vez podríamos llegar al conjunto de los trabajadores con mucha más fuerza respecto de la perspectiva socialista que la que cada uno puede hacer individualmente.

Ese es el desafío y ésa es la tarea que queremos llevar adelante” •

 

 

Ricardo Napurí

 

“Compañeras y compañeros: No pretendan mucho de mi exposición. Casi todo ha sido dicho ya acá. Es cierto lo que dice Jorge (Guidobono). Este acto es significativo no sólo porque dos organizaciones del espectro político de las organizaciones que se reclaman del trotskismo y del marxismo revolucionario son capaces de buscar coincidencias y acuerdos quizás en perspectivas futuras importantes, sino porque han tenido la intención de crear también el ambiente de este 1º de mayo internacionalista que siempre fue de combate, para que aparezca la fraternidad proletaria y para que los compañeros puedan decir lo que quieran y puedan ser escuchados.

Y, efectivamente, cada uno con su mensaje ha dicho lo que ha creído conveniente hoy. Y depende de nosotros oír bien y saber que efectivamente hay canales importantes de comunicación, voluntades, dudas, interrogantes, escepticismos. Y, en medio de todo ello, la voluntad de salir adelante en medio de la crisis.

Compañeros, Jorge también empezó por Bolivia, tema que me agrada sobremanera y voy a decir por qué. En Clarín del 28 de abril hay una cita: “El gobierno de los caras blancas es un fracaso. El famoso modelo no sirve y los campesinos vamos a darnos por primera vez nuestro propio gobierno después de que se vayan estos inquilinos que ocupan el país desde hace 500 años”. ¿Quién lo dijo?: el dirigente aymara, líder de la central de los trabajadores campesinos, Felipe Quispe.

 

Compañeros, la cita es para reflexionar profundamente. No es solamente Quispe el que se tira contra el gobierno y el régimen y que aspira a un gobierno de ellos, de los campesinos. También en Ecuador hace poco, Antonio Vargas, no sólo planteó que iban a liquidar al gobierno y al régimen, sino que se sentó por unas horas con los militares chavistas/ nacionalistas para crear un gobierno de nuevo tipo. Y compañeros, hay un país olvidado por chiquito y por vecino, que es Paraguay, organizado a través de la Central Unica de Trabajadores y hay tres centrales campesinas que hacen huelgas cuando quieren, que se desplazan de su centro de trabajo y migran a la ciudad y prácticamente la ocupan. Imaginen las implicancias que tendría para la Argentina un proceso revolucionario en Paraguay: son múltiples.

Y, finalmente, todo el mundo habla de Colombia. Por diferentes razones a los socialistas no nos gusta mucho, no solamente la guerrilla foquista; no nos gusta mucho la forma sucia como se ha ido gestando la cuasi guerra civil en Colombia. Pero hay un hecho importante de la realidad colombiana que debemos tomar en cuenta: Estados Unidos ha comenzado a intervenir y quiere intervenir. La pregunta es ¿qué va a pasar, en el cuadro de esa cuasi guerra civil en Colombia si Estados Unidos interviene? Con la intención que tiene, no sé si no le podrá ir como en Vietnam. Cambiaría cualitativamente la situación del país. Los actores sociales, políticos y revolucionarios adquirirían una nueva naturaleza. Y quienes se reclaman de la resistencia del país, nacionalistas, o revolucionarios, tendrían que comenzar a tomar parte de esa guerra civil. Pero las implicaciones si eso se produce son totales para América latina. Nada sería igual en este caso, porque el imperialismo exigiría a las burguesías y sus gobiernos que tomen posición a su lado. Y ellas tomarían esa posición.

Yo no estoy haciendo futurismo ni montando dramas, pero son los elementos de la realidad, que los hombres, los militantes de nuestro tiempo, quienes inician su curso acelerado de concientización y de compromiso político, tienen que saber perfectamente por qué el sentido de muchas de las intervenciones aquí ha sido que lo que hay son luchas, lo que sobra es lucha, nadie ha dejado de resistir y luchar. Lo que falta es la actividad consciente, politizada, es la dirección clasista y revolucionaria en las perspectivas del socialismo. Y éste es el drama de nuestro tiempo, de la crisis de dirección revolucionaria y, hasta ahora, de nuestra frustración.

Si nosotros no armamos un tinglado de militantes armados políticamente con las herramientas del marxismo revolucionario, no en abstracto, porque no solamente la URSS y su mensaje, sino todo el mundo, y también América latina, están llenas de herencias importantes y fundamentales, y hay que asumirlas porque la Argentina no está sola en el mundo. En la división del trabajo mundial y por el desarrollo desigual, ustedes no pueden hablar solamente como si los problemas fueran argentinos; felizmente no ha sido así aquí.

La Argentina es una provincia del mundo y es una gran provincia de América latina. Si es así, seamos consecuentes. ¿Por qué no nos importa lo que ocurre en las otras provincias, como el caso del Paraguay vecino, de Ecuador o de Bolivia?, que son países que están en una crisis que no se sabe adónde van y que gravitarían, fundamentalmente, en los procesos políticos y en la lucha de clases del país y del continente.

 

Compañeros, se ha dicho también que hay que tener memoria. Yo no soy chauvinista latinoamericano ni continentalista, pero me pongo nervioso cuando todas las referencias son solamente a la Revolución Rusa de 1917. ¡Cómo no decirle a los compañeros que forman y estructuran políticamente su pensamiento, para que ellos puedan comprenderlo, que nunca fue fácil hacer las revoluciones! No solamente nunca fue fácil –a pesar que se han hecho muchas– sino, como ustedes saben, que nunca han habido revoluciones victoriosas hasta el fin. Los burgueses se dieron revoluciones, como la francesa, y se quedaron con el Thermidor napoleónico, y no la consumaron.

Y después de 80 años de experiencia que parecía “socialista”, nosotros vemos hoy que el derrumbe del stalinismo ha significado una cruel ironía de la historia, un ejercicio de la misma por el cual nosotros vamos a sacar las lecciones de lo que no hay que hacer cuando tratemos de construir la nueva sociedad y el socialismo.

 

En América latina, compañeros, hemos tenido la revolución mexicana, que no le hemos puesto signo, que empezó antes que la revolución soviética: en 1910. Y hoy toma fuerza porque el zapatismo, el de Emiliano Zapata, uno de los dirigentes de la revolución, se sentó con Pancho Villa en una silla presidencial, y después de haber hecho la revolución no supieron qué hacer con la misma. La burguesía les usurpó la revolución. Pero ellos hicieron una revolución con ideas y con las armas. Y es una lección que el subcomandante Marcos, que se reclama zapatista, que se ha rebelado con los campesinos el 1º de enero de 1994 tomando incluso las banderas del antiNafta, él diga que no es necesario tomar el poder, que no lo quiere y que va a luchar por una ley de reivindicaciones campesinas. Esa no es la enseñanza del zapatismo de Emiliano Zapata.

Pero hay que saber entender, sin mezquindad, sin miopía, que la rebelión de esos campesinos ha desatado procesos en México que no existían antes y que de alguna forma han contribuido al fin del gobierno del PRI, y no se sabe incluso cuál será el curso de la situación política.

Pero hay otra más importante: la revolución boliviana del 9 de abril de 1952. ¿Se han olvidado de ella? ¿Sabían de ella?: fue una revolución obrera, popular, campesina; dirigida por los campesinos en contra del traidor de Lechín incluso. Una revolución que no solamente obligó al gobierno a hacer una reforma agraria sino que se quedó con las armas. La central obrera tenía milicias y se plantearon el poder tomando las tradiciones que venían –¿lo sabían ustedes?– de las tesis de Pulacayo de los mineros, que siempre fueron vanguardia y que pusieron en el centro de su programa transitorio el gobierno de los trabajadores.

Compañeros, son lecciones también las revoluciones frustradas, la de Nicaragua, la del Salvador… Y es una lección importante la de Cuba, porque cuando tengamos que plantearnos en serio el problema de hacer una revolución y construir la nueva sociedad, Cuba tiene que ser tomada como ejemplo: de lo que hay que hacer y, sobre todo, de lo que no hay que hacer.

De tal manera compañeros, para no hacerla larga, la formación teórica de los revolucionarios es ésta, no es solamente el bagaje que acumulan de lectura de textos, de charlas y conferencias, sino que es una especie de entrenamiento en la vida, en la lucha política, en la lucha de clases. Sabiendo, y no hay que engañar a nadie, y menos a los jóvenes, que hacer la revolución es bien difícil, pero posible y necesario. Y que cuesta mil huevos mantener la revolución y sobre todo seguir el curso de la construcción del socialismo, a partir de los antecedentes frustrados que nos brinda la historia.

 

Compañeros finalmente, yo digo que no debo dar ningún tipo de recetas en esta exposición. Muchos compañeros en sus intervenciones han avanzado, los ponentes también –sea Laura o Jorge– en el sentido de meter ideas respecto de que si los trabajadores –trabajadores de cualquier naturaleza, fundamentalmente los obreros, los jóvenes, entre otros– no toman en sus manos y forjan las herramientas necesarias, entonces es muy difícil que se dé el caldo de cultivo para que las organizaciones que se educan políticamente en el terreno de la praxis, es decir que intervienen y que a su vez piensan políticamente, saquen provecho y se construyan como organización.

Pero yo les digo que los ejemplos dados enseñan que sí, que los trabajadores no son tan torpes ni tan idiotas. En la Argentina hay una losa terrible. La Argentina no es un país igual a los otros. La losa peronista del nacionalismo ideológico, decadente, hasta hoy impide que los trabajadores se liberen de las tenazas de la fuerza burguesa para crear sus propias organizaciones independientes.

Este es un proletariado –como decía Nahuel Moreno– “que lucha hasta en exceso, hace huelgas generales” y el problema no es si va a luchar, el problema es cómo ese proletariado crea su vanguardia politizada y consciente, y nosotros, los que pretendemos ser vanguardia revolucionaria, colaboramos solamente con ello.

La lección de nuestra historia dice que es mentira que un partido político pueda suplantar a la clase o a la vanguardia de la clase; en todo caso no debe ser así. Las lecciones que yo he citado indican que la vanguardia se politiza hasta el extremo de ponerse al borde mismo del poder. Imagínense ustedes en Ecuador un partido de mil militantes revolucionarios, por ejemplo, desde la caída de Bucaram hasta ahora: el problema del poder estaría resuelto. O imaginen a los compañeros paraguayos con 500 militantes revolucionarios, articulados en el movimiento campesino y obrero y en los barrios: si lo pudieran hacer habrían resuelto muchos problemas.

Y entonces la lección viene directamente: el sustituismo tiene que terminar. Las lecciones de lo mal que asumimos los ejemplos de los revolucionarios tienen que ser asimiladas y los nuevos militantes tienen que ser educados en el respeto intenso y sublime por la clase obrera, por los campesinos, por los jóvenes que luchan, por las mujeres… Ellos son en realidad la magma del desarrollo del proceso social, no fuimos totalmente educados, o no pudimos, en el sentido de ver que ahí estaba prácticamente la razón de nuestro trabajo político, incluso de nuestras capacidades políticas.

 

Hay que volver a esas fuentes, al respeto de la gente, fundamentalmente. Y la democracia no es otra cosa que conjugar ese respeto armoniosamente, conjugando ideas, trabajando solidariamente, poniendo el hombro en común y sabiendo, sobre todo, que ninguno de nosotros es imprescindible. Y más aún, que ninguna de nuestras organizaciones es ni será la organización revolucionaria: somos embriones de organizaciones revolucionarias. Pero si las cultivamos bien, como a una rosa querida y amada, si las formamos con las herramientas metodológicas y teóricas necesarias e imprescindibles, estas vanguardias lucen, y van a lucir en el proceso revolucionario.

Por eso, este ejemplo de los acuerdos, a veces de ida y venida, pero acuerdos que permanecen hasta hoy en la LSR y el MAS, deben ser bienvenidos. Hay que mejorarlos, tienen que tener progresión, hay que presentarlos como alternativa a otros. Pero los compañeros tienen que saber que los tiempos que vivimos, de genocidio capitalista, en esta fase del imperialismo de mundialización, el socialismo o la barbarie está puesto al día.

 Es necesario enfrentar al capitalismo no solamente a través de la lucha sino con el pensamiento fértil de la ideas políticas. Y con una fraternidad revolucionaria infinita para que los ejemplos de coordinación final no sean los de los bolcheviques y los socialrrevolucionarios, sino porque sea posible juntar militantes y revolucionarios, si tenemos una evaluación inteligente que indica que en esta Argentina, donde ha habido y hay miles de trotskistas, pueden ser recapturados como socialistas revolucionarios para la lucha por la construcción del partido revolucionario y de la Internacional. Gracias” •

 

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