¿Quién dijo que todo está
privatizado?
Cuando la Alianza asumió hace menos
de un año, lloraba por las condiciones en que Menem dejaba el país, con todo
vendido, privatizado y con el doble de la deuda externa.
Pero al fino ojo privatizador de
Menem se le escapó un suculento negociado que los militares dejaron pendiente:
el proyecto de urbanización. Se trata de vender al mejor postor una franja de
terrenos que va desde las terminales de los ferrocarriles Mitre, Belgrano y San
Martín hasta la calle Salguero, en un corredor delineado por la Av. Libertador.
Estas son las 75 manzanas mejor cotizadas de la Capital Federal.
En parte, son terrenos ganados al
Río de la Plata donde está todo por hacerse, desde redes de cloacas y pavimentación
hasta toda una infraestructura para montar cadenas de hoteles y edificios con
vista al río, incluyendo también reformas en el aeroparque Jorge Newbery, cuyas pistas de aterrizaje se
mudarían a estos terrenos. El proyecto está en este momento en la Legislatura
porteña. La idea del gobierno de la Alianza es que el dinero de la licitación
sea para sanear el déficit fiscal o para que se lo invierta en obras públicas.
Estas perlitas que quedaron en el
fondo del alhajero de la abuela, ahora están en oferta al mejor postor. Sin
embargo, para todos aquellos que creían que bajo el menemismo se había regalado
todo, por no decir robado; la Alianza intenta darle un bajo perfil al monto de
la transacción, y un alto perfil a los supuestos beneficios que esto acarrearía
para la comunidad, en obras públicas y calidad de vida.
Hasta ahora, los números que se
publican sobre el proyecto indican que demandaría una inversión de $ 1.000
millones y que el estado recaudaría entre 1.000 y $ 1.500 millones.
Los diputados de la Alianza, el PJ y
demás secuaces, ya están relamiéndose pensando en cuánto pueden obtener cuando
tengan que levantar la mano para aprobar el proyecto. El grupo Irsa, Techint y
Fortabat, ya están haciendo lobby para quedarse con la consesión de la
explotación de esos terrenos. Se especula con que los diputados de la Ciudad
voten a favor de determinado grupo, entregando este fabuloso negocio
inmobiliario a los mismos que se enriquecieron con las privatizaciones bajo el
menemismo.
Hoy, “la fiesta de unos pocos”
sigue, de la mano de la Alianza.