REPUDIAMOS EL GENOCIDIO SIONISTA-IMPERIALISTA CONTRA PALESTINA

 

            Desde hace dos meses se viene ejerciendo un implacable terrorismo de estado por parte de los jefes sionistas y sus amos imperialistas sobre el pueblo de Palestina.

            La despiadada clase social que domina al mundo transmite, como parte diario, la cantidad de pibes palestinos asesinados por la máquina terrorista del estado sionista, como si se tratara de una cuestión estadística.

            Uno de los mejores ejércitos del mundo –armado y pertrechado por Estados Unidos– aparece, como cosa “normal”, asesinando a niños y adolescentes armados de piedras y palos. Ese es el verdadero rostro de los supuestos “derechos humanos” que defienden los imperialistas: el de utilizar los mismos métodos que los nazis practicaron, entre otros, contra la comunidad judía.

            La cínica hipocresía imperialista intenta dividir en dos categorías a los muertos: más de doscientos son el producto “natural” de la reacción del ejército israelí frente a los “desmanes” de los chicos palestinos (que, por supuesto, nada tienen que ver con el “terrorismo” de ningún “estado”). Y a una decena de uniformados israelíes muertos, los califica de víctimas del “terrorismo”; es decir, de las acciones desesperadas de los oprimidos, en su propia defensa.

            Las causas de la violencia en Medio Oriente están basadas en el accionar del imperialismo y de su peón sionista, que aplica los métodos del nazismo.

            La solución a esa violencia, no será nacional, ni árabe ni palestina. Sus direcciones burguesas son abiertamente proimperialistas y reaccionarias, incluyendo a Arafat, que hace de policía de su propio pueblo.

            El texto que publicamos en esta página, es la declaración de la Liga Socialista Revolucionaria en los inicios de lo que se ha dado en llamar “nueva Intifada”, o rebelión popular palestina (también llamada Rebelión de las Piedras).

 

Solidaridad con la Lucha del Pueblo Palestino

 

Estamos junto al pueblo palestino agredido por la ocupación sionista imperialista, y contra la masacre en curso contra su levantamiento popular.

            Por el contrario, no tenemos ningún tipo de solidaridad con capitalistas, jeques o reyes árabes y/o palestinos, empezando por Yasser Arafat. Son esas mismas direcciones burguesas las que han llevado a la tragedia que se vive hoy.

            Un cuarto de siglo atrás comenzó a darse un giro absolutamente proimperialista de los sectores “nacionalistas” árabes (otros, jamás fueron antimperialistas siquiera en sus declaraciones). Los hitos que marcan este giro, son los acuerdos de Camp David en 1978 entre Egipto e Israel; y el de Oslo, protagonizado por Arafat y la OLP en 1993.

            No hay mayor utopía reaccionaria que alentar ilusiones en una lucha nacional árabe como forma de combatir al sionismo proimperialista. Egipto y los principales países de la región están subordinados al imperialismo. Reclamarle a sus gobiernos que den armas a los palestinos, o que intervengan en su ayuda, sólo contribuye a confundir al pueblo y a lavarles la cara a los Mubarak y compañía. La reunión de la Liga Arabe tuvo sólo una tímida retórica defensa de los palestinos; es decir, sólo palabras destinadas a engañar a los pueblos árabes y palestino.

            Por más que ahora parezca imposible –y en lo inmediato lo sea– reafirmamos que la única salida al crónico horror vivido en el último medio siglo, no es nacional sino de clase; es imponer una salida de los explotados de la región, barriendo a los explotadores y a sus estados: el sionista, los árabes, las repúblicas, monarquías o emiratos, incluyendo el “protoestado” de la burguesía palestina.

            Hoy, se está terminando de derrumbar el pacto de Oslo, que ya se cobró la vida del único premier asesinado (el Gral. Isaac Rabin, ex primer ministro israelí) y de cientos de palestinos, más miles de heridos y presos, que continúan en las cárceles sionistas.

            La derecha, representada por el Gral. Ariel Sharon –un clon de Hitler–, realizó una provocación para terminar de “pudrir” las negociaciones. Por su lado, Arafat alentó el levantamiento popular para mejor posicionarse en las negociaciones al precio que sea (aunque quizá no esperaba el bombardeo con misiles sobre sus propias oficinas).

            En la realidad, hay elementos de “descontrol”:

            en primer lugar para Arafat, cuya debilidad es muy grande; lo que achica su margen de maniobra;

            en segundo lugar, la situación es complicada para Barak y el sector “negociador” –desde Oslo hasta hoy–, cada vez más “corrido a la derecha”, cediendo terreno al fascistizante ejército israelí, a los ultrarreligiosos y al fanatismo nacionalista (sector que arrastra, incluso en momentos como éste, a buena parte de la izquierda, con honrosas excepciones, como los soldados “objetores de conciencia” –Clarín del 9/10– y las militantes pacifistas que reclaman en las calles contra el colonialismo israelí, pese a los insultos de los automovilistas).

            en tercer lugar, la salida de cauce de los hechos también perjudica a Clinton, quien pasó de pretender terminar su presidencia con el acuerdo de paz, a reunirse ahora para tratar de impedir que la espiral bélica continúe y se multiplique.

            Por otro lado, el imperialismo europeo –en particular Francia y Alemania– busca reposicionarse en la región a través de sus buenas relaciones con los gobiernos de Irak e Irán.

            Finalmente, esta “aparente nueva Intifada”, jaquea a los gobiernos árabes (como los de Egipto y Jordania, bien proimperialistas o en tránsito de acordar con el imperialismo, como Siria), porque sus pueblos sí son realmente nacionalistas, en el sentido de antimperialistas.

 

El nacionalismo: una experiencia agotada

 

            El nacionalismo antimperialista laico árabe se agotó con el “nasserismo”, que no logró liberar a la región del imperialismo a pesar de contar con la fabulosa ayuda de la ex URSS. La tesis de la Revolución Permanente (de Trotsky) acerca de la imposibilidad de que la burguesía lidere un proceso de independencia efectiva del imperialismo, tuvo en Medio Oriente otra trágica confirmación.

            La causa supuestamente “nacionalista” de un sector de la burguesía árabe tuvo su apogeo hace ya medio siglo (en los años ’50/’60). Después de la crisis del petróleo de los ’70, las vertientes fundamentales de los “no alineados” (el “tercer mundo” o como se llamase) se pasaron, en bloque, al campo imperialista.

            El nacionalismo “nasserista”, en sus distintas variantes, era laico y verbalmente socializante. Pero su pase práctico al campo imperialista (el sucesor de Nasser fue quien firmó los acuerdos de Camp David) dejó las banderas nacionales en manos de la derecha religiosa: oscurantista y bárbara, que intenta un regreso hacia el pasado, tan imposible como reaccionario.

            De hecho, las banderas “nacionalistas” quedaron exclusivamente en manos de la derecha religiosa. Saddam Hussein, en Irak, tiene también un discurso religioso a pesar de que proviene de un partido “socialista” (el Baath, partido árabe socialista, común con el sirio): ésta es una demostración no sólo del carácter architrucho del “socialismo árabe”, sino también del giro político a la derecha en toda la región; como se expresó en que el grueso de esos países acompañaran la guerra del Golfo, de agresión contra Irak, ya una década atrás. La desaparición de la URSS acentuó grandemente este giro, ya que Medio Oriente fue uno de los puntos “calientes” de la guerra “fría”.

 

Ante la dramática situación, la LSR llama a:

 

            Denunciar prioritariamente a la barbarie sionista imperialista, verdadero rostro de los llamados “derechos humanos” esgrimidos por esa canalla. Contra ellos reclamamos: solidaridad con el pueblo palestino y su lucha.

            Delimitarse de la dirección burguesa de Arafat y del fundamentalismo islámico religioso, que no hacen más que dificultar la diferenciación social de las clases y sus políticas dentro de Israel, con acciones terroristas sobre sectores civiles indiscriminados (método que no avalamos porque, entre otras razones, es también perjudicial para la justa causa del pueblo palestino).

            Denunciar el papel que juegan todas las direcciones burguesas árabes, incluyendo a la palestina liderada por Arafat.

            Extremar los lazos que nos hermanan con los trabajadores manuales e intelectuales judíos , para mejor luchar contra el sionismo –agente ideológico, político y militar del imperialismo mundial– y contra la burguesía judía y la derecha oscurantista. Sin la destrucción del sionismo, más tarde o más temprano se prepara un nuevo genocidio del pueblo judío, igual o peor al que hoy sufren los palestinos (no bien a Estados Unidos le deje de convenir seguir bancando a su caro peón israelí en la región).

No puede ser libre ningún pueblo que oprima y sojuzgue a otro.

            Marcar a fuego al imperialismo y su colonialismo, causantes de la tragedia en la región desde hace más de un siglo, como mínimo. El siglo XX tuvo un protagonista económico en el petróleo. Por eso en la primera guerra mundial (1914-18) Inglaterra y Francia se propusieron destruir al imperio turco –otomano– que controlaba la principal región productora mundial del crudo (Medio Oriente) colocándola bajo su protectorado colonial. Con el debilitamiento de ambas potencias en la Segunda Guerra (1939-45) se hizo inevitable la “independencia”. Inglaterra y Francia “dibujaron” las fronteras; dividieron en extremo a la región en múltiples países para debilitarlos y, así, controlar mejor a todos, atizando odios anteriores (a los turcos y, sobre todo, los provenientes de una historia muy añeja).

Por si fuera poco, crearon en 1948 un “estado tapón” en Palestina, expulsando a la población autóctona. Para ello aprovecharon el justo sentimiento del pueblo judío después del holocausto nazi. Pero empezaron un holocausto, en cuotas: el del pueblo palestino, que ya lleva medio siglo.

            Bregar por la destrucción del estado sionista, al igual que estamos por la destrucción de todos los estados burgueses de la región. Esa es la mejor defensa y la mayor tarea a realizar –por los trabajadores judíos, palestinos y árabes en conjunto, y como parte de una lucha común en todo Medio Oriente–: luchar por la única perspectiva de progreso, que es una Federación Socialista de la región.

Una Federación Socialista que permitía combatir la extrema miseria y el atraso de Medio Oriente; donde habiten democráticamente árabes, palestinos, judíos y ateos provenientes de distintas regiones. Una Federación que, además de socialista, sea laica, no confesional, no racista y democrática.

Ninguna solución burguesa puede resolver el problema nacional generado por la historia y potenciado hasta el infinito por el imperialismo. La paz en la región, que posibilitaría la convivencia entre los explotados árabes y judíos, sólo será posible mediante una lucha antimperialista y anticapitalista –o sea, socialista e internacionalista– que termine con toda forma de explotación y opresión.

Hoy, 17 de octubre, terminó la cumbre en Egipto con una exhortación verbal a un “cese de hostilidades”. Para ello, hubo una gran presión de Clinton, pero nada asegura que el “cese” funcione. Hay un capítulo abierto, que es de resultado incierto si no son las masas explotadas –con absoluta independencia de las direcciones burguesas y sus agentes, se llamen como se llamen y sean de la religión que sean– las verdaderas protagonistas de los violentos procesos que sacuden la región.

 

Liga Socialista Revolucionaria

17/10/2000

 

 

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