Seguramente
nada tienen que ver “Los Redondos” con la reforma del Sistema Previsional, sin
embargo, después de la muerte anunciada del régimen público de jubilaciones a
ningún trabajador le pueden caber dudas: el futuro ya llegó, todo un palo.
La historia
se remonta a octubre del ’93. Con la sanción de la Ley 24.241 se instauró un
engendro único en el mundo: un sistema mixto de jubilaciones y pensiones. Con
la excepción de El Salvador y Chile, cuyos sistemas jubilatorios son totalmente
privados, y de Canadá, donde el Estado ejerce una especie de protectorado, en
el resto del mundo los sistemas jubilatorios son estatales.
Fue así como
“el primer mundo menemista” prometió liberarnos de todo mal: todos los
trabajadores podrían optar por jubilarse a elección, en el régimen público o en
el privado, vía las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones
(AFJP). El Estado garantizaba el pago de la Prestación Básica Universal (PBU),
que en la actualidad es de $ 200, y de la Prestación Compensatoria (PC) por los
aportes hechos al viejo sistema hasta el 30/06/94 cualquiera fuera el régimen
elegido. Por eso, en la actualidad, la jubilación mínima ronda los $ 350,
mejora sustancial si se tiene en cuenta la mínima de $ 150 de la vieja Ley.
Lo que “ el
primer mundo menemista” no les dijo a los trabajadores fue que si no optaban a
tiempo iban a ir parar a una AFJP. Que a partir de junio del ’98 todo aquel que
hubiera optado por una AFJP ya no podría volver al régimen de reparto (estatal)
o que las pensiones y las jubilaciones por invalidez no sólo no iban a tener
mejora alguna sino que, por el contrario, los haberes serían inferiores a los
de la vieja Ley.
En abril del
’95, se fijó por Ley un haber mínimo de $ 150, pero sólo para el régimen
público. El régimen de capitalización no tiene base mínima. Por esa razón, por
ejemplo, hay pensionados que cobran mensualmente $ 24,90 y hay jubilaciones por
invalidez de $ 74.
La reforma
previsional por Decreto, que anunció De la Rúa, a cambio de los 6.000 millones
de dólares que le prometieron los bancos dueños de las AFJP y las AFJP, no es
otra cosa que el proyecto original de la Ley 24.241, tal como lo había presentado
Menem en los primeros años de su gestión. Dicho proyecto planteaba que,
obligatoriamente, todo trabajador menor de 45 años debía aportar al régimen de
capitalización.
En su
momento, la sanción del proyecto no prosperó porque los legisladores de la UCR
y del Frepaso, con Chacho Alvarez y Federico Storani a la cabeza, se opusieron.
El actual propósito de De la Rúa, tampoco dista de la desaparición gradual de
la PBU que pretendió llevar a cabo el menemismo en el ’99, la que tampoco
prosperó por las mismas razones. Y en nada se diferencia del aumento gradual de
la edad jubilatoria de la mujer a 65 años, que tuvo el mismo resultado.
Ante estos
hechos, los trabajadores de ANSES reaccionaron de inmediato en defensa del
sistema estatal y de su fuente de trabajo. Exigieron a los gremios que
nuevamente se forme la intersindical y votaron en asambleas el paro activo por
tiempo indeterminado en los lugares de trabajo. Y realizaron, solos o con otros
trabajadores en lucha, cortes de calles y de rutas y marcharon al Congreso el
miércoles 15 con los trabajadores del PAMI, los desocupados y los jubilados.
El decreto
en cuestión, que constaría de 58 artículos, aún no se firmó. En este momento se
cambiaron los roles, y el menemismo juega a ser el que se opone.
Lo que
perdura son los planes del FMI, “en el ’93 y en el 2000 también”; con Menem o
con De la Rúa, el instrumento da lo mismo.
Corresponsal (ANSES Capital)