La Destitución de Fujimori

Jaque Mate al Rey

 

Terminó. El régimen más totalitario de Latinoamérica saltó por los aires. Fujimori, hoy en Japón, fue perdiendo una tras otra todas las piezas que estuvo dispuesto a sacrificar para permanecer en el gobierno, y terminó quedándose sin nada de su pasado poder casi monárquico. Jaque mate al rey.

Temiendo que Fujimori intentara presentarse en las próximas elecciones legislativas, el Parlamento rechazó su renuncia, lo destituyó por "incapacidad moral" y lo condenó “a imposibilidad de por vida para ejercer cargos públicos". De esta manera, le cortaron acceso a una inmunidad parlamentaria que lo hiciera zafar de los juicios que lo vinculan con el tráfico de armas, innumerables hechos de corrupción, narcotráfico y atropellos democráticos varios.

Menos de siete meses pasaron desde las fraudulentas elecciones en las que Fujimori ganó presentándose como único candidato en la segunda vuelta. En ese período, las presiones internas de la oposición y del pueblo peruano fueron aumentando a niveles insostenibles y, articulados por la intervención norteamericana (vía la OEA y su Mesa de Negociaciones), abrieron el camino del recambio presidencial.

Es importante no embriagarse en los festejos que legítimamente provoca la sensación de haberse librado del tirano. La inmensa mayoría de los trabajadores y el pueblo peruano ha vivido el corolario de los últimos meses, como producto de sus masivas manifestaciones y como vitales protagonistas. Tal vez, esto contribuya a alimentar la confianza en sus propias fuerzas y enfrentar las medidas que el nuevo gobierno preparará luego de la borrachera de festejos.

Para comprender los motivos de fondo que sostuvieron durante una década el gobierno de Fujimori, y que hoy determinaron el repentino final del dictador, hay que tener en cuenta dos elementos muy importantes: Por un lado, el rol de los Estados Unidos como sostén y verdugo del “Chino”, de acuerdo a lo que dictaron sus conveniencias en la región, hoy signadas por el Plan Colombia y que obligan al imperialismo a buscar las vías de dominación que disminuyan el riesgo de estallidos en América latina. Por el otro, no se puede perder de vista la profunda crisis económica, social y política de Latinoamérica en general y de los países andinos en particular, que ha transformado sus “democracias” en regímenes altamente presidencialistas y con una fuerte presencia en el poder de las Fuerzas Armadas.

El Secretario General de la OEA, Cesar Gaviria (presidente colombiano hasta 1994) abrió la Reunión Andina contra la Corrupción realizada en Colombia el pasado 19 de noviembre, llamando a "realizar un trabajo en equipo (entre los países andinos y la OEA) contra un mal que aqueja a toda la región: La corrupción, de la cual Montesinos y el último período del Perú han sido uno de los casos más patéticos y dañinos que le tocó vivir a nuestros países en la etapa democrática". Horas más tarde, Fujimori presentaba su renuncia en la embajada peruana de Japón a su cuñado y efectivamente, un trabajo en equipo (el de EE.UU. y el sector burgués opositor a Fujimori), era el principal responsable. Sobre la legítima bronca popular contra el tirano y su cómplice Montesinos, acumulada a lo largo de los años, el imperialismo decidió que su viejo aliado debía ser removido y de esta manera intentar evitar posibles desbordes y contagiosos estallidos en la delicada zona americana.

El nuevo presidente, Valentín Paniagua, es el secretario general del tradicional partido Acción Popular. Un partido burgués que en las últimas cuatro décadas estuvo dos veces manejando el poder peruano desde el gobierno. Bajo las dos presidencias de Fernando Belaúnde Terry, Paniagua fue ministro de Justicia primero y de Educación después, además de las varias veces en las que fue elegido diputado.

Una de las primeras medidas que tomó Paniagua, el transitorio primer mandatario, fue nombrar como Primer Ministro a Javier Pérez de Cuellar, ex secretario general de la ONU y hombre de total confianza para la Casa Blanca. Otro hombre que goza del respaldo de EE.UU. es el líder de la (hasta hace algunos días) oposición, Alejandro Toledo, quien se encargó en estos días de sumar adhesiones contra Fujimori en una gira por diferentes países (entre ellos Argentina) a cambio de tranquilizantes garantías del rumbo económico y político que pretenden para el próximo período.

Las cúpulas militares han sido barridas y las nuevas prometieron lealtad al nuevo presidente y “a la defensa de las instituciones democráticas peruanas”. Dejando de lado el valor de las promesas militares, la estabilidad del actual período presidencial y del que promete abrirse luego de las elecciones presidenciales de abril, dependerá en gran medida de seguir o no manteniendo la impunidad de las genocidas fuerzas armadas. Horas antes de la renuncia de Fujimori fueron adelantados los retiros de varios generales del ejército vinculados con Montesinos con el consiguiente ascenso de la segunda línea. Unos y otros, luego del acuerdo firmado el 20 de marzo de 1999 entre las tres armas, gozarían de un pacto castrense para protegerse de probables atropellos democráticos. Habrá que ver si se puede mantener.

El rimbombante anuncio del imperialismo y la burguesía peruana respecto del ingreso a “una nueva etapa de revitalización de las instituciones democráticas”, es un engaño completo. Se anuncia una histórica mayoría parlamentaria adversa al fujimorismo, sin mencionar que está conformada por los mismos diputados coimeros que ayer se enriquecieron con las millonadas provistas por Montesinos y han huido como rata por tirante con el hundimiento del barco. ¿Y Montesinos? Paniagua no ha dicho ni una palabra acerca de dónde se encuentra él y todos los videos que muestran a los hoy honestos congresales, recibiendo una honesta pila de billetes por levantar la mano correctamente. Hasta han hecho correr el rumor (lo hizo Toledo) de que “el monje negro” estaría muerto.

Se destituyó a la cúpula militar montesinista por corrupta y por violar los Derechos Humanos. Como por arte de magia se anuncia entonces: ¡Se acabó con la corrupción y con los atropellos y asesinatos militares! Los corruptos y asesinos serían entonces solamente una docena de militares y no toda una institución que ha dedicado a estos dos nobles objetivos su razón de ser de manera escandalosa. Nada ha dicho, ni Paniagua ni nadie, acerca de la libertad de los miles de presos políticos peruanos ni del líder de Sendero Luminoso Abimael Guzmán. Tampoco del castigo a los asesinos de profesores y estudiantes de la Universidad de la Cantuta y de las miles de víctimas de la dictadura. De eso no se habla.

“Fujimorismo transparente”, es la orden de Washington, y el mejor traje que luce hoy la burguesía peruana.

 

Mario

 

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