Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Italia...

Crece la Bestia Neonazi

 

            El neonazismo, que aparece desde hace tiempo como un fenómeno aislado en Austria –con Haider en el poder– y Alemania, no es una rareza dentro del contexto europeo. Las relaciones económicas a las que Alemania intenta someter al resto de los países europeos, dan pie a los grupos fascistas y neonazis, que ya dejaron de ser algo extraño para la población o ajeno a las burguesías nacionales de cada país.

En Alemania, los ataques racistas no dejan de sucederse: suman 7.000 en lo que va del año. Tienen su epicentro en Alemania oriental, donde se produjeron cuatro asesinatos sólo durante el 2000, y el último ante la mirada de 200 personas, un niño de 6 años que en una pileta fue torturado, drogado y ahogado, sin que nadie dijera nada y con el silencio cómplice de la policía y la justicia. Tres grandes partidos de ultraderecha –DVU, REP y NDP– declaran tener 17.000, 14.000 y 6.000 miembros y existen cerca de otros 150 grupos menores reconocidos por los servicios de inteligencia. Hay un importante crecimiento de tendencias neonazis dentro del ejército, que parece tener preocupada a la burguesía alemana.

En medio de este panorama el gobierno, con el socialdemócrata Schroeder a la cabeza, se propone dar una pelea “legal” y social contra estos brotes neonazis y xenófobos. Decidió la asignación de 34,8 millones de dólares –provenientes de un “fondo social europeo”– destinados a actividades educativas preventivas entre los adolescentes de la parte oriental, realizó a fines de agosto una gira antirracista en diversas ciudades del Este y condenó a cadena perpetua a uno de los asesinos del mozambiqueño Alberto Adriano. Además, Schroeder presentó el 9 de noviembre una solicitud al Tribunal Constitucional para prohibir al Partido Nacional Democrático (NPD).

En Austria, como es sabido, desde febrero coparticipa en el gobierno el confeso admirador de Hitler Joerg Haider –que dirige el Partido Liberal– en alianza con el Partido Popular. Al margen de la caída del 16 al 12% del Partido Liberal en las recientes elecciones regionales del mes de octubre, Haider ha conseguido en los últimos meses dos relativos triunfos que refuerzan su figura no solamente hacia dentro de Austria. Estos dos hechos son el levantamiento –fundamentalmente a instancias alemanas– de las sanciones que la Unión Europea le había impuesto a Austria a comienzos de febrero, y la negativa a adoptar el euro en el referéndum que se realizó el pasado mes en Dinamarca.

En Italia, en los últimos días, F. Storace, dirigente de la Alianza nacional -socio de la oposición de centroderecha liderada por Silvio Berlusconi- promovió crear una comisión que revise los textos escolares acusados de parcialidad marxista. Esta no es una información menor ya que Berlusconi lleva diez puntos de ventaja en los sondeos para las próximas elecciones, y tiene relaciones que intenta ocultar con la fascista Liga del norte de Umberto Bossi y con el propio Haider.

En Dinamarca y Bélgica, las expresiones neonazis y fascistas son de menor envergadura, cualitativa y cuantitativamente, pero igual tienen mucha importancia. Dinamarca es el país donde se alojan la mayoría de los sitios de Internet de los agrupamientos europeos de extrema derecha, y donde se imprime el mayor número de publicaciones de ese tipo. Por otra parte, el Partido del Pueblo Danés (extrema derecha) obtuvo, en las últimas elecciones, el 5,8% de los votos, y con la negativa en el referéndum –que ellos alentaban “contra el gran enemigo alemán”– también ganaron cierta relevancia.

En Bélgica, en las provinciales y municipales del mes pasado, el ultraderechista Bloque Flamenco –de reconocida campaña antinmigratoria y a favor de la independencia de Flandes– ganó en Amberes, la segunda ciudad del país, y obtuvo una buena votación en el resto del país.

 

¿La Unión Europea y la burguesía alemana combaten a la extrema derecha?

 

Un problema central que tiene la Unión Europea, y el gobierno alemán en particular, es cómo enfrentar la penetración económica del imperialismo yanqui y cómo resolver, a su favor, la disputa por mercados como América latina –acá también entra el problema de Colombia– y Asia.

En consecuencia, la Unión Europea y el euro necesitan ser lo más fuertes posible.

Por eso, aunque por un lado “combaten” dentro del territorio alemán el horror emanado de las fuerzas neonazis, por el otro, levantan las sanciones al gobierno austríaco, con el argumento de que al no haber sanciones se evitaría darle pretextos a Haider para que siguiese creciendo (aunque los socialcristianos alemanes siguen apoyando financieramente al Partido Liberal).

El interés imperialista y capitalista prevalece por sobre la posibilidad de que crezca un monstruo que ya no tiene nada de fantasma: es tan corpóreo como los inmigrantes muertos, o molidos a golpes, a manos de los neonazis en Alemania.

La posibilidad real de lucha contra cualquiera de las formas de la extrema derecha está en no supeditar ningún planteo ni acción a los dictados de la burguesía, por más que sí debamos confluir con ella en acciones antifascistas.

La lucha contra el horror neonazi debe ser llevada adelante todos los días y en todas partes del mundo donde éstos aparezcan.

Porque aunque la burguesía pelee contra ellos en determinadas circunstancias, su enemigo no es la extrema derecha sino la clase obrera, la única que puede ser su sepulturero.

 

MAXI

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