El espejo de la educación es el derrumbe en el Moreno

 

A alguien de otro planeta le puede resultar extraño el grave accidente ocurrido en el Mariano Moreno. Pero, lamentablemente, para el estado de la educación en Latinoamérica, esto es algo que podría ocurrir casi todos los días. Porque así como se derrumban los edificios de las escuelas, día tras día también se derrumba la poca educación estatal que aún sobrevive.

           

El viernes 13 de octubre (y no por obra de la “yeta”) se derrumbó parte del piso del patio en el tradicional colegio Mariano Moreno, de Av. Rivadavia al 3700 de la Capital Federal, a 10 minutos de la Casa Rosada. El derrumbe abrió un pozo de tres metros de diámetro y tres de profundidad. En él cayeron tres alumnas del segundo año que sufrieron sólo lesiones menores gracias a que la tierra les hizo de “colchón” y unos caños quedaron cruzados de un modo tal que impidieron que se les cayera material encima, lo que les hubiera provocado la muerte.

            La comunidad educativa del lugar no se vio sorprendida por este hecho ya que desde hace bastante tiempo hay aulas cerradas por temor al derrumbe, sin agua en varios baños y con algunas tejas del techo caídas por el sólo peso de alguna paloma distraída que se posó sobre ellas, entre otros inconvenientes edilicios.

            Los alumnos, padres y docentes del Moreno se movilizaron hacia la Legislatura, donde fueron recibidos por el secretario de Educación de la Ciudad, Daniel Filmus. De esa reunión, obtuvieron, por ahora, una sede de la Universidad Católica para que se puedan seguir dictando clases, la promesa de que se contemplen viáticos o micros para el traslado de los alumnos, y el compromiso de destinar una partida para la refacción del edificio.

            Pero en la sede de Rivadavia al 3700 también funciona el Instituto Superior del Profesorado Joaquín V. González, al que no le adjudicaron lugar alguno para que funcione mientras se espera la refacción del edificio. Por lo tanto, el Profesorado sigue funcionando en el mismo lugar y en las mismas condiciones de peligro de derrumbe, sin agua, y hasta en sótanos muy poco saludables, a pesar de las movilizaciones a la Legislatura y los cortes de calle. Sumado a esto, recordemos que es en este Instituto donde varios docentes fueron amenazados de muerte por un grupo neonazi (ver Bandera Roja 48).

            Si bien al Joaquín le prometieron un edificio propio, no es de esperar que esto se cumpla, ya que la promesa data de hace ya 50 años, cuando funcionaba en la esquina de Av. de Mayo y San José. Parece que para el Joaquín, al igual que para los trabajadores, el sueño de la casa propia es algo inalcanzable.

                       

Preparan el camino de la privatización

                       

            No es casual que las escuelas se caigan a pedazos. Tampoco es casual que los funcionarios tomen con toda naturalidad tanto el “accidente” en el Moreno como la muerte de Silvia Roggetti, docente de Neuquén, quien falleció porque chocó con una estructura de hierro que se derrumbó (ver Bandera Roja 48).

             Es la misma naturalidad que tuvieron los medios masivos de comunicación, que sólo “informaron” del hecho el día del derrumbe y el siguiente, para luego enterrar el tema en el olvido. ¿A quién puede importarle, si miles de casos parecidos, o aun peores, se suceden cotidianamente en todo el país? Difundir las penurias y reclamos del Moreno y el Joaquín, ya no era ganancia, ¡perdón!, noticia_

            Tampoco es casual que se hable de la falta de presupuesto para justificar el mal estado de los edificios, sin establecer ninguna vinculación con el destino de los fondos que no se invierten en educación.

            Como tampoco es casual que justo ahora que se está terminando de discutir de qué manera se “consensua” la implementación de la reforma en el sector educativo, se estén vaciando y abandonando las escuelas municipales y dejando las puertas abiertas a las empresas privadas. Primero se encargarían de refaccionar las escuelas con dinero de la comunidad, y luego les pondrán un cartelito en la puerta: Prohibido Pasar, Propiedad Privada.

 

Isadora

 

 

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