ESTADOS UNIDOS Y EUROPA SE DISPUTAN EL PLANETA Y HUNDEN A LOS
TRABAJADORES Y LOS PUEBLOS
El 7 de
noviembre es el 83º aniversario de la Revolución Rusa, que es la gran
experiencia en la cual el proletariado toma “el cielo por asalto”,
parafraseando la definición que hace Marx respecto de la Comuna de París, que
dura 71 días.
La
Revolución Rusa es una conmoción que no dura unos cuantos días, sino que dura
varios años. Logra derrotar militarmente a la contrarrevolución imperialista en
un frente de 8.000 km, enfrentando a 14 ejércitos.
Y es un
chispazo que ilumina al planeta en muchos sentidos. La clase obrera mundial se
divide a favor o en contra de la Revolución Rusa. Divide a los partidos socialistas
y provoca un resurgir muy poderoso de la lucha de clases en todos los continentes.
El hecho más destacado es el comienzo de la revolución alemana de noviembre de
1918, que pone fin a la primera guerra mundial.
La
Revolución Rusa confirmó que es posible derrotar a la burguesía y extender la
revolución por el mundo. Pero al mismo tiempo confirmó que si no se derrota a
la burguesía a escala planetaria, inevitablemente la revolución retrocede, y la
burguesía y el imperialismo avanzan. Avanzan y terminan ahogando y haciendo
retroceder a la revolución. Ese es el proceso que vivió Rusia.
Se
demostró que el capitalismo mundial, en particular el imperialismo europeo, que
era clave, tenía una capacidad de resistencia muy grande. Y estaba dispuesto a
ofrecer resistencia al precio que fuera.
Alemania
se rindió en la primera guerra mundial sin que hubiera entrado un solo soldado
aliado en su territorio. Se rindió porque el 9 de noviembre estalló la
revolución en Kiel, en un puerto del mar Báltico. Se amotinaron los marineros y
empezaron a formar soviets. Y los grandes generales alemanes van a ver al
Kaiser (al rey) y le dicen: “Renuncie, llame a la socialdemocracia, se terminó
la guerra, ¿dónde hay que firmar la paz?”. Y eran generales prusianos:
Hinderburg, Ludendorf. Eran grandes estrategas, pero dieron prioridad a
reventar la revolución antes de que se extendiera como una mancha de aceite en
Alemania y no la pudieran parar.
Así
termina la primera guerra mundial, no se termina con la bomba atómica, como
pasó con la segunda en Japón. Se termina con el fantasma de la revolución
obrera que aparece y el alto mando alemán saca al rey, se rinde frente a los
aliados, firma lo que le pidan en la “Paz de Versalles”. Firman todo, con tal
de impedir que la revolución triunfe en Alemania, que era la gran apuesta de
Lenin.
Lenin
decía: “Hay que tomar el poder para ayudar a la revolución europea y, en
particular, a la alemana”. Pero la burguesía y sus aparatos militares, civiles,
etc., actuan para ahogar ese proceso, en una combinación de concesiones y balas
contra la revolución alemana. Y la socialdemocracia se presta, también, a todo.
Entre otras cosas, a asesinar a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en enero de
1919.
La
Argentina no estuvo ajena a ese proceso, hasta el punto que la burguesía llama
“Semana Trágica” a la huelga revolucionaria de enero de 1919, que se desató con
la huelga de los talleres Vassena. La burguesía la llama “trágica”, porque es
la primera vez que sintió el frío de la muerte en la nuca. Sin embargo, no fue
trágica, fue la acción más importante y heroica que realizó la clase obrera
argentina. Posiblemente muy superior al “Cordobazo”. Pero pasó a la historia
con ese nombre, que nadie cuestiona; ¿trágica para quién? (quieren hacerla
aparecer como “neutra”).
La
Revolución Rusa, y el proceso posterior, ponen muy “blanco sobre negro”, un
dilema histórico que está presente hoy: o revolución socialista o barbarie
capitalista.
Salvo un
breve paréntesis de unos 20 años –que es un paréntesis muy relativo– ese dilema
signó a todo el siglo XX. Al no triunfar la revolución proletaria en Europa, se
abrió paso la barbarie del nazismo, del holocausto, del fascismo, del nacionalismo;
sobrevino la segunda guerra mundial, con sus 50 millones de muertos. El
proletariado salió de ella agotado.
Con la
experiencia de la primera guerra mundial, la burguesía busca que, a la segunda,
no le sucediera la revolución. Y los imperios “democráticos” destrozaron sin
misericordia al proletariado alemán con bombas convencionales, y al japonés con
la bomba atómica. Ellos habían aprendido la lección.
Ese
dilema se trasladó a la periferia, porque no es que no hubo guerras desde 1945.
Hubo infinidad de guerras: hubo 30 millones de muertos en la etapa más pacífica
de Europa. Vietnam es el ejemplo más espantoso, pero no es el único. Está
Africa, Asia, y ni que hablar de Medio Oriente. Ese dilema sigue absolutamente
planteado en todos los continentes.
Por
ejemplo, la descolonización fue un fenómeno positivo. Pero un fenómeno positivo
donde la última palabra la tuvo el imperialismo. En consecuencia, dejó un arsenal
de bombas bien distribuidas para controlar la situación.
Veamos
lo que es hoy el mapa de Medio Oriente. No sólo dividieron con líneas rectas
los actuales países árabes sino que, además, en Palestina, crearon un estado
tapón expulsando a la población local, y dieron lugar a un montón de emiratos y
monarquías. Todas esas dinastías que existen, el rey de Arabia Saudita, el emir
de Qatar, el rey de Jordania, todos estos títulos que parecen nobiliarios,
todos esos personajes que tienen dinero para derrochar en cantidades
industriales, son inventos de los ingleses. Se habla de la dinastía Hashemita,
pero fue inventada por Churchill: como necesitaba dividir Palestina, nombró un
rey, empalmando con las tradiciones de la región. Y todo eso está instaurado,
no se discute: es la “casa real Hashemita”. Así se logró dividir a los palestinos
de Jordania y de Cisjordania. Armaron el rompecabezas que hace 10 años
participó de la Guerra del Golfo. Todo es un invento en la región (por ejemplo,
Kuwait, también es un invento).
Otro
ejemplo: en 1958 se formó la República Arabe Unida, que unía a Egipto y a
Siria, a la que estaba a punto de unirse Irak. El partido gobernante en Siria
se llama el “Baath”, y es el mismo partido que gobierna en Irak. Porque la
división es una división artificial, armada por los ingleses y los franceses. Ellos
se quedaron con el Imperio Otomano, que era el imperio turco, que controlaba la
región hasta que fue derrotado en la Primera Guerra. Y después de la Segunda la
partieron, cuando tuvieron que descolonizar, dividieron el territorio en mil
pedazos, que son los estados que hoy conocemos.
Lo mismo
hicieron con países que hoy están con el dedo en el gatillo atómico: India y
Pakistán. Ya hicieron tres guerras en los últimos 50 años, y ahora tienen armas
atómicas, en uno de los territorios de mayor concentración de población del
mundo.
El mismo
dilema de revolución socialista o barbarie capitalista, que signó a todo el
siglo XX, es el desafío con el cual se entra en el XXI. Y es el que signa casi
todo lo que está pasando en este momento en el mundo. Yugoslavia, y las guerras
en los Balcanes; las guerras étnicas y religiosas de Argelia, de las que no se
habla, y provocaron más de 100.000 muertos.
El
Congo, y toda el Africa Subsahariana, es área de disputa entre Estados Unidos y
los viejos “dueños”, que son los europeos. Hace poco salió una noticia, medio
perdida, que decía que hubo dos millones de muertos en el Congo. No se sabe a
ciencia cierta, porque las burguesías “tapan” sistemáticamente estos crímenes. Pero
en Ruanda mataron a un millón; y entre los hutus y los tutsis ni siquiera hay
un problema étnico: ambos son iguales. Para matarlos, tenían que obligarlos a
mostrar la cédula de identidad: sólo así podían saber si eran hutus o tutsis.
Es así
como se hizo la descolonización. Si se mira un mapa político de Africa, se
puede ver que las fronteras son todas líneas rectas: no hay ríos o montañas
sinuosas que separen países con líneas. Y Medio Oriente es exactamente igual.
La
barbarie que asoló en la década pasada, por ejemplo, a los Balcanes. Se
despanzurró Yugoslavia, hubo cientos de miles de muertos, minorías que venían
siendo reprimidas fueron arrasadas, y es un problema que hoy todavía sigue. Es
que no tiene solución, porque no hay una posible solución, ni nacional, ni
étnica, a los problemas heredados de la colonización capitalista-imperialista.
¿Qué va
a pasar con Montenegro después de que Yugoslavia se partió en cinco o seis
pedazos? La OTAN está ocupando, de hecho, la Península. Con lo cual la
población no sólo tiene el problema de sacarse de encima a la burocracia (nacionalista,
proimperialista y genocida), a la burguesía y a todas sus lacras, sino que
tienen que expulsar a la OTAN que tiene 50.000 hombres sólo en Kosovo, por
ejemplo, y otros 60.000 en Bosnia. No se trata de una lucha intelectual,
ideológica; es una lucha que sólo se resuelve a balazos.
Lo de Medio Oriente tampoco tiene solución
nacional. Hoy, los imperialistas tratan de tapar todo el horror que siembran
por el mundo, con las noticias de los atentados de la ETA. Pero por cada muerte
provocada por la ETA, hay 50 o 100 palestinos asesinados Eso es muy evidente. Y
sobre la base de una lucha horrenda, desigual, desgarradora, como es la de
niños enfrentando con piedras a un ejército de primer nivel.
Al mismo
tiempo, Arafat y las burguesías árabes y palestinas, han sido “la gran
conducción de derrotas” durante medio siglo. Han llevado a los pueblos de
desastre en desastre, tratando de encontrar una solución nacional, religiosa, o
variantes por el estilo, que son inevitablemente imposibles. Porque sólo se
puede terminar con el estado de Israel apelando a la lucha de clases, y con una
política para destruir también a todos los estados capitalistas de la región.
No se va
a conquistar la paz de la mano de una guerra nacional, sino de guerra de
clases, que incluya a los obreros judíos. Y tampoco con la política de “tirar a
los judíos al mar”, que muchos pregonan, con la cual lo único que se logra es
soldar al “pueblo elegido” detrás del sionismo y sus métodos nazi-racistas.
Otro
ejemplo es el Plan Colombia, que sigue en marcha. Y que significa establecer
una relación militar de América latina con Estados Unidos, similar a la que
tiene Africa con Inglaterra y Francia. Donde no necesitan ningún permiso para intervenir,
por ejemplo, en Sierra Leona. No se conmueve nadie en el mundo porque en
Freetown bajan los marines ingleses, es tan “normal” como si desembarcaran en
el puerto de Londres. Ese es el camino de América latina si el Plan Colombia
prospera.
Al no
haber sido derrotado el capitalismo en el mundo, por más que haya habido
desarrollo técnico y científico en muchas áreas, en realidad hay una regresión
absoluta. La miseria, las guerras, las cifras de la gente que vive con un dólar
por día, o con menos de un dólar, los 900 o 1.000 millones de desocupados, la
degradación de las condiciones de vida y del planeta, y el embrutecimiento del
trabajo humano valen para todo el mundo.
Incluso
en Estados Unidos, después de diez años de desarrollo descomunal, aumentó la
pobreza absoluta: lo opuesto a la “teoría del derrame”. Lejos de haber
“derrame”, el 1% más rico se hizo 15% más rico; y el 14% que está por debajo
del nivel de pobreza, aumentó su miseria. Y se trata de Estados Unidos, un país
que se presenta como modelo a imitar para el mundo.
Es
global la degradación de las condiciones de vida en todos los terrenos. Por
ejemplo, viejas plagas que estaban erradicadas hace un siglo, han vuelto a
aparecer en toda América latina, y han surgido otras nuevas, como el Sida.
Se vive
una contradicción terrible: por un lado el desarrollo científico y técnico ha
ido derrumbando casi todos los mitos, religiosos, o esotéricos, en relación con
un siglo atrás. Casi todos los “misterios” han ido encontrando una explicación
material que los deja sin sustento.
Sin
embargo, en lugar de ser más independiente la cabeza humana, hay un crecimiento
descomunal de todo tipo de religiones, oscurantismos o esoterismos. En la
Argentina también podemos verlo. En Francia, el 40% de la población consulta
diariamente el horóscopo como una cosa crucial (“¿qué voy hacer hoy, qué me
dice la carta astral?”).
Hace
poco salió un libro de Housbawn (un historiador que ha hecho aportes
interesantes), donde él opina que estamos viviendo un apogeo descomunal desde
el punto de vista cultural, porque hay una “cultura de masas” a través de los
“enlatados” para TV... Esto es, por supuesto, un tema muy discutible, que da
para una linda polémica. Yo opino lo opuesto, creo que hay un embrutecimiento
global, desinformación permanente.
En
épocas de dictadura militar, había transmisiones en cadena, todas las noches
pasaban los “partes”. Ahora, se elige una cadena de TV por cable, y toda la
información está direccionada. Mientras se cortaba la ruta 3 en La Matanza, con
De Gennaro llamando a un paro general, parecido a lo de Moyano, la noticia que
ocupaba todos los “informativos” era que el delincuente “Tractorcito” cayó
preso en Bahía Blanca. Por supuesto, además, los mismos medios ni siquiera
recordaban que ellos mismos habían hecho correr la versión de que “Tractorcito”
era quien había organizado la fuga del Departamento Central de Policía en
Buenos Aires. Y ahora mostraban que cayó como una rata de albañal, como un
“perejil”.
Si esto
se compara con lo que era la cultura obrera de fines del siglo XIX y principios
del XX (previo a la Primera Guerra), nos encontramos con dos mundos distintos. El
anarquismo, el socialismo, fueron vehículos de cultura para millones. En países
como la Argentina o el Uruguay, el teatro nace con el anarquismo; las
bibliotecas populares, con el socialismo; son millones y millones los que
aprenden a leer y escribir. La primera tarea que tenían los anarquistas era
enseñar a leer y escribir. Y, en cambio, hoy, el grueso de la gente crece en un
analfabetismo funcional: escucha la radio, mira la TV_ hay una degradación
global de las condiciones de vida y de existencia. La ley de ocho horas, por la
cual murieron miles y miles, es un “viejazo”, algo que era de 1928 y ya no
existe más; se trabaja 12 o 14 horas, si se tiene empleo, o no se trabaja nada.
Ese es el capitalismo de hoy.
Cuando
decimos “o revolución socialista o barbarie capitalista”, no estamos haciendo
futurología: estamos describiendo el presente.
Ilumina
de conjunto la política de hoy, por ejemplo en Latinoamérica. Veamos lo
siguiente: el ministro de Defensa de Estados Unidos no acompañó a Clinton en su
viaje a Egipto, para poder ir a Manaos, a firmar con López Murphy un acuerdo de
absoluta reserva militar. Y ese tratado, de hecho, es explosivo para el
Mercosur. Porque dentro de él, la Argentina es aliada privilegiada de Brasil, y
sin embargo, a partir del acuerdo, no le puede pasar la información militar que
le provea Estados Unidos. Están preparando la explosión del Mercosur, para ver
si logran imponer el ALCA (el tratado de “libre comercio” de Alaska a Tierra
del Fuego), para establecer un salto en la colonización yanqui de América
latina, acompañando el anillo de bases militares que están desparramando por
todo su territorio.
Esto, en
parte, también explica los hechos en Perú. La “neutral” banca suiza, la misma
que “bancó” a Hitler, descubrió casualmente que Montesinos tenía 50 millones de
dólares en tres cuentas. Algo más de un mes antes, se había publicitado una
filmación donde se ve a Montesinos pasando una coima de 15.000 dólares a un
diputado. Si se lo pudo filmar, es porque hay poderes fuertes que están
dispuestos a hacerlo; esto es la CIA, los servicios de inteligencia_ ¿Y por qué
sale a la luz todo esto ahora, si ya hace ocho años que está Montesinos
haciendo absolutamente lo mismo?
Simplemente
porque Perú es un país muy importante para involucrarlo en el Plan Colombia. Y
no se puede contar con meter a combatir tropas peruanas, que no estén
férreamente disciplinadas. Es muy fácil que se derrame el conflicto en la región.
Hace pocos días se conoció la noticias de campesinos que se pasaban de Colombia
a Ecuador, y junto con los campesinos pasaban guerrilleros, cocaleros_
Y hoy
Perú está fracturado. La reelección ultratrucha de Fujimori, y un frente
interno partido al medio, en un eventual proceso de guerra es jugar a la ruleta
rusa con el tambor lleno. No se puede meter en la guerra a un país que está,
como mínimo, partido al medio. Necesitan poner orden, reestructurar el frente
interno; por eso hay que barrer a Fujimori; y ésa es la política de los
yanquis. Por eso la banca suiza “descubre” ahora los 50 millones. Tratan de
mostrar, por ejemplo, el absurdo de que aparece Fujimori, como si fuera un
detective, buscando con una lupa a Montesinos. Pero lo que hay es una pelea por
el poder. Incluso se levantó un sector pequeño del ejército. Sin embargo, es
evidente que debe tener la simpatía de todo un sector de los mandos medios, de
lo contrario los hubieran reprimido con plomo.
Todo
tiene elementos de sainete, como si se tratara de una cosa ridícula. Pero
pensemos que lo de Chacho Alvarez en la Argentina, también debe ser presentado
en el exterior como una cosa ridícula. Y nosotros tenemos que ser capaces de
ver que, en realidad, se trata de hechos que tienen profundos contenidos
políticos, muy reaccionarios.
De algún
modo, todo en América latina está vinculado con el plan Colombia. En Bolivia,
por ejemplo, Estados Unidos se ofreció a perdonarle la deuda externa. Eso dijo
Clinton, ¿por qué?: por el buen cumplimiento de Banzer en la erradicación de
los cultivos de coca al costo que sea. Porque quieren quedarse con el negocio
de la coca que mueve 500.000 millones, o 300.000 millones, no se sabe bien
(porque, además, no hay nadie que lleve una contabilidad al respecto), pero son
cifras muy, muy grandes.
El tema
es que uno tiene que tratar de pensar, y de armar el rompecabezas que es la
“información”, que se presenta absolutamente fragmentada, y minimiza hechos de
importancia descomunal. El acuerdo militar secreto que firmó López Murphy con
el secretario de Defensa estadounidense pasó totalmente desapercibido. Y la
relación entre esa noticia, y lo que pasa en Perú o Bolivia con el Plan
Colombia, no existe desde los medios de comunicación. Que la caída (o renuncia
forzada) de Chacho Alvarez tenga también que ver con una ofensiva de conjunto
en la región, aparece como un análisis “raro”. Nada parece tener que ver con
nada. Y nosotros creemos que es exactamente al revés, que todo tiene que ver
con todo, más allá de que existan contradicciones específicas de cada país, que
hay que analizar. Pero hay que analizarlas a partir del marco más general.
Hay una
pelea entre los europeos y los yanquis por el control de Latinoamérica. Y un
sector de la burguesía, en particular de la burguesía brasileña, trata de
resistir. Esa resistencia tiene los límites que se pueden esperar de cualquier
burguesía de estos países. Pero Brasil es un gran país y, para resistir, se
apoya en Venezuela que, a su vez, se apoya en Fidel Castro, la socialdemocracia
y el imperialismo europeo en general.
El gran
drama de Cuba era el abastecimiento de petróleo; ahora, la tercera parte
–57.000 barriles por día– se la provee Venezuela, con dos años de gracia y con
fletes bajísimos porque están muy cerca.
Hay una
pelea para ver quién se queda con la colonización de América, si Estados Unidos
o de nuevo España, para decirlo simbólicamente. Y, por ejemplo, en el caso de
la Argentina esto no es simbólico, ya que España es el principal inversor,
igual que en Cuba.
Acompañando
esta pelea, hay movidas de todo tipo. No es una casualidad que empezara a
publicarse Le Monde Diplomatique para Latinoamérica.
Cómo se
dará el desarrollo de esta lucha en curso, no lo podemos saber, pero que es muy
importante tomarla en cuenta. Se busca el control del negocio de la droga, y se
busca controlar América latina, por razones geopolíticas, como ocurre con el
Africa Subsahariana. Estados Unidos y Europa están en plena disputa, que por
ahora, no es militar, pero sí comercial y económica.
“La
guerra es la continuación de la política por otros medios”. Esto no significa
que vamos a la tercera guerra mundial en pocos años, pero no se puede descartar
nada. Porque hay muchos elementos profundos de crisis y las tendencias más generales
del capitalismo para resolver las crisis, son las guerras, por el control y la
hegemonía.
En
contra de la visión edulcorada que proponía el “fin de la historia”, ésta no
llegó a su fin; sigue la lucha por el control de los recursos y del mundo. Hoy
por hoy Estados Unidos hegemoniza la fuerza militar, muy por encima de Europa. Pero
con la economía no pasa lo mismo. Están “cabeza a cabeza”. Uno controla el 21%
(depende de las estadísticas) y el otro el 19% de la producción mundial, Japón
el 10% y porcentajes menores controlan China, la India y Brasil.
Esto no
quiere decir que haya que tomar partido por unos u otros: Estados Unidos y la
Unión Europea, son bandidos imperialistas por igual.
En casi
todas las grandes ciudades de Brasil, ganó las elecciones el PT. Se está
expresando un cierto corrimiento “hacia la izquierda” que no es un proceso
lineal, ni va a terminar necesariamente en posiciones más radicalizadas. Es muy
probable que termine en una nueva frustación. Por ejemplo, en Lima, en los años
ochenta, Izquierda Unida ganó las elecciones de Lima e hizo tal desastre que
terminó desembocando en Fujimori.
No creo
que los procesos en la conciencia de las grandes masas sean evolutivos, que
empiecen por el primer año de primaria, luego segundo, tercero, y se corone con
un título universitario. Por el contrario, se avanza y se retrocede a saltos. Pero
es evidente que hay movimientos muy importantes, de erosión de las
instituciones, de la credibilidad de los regímenes democráticos burgueses de
América latina, en plena decadencia desde la década de los ’80. Y eso se está
expresando en primer lugar en las grandes ciudades.
Por eso
cobra cada vez mayor importancia hacer esfuerzos para avanzar hacia el
reagrupamiento del socialismo revolucionario, tratar de armar una amplia
corriente socialista, porque ambos proyectos responden a una necesidad objetiva
de la realidad, no son ningún capricho.
El presente artículo recoge, en parte, la desgrabación de
la conferencia de Jorge Guidobono, en la reunión abierta de la Liga Socialista
Revolucionaria, del viernes 3 de noviembre de 2000.
Hace ya más de tres semanas que Estados Unidos carece de
presidente electo. En todo el siglo XX jamás había pasado semejante cosa. Además,
los hechos parecen indicar que el que más votos sacó (Gore) puede perder. El 27
de noviembre George W. Bush se proclamó vencedor por 537 votos de mayoría,
impuesta o real, en Florida. Aunque lo más probable es que haya que esperar
hasta el 12 de diciembre ya que los demócratas han obligado judicialmente a un
nuevo recuento, esta vez a través de la Corte Suprema. Es decir que serán los
funcionarios del poder judicial y no los funcionarios electorales del nada
inocente estado de Florida los que recontarán nuevamente los votos. No hay que
olvidar que el gobernador del estado es Jeb Bush, hermano de George y que no es
precisamente neutral en el diferendo, al igual que su primo, ejecutivo de una
de las grandes cadenas de televisión, que fue quien tomó la decisión de
anunciar la noticia del triunfo de George W. en Florida, poniendo su “granito”
de arena en favor de su familia y su partido.
Unos
cientos de votos en un país de más de trescientos millones de habitantes de
entre los cuales más del 50% no votó decidirán la elección. Peor aún, no son
sólo esos votos, sino la interpretación que se haga de ellos. Los republicanos
y los demócratas estan librando una guerra de aparatos políticos impugnándose
mutuamente, dando mil y una piruetas jurídicas con el objetivo de que los
resultados den según su conveniencia. Conflicto que expresa una intensa puja
interburguesa. Esquemáticamente, podemos ver a Bush con un perfil cercano al
complejo militar-industrial y a Gore con uno más afín a Sillycon Valley. Por
otro lado parece difícil dejar de admitir que existan elementos importantes de
fraude en la elección, como mínimo, de ese estado. Cuando las irregularidades
que se denuncian son tantas se hace inverosímil la teoría del “error humano”.
Hoy vemos a cada uno de los partidos armando trampas
“legales” que lo acerquen a obtener el gobierno por la vía más rápida posible.
El
diferendo va a terminar en la Corte Suprema, organismo en el cual ya se han
asentado varios recursos e impugnaciones. La Corte, por supuesto, no es un
organismo que pueda elevarse enteramente por encima de las presiones económicas
y sociales. La elección se terminará decidiendo a partir de cuál de los
partidos posea una mejor relación de fuerzas a su interior. La expresión de la
“voluntad popular” se dirimirá mediante las realidades más descarnadas del
poder. Estados Unidos se latinoamericanizó, se menemizó, etc. Dejamos al gusto
del lector el eufemismo que prefiera usar para describir esto. La democracia
norteamericana degradó aún más su componente democrático residual. Es una
radiografía que deja al desnudo al régimen norteamericano. Esto es lo central.
El hecho
que las elecciones se decidan en el estado de Florida es altamente simbólico
porque no hay lugar en Estados Unidos que sea más dudoso en cuanto a limpieza
de los comicios. En Miami, es sabido que han votado los muertos o que las urnas
a veces se extravían o que quienes las transportan eligen caminos inhabituales,
apareciendo y desapareciendo. Por ejemplo, en el condado de Volusia, cuya
votación está en discusión, en la elección de 1996 se descubrieron varios sacos
con votos para la elección del sheriff. Hace tres años la elección para alcalde
de Miami fue tan fraudulenta que sorprendió a los propios votantes que, en gran
medida, aceptan un grado considerable de trampa en los comicios. En esa ocasión
se utilizó el voto postal para montar el fraude y se agrandó a proporciones
dinosauricas el padrón de cubano-americanos (incluyendo a los vivos y también
¿why not? a los difuntos). Se puede pensar que todo esto son detalles menores
de política doméstica pero dejan de serlo cuando hoy una región super trucha en
sus manejos electorales decide la elección. Es en sí repudiable la manipulación
electoral de la población y cualquier persona de izquierda lo condena, pero es
necesario distinguir que en este caso de la elección presidencial hubo un salto
en calidad. Elegir de mala forma al sheriff del Dade County es algo un tanto
más limitado que lo que atañe a la de presidente de Estados Unidos.
Repasemos un poco el esqueleto de los hechos.
En Estados Unidos vota normalmente menos del 50% del electorado. A pesar de un
leve aumento con respecto a la anterior, esta elección no fue la excepción1. Otro
elemento es que la participación electoral aumenta a medida que aumenta el
nivel económico social de los votantes. Sin ir más lejos, en esta elección votó
el 80% de la clase media alta y de los empresarios y apenas el 30% de pobres,
negros e hispanos. La significación general de estos datos muestra que por
medios aparentemente no-violentos, se produce la expulsión de la república
burguesa de cada vez más personas y sectores sociales. Amplias capas de estos,
aún estando insertos en el mercado de trabajo, carecen de expectativas de
progreso económico razonable. La mayoría de ellos engrosa la tendencia
abstencionista. Debemos considerar este tipo de datos si queremos analizar la
situación actual.
En lo
que se refiere a la elección, creemos que se llegó a la situación actual
mediante el siguiente proceso. Los medios de comunicación durante la campaña
daban a conocer las encuestas de las consultoras, que mostraban a Bush
aventajando a Gore en la intención de voto. Éste último confiaba, sin embargo,
en que ganando en los estados con mayor peso electoral tendría la elección
asegurada. En California, New York e Illinois era seguro que ganaban los
demócratas. En la mayoría de los estados con poca representación de electores
ganaba Bush. Éste solo aparecía ganador seguro en Texas, estado del que es
gobernador. Florida era más peleada pero era más probable que ganasen los
republicanos. El cálculo de los demócratas es que aún sacando menos votos
populares (no electorales) iban a terminar ganando. Los republicanos se jugaban
a ganar Florida para, junto a Texas, contrabalancear a California y New York en
el Colegio electoral2.
Las
cosas no se dieron así y el levísimo aumento del caudal de votantes son casi
seguramente demócratas de última hora, que se decidieron frente a la ruidosa
propaganda reaccionaria de los republicanos. Esto motivó un cambio en los discursos
de ambos partidos. Bush abandonó su retórica populista reaccionaria y los
republicanos pasaron a volverse furiosos legalistas. Gore, que estuvo casi por
reconocer su derrota la misma noche de la votación, sugirió la necesidad de
reformar el sistema de votación indirecto.
Los
demócratas han insistido, como se sabe, con el método manual de conteo (sobre
por sobre), cosa a la que se han opuesto los republicanos y que han impugnado
ante la corte del estado de Florida (a la que Bush ataca por haberse, supuestamente,
excedido en sus atribuciones). Los demócratas no van a la zaga en ese terreno y
como el voto por correo de los oficiales de las fuerzas armadas que tienen su
residencia en Florida les es adverso, han impugnado votos hasta por tener estampillas
de más o de menos. En medio de la indiferencia general, cortada a ratos por la
altisonante histeria de los escasos activistas, la lucha política discurre por
medios aparentememnte jurídicos. Decimos aparentemente porque si bien todo se manifiesta
a partir de cortes, abogados, demandas y recursos extraordinarios, es visible
que se trata de una batalla básicamente política. Demócratas y republicanos han
mandado a negociar a sus cuadros políticos. Entre los primeros han aparecido
sucesivamente Janet Reno, Warren Christopher y Jimmy Carter. Los republicanos
estuvieron representados por James Baker, ex-secretario de estado en la segunda
presidencia de Reagan y por el ex-presidente Gerald Ford. El problema que se
abre aquí es que sólo se puede negociar la derrota. No se trata de una ley
parlamentaria que puede admitir infinidad de retoques. Acá la opción es
excluyente: se gana o se pierde, se es gobierno u oposición. La evolución de la
situación es difícil de evaluar desde aquí pero es evidente que cualquiera sea
el que gana empieza con el pie izquierdo, arranca con una legitimidad dañada. Y
eso es un problema cuando se debe gobernar un país; y mucho más una república
imperial.
Sería
aventurado cuando no ridículo decir que todo el conjunto de las elecciones
norteamericanas es fraudulento. Los índices más claros de fraude señalan más
hacia los republicanos y por regla general los grandes fraudes en elecciones no
son llevados a cabo por la oposición. La manera en que se resuelva esto es en
parte indiferente para los marxistas. No tenemos preferencia por ninguno. Por
motivos distintos a los nuestros las grandes empresas tampoco, ya que pusieron
cifras astronómicas de dinero para ambas campañas3. Lo que sí queda claro es
que lo sucedido en estas elecciones pinta de cuerpo entero a la democracia
burguesa norteamericana. Sobre todo porque hasta hoy a los ojos de mucha gente,
Estados Unidos era el régimen democrático par excellence. Sus adoradores
extremos la llamaban la “gran democracia del norte”. Lo que debe quedar claro
es que los regímenes políticos al servicio del capital tienden a que cada vez
más los que decidan sean los grupos de elite del capital financiero. El
capital, como tal, tiende a la centralización y, por tanto, los regímenes a su
servicio reproducen esa estructura organizativa y de clase. Es equivocado
hablar de “democracias degradadas”, como les gusta a los sociólogos y
cientistas políticos y que de inmediato sacan a relucir los problemas de la
“transición democrática” en Burkina Faso o de cualquier arrabal tercermundista,
haciendo “altas especulaciones”. Acá tienen un problema de envergadura. “LA”
democracia entre todas las democracias, muestra visibles signos de
descomposición. No puede ser de otro modo. En su devenir, la democracia
burguesa llega necesariamente a este tipo de fin: ser un aparato al servicio de
los explotadores que excluye a las mayorías de cualquier poder de decisión
verdadero.
Foxley
1. Las anteriores elecciones enfrentaron a Clinton, que
buscaba su reelección contra un patético y perdedor de entrada Bob Dole y por
eso sólo votó el 46%. La comparación con la actual podría alegrar a los
“demócratas” pero es inferior a la elección que ganó Clinton en 1992 (54% de
participación electoral).
2. El carácter indirecto y groseramente antidemocrático
de la elección presidencial se manifiesta en que el candidato que gana un
estado obtiene todos los electores de ese estado aunque haya ganado por un
voto. El presidente es proclamado por el Colegio electoral que reúne a los
electores de todos los estados. Los mayores son: California (54), New York
(33), Texas (32), Florida (25) Illinois (22), Pennsylvania (21), etc
3 Fue la elección más cara de la historia norteamericana.
Es también uno de los signos más evidentes de oligarquización de la democracia
americana. En las últimas cuatro elecciones, la siguiente sale, en promedio, el
doble de la anterior. La violencia del dinero convierte a la elección en un
proceso de semi-cooptación de un presidente por parte de la burguesía.
Uno de
los supuestos que movieron esta elección en Estados Unidos era que se elegiría
al heredero de la prosperidad de la era Clinton. Esta consistió, básicamente en
un crecimiento sostenido del 4% anual, una tasa muy reducida de desempleo y el
aumento de la productividad. Lo antes apuntado no pasa de ser una descripción a
la que es conveniente agregar las causas. Una de las razones es externa y se
produjo gracias a un boom exportador en los comienzos de los 90 y al flujo de
ganancias y capitales. Unido a esto, se produce en el plano interno un boom
consumidor basado en el auge del crédito. Esto, a largo plazo introduce en la
economía, un déficit crónico cuya dinámica favorable es prolongarse en el
tiempo.
Los dos
factores que mueven la prosperidad norteamericana en los 90 se hallan, como
vemos, vinculados al crecimiento de la bolsa. Desde el inicio de la década
hasta ahora el valor de las opciones de compra para las acciones aumentó 15
veces. Casi tres cuartas partes de los norteamericanos tiene colocaciones en
Wall street. Por supuesto que para ganar en este tipo de relación social hay
que estar en las “autopistas de información” (Al Gore dixit) y en los puntos
nodales de la circulación. Los ejecutivos de las grandes empresas se vieron
beneficiados con la posibilidad de comprar a precio bajo acciones caras. El
efecto producido por esto fue, evidentemente, una concentración del poder
adquisitivo. El sitio en que se depositó esta ingente masa de capitales fue el
consumo de artículos de lujo. Por supuesto que nada de esto es extraño. El
factor de dinamización y a la vez de crisis son las clases medias y las capas
de asalariados que intentan emular el consumo de la clase dominante. Un aspecto
central de la política de las empresas es limitar el crecimiento salarial, lo
que lleva a que el objetivo de alcanzar la pauta estándar de consumo se
financia mediante deuda. Los consumidores gastan alrededor de un 7% más de lo
que ganan. Hoy la deuda familiar promedio es equivalente al ingreso promedio. Otro
índice que podemos mencionar es que, comparado con 1970, la casa norteamericana
promedio aumentó de 450 metros cuadrados a 650. Muchos piensan que una de las
condiciones esenciales para que no haya crisis es que las acciones y la
vivienda sigan en alza. De lo contrario el crecimiento puede detenerse.
Otro
elemento estructural de inestabilidad es el crónico déficit comercial. Principalmente
en los intercambios del área industrial. Se calcula que entre 1991 y 1999 éste
aumentó de 84.000 a 250.000 millones.
En la
era Clinton el crecimiento de la bolsa atrajo una multitud de capitales
externos que, comparado con un Japón que no crecía y con los problemas de la
Unión Europea, Estados Unidos aparecía como un mercado de capitales muy seguro.
Este fortalecimiento es relativo, porque la economía americana se acostumbró a
contar con muchísimo capital que le permite paliar su déficit comercial. Los
problemas se agudizarían si un repunte de los otros bloques comerciales genera
una retirada de capitales hacia allí.
Como
vemos, cualquiera sea el presidente que sea elegido, y que como vienen las
cosas va a tener problemas dado su origen seguramente cuestionado, no va a ser
un administrador neutro de la prosperidad. En la presente coyuntura este panorama
se puede atisbar en la baja de 18% del índice Nasdaq a partir de la
incertidumbre acerca de la presidencia. No queremos decir con esto que Esatdos
Unidos se cae a pedazos. Queremos llamar la atención acerca de los límites que
parece tener el crecimiento económico en la era Clinton y que, si
construcciones más sólidas (el New Deal por ej.) se vinieron abajo, nada indica
que esto tenga que durar muchos años y que podemos caer en un escenario
inestable.
Estados unidos se quiere quedar con el negocio de la droga
El Plan Colombia está en marcha. Y si uno toma el
desarrollo político de América latina en el último mes, el elemento que une
todos los hechos –desde los mayores hasta los más pequeños–, es Colombia.
La
burguesía trata de segmentar el pensamiento y la opinión de la gente,
segmentando la información. Nos quiere hacer ver que una cosa es una cosa, y
que esa cosa no tiene nada que ver con la otra, y así sucesivamente.
Por
ejemplo, Estados Unidos necesita –y mucho– de la infantería peruana para
intervenir en Colombia y en la frontera. Entonces, no quiere tener un lío como
el que habría si se mantuviera Fujimori. Una política de intervención militar
necesita del ejército peruano porque es uno de los mejores con los que podría
contar, ya que tiene experiencia militar práctica en la selva, en la pelea
contra Sendero Luminoso. Y si para cohesionar a la burguesía peruana hace falta
quitar todo apoyo a Fujimori, se hace, y punto.
Ecuador
también tiene que ver con Colombia. Muchos decían que había habido una
revolución en enero en Ecuador. Que el golpe cívico-militar –de un sector del
ejército y de dirigentes de los indígenas– era una revolución_ Una revolución
que duró tres horas y que se resolvió por teléfono, con un llamado de Peter
Romero, del gobierno norteamericano, amenazando: “Si siguen, van a quedar más
aislados que Cuba”. Y se terminó la supuesta “revolución”. ¡Si una revolución
se puede derrotar por teléfono, conviene que nos dediquemos a otra cosa! Y
ahora se dolarizó Ecuador, como prueba piloto. La frontera ecuatoriana es muy
importante, porque es la frontera más frágil de las cinco fronteras que hay con
Colombia.
Es la
más frágil porque Ecuador es un país que se viene cayendo a pedazos. Estados
Unidos apoyó y aceptó la dolarización de Ecuador y lo va a “bancar”, cosa que
en realidad no le cuesta mucho porque es un país muy pobre.
Respecto
de Bolivia, hace menos de un mes, Clinton dijo: “Estamos dispuestos a
perdonarles la deuda externa”. ¡Es un ataque de generosidad espectacular! El
problema es que Bolivia venía siendo, en los últimos 15 o 20 años, el principal
productor de hoja de coca, con el 50% de la producción. Y Banzer tiene la
política de reventar a los cocaleros. Por eso tantos enfrentamientos y tantos
muertos. Porque uno de los objetivos centrales de la política de Estados Unidos
con respecto a Colombia, es quedarse con el negocio de la cocaína en su
conjunto, por lo cual tiene que reventar a los plantadores de coca de Bolivia,
de Perú y, naturalmente, de Colombia (donde, en lo fundamental, están los
laboratorios).
Todo
tiene que ver, también la Argentina. Hoy todo el país está pendiente de la
renuncia de Alvarez. Pero nada se dice de que en menos de dos meses hubo tres
operativos militares conjuntos donde intervino Estados Unidos. Primero fueron
300 marines yanquis y 300 argentinos en Zárate. El segundo fue en Córdoba y
participaron 1.200 hombres: 400 norteamericanos y casi todos los ejércitos de
América latina. Es la primera acción militar en común –desde la época de San
Martín y O’Higgins– entre el ejército argentino y el ejército chileno. Durante
150 años la hipótesis de conflicto de las fuerzas armadas de cada país, era el
uno contra el otro, y estuvieron con el dedo en el gatillo no sé cuántas veces.
Y ahora, hay 1.200 efectivos en las estancias del Tercer Cuerpo del Ejército
Argentino.
Pero
¿quién se enteró de eso? A lo sumo se supo que se salió de pista un avión que
traía de vuelta desde Córdoba a López Murphy y a Brinzoni. Pero del operativo
no dijeron nada o casi nada. Y hace muy poco se realizó otro en Tierra del
Fuego: un operativo naval.
Nadie
hace operativos militares si no piensa utilizar las fuerzas armadas. ¿Por qué
los hacen? ¿Contra qué sublevación popular se están armando estos operativos
militares? ¿Es contra la “narco-guerrilla marítima”?
Los
operativos militares conjuntos internacionales, expresan una política; hay un
apriete. Al mismo tiempo, hay una lucha dentro del gobierno argentino. Por
ejemplo, Rodríguez Giavarini, el canciller argentino, es hombre del Opus Dei, y
el Opus Dei es parte del imperialismo europeo. Y Rodríguez Giavarini está en
contra de la política de alinearse detrás de Estados Unidos. No porque sea un
tipo progresista, sino porque responde a intereses muy específicos.
La
Nación titulaba hace unos meses en tapa: “La Argentina, campo de batalla entre
Europa y Estados Unidos”; La Nación, no Crónica. Campo de batalla para ver
quién se queda con la mayor cantidad de negocios.
Cuando
se hace la reunión en Brasilia el 31/8-1º/9, Rodríguez Giavarini hace
declaraciones absolutamente proeuropeas. El 30 de agosto viajó Clinton a
Cartagena para hacer una “contramovida” previa, digamos. Y Rodríguez Giavarini,
tiene el mismo discurso que Brasil. Porque efectivamente es un tipo del Opus
Dei, y el Opus Dei es España.
Hay una
lucha, incluso dentro del delarruísmo, entre sectores proyanquis y sectores
proeuropeos. ¿O no tendrían representación política en el gobierno, el banco
Bilbao-Vizcaya, Telefónica, Telecom, Repsol, todas las grandes empresas europeas,
que son las que se quedaron con las privatizaciones?
Yo veo
esa batalla, esa batalla tiene importancia, no porque nosotros apostemos a que
los europeos sean menos malos que los yanquis, o viceversa. No, son iguales,
son imperialistas los dos. Pero cuando hay pelea, se pueden abrir fisuras por
las cuales se pueda “colar” el movimiento de masas.
Casi
todas las piezas se juntan en un punto. El punto es cómo organiza Estados
Unidos, junto con un sector de la burguesía colombiana, la intervención militar
en Colombia. Estados Unidos trata de zafar de tener que poner infantería,
haciendo que la ponga América latina, o un sector de ella. Porque no quieren
que aparezcan las bolsas negras en su territorio, como pasó en la guerra de
Vietnam.
La
Argentina es un país clave. Esta pelea por el control del negocio de la droga y
por el control geopolítico de América latina que lleva adelante Estados Unidos,
es la que lo lleva a meter bases militares por todos lados, la de Mantua en Ecuador,
la de Santa Lucía en Perú, la de Aruba, la de Curaçao, la de Bolivia, la de
Paraguay. No siempre actuan, pero es pisar, marcar el terreno.
Porque
lo que hay es una lucha de Estados Unidos contra el imperialismo europeo por el
control de América latina.
Hoy por
hoy se equiparan las inversiones y el comercio en América latina, entre Estados
Unidos y Europa. Le Monde Diplomatique del mes pasado titula en tapa “La hora
de Sudamérica”. Y sigue, “La militarización de la política”, y trae las cifras
exactas de las relaciones de Latinoamérica con Estados Unidos y Europa.
Es muy
interesante ver todo lo que publica Le Monde, los cuadros estadísticos. Yo creo
que la política es economía concentrada. Yo vengo apuntando hace tiempo que
América latina es el principal lugar de batalla entre Europa y Estados Unidos. Y
Le Monde da las cifras: por ejemplo, de la exportaciones de América latina:
30.119 millones van a Estados Unidos y 30.413 a Europa, es decir, lo mismo. Las
importaciones, 40.600 millones provienen de Estados Unidos; y 39.200 de Europa;
están cabeza a cabeza. Y con las inversiones pasa lo mismo. (En cambio, la
deuda externa, con el Plan Brady, se “desparramó”, está en muchas manos, fondos
de pensión, etc.)
Uno lee
Le Monde y ve que está en guerra con Estados Unidos, y es uno de los
principales diarios de Europa. Tiene posiciones absolutamente
“latinoamericanistas”, habla de “la hora de Sudamérica”_ pero ¿por qué?
En
América latina está todo un poco al rojo vivo. Porque Brasil, con el apoyo de
la socialdemocracia europea (y del Partido Popular español) se resiste al
avance de la penetración yanqui. Y ningún imperialismo tiene “ideología”, lo
que tiene son intereses.
Están
tratando de aislar a Brasil. Uno tiene que pensar de dónde saca la fuerza
Brasil, ¿sólo de que es un gran país? Sí, pero tiene a alguien atrás, hay
grandes bloques imperialistas.
Brasil
resiste, y hace un acuerdo militar con Venezuela. Estados Unidos necesita un
país importante de América latina para contrabalancear a Brasil. Y ese país es
la Argentina; no hay otro. No puede apoyarse en el eje Asunción, Montevideo, La
Paz, es muy obvio que no puede ser, ni en un sentido geoestratégico, ni
militar, ni nada.
Se está
“cocinando” algo que puede llegar a cambiar –para mejor o para peor– el
conjunto de la situación política latinoamericana: una guerra de intervención
que involucre a buena parte de los países de la región. Entre otras cosas
porque cinco de ellos son limítrofes y la guerra se va a derramar, no hay
posibilidades de que eso no ocurra si hay guerra. Puede ser que haya
posibilidades de que las FARC se suiciden, y de que el ELN (Ejército de
Liberación Nacional) también se suicide; y ambos se entreguen sabiendo que los
van a matar. Pero yo no creo que eso sea lo más probable_ no veo como lo más
“normal” tendencias al suicidio colectivo al estilo de la secta de Guyana.
Colombia
es un gran país, tiene 1.200.000 kilómetros cuadrados, con una población como
la de la Argentina. Intervenir en Colombia no es equivalente a lo que se hizo
en Panamá.
La
población de Colombia tiene varias generaciones peleando en la selva y en la
montaña. En consecuencia, no van a decir: “Bueno, ¡adelante, señor!, pase usted
primero”. Esto es algo que se va a resolver a balazos, en una guerra que no va
a ser sencilla. Es una guerra que casi seguro se va a desparramar en América
latina. La política de Estados Unidos es aportar la base logística, el
armamento, los helicópteros, bases por todos lados_ Incluso hay una lucha
fronteriza entre Venezuela y la ex Guyana inglesa por una zona en disputa –El
Esequivo– donde los yanquis metieron también una base misilística; aunque sea
un territorio en disputa. La jugada de ellos es que la infantería y los muertos
los pongan los ejércitos latinoamericanos. Porque esto no es lo mismo que
bombardear Belgrado o Bagdag. Aquí hay que ir a pelear a la selva y al monte. Entonces
hay que meter infantería, y ellos quieren meter “forros” ajenos.
No hay
todavía intervención directa masiva en Colombia, sólo 300/400 “asesores”, pero
la va haber. Porque eso sólo se resuelve con infantería, no se resuelve con
discursos. Van a bombardear, van a defoliar medio Amazonas, que es el pulmón
del planeta. Por eso van a tratar de preparar batallones, o cuerpos
especializados, de casi todos los países que puedan. Por eso salta Fujimori,
porque el ejército peruano es de lo mejorcito; porque tiene experiencia de
pelear contra Sendero Luminoso en la selva. El ejército argentino no viene muy
bien, pero preparar dos, tres batallones como cuerpo de elite lo pueden hacer;
además es un país con cierto nivel cultural, con buena comida. Y también tiene
experiencia en Centroamérica: todo está armado para eso. Por supuesto que hay
contradicciones todavía.
Para mí
se mezclan tres cuestiones: la lucha por el control del negocio del narco, que
los yanquis quieren para ellos. La lucha por el control económico de la región,
y también desde el punto de vista diplomático y militar; esto último en forma
preventiva. Por eso proliferan las bases militares; no se hacen bases militares
porque sí. El estado mayor no está compuesto por locos y paranoicos: está
compuesto por asesinos profesionales, que planifican muy bien cómo realizar las
cosas. ¿Por qué no había bases militares en América latina salvo la de Panamá? Y
en los últimos 10 años hay en Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Aruba, Curaçao_
No me
canso de repetir que la relación militar de Estados Unidos con América latina,
empieza a parecerse a la de Africa con Francia y Gran Bretaña, que intervienen
cuando quieren. Por ejemplo ahora están en Sierra Leona, entran, salen, no
necesitan autorización de nadie, ni de la ONU, ni de nadie, es su patio trasero
y listo. Algo que Estados Unidos hizo muchas veces en América Central y el
Caribe, pero que no hizo desde 1903, desde la división de Panamá de Colombia
para construir el canal. Pero que no lo hacía en América del Sur.
Y cuando
hay una lucha por el control económico de una región, eso se traslada a lo
político y a lo militar. Por ejemplo, el Mercosur está a punto de estallar, y
es coherente que esté a punto de estallar, porque no sólo esta el lío de las
automotrices –supuestamente había un acuerdo y ahora rebotó–, se están peleando
por los vinos, por los cueros. El Mercosur está colgado del pincel.
Hay dos
grandes planes. Los canallas europeos dicen “La hora de Sudamérica”, porque
ellos se quieren quedar con Sudamérica, con buena parte del negocio, e impedir
el ALCA, que es el tratado de Alaska a Tierra del Fuego, lanzado por Bush
padre, para que Estados Unidos pueda controlar de conjunto. El estallido del
Mercosur es positivo para ellos, para que avance el ALCA.
Se están
jugando cosas muy grandes, y hay intereses económicos de todo tipo. Hay una
lucha interimperialista por América latina y también por la Argentina.
El
grueso de la banca, por ejemplo en la Argentina, es europea, en particular
española y es posible que recicle parte de la plata de los alemanes. Las
comunicaciones, lo que era Entel, divididas entre españoles y franceses. ¿Y eso
no tiene importancia en la política? El grueso del petróleo, en manos de
Repsol. Hace unos años decía Grondona: las privatizaciones quedaron en manos de
los europeos, que son las avanzadas livianas, y ahora vienen los “peso pesado”
norteamericanos. Y no, se quedaron en manos de los “peso pesado” europeos.
El 5 de
octubre fue el 25º aniversario del intento de copamiento del regimiento de
Monte, en Formosa, por los Montoneros. Y el discurso de Brinzoni fue de
reivindicación plena de la acción del ejército, amparándose en –lo que
obviamente es verdad– el decreto del peronista Luder que daba la orden de
“aniquilar a la subversión”. En todos estos años, más bien venían con la línea
de la autocrítica. Pero ahora necesitan devolver “moral de combate” a una tropa
a la cual van a mandar a luchar y, eventualmente, a morir en Colombia. El
gobierno no estuvo en la ceremonia, pero no hubo nadie que diga algo en contra
del discurso de Brinzoni. Y esto salió sólo en los diarios y con muy bajo
perfil.
Antes
decíamos que la orientación de la burguesía en todos los terrenos, es
fragmentar las noticias, para fragmentar el pensamiento: una cosa es lo que
pasa con Fujimori en Perú; otra cosa es lo que pasa con la dolarización en
Ecuador; otra es lo que pasa con los cocaleros en Bolivia. Y es un mismo
paquete que incluye también lo que pasa en la Argentina. Como mínimo, es parte
importante de lo que pasa. No porque Chacho Alvarez sea antimperialista, sino
porque hay una lucha, y hay un gobierno con crisis, empantanado, y un montón de
problemas.
Se están
peleando por el mundo. Y desatan un genocidio en el Congo, superior al que hubo
en Ruanda. Por supuesto que de eso no se habla, es el negocio de ellos, y
además son negros. Hay un complot de silencio.
En
América latina, Colombia va a seguir dividiendo aguas, y las va a dividir cada
vez más. Están tratando de llevar adelante el Plan con toda la maldad, la
perfidia, el engaño, de lo que son capaces de hacerlo. Nadie habla, parece que
no existiera el Plan Colombia, que no tuviera que ver con nosotros. A cualquier
estupidez que pase en el mundo, le dan una importancia descomunal. Y de
Colombia salen cuatro renglones, nada más. Ellos hacen del engaño una política
de estado. Y la “libertad de prensa”, por supuesto, acompaña el engaño.
Extractos de la conferencia de Jorge Guidobono (6 de
octubre de 2000).
REPUDIAMOS EL GENOCIDIO SIONISTA-IMPERIALISTA CONTRA PALESTINA
Desde
hace dos meses se viene ejerciendo un implacable terrorismo de estado por parte
de los jefes sionistas y sus amos imperialistas sobre el pueblo de Palestina.
La
despiadada clase social que domina al mundo transmite, como parte diario, la
cantidad de pibes palestinos asesinados por la máquina terrorista del estado
sionista, como si se tratara de una cuestión estadística.
Uno de
los mejores ejércitos del mundo –armado y pertrechado por Estados Unidos–
aparece, como cosa “normal”, asesinando a niños y adolescentes armados de
piedras y palos. Ese es el verdadero rostro de los supuestos “derechos humanos”
que defienden los imperialistas: el de utilizar los mismos métodos que los
nazis practicaron, entre otros, contra la comunidad judía.
La
cínica hipocresía imperialista intenta dividir en dos categorías a los muertos:
más de doscientos son el producto “natural” de la reacción del ejército israelí
frente a los “desmanes” de los chicos palestinos (que, por supuesto, nada
tienen que ver con el “terrorismo” de ningún “estado”). Y a una decena de
uniformados israelíes muertos, los califica de víctimas del “terrorismo”; es
decir, de las acciones desesperadas de los oprimidos, en su propia defensa.
Las
causas de la violencia en Medio Oriente están basadas en el accionar del
imperialismo y de su peón sionista, que aplica los métodos del nazismo.
La
solución a esa violencia, no será nacional, ni árabe ni palestina. Sus
direcciones burguesas son abiertamente proimperialistas y reaccionarias,
incluyendo a Arafat, que hace de policía de su propio pueblo.
El texto
que publicamos en esta página, es la declaración de la Liga Socialista
Revolucionaria en los inicios de lo que se ha dado en llamar “nueva Intifada”,
o rebelión popular palestina (también llamada Rebelión de las Piedras).
Estamos junto al pueblo palestino agredido por la
ocupación sionista imperialista, y contra la masacre en curso contra su levantamiento
popular.
Por el
contrario, no tenemos ningún tipo de solidaridad con capitalistas, jeques o
reyes árabes y/o palestinos, empezando por Yasser Arafat. Son esas mismas
direcciones burguesas las que han llevado a la tragedia que se vive hoy.
Un
cuarto de siglo atrás comenzó a darse un giro absolutamente proimperialista de
los sectores “nacionalistas” árabes (otros, jamás fueron antimperialistas
siquiera en sus declaraciones). Los hitos que marcan este giro, son los
acuerdos de Camp David en 1978 entre Egipto e Israel; y el de Oslo,
protagonizado por Arafat y la OLP en 1993.
No hay
mayor utopía reaccionaria que alentar ilusiones en una lucha nacional árabe
como forma de combatir al sionismo proimperialista. Egipto y los principales
países de la región están subordinados al imperialismo. Reclamarle a sus gobiernos
que den armas a los palestinos, o que intervengan en su ayuda, sólo contribuye
a confundir al pueblo y a lavarles la cara a los Mubarak y compañía. La reunión
de la Liga Arabe tuvo sólo una tímida retórica defensa de los palestinos; es
decir, sólo palabras destinadas a engañar a los pueblos árabes y palestino.
Por más
que ahora parezca imposible –y en lo inmediato lo sea– reafirmamos que la única
salida al crónico horror vivido en el último medio siglo, no es nacional sino
de clase; es imponer una salida de los explotados de la región, barriendo a los
explotadores y a sus estados: el sionista, los árabes, las repúblicas,
monarquías o emiratos, incluyendo el “protoestado” de la burguesía palestina.
Hoy, se
está terminando de derrumbar el pacto de Oslo, que ya se cobró la vida del
único premier asesinado (el Gral. Isaac Rabin, ex primer ministro israelí) y de
cientos de palestinos, más miles de heridos y presos, que continúan en las
cárceles sionistas.
La
derecha, representada por el Gral. Ariel Sharon –un clon de Hitler–, realizó
una provocación para terminar de “pudrir” las negociaciones. Por su lado,
Arafat alentó el levantamiento popular para mejor posicionarse en las
negociaciones al precio que sea (aunque quizá no esperaba el bombardeo con
misiles sobre sus propias oficinas).
En la
realidad, hay elementos de “descontrol”:
en
primer lugar para Arafat, cuya debilidad es muy grande; lo que achica su margen
de maniobra;
en
segundo lugar, la situación es complicada para Barak y el sector “negociador”
–desde Oslo hasta hoy–, cada vez más “corrido a la derecha”, cediendo terreno
al fascistizante ejército israelí, a los ultrarreligiosos y al fanatismo
nacionalista (sector que arrastra, incluso en momentos como éste, a buena parte
de la izquierda, con honrosas excepciones, como los soldados “objetores de
conciencia” –Clarín del 9/10– y las militantes pacifistas que reclaman en las
calles contra el colonialismo israelí, pese a los insultos de los
automovilistas).
en
tercer lugar, la salida de cauce de los hechos también perjudica a Clinton,
quien pasó de pretender terminar su presidencia con el acuerdo de paz, a
reunirse ahora para tratar de impedir que la espiral bélica continúe y se
multiplique.
Por otro
lado, el imperialismo europeo –en particular Francia y Alemania– busca
reposicionarse en la región a través de sus buenas relaciones con los gobiernos
de Irak e Irán.
Finalmente,
esta “aparente nueva Intifada”, jaquea a los gobiernos árabes (como los de
Egipto y Jordania, bien proimperialistas o en tránsito de acordar con el
imperialismo, como Siria), porque sus pueblos sí son realmente nacionalistas,
en el sentido de antimperialistas.
El
nacionalismo antimperialista laico árabe se agotó con el “nasserismo”, que no
logró liberar a la región del imperialismo a pesar de contar con la fabulosa
ayuda de la ex URSS. La tesis de la Revolución Permanente (de Trotsky) acerca
de la imposibilidad de que la burguesía lidere un proceso de independencia efectiva
del imperialismo, tuvo en Medio Oriente otra trágica confirmación.
La causa
supuestamente “nacionalista” de un sector de la burguesía árabe tuvo su apogeo
hace ya medio siglo (en los años ’50/’60). Después de la crisis del petróleo de
los ’70, las vertientes fundamentales de los “no alineados” (el “tercer mundo”
o como se llamase) se pasaron, en bloque, al campo imperialista.
El
nacionalismo “nasserista”, en sus distintas variantes, era laico y verbalmente
socializante. Pero su pase práctico al campo imperialista (el sucesor de Nasser
fue quien firmó los acuerdos de Camp David) dejó las banderas nacionales en manos
de la derecha religiosa: oscurantista y bárbara, que intenta un regreso hacia
el pasado, tan imposible como reaccionario.
De
hecho, las banderas “nacionalistas” quedaron exclusivamente en manos de la
derecha religiosa. Saddam Hussein, en Irak, tiene también un discurso religioso
a pesar de que proviene de un partido “socialista” (el Baath, partido árabe
socialista, común con el sirio): ésta es una demostración no sólo del carácter
architrucho del “socialismo árabe”, sino también del giro político a la derecha
en toda la región; como se expresó en que el grueso de esos países acompañaran
la guerra del Golfo, de agresión contra Irak, ya una década atrás. La
desaparición de la URSS acentuó grandemente este giro, ya que Medio Oriente fue
uno de los puntos “calientes” de la guerra “fría”.
Ante la dramática situación, la LSR llama a:
Denunciar prioritariamente a la
barbarie sionista imperialista, verdadero rostro de los llamados “derechos
humanos” esgrimidos por esa canalla. Contra ellos reclamamos: solidaridad con
el pueblo palestino y su lucha.
Delimitarse de la dirección burguesa
de Arafat y del fundamentalismo islámico religioso, que no hacen más que dificultar
la diferenciación social de las clases y sus políticas dentro de Israel, con
acciones terroristas sobre sectores civiles indiscriminados (método que no
avalamos porque, entre otras razones, es también perjudicial para la justa
causa del pueblo palestino).
Denunciar el papel que juegan todas
las direcciones burguesas árabes, incluyendo a la palestina liderada por
Arafat.
Extremar los lazos que nos hermanan
con los trabajadores manuales e intelectuales judíos , para mejor luchar contra
el sionismo –agente ideológico, político y militar del imperialismo mundial– y
contra la burguesía judía y la derecha oscurantista. Sin la destrucción del
sionismo, más tarde o más temprano se prepara un nuevo genocidio del pueblo judío,
igual o peor al que hoy sufren los palestinos (no bien a Estados Unidos le deje
de convenir seguir bancando a su caro peón israelí en la región).
No puede ser libre ningún pueblo que oprima y sojuzgue a
otro.
Marcar a fuego al imperialismo y su
colonialismo, causantes de la tragedia en la región desde hace más de un siglo,
como mínimo. El siglo XX tuvo un protagonista económico en el petróleo. Por eso
en la primera guerra mundial (1914-18) Inglaterra y Francia se propusieron
destruir al imperio turco –otomano– que controlaba la principal región
productora mundial del crudo (Medio Oriente) colocándola bajo su protectorado
colonial. Con el debilitamiento de ambas potencias en la Segunda Guerra
(1939-45) se hizo inevitable la “independencia”. Inglaterra y Francia
“dibujaron” las fronteras; dividieron en extremo a la región en múltiples
países para debilitarlos y, así, controlar mejor a todos, atizando odios
anteriores (a los turcos y, sobre todo, los provenientes de una historia muy
añeja).
Por si fuera poco, crearon en 1948 un “estado tapón” en
Palestina, expulsando a la población autóctona. Para ello aprovecharon el justo
sentimiento del pueblo judío después del holocausto nazi. Pero empezaron un
holocausto, en cuotas: el del pueblo palestino, que ya lleva medio siglo.
Bregar por la destrucción del estado
sionista, al igual que estamos por la destrucción de todos los estados
burgueses de la región. Esa es la mejor defensa y la mayor tarea a realizar
–por los trabajadores judíos, palestinos y árabes en conjunto, y como parte de
una lucha común en todo Medio Oriente–: luchar por la única perspectiva de
progreso, que es una Federación Socialista de la región.
Una Federación Socialista que permitía combatir la
extrema miseria y el atraso de Medio Oriente; donde habiten democráticamente
árabes, palestinos, judíos y ateos provenientes de distintas regiones. Una
Federación que, además de socialista, sea laica, no confesional, no racista y
democrática.
Ninguna solución burguesa puede resolver el problema
nacional generado por la historia y potenciado hasta el infinito por el
imperialismo. La paz en la región, que posibilitaría la convivencia entre los
explotados árabes y judíos, sólo será posible mediante una lucha
antimperialista y anticapitalista –o sea, socialista e internacionalista– que
termine con toda forma de explotación y opresión.
Hoy, 17 de octubre, terminó la cumbre en Egipto con una
exhortación verbal a un “cese de hostilidades”. Para ello, hubo una gran
presión de Clinton, pero nada asegura que el “cese” funcione. Hay un capítulo
abierto, que es de resultado incierto si no son las masas explotadas –con
absoluta independencia de las direcciones burguesas y sus agentes, se llamen
como se llamen y sean de la religión que sean– las verdaderas protagonistas de
los violentos procesos que sacuden la región.
Liga Socialista Revolucionaria
17/10/2000
Terminó. El régimen más totalitario de Latinoamérica
saltó por los aires. Fujimori, hoy en Japón, fue perdiendo una tras otra todas
las piezas que estuvo dispuesto a sacrificar para permanecer en el gobierno, y
terminó quedándose sin nada de su pasado poder casi monárquico. Jaque mate al
rey.
Temiendo que Fujimori intentara presentarse en las
próximas elecciones legislativas, el Parlamento rechazó su renuncia, lo
destituyó por "incapacidad moral" y lo condenó “a imposibilidad de
por vida para ejercer cargos públicos". De esta manera, le cortaron acceso
a una inmunidad parlamentaria que lo hiciera zafar de los juicios que lo
vinculan con el tráfico de armas, innumerables hechos de corrupción,
narcotráfico y atropellos democráticos varios.
Menos de siete meses pasaron desde las fraudulentas
elecciones en las que Fujimori ganó presentándose como único candidato en la
segunda vuelta. En ese período, las presiones internas de la oposición y del
pueblo peruano fueron aumentando a niveles insostenibles y, articulados por la
intervención norteamericana (vía la OEA y su Mesa de Negociaciones), abrieron
el camino del recambio presidencial.
Es importante no embriagarse en los festejos que
legítimamente provoca la sensación de haberse librado del tirano. La inmensa
mayoría de los trabajadores y el pueblo peruano ha vivido el corolario de los
últimos meses, como producto de sus masivas manifestaciones y como vitales
protagonistas. Tal vez, esto contribuya a alimentar la confianza en sus propias
fuerzas y enfrentar las medidas que el nuevo gobierno preparará luego de la
borrachera de festejos.
Para comprender los motivos de fondo que sostuvieron
durante una década el gobierno de Fujimori, y que hoy determinaron el repentino
final del dictador, hay que tener en cuenta dos elementos muy importantes: Por
un lado, el rol de los Estados Unidos como sostén y verdugo del “Chino”, de
acuerdo a lo que dictaron sus conveniencias en la región, hoy signadas por el
Plan Colombia y que obligan al imperialismo a buscar las vías de dominación que
disminuyan el riesgo de estallidos en América latina. Por el otro, no se puede
perder de vista la profunda crisis económica, social y política de
Latinoamérica en general y de los países andinos en particular, que ha
transformado sus “democracias” en regímenes altamente presidencialistas y con
una fuerte presencia en el poder de las Fuerzas Armadas.
El Secretario General de la OEA, Cesar Gaviria
(presidente colombiano hasta 1994) abrió la Reunión Andina contra la Corrupción
realizada en Colombia el pasado 19 de noviembre, llamando a "realizar un
trabajo en equipo (entre los países andinos y la OEA) contra un mal que aqueja
a toda la región: La corrupción, de la cual Montesinos y el último período del
Perú han sido uno de los casos más patéticos y dañinos que le tocó vivir a
nuestros países en la etapa democrática". Horas más tarde, Fujimori
presentaba su renuncia en la embajada peruana de Japón a su cuñado y
efectivamente, un trabajo en equipo (el de EE.UU. y el sector burgués opositor
a Fujimori), era el principal responsable. Sobre la legítima bronca popular
contra el tirano y su cómplice Montesinos, acumulada a lo largo de los años, el
imperialismo decidió que su viejo aliado debía ser removido y de esta manera
intentar evitar posibles desbordes y contagiosos estallidos en la delicada zona
americana.
El nuevo presidente, Valentín Paniagua, es el secretario
general del tradicional partido Acción Popular. Un partido burgués que en las
últimas cuatro décadas estuvo dos veces manejando el poder peruano desde el
gobierno. Bajo las dos presidencias de Fernando Belaúnde Terry, Paniagua fue
ministro de Justicia primero y de Educación después, además de las varias veces
en las que fue elegido diputado.
Una de las primeras medidas que tomó Paniagua, el
transitorio primer mandatario, fue nombrar como Primer Ministro a Javier Pérez
de Cuellar, ex secretario general de la ONU y hombre de total confianza para la
Casa Blanca. Otro hombre que goza del respaldo de EE.UU. es el líder de la
(hasta hace algunos días) oposición, Alejandro Toledo, quien se encargó en
estos días de sumar adhesiones contra Fujimori en una gira por diferentes
países (entre ellos Argentina) a cambio de tranquilizantes garantías del rumbo
económico y político que pretenden para el próximo período.
Las cúpulas militares han sido barridas y las nuevas
prometieron lealtad al nuevo presidente y “a la defensa de las instituciones
democráticas peruanas”. Dejando de lado el valor de las promesas militares, la
estabilidad del actual período presidencial y del que promete abrirse luego de
las elecciones presidenciales de abril, dependerá en gran medida de seguir o no
manteniendo la impunidad de las genocidas fuerzas armadas. Horas antes de la
renuncia de Fujimori fueron adelantados los retiros de varios generales del
ejército vinculados con Montesinos con el consiguiente ascenso de la segunda
línea. Unos y otros, luego del acuerdo firmado el 20 de marzo de 1999 entre las
tres armas, gozarían de un pacto castrense para protegerse de probables
atropellos democráticos. Habrá que ver si se puede mantener.
El rimbombante anuncio del imperialismo y la burguesía
peruana respecto del ingreso a “una nueva etapa de revitalización de las
instituciones democráticas”, es un engaño completo. Se anuncia una histórica
mayoría parlamentaria adversa al fujimorismo, sin mencionar que está conformada
por los mismos diputados coimeros que ayer se enriquecieron con las millonadas
provistas por Montesinos y han huido como rata por tirante con el hundimiento
del barco. ¿Y Montesinos? Paniagua no ha dicho ni una palabra acerca de dónde
se encuentra él y todos los videos que muestran a los hoy honestos congresales,
recibiendo una honesta pila de billetes por levantar la mano correctamente. Hasta
han hecho correr el rumor (lo hizo Toledo) de que “el monje negro” estaría
muerto.
Se destituyó a la cúpula militar montesinista por
corrupta y por violar los Derechos Humanos. Como por arte de magia se anuncia
entonces: ¡Se acabó con la corrupción y con los atropellos y asesinatos
militares! Los corruptos y asesinos serían entonces solamente una docena de
militares y no toda una institución que ha dedicado a estos dos nobles
objetivos su razón de ser de manera escandalosa. Nada ha dicho, ni Paniagua ni
nadie, acerca de la libertad de los miles de presos políticos peruanos ni del
líder de Sendero Luminoso Abimael Guzmán. Tampoco del castigo a los asesinos de
profesores y estudiantes de la Universidad de la Cantuta y de las miles de
víctimas de la dictadura. De eso no se habla.
“Fujimorismo transparente”, es la orden de Washington, y
el mejor traje que luce hoy la burguesía peruana.
Mario
VICTORIA DEL PT EN BRASIL
La Izquierda en la Administración, Los Trabajadores, Lejos del Poder
Las recientes elecciones brasileñas fueron ganadas por el
Partido de los Trabajadores en San Pablo, Porto Alegre y otras ciudades.
Este es un fenómeno que tiende a generalizarse en América
latina, en particular en los últimos años.
El Frente Amplio uruguayo gobierna desde hace una década
Montevideo y México DF, desde que fuera ganado por Cárdenas, sigue bajo el
gobierno de su partido, el PRD.
El aliancista Ibarra, supuesto “centroizquierdista”,
gobierna en la Capital Federal. Binner lo hace en Rosario, por el PSP y la
Alianza.
El FSLN ganó recientemente las elecciones en Managua. Un
militar “izquierdista”, las de Guayaquil.
El populista Chávez gobierna Venezuela y el “socialista”
Lagos preside Chile en acuerdo con el Partido Demócrata Cristiano.
Esta enumeración parcial permite una primera lectura que
es positiva: la crisis de la “década perdida” de los ochenta y la de los
noventa, erosionaron con fuerza, en todo el continente, a los partidos
burgueses tradicionales y a su sistema de dominación.
Ejemplos sobresalientes de ello fueron la implosión de
los partidos en Venezuela; la derrota del PRI después de gobernar México
durante 71 años; las sucesivas caídas de gobiernos en Ecuador, el cogobierno de
colorados y blancos después de la victoria (con el 40% de los votos) del Frente
Amplio en la primera vuelta electoral. Otros ejemplos, con mayores peculiaridades,
son la derrota de liberales y conservadores a manos de candidatos
independientes en las recientes elecciones de las principales ciudades de
Colombia, y la transfusión de sangre del centroizquierdista Frepaso a la UCR,
para constituir la Alianza.
Una segunda lectura revela que hay un cierto corrimiento
electoral hacia la centroizquierda y la izquierda.
Esto vale en particular para la administración de las
ciudades –con la aspiración de que se la lleve adelante en forma menos
piratesca– más que para la política nacional (aun cuando no la excluye).
Este “corrimiento” no es sinónimo de una tendencia
dinámica en esa dirección. Simplemente, puede sostenerse en el tiempo por
rechazo a la administración de los partidos tradicionales, o bien retroceder
rápidamente para dar paso a administraciones abiertamente reaccionarias, como
fue el caso de las que siguieron a Luisa Erundinha (del PT) en San Pablo, o el
de Barrantes (de Izquierda Unida) en Lima.
En una tercera lectura puede observarse la integración
orgánica de la izquierda –y, obviamente, de la centroizquierda– a la
administración capitalista en niveles ejecutivos.
Lo novedoso es que estas corrientes acceden a la
administración, no ya como un “cuerpo extraño” (como lo fue, por ejemplo, la
Unidad Popular chilena de los setenta) al que la burguesía tolera (y a veces,
convoca) en circunstancias excepcionales con el fin de aplacar y desviar a las
masas y sus luchas (y si fracasa, lo extirpa mediante el plomo del aparato
estatal).
Por el contrario, la administración ejecutiva de la
izquierda se ha transformado en un componente “normal” del dominio capitalista,
a medida que la izquierda fue perdiendo todo filo revolucionario e incluso
abandonando propuestas reformistas que simplemente cuestionen lo más brutal de
la política en curso.
Sintéticamente, podríamos decir que la tradicional
izquierda latinoamericana ha seguido, como la sombra al cuerpo, a sus pares
europeos, socialdemócratas de vieja data o stalinistas reciclados en los
gobiernos de Italia y Francia, por ejemplo.
El engañoso discurso del Papa habla sobre un supuesto
capitalismo “humano”, lo que significa negar el esclavismo, la piratería, el
genocidio de la colonización, los cientos de millones de muertos en guerras de
rapiña imperialista, y la más brutal explotación, que es la razón de ser del
capitalismo. En una completa adaptación a ese discurso, el grueso de la
izquierda latinoamericana intenta aplicar la curandería de la socialdemocracia
europea para un enfermo mucho más grave.
Por eso todo es tan patético en estas regiones. En
Montevideo o en Rosario, los “progresistas” no han logrado disminuir un
milímetro los índices de desocupación, así sea con planes de obras públicas,
factibles en ciudades ricas. El presupuesto “participativo” de Porto Alegre es
una cogestión de la miseria, en el país que disputa el tope mundial en la
distribución regresiva del ingreso.
La “humanización” consiste en realizar algunas “obras”
(plazas en el Montevideo dirigido por un arquitecto paisajista) o conciertos y
espectáculos públicos gratuitos, ofrecidos a sectores de la clase media (como
hace la Alianza en Buenos Aires). Esto se combina, en general por intermedio de
la Iglesia, con algunas obras de beneficencia, que son base de descompresión
social y de clientelismo político.
Siendo insignificantes, estas medidas pueden, por algún
tiempo, parecer mejor que la nada y el saqueo de los partidos tradicionales. Pero
esa ilusión es efímera, ya que no atacan los males de fondo. Por el contrario,
corrompen a parte de las filas izquierdistas por medio del aparato estatal
burgués, y preparan las condiciones para el ascenso político de demagogos populistas,
de “izquierda” o “derecha”, tipo Chávez, Fujimori, u otros.
Un primer triunfo, a nivel legislativo o municipal, no
equivale al inicio de una carrera que garantiza ir escalando peldaños en la
conciencia de las masas. No se trata de ganar primero a sectores de la
población para la centroizquierda y/o la izquierda parlamentarista, esperar a
que saquen conclusiones de la experiencia realizada (incluso tendiendo tácticas
que ayuden a ello) y, finalmente, lleguen al socialismo revolucionario, como a
un posgrado que culmine la carrera.
Porque el avance en la conciencia no es un proceso
gradual y evolutivo: avanza y retrocede a saltos.
En el contexto de crisis económica y pauperización social
las ilusiones de sectores de masas en soluciones “humanas” al capitalismo, sólo
preparan la más completa decepción y abonan el camino para demagogos populistas
reaccionarios y antidemocráticos que, con el discurso que sea, se presentan
como salvadores “providenciales”.
En otras épocas todos los reformistas, por distintos que
fuesen sus nombres y sus métodos (desde el viejo parlamentarismo hasta el
reformismo armado), presentaban un discurso al servicio de una supuesta
revolución antioligárquica y antimperialista, en camino hacia el socialismo
(así esto no fuera más que un “saludo a la bandera” con el que se intentara
tapar su sometimiento político a distinstas fracciones burguesas).
Ahora triunfó el posibilismo, un etapismo que ni siquiera
de palabra tiene como fin la revolución social.
El principal latiguillo que acompaña a este razonamiento
es que, con la desaparición de la URSS, “cambió la correlación de fuerzas”
entre las clases.
Pero este eslogan es una completa falacia. Stalin,
Jruschov o Brejnev eran tan aliados de la revolución internacional como
cualquier Papa puede serlo del ateísmo y de la ciencia. Y lo demostraron en
todos los grandes hechos, durante tres cuartos de siglo, en todos los
continentes. La política de Stalin favoreció el triunfo de Hitler; jugó un
papel contrarrevolucionario de primer orden durante la revolución española; en
la posguerra construyó una muralla de estados burocráticos como supuesta autodefensa
militar (cuya artificialidad se demostró cuando cayeron como un castillo de
naipes) a cambio de colaborar en ahogar procesos revolucionarios en Francia,
Italia y el mundo occidental; y los herederos de Stalin elaboraron el engaño de
la “vía pacífica al socialismo”, cuya máxima experiencia terminó con Pinochet
en el poder.
A la luz de esta experiencia histórica, considerar como
aliados para la revolución, en una supuesta correlación de fuerzas favorable, a
personajes como Stalin, Brejnev o Jruschov, entraña el peligro de volver a
colocar un zorro a cuidar el gallinero.
Este tipo de razonamiento, para poder sostenerse a sí
mismo, necesita evitar hacerse una pregunta elemental: ¿cómo se empezó a
cambiar la relación de fuerzas en 1917? La respuesta es simple: cambiándola,
aprovechando la crisis del enemigo, sus contradicciones, el despertar
inconsciente de masas desesperadas por las condiciones insoportables de vida en
la que los colocó el capitalismo, y golpeando para romper el eslabón más débil
de la cadena imperialista y colocar a la revolución rusa al servicio de la
revolución mundial.
Las revoluciones, en el pasado y en el futuro, fueron y
serán una creación original. No se puede esperar que se repitan como un calco,
condiciones determinadas, de una época dada, en un país dado. No se trata de
ponerse a construir un Palacio de Invierno, para tener un objetivo
revolucionario que asaltar, emulando a la revolución rusa.
Toda revolución es una combinación, particular y única,
de circunstancias particulares. El problema es si uno la tiene, o no, como
norte.
El grueso de la izquierda –y ni que hablar de la
centroizquierda– ha abandonado ese objetivo estratégico, que la crisis capitalista
y la barbarización del sistema revelan cada vez más como necesario.
Ese abandono, es el que conduce a la esterilidad, al
desánimo y al fracaso, de políticas que son caras de una misma moneda, la que
obvia el problema de cambiar revolucionariamente de manos el poder, destruyendo
los resortes del estado capitalista y sus instituciones y la que plantea la
creación de “poder” sin la estrategia de destruir al existente. Esto vale tanto
para las corrientes que consideran que la “acumulación de fuerzas” se opera
dentro de las instituciones del estado (por lo que es un objetivo privilegiado
el lograr acceder a su administración), como para aquellas que caminan
superficialmente por la vida, repitiendo viejos discursos acerca de “construir
espacios de poder popular” en la actual sociedad, acumulativo, autogestionario
y ajeno a la disputa revolucionaria del poder por los trabajadores y el pueblo.
jorge guidobono
Las provocativas declaraciones del embajador norteamericano en el Uruguay
PATRON DE ESTANCIA
Cualquier
persona sensata sabe acerca del papel que los Estados Unidos tienen en América
latina. Las formas de su influencia dominante sobre estos países nunca ha
dejado de sentirse, aunque haya tomado diversos estilos. En la época de Teddy
Roosevelt se hablaba del big stick (gran garrote) con el que Norteamérica
dirigía los movimientos de su patio trasero (principalmente Centroamérica y el
Caribe). El lenguaje que empleaba era francamente brutal.
A las
maneras bárbaras de Teddy le sucedieron políticas más sinuosas. Basta recordar
el eslogan de otro Roosevelt, Franklin Delano, la “política del buen vecino”. Las
medidas contundentes del tipo invasiones militares o conspiraciones con las
fuerzas armadas locales, se reservaron para situaciones altamente importantes
(ya fueran contrarrevoluciones preventivas o la represión de movimientos
revolucionarios). Los “malos tratos” con América latina se dejaron a un lado y
se armó un tinglado “interamericano” con relaciones “normales” entre países
soberanos.
Por eso,
hace falta remontarse hasta principios del siglo XX para recordar algo parecido
a las declaraciones de Christopher Ashby, embajador norteamericano en Uruguay. (Braden,
a su lado, parece el cardenal Richelieu.)
El
personaje de marras adjudicó la culpa de los problemas del Uruguay a que la
población de este país en 1992 votó en un plebiscito en contra de la
privatización de la compañía de teléfonos (Antel) y de otras empresas
públicas1. Afirmó que esta situación “no benefició a las empresas y contribuyó
a elevar la tasa de desempleo al 14%”.
Ignoramos
a qué empresas no benefició, seguramente a las que, eventualmente, hubieran
monopolizado brutalmente el mercado y encarecido las tarifas como sí sucedió en
la Argentina, México y Perú. Cuesta también imaginar qué desocupación habría
paliado la privatización, ya que como es notorio, los contratantes privados
suelen despedir mano de obra a gran escala.
Uruguay
carecería de inversiones, según este buen señor, no a causa de la estrechez de
su mercado, sino a que el Estado tiene una gran presencia en la economía, y eso
desalienta a potenciales inversores norteamericanos.
Tambien
cayó en la volteada el moderadísimo e inofensivo Frente Amplio, que nuclea a la
casi totalidad de la izquierda uruguaya. “Sus líderes son más viejos que los
integrantes del partido y algunos son más antinorteamericanos que el promedio
del FA”, afirmó Ashby, seguramente munido de una moderna calculadora.
Sabemos
lo que quiere decir la derecha cuando habla de “lo viejo”. Se refiere a
cualquier cosa que, cercana o lejanamente, evoque al socialismo. El discurso de
Ashby, si bien habla de Uruguay, se refiere en verdad al conjunto de América
latina. Es la amenaza abierta del imperialismo norteamericano de que no
tolerará grandes matices en el libreto democrático burgués. Hay una política
económica única a la cual apoyarán plenamente. La manera de llegar, la dejan a
los políticos de la burguesía nativa. “Arréglense como puedan”, parece decir
Ashby “ya saben cuáles son los límites”.
Las
declaraciones del embajador fueron mal recibidas por el conjunto del arco
político uruguayo. Su eje argumental fue que se puede opinar sobre los actos de
gobierno, pero no sobre los pronunciamientos electorales del pueblo uruguayo. En
resumen, se quejaron de la falta de diplomacia del diplomático.
Todos se
quejaron, menos uno: el presidente Jorge Batlle. Salió a decir que se le había
dado demasiada importancia a esas declaraciones y agregó que Estados Unidos
ayudó diplomáticamente al país en relación al brote de aftosa en el ganado (con
lo cual se alineó con Estados Unidos contra Brasil, lo cual en los términos de
la política burguesa es entendible).
“Estas
declaraciones no son nunca otra cosa que la expresión de una opinión”, explicó
Battle. ¡Claro! Una opinión más dentro del armónico reino de la democracia. La
opinión del embajador del país más poderoso de la tierra es una más entre
otras. Igual a la de un obrero municipal por ejemplo. Un aporte, entre otros, a
la solución de los problemas nacionales.
La
respuesta más descortés que recibió Ashby la dio Rodolfo Nin Novoa, candidato a
vicepresidente por el Frente Amplio-Encuentro Progresista (hoy primera fuerza
política del país). Declaró que no se trató de la “impertinencia de un embajador
sino de una mentira, pues la Argentina vendió sus empresas públicas, vendió
todo, no hubo plebiscito, y el desempleo hoy es más alto que en Uruguay”.
Más allá
de las diferencias que mantenemos en todos los terrenos con la conducción del
Frente Amplio, lo esencial es repudiar la política norteamericana de “patrón de
estancia” en la región, de la cual este “incidente” es apenas una pequeña parte
(aunque aleccionadora acerca de sus alcances), mientras el Plan Colombia es la
pieza maestra.
Foxley
1. El plebiscito de 1992 fue producto de la alianza del
FA, los colorados de Sanguinetti y blancos disidentes contra el gobierno blanco
de Luis Alberto Lacalle.
Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Italia...
Crece la Bestia Neonazi
El
neonazismo, que aparece desde hace tiempo como un fenómeno aislado en Austria
–con Haider en el poder– y Alemania, no es una rareza dentro del contexto
europeo. Las relaciones económicas a las que Alemania intenta someter al resto
de los países europeos, dan pie a los grupos fascistas y neonazis, que ya
dejaron de ser algo extraño para la población o ajeno a las burguesías
nacionales de cada país.
En Alemania, los ataques racistas no dejan de sucederse:
suman 7.000 en lo que va del año. Tienen su epicentro en Alemania oriental,
donde se produjeron cuatro asesinatos sólo durante el 2000, y el último ante la
mirada de 200 personas, un niño de 6 años que en una pileta fue torturado,
drogado y ahogado, sin que nadie dijera nada y con el silencio cómplice de la
policía y la justicia. Tres grandes partidos de ultraderecha –DVU, REP y NDP–
declaran tener 17.000, 14.000 y 6.000 miembros y existen cerca de otros 150
grupos menores reconocidos por los servicios de inteligencia. Hay un importante
crecimiento de tendencias neonazis dentro del ejército, que parece tener
preocupada a la burguesía alemana.
En medio de este panorama el gobierno, con el
socialdemócrata Schroeder a la cabeza, se propone dar una pelea “legal” y
social contra estos brotes neonazis y xenófobos. Decidió la asignación de 34,8
millones de dólares –provenientes de un “fondo social europeo”– destinados a
actividades educativas preventivas entre los adolescentes de la parte oriental,
realizó a fines de agosto una gira antirracista en diversas ciudades del Este y
condenó a cadena perpetua a uno de los asesinos del mozambiqueño Alberto
Adriano. Además, Schroeder presentó el 9 de noviembre una solicitud al Tribunal
Constitucional para prohibir al Partido Nacional Democrático (NPD).
En Austria, como es sabido, desde febrero coparticipa en
el gobierno el confeso admirador de Hitler Joerg Haider –que dirige el Partido
Liberal– en alianza con el Partido Popular. Al margen de la caída del 16 al 12%
del Partido Liberal en las recientes elecciones regionales del mes de octubre,
Haider ha conseguido en los últimos meses dos relativos triunfos que refuerzan
su figura no solamente hacia dentro de Austria. Estos dos hechos son el
levantamiento –fundamentalmente a instancias alemanas– de las sanciones que la
Unión Europea le había impuesto a Austria a comienzos de febrero, y la negativa
a adoptar el euro en el referéndum que se realizó el pasado mes en Dinamarca.
En Italia, en los últimos días, F. Storace, dirigente de
la Alianza nacional -socio de la oposición de centroderecha liderada por Silvio
Berlusconi- promovió crear una comisión que revise los textos escolares
acusados de parcialidad marxista. Esta no es una información menor ya que
Berlusconi lleva diez puntos de ventaja en los sondeos para las próximas
elecciones, y tiene relaciones que intenta ocultar con la fascista Liga del
norte de Umberto Bossi y con el propio Haider.
En Dinamarca y Bélgica, las expresiones neonazis y
fascistas son de menor envergadura, cualitativa y cuantitativamente, pero igual
tienen mucha importancia. Dinamarca es el país donde se alojan la mayoría de
los sitios de Internet de los agrupamientos europeos de extrema derecha, y
donde se imprime el mayor número de publicaciones de ese tipo. Por otra parte,
el Partido del Pueblo Danés (extrema derecha) obtuvo, en las últimas
elecciones, el 5,8% de los votos, y con la negativa en el referéndum –que ellos
alentaban “contra el gran enemigo alemán”– también ganaron cierta relevancia.
En Bélgica, en las provinciales y municipales del mes
pasado, el ultraderechista Bloque Flamenco –de reconocida campaña
antinmigratoria y a favor de la independencia de Flandes– ganó en Amberes, la
segunda ciudad del país, y obtuvo una buena votación en el resto del país.
¿La Unión Europea y la burguesía alemana combaten a la
extrema derecha?
Un problema central que tiene la Unión Europea, y el gobierno alemán en particular, es cómo enfrentar la penetración económica del imperialismo yanqui y cómo resolver, a su favor, la disputa por mercados como América latina –acá también entra el problema de Colombia– y Asia.
En consecuencia, la Unión Europea y el euro necesitan ser
lo más fuertes posible.
Por eso, aunque por un lado “combaten” dentro del
territorio alemán el horror emanado de las fuerzas neonazis, por el otro,
levantan las sanciones al gobierno austríaco, con el argumento de que al no
haber sanciones se evitaría darle pretextos a Haider para que siguiese
creciendo (aunque los socialcristianos alemanes siguen apoyando financieramente
al Partido Liberal).
El interés imperialista y capitalista prevalece por sobre
la posibilidad de que crezca un monstruo que ya no tiene nada de fantasma: es
tan corpóreo como los inmigrantes muertos, o molidos a golpes, a manos de los
neonazis en Alemania.
La posibilidad real de lucha contra cualquiera de las
formas de la extrema derecha está en no supeditar ningún planteo ni acción a
los dictados de la burguesía, por más que sí debamos confluir con ella en
acciones antifascistas.
La lucha contra el horror neonazi debe ser llevada
adelante todos los días y en todas partes del mundo donde éstos aparezcan.
Porque aunque la burguesía pelee contra ellos en
determinadas circunstancias, su enemigo no es la extrema derecha sino la clase
obrera, la única que puede ser su sepulturero.
MAXI
Ley de Extranjería en España
El
ministro de Consejos dio luz verde al Partido Popular (PP) para reformar la Ley
de Extranjería (LE) que fue aprobada el año pasado por todos los grupos
parlamentarios a excepción del PP. Durante este año ocurrieron dos hechos importantes
que permitieron al PP la modificación de dicha ley.
Primero:
en el mes de febrero, trabajadores magrebíes organizaron una protesta y una
huelga en El Ejido (Andalucía), pueblo que ha incrementado sus ganancias con
los cultivos intensivos, sometiendo a los inmigrantes a trabajar en pésimas condiciones,
con bajos salarios, carentes de cobertura sanitaria y de vivienda.
Segundo:
en el mes de marzo, el PP obtuvo mayoría en las dos cámaras de representantes.
Esto
último, le permitió aprobar la ley en Diputados con 187 votos del PP, junto a
la Coalición Canaria y Convergencia Uno (catalanes). Hubo 117 votos en contra
del PSOE, Izquierda Unida y el Partido Nacionalista Vasco (PNV).
Con el
argumento de impedir el efecto “lamada”, el PP propuso modificar el 80% de los
artículos, con lo que los indocumentados serán los más afectados:
–Derechos
y libertades: los derechos de reunión, asociación, participación pública,
sindicación o huelga, quedarán restringidos a los “legales”;
–Regularización
permanente: “podrán” acceder a la residencia (se trata de una posibilidad, no
es un derecho) quienes puedan acreditar una permanencia continuada en España
de, al menos, cinco años (actualmente son sólo dos);
–Tutela
judicial: sólo los que estén en el estado español dispondrán de asistencia
jurídica gratuita en los procedimientos que puedan conducir a su expulsión; los
detenidos en las fronteras no se beneficiarán con este derecho.
Los días
7 y 8 de diciembre la Cumbre Europea aprobará en Niza, la “Carta de los_”, que
no tendrá fuerza jurídica vinculante y será el embrión de una futura
Constitución europea. La creación de esta “Carta_” ha levantado fuertes
rechazos de las centrales sindicales europeas, las ONG, los partidos de
izquierdas y otras fuerzas sociales.
En lo
fundamental, la “Carta_” es un intento de dividir a la clase trabajadora
europea en trabajadores comunitarios –con todos los derechos– y trabajadores
residentes de un estado, sin derechos (por ejemplo, a la libre circulación o
búsqueda de empleo en otros estados miembros, y a beneficios sociales como
salud, vivienda, etc.).
La
participación del gobierno español en la elaboración de esta “Carta_” fue muy
importante, lo cual no es de extrañar, ya que necesita contar con un marco
legal para institucionalizar el racismo en el estado español.
Los
partidos “opositores” en el congreso sólo repudiaron la reforma, limitándose a
proponer algunas enmiendas. Por otro lado, en Barcelona, la “Plataforma papeles
para todos”, compuesta por colectivos de inmigrantes, grupos de izquierdas
radicales, CGT (una de las centrales sindicales) y alguna que otra ONG, están
organizando movilizaciones para legalizar a los sin papeles y contra la ley. Esta
semana, los estudiantes de una facultad "tomaron" algunas aulas para
darle asilo a los que viven en la plaza Cataluña a la intemperie. El plan de
lucha sigue y se están realizando asambleas para ver cómo se pelea en las
calles.
Y en
todo el territorio del estado español se están impulsando los viajes a Niza con
los partidos de izquierdas, las centrales sindicales (con distintas posiciones)
y los grupos anticapitalistas que fueron a Praga en septiembre, los cuales
intentarán repetir la experiencia anterior.
Por
ahora, la CGT de Francia y otras de Europa, van a presentar una “Carta de los
derechos sociales”, una alternativa a la que está en discusión. O sea que
empezó a plantearse una división con los sectores más radicales que llamaban a
boicotear la Cumbre y se oponen a los dos proyectos.
A la
vez, aquí en España CC.OO. y UGT van a marchar el día 6 –sí, un día antes– para
regresar el 7, cuando está prevista la gran marcha, a la que sí irá CGT de
España y los grupos de izquierdas radicales.
El
desafío en estas jornadas de lucha será lograr la unidad entre las
organizaciones obreras, junto a los movimientos anticapitalistas y, de esta
manera, golpear como un solo puño al sistema capitalista.
(Desde Barcelona) w. a.
Eutanasia en Holanda
¿Quiénes deciden?
Holanda legalizó la eutanasia para enfermos terminales. La
ley fue aprobada en diputados y se descuenta que también lo harán los
senadores, convirtiendo a este país en el primero en legalizar el suicidio
asistido.
Desde
hace aproximadamente una década, en Holanda existe una tolerancia con respecto
a la eutanasia. Según cifras oficiales, sólo en 1999 hubo 2.216 personas que
pidieron ser ayudadas por los médicos para poder morir.
Según
esta ley, que despertó las más duras críticas del Vaticano, luego de un
estricto control que determine si realmente no existen posibilidades de
retroceso, los pacientes con enfermedades terminales podrán elegir qué hacer
con su vida (en este caso, terminarla), cuando ella se torna irremediablemente
insoportable.
El
aspecto más positivo de esta medida es que permite terminar con la vida de
quienes, contra su voluntad y encontrándose en un irreversible calvario, son
obligados a sufrir física y/o psicológicamente hasta que el cuerpo deje de
resistirlo. Esta nueva resolución, atenta fuertemente contra los principios de
la Iglesia. Y si esta ley aleja de las manos de la Iglesia, la administración y
decisión sobre la vida y la muerte, es un paso adelante. Pero, ¿en qué manos
queda entonces la decisión?
En
Austria y Alemania hubo varias denuncias sobre enfermeras que, obedeciendo
órdenes superiores, mataron a enfermos y viejos que no tenían dinero para
solventar los gastos de diferentes tratamientos, comenzando por quienes no contaban
con personas que pudieran reconocer sus cadáveres. Cadáveres que dejarán
disponible alguna requerida y financiable cama.
No
solamente en estos dos países sino en casi toda Europa, la gran prolongación de
la expectativa de vida, se ha convertido en un gran problema que puede hacer
saltar por los aires las cajas jubilatorias. Es necesario para los capitalistas
solucionar este problema de una u otra forma, y la solución para sus bolsillos
siempre se lleva vidas ajenas.
Si bien
la aprobación de esta ley tiene un evidente aspecto positivo, en manos de los
capitalistas y los sistemas de salud movidos únicamente por la obtención de
ganancias, puede llegar a convertirse en la autorización legal para matar
ancianos pobres.
Mario
La Caída de Milosevic
y la Transición en Serbia
La oposición, utilizando las elecciones presidenciales y
convocando a la movilización obrera y popular, acabó con 13 años del régimen
procapitalista, nacionalista y dictatorial de Milosevic. Ahora la transición se
efectúa bajo el control del imperialismo europeo y la OTAN –que ha integrado a
Serbia en la ONU– con los componentes del estado intactos, especialmente el ejército
y la policía. Asumió un gobierno provisorio bajo el mando del electo presidente
Kostunica, que realizará elecciones parlamentarias anticipadas. Este gobierno
es integrado también por el Partido Socialista de Milosevic. La explotación y
la opresión sólo cambió de cara.
Desde
las páginas de Bandera Roja hemos venido analizado los acontecimientos
acaecidos en los territorios de la ex Yugoslavia. Como socialistas
revolucionarios, sostenemos que la salida de fondo es la Federación Socialista
Balcánica que respete el derecho de autodeterminación de los pueblos. Esencialmente,
declaramos que no hay ninguna solución nacional, étnica o religiosa al proceso
desarrollado en la península Balcánica, que nada tuvo, ni tiene que ver con una
revolución democrática o de algún otro tipo. Sí tuvo y tiene que ver con la
restauración capitalista y, especialmente, con la intervención de los
imperialismos yanqui y europeos, especialmente después de la caída del Muro de
Berlín y de la desintegración de la URSS.
Las
migraciones internas en el país de los denominados “eslavos del sur”
(Yugoslavia) y las guerras, son producto exclusivo de la voracidad, rapiña y
criminalidad del imperialismo capitalista que utilizó todas las lacras de la
explotación y opresión que subyacían bajo la loza del régimen del stalinismo de
los Balcanes: el titoísmo. Y se “balcanizó” Yugoslavia, con el argumento de los
“derechos humanos” que debían expresar “democráticamente” las “aspiraciones
nacionales, étnicas y religiosas de los pueblos”.
Milosevic
en Serbia, Tuchman en Croacia e Izvegovich en Bosnia, llevaron adelante estos
mandatos. Debían crearse estados, debían crearse ejércitos, debían
transformarse las fronteras internas en externas y, en consecuencia, hacer
guerras. Si no bastara, los imperialismos capitalistas, organizados en la OTAN
y liderados por Estados Unidos, añoraron el operativo “tormenta del desierto”,
cercaron y golpearon con hierro y fuego a Serbia y Montenegro, e invadieron y
ocuparon Kosovo, convirtiendo esta provincia en protectorado en vías de
transformarse en el “estado Albano-Kosovar”. Esa secuencia de destrucción no
acabó en ese momento con el carnicero de Milosevic, pero lo sembrado minó a su
régimen. Ahora, hacen eclosión los factores de presión externos combinados con
los internos.
La
transición del estado serbio está en marcha. Es que la restauración capitalista
deben hacerla los más confiables. De ahora en más, se completa la obra imperial
de “proteger” a los nuevos estados que surgieron de la guerra civil que
desmembró Yugoslavia. Cambiará la administración, es probable –también– que
algún personaje del viejo régimen termine en la corte internacional de la Haya,
juzgado por crímenes de guerra. Pero el ejército, como columna vertebral del
estado, es inamovible.
a. aten
Cómo procesó los acontecimientos parte de la Comunidad
Europea
Reproducimos extractos de corresponsales de la prensa
imperialista del Reino Unido y Alemania.
29/9. “_El Ejército de Yugoslavia y la policía de Serbia,
últimos soportes del régimen autócrata de Slobodan Milosevic, lanzan un mensaje
conciliador y dejan entrever, de forma más o menos velada, una cierta
disposición para aceptar el triunfo del candidato presidencial de la Oposición
Democrática de Serbia (DOS), Vojislav Kostunica. "Creo que Milosevic no
ordenará intervenir contra el pueblo y respetará su elección", dijo el
jefe del Estado Mayor del Ejército".
“_En
declaraciones a la cadena de televisión France 3, afirma Pavkovic: "Creo
que el presidente Milosevic no ordenará nunca al Ejército intervenir contra el
pueblo y que respetará su elección. El problema es cómo saber qué hará la otra
parte". A la pregunta de cómo reaccionaría si recibe la orden de
intervenir, responde Pavkovic: "El Ejército está por completo fuera de la
esfera política y no ha interferido nunca en la política". Según el
general, "las elecciones se organizan para que alguien las gane. Nosotros
aceptaríamos los resultados, sean como sean". Para Pavkovic, "no hay
motivo para que el Ejército dispare contra el pueblo. Sólo intervendrá en caso
de agresión extranjera".
1/10. El corresponsal inglés Timothy Gorton Ash, en su
artículo denominado "El perfil de Kostunica" escribe: . . . La
primera vez que nos vimos, en la época de las grandes manifestaciones contra
Milosevic, en 1996-1997, me llevó a un viejo restaurante en el centro de
Belgrado y me dijo que tenía verdadera fe en Yugoslavia. La Yugoslavia
original, es decir, el reino unitario, dominado por los serbios, que existió en
el periodo de entreguerras (su padre era oficial del Ejército Real). Fue –me
dijo–, o debería haber sido, un ejercicio de construcción nacional al estilo
británico bajo una monarquía constitucional. No había más que ver que el rey
había dado a su hijo mayor un nombre serbio, al segundo uno croata y al tercero
uno esloveno, igual que los monarcas británicos llaman al heredero príncipe de
Gales". . ."La mayoría de los demás nacionalistas de la antigua Yugoslavia
consideraría que eso es ver todo de color rosa. Pero no, Kostunica me dijo que
no creía en la restauración de la monarquía. Aparte de todo lo demás, explicó,
el pretendiente al trono, el príncipe Alejandro, prácticamente no habla serbio.
Cuando se reunían, tenían que hablar con él en inglés, que el doctor Kostunica
habla con fluidez. Lo que defendía entonces era la necesidad de un
"federalismo asimétrico" como solución para Kosovo, Montenegro y Vojvodina
y, tal vez, también para la República Serbia en Bosnia. Y me explicó con
detalle sus planes para la "regionalización" de Yugoslavia.
Con
aburridísimo detalle, debo decir".
"Así pues, ¿es, como dicen nuestros periódicos, un
"nacionalista moderado"? ¿Qué es exactamente un "nacionalista
moderado"? Algunos viejos yugoslavos, asombrados por su firme apoyo a los
serbios en Bosnia y Kosovo, dicen que es tan malo como Milosevic. Unos incluso
dicen que su nacionalismo está más arraigado que el del poscomunista y
oportunista Milosevic"... "Tras la adopción del sistema
pluripartidista en el país, en 1989, Kostunica fue uno de los fundadores del
Partido Demócrata (DS), que abandonó en 1992 para fundar el DDS, una formación
pequeña que aglutina a la pequeña burguesía nacionalista de la capital
yugoslava. Kostunica fue diputado en el Parlamento serbio en dos legislaturas,
de 1990 a 1997, año en que su partido boicoteó las elecciones
parlamentarias".
2/10. “_No es una derrota mínima la que ha admitido
Milosevic, sino por un margen suficiente para indicar que el líder de la
oposición, Kostunica, puede ser el ganador de la segunda vuelta. Pero la
oposición, que ha sacado conclusiones de lo ocurrido en Perú –con trampas,
Fujimori robó las dos vueltas, aunque se declaró en cabeza en la primera–, no
quiere entrar en un juego perverso con el que Milosevic quiere, ante todo,
ganar tiempo, pese a las dudas europeas al respecto, pues algunos consideran
que la oposición debería acudir a esa segunda vuelta y ganarla, en vez de
dejársela a Milosevic. La oposición no quiere segunda vuelta. Ha sentido,
correctamente, que el viento estaba girando, que el juego había cambiado. Y con
las masivas movilizaciones, dirigidas hacia una huelga general, en un contexto
diferente a las de 1996-97, pretende hacer caer a Milosevic del poder, después
de que éste hubiera caído en su propia trampa: no sólo se ha deslegitimado en
las urnas, sino que puede haber entrado en un proceso de pérdida de respeto y
de miedo".
7/10. “_La diplomacia alemana trabajaba ayer intensamente
para hacer irreversible la "autoliberación" del pueblo serbio y
evitar que ésta sea puesta en peligro por las incógnitas que aún quedan por
despejar, entre ellas la actuación y el destino de Slobodan Milosevic. Para
atender al primer punto, Alemania daba pasos para que la Unión Europea suprima
cuanto antes las sanciones, comenzando por el embargo de los carburantes, e
impulse un plan de ayuda urgente para reconstruir el país. Para despejar las
incógnitas, el canciller Gehard Schröder, recurría a su relación privilegiada
con el presidente de Rusia, Vladímir Putin. Por la mañana, conversó por
teléfono con Putin, así como con el presidente francés, Jacques Chirac, y el
estadounidense, Bill Clinton”.
4/11. “_El Gobierno federal yugoslavo, que dirigirá de
forma interina (se supone que hasta el próximo verano o todo lo más hasta
otoño) los asuntos puntuales de la federación serbio-montenegrina, está listo. La
coalición gubernamental de excepción entre la Oposición Democrática de Serbia
(DOS), el Movimiento para la Renovación Serbia y el Partido Popular Socialista
(SNP), dirigido por el socialista Zoran Zizic, tendrá como viceprimer ministro
a Miroljub Labus, un destacado economista del grupo independiente G-17, que en
realidad controlará las tres carteras técnicas que han sido otorgadas al
Partido Socialista”.