¿Quiénes deciden?
Holanda
legalizó la eutanasia para enfermos terminales. La ley fue aprobada en
diputados y se descuenta que también lo harán los senadores, convirtiendo a
este país en el primero en legalizar el suicidio asistido.
Desde hace aproximadamente una
década, en Holanda existe una tolerancia con respecto a la eutanasia. Según
cifras oficiales, sólo en 1999 hubo 2.216 personas que pidieron ser ayudadas
por los médicos para poder morir.
Según esta ley, que despertó las más
duras críticas del Vaticano, luego de un estricto control que determine si realmente
no existen posibilidades de retroceso, los pacientes con enfermedades
terminales podrán elegir qué hacer con su vida (en este caso, terminarla),
cuando ella se torna irremediablemente insoportable.
El aspecto más positivo de esta
medida es que permite terminar con la vida de quienes, contra su voluntad y
encontrándose en un irreversible calvario, son obligados a sufrir física y/o
psicológicamente hasta que el cuerpo deje de resistirlo. Esta nueva resolución,
atenta fuertemente contra los principios de la Iglesia. Y si esta ley aleja de
las manos de la Iglesia, la administración y decisión sobre la vida y la
muerte, es un paso adelante. Pero, ¿en qué manos queda entonces la decisión?
En Austria y Alemania hubo varias
denuncias sobre enfermeras que, obedeciendo órdenes superiores, mataron a enfermos
y viejos que no tenían dinero para solventar los gastos de diferentes
tratamientos, comenzando por quienes no contaban con personas que pudieran
reconocer sus cadáveres. Cadáveres que dejarán disponible alguna requerida y
financiable cama.
No solamente en estos dos países
sino en casi toda Europa, la gran prolongación de la expectativa de vida, se ha
convertido en un gran problema que puede hacer saltar por los aires las cajas
jubilatorias. Es necesario para los capitalistas solucionar este problema de
una u otra forma, y la solución para sus bolsillos siempre se lleva vidas
ajenas.
Si bien la aprobación de esta ley
tiene un evidente aspecto positivo, en manos de los capitalistas y los sistemas
de salud movidos únicamente por la obtención de ganancias, puede llegar a
convertirse en la autorización legal para matar ancianos pobres.
Mario