DOS ESCRITORES, LA LITERATURA Y LA HISTORIA ARGENTINA

EL VIEJO Y EL JOVEN

El Viejo, como escritor –historiador y poeta–, logró reconocimiento a nivel nacional. Pudo publicar sus obras e incluso varias ediciones de algunas de ellas. Recibió el espaldarazo de Leopoldo Lugones aunque, como se sabe, sólo lo daba a aquellos escritores que eran parecidos a él. Fue el que lo calificó de poeta pagano.

El Joven, por el contrario, ni siquiera en su tiempo pudo ver su obra publicada, excepto en unas endebles Fichas. No tuvo reconocimiento de algún alto literato, salvo el del propio Viejo.

El Viejo logró alcanzar la longevidad. Vivió hasta los 90 años, lo que le permitió, entre otras cosas, tener una profusa obra. El Joven, a poco de promediada la juventud, se peleó con la propia vida y tuvo una prematura muerte. Su obra quedó inconclusa.

El Viejo no aceptó nunca ser miembro de la Academia Argentina de Letras y escribe una historia que no es oficial, libremente interpretada desde el materialismo dialéctico. A Rosas lo llama el Restaurador de las Tinieblas entre tantos otros calificativos.

En esa forma de escribir no está ausente la investigación histórica y la concienzuda interpretación de lo que significaban los inicios del capitalismo argentino, los terratenientes y los saladeristas. Fue (es) un poeta revolucionario. Pan, aparecido en 1947, contiene la protesta más concreta y explícita contra la injusticia del sistema capitalista. En tanto, en Biografías Animales y El árbol nuestro padre aparece el escritor que puede encantar al lector niño y al lector adulto.

A su tiempo, el Joven había descubierto al Viejo. Se había impresionado con Hudson a caballo, El general Paz y los dos caudillajes y Antes y después de Caseros. En textos como Antes de Mayo, Alberdi, Sarmiento y el ’90 o Masas, caudilos y elites, el Joven trata de asemejar y de dejarse influenciar por el estilo a veces devastador del Viejo.

El Joven murió en diciembre de 1965 y el Viejo se encargó de revisar y corregir buena parte de su obra. Hasta el momento es el primer y único inacabado intento de escribir una historia argentina desde el marxismo. Hoy, en el 35 aniversario de la muerte del Joven, muchos historiadores, académicos, productores de best-sellers históricos y monografistas autoproclamados de izquierda, lo leen y lo consultan, pero casi nadie es capaz de citarlo.

Dicen que el Viejo, luego de trabajar sobre los escritos del Joven, escribió en 1967 el libro de poemas, Trotsky.

Había nacido en Belén, Catamarca, en 1898. Vivió en Buenos Aires, Mar del Plata y anduvo en tantos otros lugares del país. Este conocimiento le permitió excelentes descripciones de la pampa, el gaucho, el indio, la guitarra, en distintas formas literarias: poemas, cuento y prosa. Fue colaborador en el diario La Prensa y en 1984 recibió el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (Sade).

El Joven nació en algún lugar de Buenos Aires y durante su juventud –porque no pasó de ella– tuvo una acelerada acción política y de militante obrero y revolucionario.

El Viejo, Luis Franco.

El Joven, Milcíades Peña.

Carlos Martínez

 

 

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