Monopolio de Impunidad

HACE FALTA LA ORGANIZACION UNICA DE LOS TRABAJADORES DE MEDIOS DE COMUNICACION

 

Casi al mismo tiempo que los trabajadores del diario Clarín iban notificándose de que quedaban en la calle, el gobierno anunciaba la desregulación para la venta de diarios y revistas. Una semana antes, el mismo Grupo había efectivizado más de 50 despidos en Ciudad Internet. Y menos de un mes atrás, otros tantos eran despedidos de La Razón (también controlada por el Grupo).

            Esos fueron los “preavisos” que envió la empresa a los trabajadores del matutino.

            Como en una pulseada, la patronal del mayor pulpo des-informativo, fue midiendo hasta dónde llegaban los reflejos y la fuerza de su oponente: los trabajadores que le dan de comer.

            A partir de que la asamblea del 26 de julio, ante los incipientes despidos, revoca a los delegados “amarillos” e inicia un proceso de organización democrática para lucha, el Grupo estudia cada movimiento. Los trabajadores votan a su comisión interna con la más alta participación en cuanta elección hubo en los últimos 20 años; proliferan las comisiones de lucha por sectores; se relevan una a una todas las infracciones laborales y los atropellos de la empresa; se elabora un pliego de reclamos; se socializa la denuncia de las condiciones de trabajo, editando el “Clarinete”_ Los indicios son preocupantes.

            Sin embargo, hay otros en su favor. El flamante movimiento está precedido por diez años de parálisis y aislamiento, que no se revierten en plazo breve. Por eso, en principio, se limita al ámbito de la Redacción, sin extenderse a los gráficos, ni a la expedición, ni a otras empresas del Grupo. Por su lado, la UTPBA se niega a aceptar el pedido de expulsión del gremio de los dos delegados patronales, que les eleva la asamblea de los trabajadores.

            Midiendo el terreno, la patronal despide en La Razón y en Ciudad. Si bien en el diario hay expresiones de solidaridad, no se transforman en medidas de fuerza conjuntas: había llegado la hora de actuar; y tenían que hacerlo de un golpe.

            Esta es quizá la mejor enseñanza práctica del proceso que está en curso en Clarín: es imposible enfrentar al monopolio con la fuerza de un solo sector (por decidido y valiente que sea). Hace falta extender una coordinación activa con todos los trabajadores de la empresa, por encima de los compartimientos sindicales y edilicios impuestos por las patronales. En segundo lugar, coordinar con las demás empresas del mismo grupo, y con los trabajadores de otros medios, todos ellos controlados, directa o indirectamente, por la patronal más fuerte.

            El grupo Clarín quiere retrotraer las condiciones laborales a las de más de un siglo atrás y, en consecuencia, no puede tolerar la menor organización gremial. Pretende imponer todo un “modelo” de explotación, que se traslada también a canillitas y distribuidores. Y, como no puede ser de otra manera, se transforma a la vez en una mordaza para la ya retaceada libertad de expresión.

            Como en los albores del movimiento obrero, es necesario empezar a construir nuevas relaciones de organización para la lucha, a escondidas de la patronal y, ahora, también de los agentes burocráticos a su servicio.

 

lisandro rubiales

 

 

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