Un Silencio Inquietante
ES NECESARIA UNA CAMPAÑA ANTIMILITARISTA SISTEMATICA
En el número anterior de Bandera Roja dedicamos un artículo a mostrar la más escandalosa implicancia que traía consigo la aprobación de la ley de emergencia económica delarruísta, por medio de los senadores y tras las bambalinas del escándalo en su propia Cámara, que logró que pasaran desapercibidas las consecuencias más nefastas de dicha ley.
El punto a destacar era la emisión de bonos para cancelación de deudas asumidas por el Estado desde 1991 y que tienen sentencia firme de la Corte Suprema. Es interesante examinar la distribución del paquete, que configura una acción casi delictiva. Más del 40% está constituido por bonos a 16 años para militares retirados (3.000 millones de dólares). El resto se divide entre más de 100.000 jubilados y contratistas y proveedores, adjudicando 2.000 millones a cada sector.
Los militares beneficiados, cuya enorme mayoría son asesinos del Proceso, que forman una corporación de tipo parasitario, son premiados con esa suculenta partida mientras que los jubilados son postergados eternamente.
El estado capitalista, de este modo, lleva a cabo sus metas fiscalistas aliado doblemente a la muerte. Premia a sus guardianes armados y patea para adelante su deuda previsional apostando a que la biología haga, indiferente, su trabajo (por supuesto, todo al amparo de la "legalidad").
Retrospectivamente, la clase dominante da las "gracias por los servicios prestados" a quienes supieron defenderla a sangre, fuego y picana.
Desde la asunción del actual gobierno, se viene viendo una ofensiva de los militares, no para dar un golpe de estado, pero sí para forzar el reconocimiento de la legitimidad de su accionar represivo en la década de los ’70. Hay una división de tareas implícita. Los R.E (Díaz Bessone, Harguindeguy, Menéndez y demás ralea de la vieja época) se juntan y expulsan a Balza del Círculo Militar. Por más hipócrita que fuera la autocrítica de Balza el hecho revela que los genocidas no aceptan el programa democratista de "reconciliación y olvido": quieren que la democracia patronal se saque la careta y los reivindique.
Más públicamente, se expresan por medio de Brinzoni, el actual jefe del Estado Mayor, quien se ha solidarizado con los oficiales que no se presentan a los superlimitados "juicios por la verdad" y consiguió del gobierno que les cancelara la obligación de declarar. El discurso de Brinzoni en el aniversario del intento de copamiento del regimiento de Formosa por parte de Montoneros, en 1975, fue una virtual declaración de guerra contra los organismos de derechos humanos y de cualquier persona mínimamente democrática.
El ejército, dentro de sus posibilidades, está en operaciones y en plena campaña política. Despreciado por una franja amplia de la sociedad pretende limpiar su pasado mediante el juego simultáneo de presiones y alianzas con el gobierno. Pero es como si una mujer embarazada quisiera convencernos de su virginidad.
Los hechos existen y, puestos en su contexto, resultan bastante explícitos. La situación por la que atraviesa la cuestión militar debe ser analizada como parte integrante de la política de conjunto del estado capitalista. Esta ley es un eslabón de la cadena con la que se quiere ajustar a los trabajadores y el pueblo.
Este repunte de los militares está muy relacionado con el Plan Colombia. El estado capitalista argentino está jugado a fondo con la política regional norteamericana. Esta busca evitar intervenir con sus propias tropas en Colombia, y se juega a que la infantería la aporten los ejércitos de la región (es decir, que los muertos que provoque su intervención, los aporten los latinoamericanos).
Otro aspecto concreto de la política de la administración De la Rúa en el terreno militar, está expresada en la proliferación de los ejercicios y maniobras conjuntas realizados en el territorio argentino (uno de ellos a las puertas del Delta) con otros ejércitos de la región y con la presencia de cientos de marines yanquis.
Las relaciones militares de la Alianza con el imperialismo, muestran la profundización de lo que fueron las "relaciones carnales" de Menem. A mediados de octubre, en la cumbre de ministros de Defensa realizada en Manaos (Brasil), se firmó un acuerdo militar secreto entre el representante de Estados Unidos (William Cohen) y el ministro de Defensa Ricardo López Murphy. Según palabras de Cohen, el acuerdo "refleja que tenemos una relación cada vez más íntima". Para el año próximo, Estados Unidos se ha comprometido a entregar una flota de helicópteros para conformar una "fuerza de acción" rápida que refuerce el "batallón de asalto aéreo que está en Buenos Aires", para "ser empleada cuando el Presidente lo requiera (_) en situaciones de crisis militar", según palabras de Brinzoni.
Para el conjunto de esta política, el gobierno De la Rúa necesita un ejército con moral de combate. Es decir, un ejército contento con el papel que le toca y satisfecho en sus reivindicaciones de ayer y de hoy.
Como parte de ella, está dispuesto a dejar morir en prisión a los presos políticos de La Tablada. Por eso, la única "sugerencia" de los organismos internacionales del imperialismo que no está dispuesto a escuchar, es la recomendación de la CIDH acerca del derecho a una segunda instancia judicial para el caso Tablada. La posición dura de los militares ha encontrado un aliado en el PJ. Y los radicales –y lo que queda de la Alianza– buscan, mediante rodeos, el mismo objetivo.
La prensa capitalista hace mutis por el foro con respecto a todas estas informaciones, lo que no puede sorprendernos. Lo que sí sorprende es que, más allá de las diferencias o matices que pudieran existir acerca de ellos, estos temas estén prácticamente ausentes en las publicaciones y la propaganda de la abrumadora mayoría de las organizaciones de izquierda.
El enemigo, como es lógico, hace su juego. Y no sólo oculta información sino que promueve la fragmentación del pensamiento y de todo lo que sucede: cada problema, si aparece, aparece absolutamente desconectado de los demás.
Los marxistas tenemos el deber de desarrollar la crítica más implacable sobre todo el desenvolvimiento de la sociedad capitalista. Esto cobra aun más validez, cuando de lo que se trata es de desnudar al reaseguro de su poder: el aparato represivo armado.
Desde el punto de vista de la LSR, es urgente e imprescindible revertir la actual situación de la izquierda, y comenzar a desplegar una sistemática campaña antimilitarista, estrechamente vinculada a la propaganda antimperialista y anticapitalista. No sólo como un alerta y contrarrestante de la propaganda ideológica del enemigo de clase sobre la conciencia de los trabajadores, tarea que compete también a toda persona que se reclame mínimamente defensora de las libertades democráticas. Es también un problema de supervivencia para el destino de la propia izquierda marxista, que sólo puede reivindicarse como tal si es capaz de reconocer por dónde pasan los resortes esenciales de la dominación capitalista: su estado y su monopolio de la violencia.
rubiales - Foxley