Los tiempos
políticos no acompañan a los cronológicos en la Argentina. A menos de un año de
haber asumido el gobierno, la Alianza es ya un gobierno muy viejo. El acuerdo
que le posibilitó el triunfo se encuentra virtualmente fracturado. Del supuesto
bloque “centroizquierdista” que aparentó ser para mejor engañar al electorado y
captar el voto popular capitalizando el hastío tras diez años de menemismo, no
quedó nada. Peor aun, la antimenemista Alianza, se transformó en la mejor
continuidad del menemismo en todos los terrenos: represión, muertos, terrorismo
ideológico frente a los paros, y el ajuste permanente, que continuará.
Desde la renuncia de Alvarez (ver
recuadro) la Alianza está virtualmente fracturada. Alfonsín, presidente de la
UCR, fue duramente criticado por De la Rúa. El Frepaso se mantiene como una
fuerza residual, deshilachada, sin protagonismo, que se divide y/o se mimetiza
con la derecha radical en el gobierno.
Ese destino del Frepaso es
irreversible. Al margen de lo que pueda pasar en el futuro (y sabemos que las
estafas centroizquierdistas tienen más vidas que los gatos), la base material
del agotamiento del Frepaso está en la situación de la economía, la deuda con
los usureros locales y externos, y la altísima concentración económica. Dentro
de ese cuadro, es imposible cualquier propuesta de mínimo progreso. El más
mínimo logro, requiere de una lucha revolucionaria, potencial o de hecho.
El gobierno tendrá crecientes
dificultades para aprobar sus proyectos en el parlamento, por lo que tendrá que
emular al menemismo también en su metodología hiperpresidencialista y de
decretazos.
Por otro lado, desde sectores del
Frepaso (y quizá también de la UCR) se intentará recrear un proyecto
centroizquierdista, tanto por la existencia de gente honestamente convencida de
su necesidad, como porque franjas de la burguesía le den impulso como dique de
contención ante una posible radicalización de masas hacia la izquierda
socialista y revolucionaria (y también, por supuesto, puede plantearse como una
combinación de ambos propósitos.) De hecho, el Partido Socialista Democrático
ya se ha separado del Frepaso, y más recientemente lo ha hecho el Partido de
Demócrata Cristiano, que se inclinaría a apoyar la candidatura del cura de
Quilmes Luis Farinello, quien ya contaría con la aprobación del monseñor Novak
para ser candidato.
La Alianza y sus componentes están
sujetos a un juego de presiones contrapuestas que la llevan a dislocarse como
tal y a fracturar también a sus principales fuerzas.
Por un lado, el ejercicio del poder
absorbe más que un secante a la tinta, con una inmensa fuerza succionadora, de
asimilación y corrupción. Un buen ejemplo es Storani, con su pasada imagen de
“progresista”, defendiendo las brutalidades macartistas del gobierno ante el
paro, o intentando justificar los asesinatos de trabajadores en Corrientes y
Salta, o la represión a los manifestantes frente al Congreso, donde se hirió
gravemente al dirigente de Judiciales.
En sentido contrario, el ser parte
de un gobierno tan “de derecha”, empuja con fuerza centrífuga a quienes
rechazan hacerse cargo de un rumbo tan abiertamente reaccionario y
antidemocrático.
Todos los sucesos del último año,
incluido el paro general masivo (23-24/11), han colocado a la Alianza en lo
alto de un tobogán.
Hay una cuenta regresiva para la
Alianza, el Frepaso y la UCR. Los tiempos para cada uno no son necesariamente
los mismos, pero la tendencia sí.
El Frepaso –con Alvarez a la cabeza–
camina hacia un lento desangre o hacia un estallido, que puede combinarse con
algún tipo de recomposición, posiblemente de signo “peronista”. Es lo que los
yanquis denominan “pato rengo”, porque su discurso “progre” está en el lodazal.
Dependerá de la izquierda socialista, y de su capacidad para actuar, que esta
recomposición no se dé, o que tenga la menor repercusión posible.
La UCR tiene una estructura mucho
más sólida y centenaria. Pero eso no es un certificado de garantía. Los blancos
y los colorados en Uruguay, nacieron junto con el país, en 1830, y sin embargo
tuvieron que unirse para poder enfrentar la victoria del Frente Amplio, cuando
salió ganador en la primera vuelta, con el 40% de los votos. Y la solidez de la
democracia burguesa es el mamarracho que muestra el espejo en el que se
reflejan las elecciones de Estados Unidos. El futuro de la UCR se inscribe en
este cuadro más general.
Escassany, presidente del Banco de
Galicia, ya adelantó en una reunión privada, cuál es la política de la banca
para la educación: el arancelamiento de la universidad estatal. Si, como la
lógica económica lo indica, el gobierno sigue por ese camino, también se
derrumbará el reinado de la Franja Morada, la pérfida construcción que
significó un muro para evitar la radicalización del estudiantado universitario
durante casi veinte años.
También en este caso, dependerá de
la izquierda anticapitalista que ese proceso alimente una perspectiva
revolucionaria. Para ello, deberá ser capaz de tender todos los puentes hacia
sectores de masas que la realidad exija, alejándose, como de la peste, del
sectarismo y de pretendidos hegemonismos tanto como de inventar nuevos
“Frankesteins” de la mano de supuestas alas progresistas de la burguesía.
La centroizquierda desaparece del gobierno
Alvarez
intentó inyectar una dosis de “ética” en el gobierno, levantando la bandera de
la lucha contra las coimas en el Senado. Simultáneamente, el gobierno discutía
la prórroga de la concesión para la explotación de la reserva petrolera de Loma
de la Lata, de los ferrocarriles, de los aeropuertos, de los subtes_
La política económica de la Alianza
fue, desde el vamos, una continuación agravada del menemismo. Menem vendió el
país, y De la Rúa –ya sin nada que vender– le asegura a los grandes capitales
la continuidad del usufructo de ese saqueo. En esto los integrantes de la
Alianza estuvieron todos juntos, los ex progresistas del Frepaso, y la UCR. Por
eso se votaron los impuestazos, la rebaja salarial de los estatales, la reforma
laboral, la emergencia económica que le garantiza el pago de 3.000 millones a
los militares genocidas retirados.
La contradicción entre el discurso
preelectoral y los diez meses de gobierno, fue total. De la Rúa y Alvarez
continuaron la política económica de Menem y el FMI; y la “transparencia”
prometida se hundió en el pantano del pacto realizado con el peronismo: impunidad
para el menemismo, a cambio de gobernabilidad y de la sanción de las leyes en
el Senado.
Esta contradicción se tenía que
resolver más o menos rápido. Y como no podía ser de otra manera, se resolvió a
favor de “limpiar” el terreno para el gran capital. La composición del gobierno
acompaña, como la sombra al cuerpo, a la política económica al servicio del
FMI, la banca y los monopolios. Alvarez, Terragno, Gallo y Gil Lavedra, pagaron
el golpe de timón que acompasó la política con la economía. (_)
Alvarez subió la apuesta de las
coimas en el Senado hasta un punto en que no podía retroceder; y sólo podía
avanzar a condición de patear el tablero de todo el negociado del país, cosa
que estaba claro que no iba a hacer. En ese cuadro, De la Rúa (y no su “entorno”)
le preparó la trampa del ascenso de Flamarique y la permanencia de Santibañes,
Genoud y otros.
La renuncia de Alvarez no fue una
“elección” sino un ajuste de cuentas en la cúpula del poder a favor del gran
capital decidido a limpiar de viejos olores “progres” al gobierno de los
banqueros, los curas y la derecha, que constituyeron la Alianza UCR-Frepaso el
10 de diciembre pasado. Se homogeneizó el rumbo con menos contradicciones. El
FMI, los privatizadores y la banca, coparon la parada. Hoy, el futuro del “plan
de infraestructura” de Gallo por $ 20.000 millones queda bajo el arbitraje
directo de Machinea.
El Frepaso y Alfonsín fueron el
azúcar que recubrió el veneno delarruísta: gerente del gran capital
internacional y nacional, ahora con un banquero como jefe de Gabinete. La
patria privatista jugó al “toma todo” y De la Rúa la va a hacer ganar.
(Extractos de la declaración de la
LSR ante la renuncia de Alvarez
-10/10/2000)