ESTADOS UNIDOS Y EUROPA SE DISPUTAN EL PLANETA Y HUNDEN A LOS
TRABAJADORES Y LOS PUEBLOS
El 7 de noviembre es el 83º
aniversario de la Revolución Rusa, que es la gran experiencia en la cual el
proletariado toma “el cielo por asalto”, parafraseando la definición que hace
Marx respecto de la Comuna de París, que dura 71 días.
La Revolución Rusa es una conmoción
que no dura unos cuantos días, sino que dura varios años. Logra derrotar militarmente
a la contrarrevolución imperialista en un frente de 8.000 km, enfrentando a 14
ejércitos.
Y es un chispazo que ilumina al
planeta en muchos sentidos. La clase obrera mundial se divide a favor o en
contra de la Revolución Rusa. Divide a los partidos socialistas y provoca un
resurgir muy poderoso de la lucha de clases en todos los continentes. El hecho
más destacado es el comienzo de la revolución alemana de noviembre de 1918, que
pone fin a la primera guerra mundial.
La Revolución Rusa confirmó que es
posible derrotar a la burguesía y extender la revolución por el mundo. Pero al
mismo tiempo confirmó que si no se derrota a la burguesía a escala planetaria,
inevitablemente la revolución retrocede, y la burguesía y el imperialismo
avanzan. Avanzan y terminan ahogando y haciendo retroceder a la revolución. Ese
es el proceso que vivió Rusia.
Se demostró que el capitalismo
mundial, en particular el imperialismo europeo, que era clave, tenía una
capacidad de resistencia muy grande. Y estaba dispuesto a ofrecer resistencia
al precio que fuera.
Alemania se rindió en la primera
guerra mundial sin que hubiera entrado un solo soldado aliado en su territorio.
Se rindió porque el 9 de noviembre estalló la revolución en Kiel, en un puerto
del mar Báltico. Se amotinaron los marineros y empezaron a formar soviets. Y
los grandes generales alemanes van a ver al Kaiser (al rey) y le dicen: “Renuncie,
llame a la socialdemocracia, se terminó la guerra, ¿dónde hay que firmar la
paz?”. Y eran generales prusianos: Hinderburg, Ludendorf. Eran grandes
estrategas, pero dieron prioridad a reventar la revolución antes de que se
extendiera como una mancha de aceite en Alemania y no la pudieran parar.
Así termina la primera guerra
mundial, no se termina con la bomba atómica, como pasó con la segunda en Japón.
Se termina con el fantasma de la revolución obrera que aparece y el alto mando
alemán saca al rey, se rinde frente a los aliados, firma lo que le pidan en la
“Paz de Versalles”. Firman todo, con tal de impedir que la revolución triunfe
en Alemania, que era la gran apuesta de Lenin.
Lenin decía: “Hay que tomar el poder
para ayudar a la revolución europea y, en particular, a la alemana”. Pero la burguesía
y sus aparatos militares, civiles, etc., actuan para ahogar ese proceso, en una
combinación de concesiones y balas contra la revolución alemana. Y la
socialdemocracia se presta, también, a todo. Entre otras cosas, a asesinar a
Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en enero de 1919.
La Argentina no estuvo ajena a ese
proceso, hasta el punto que la burguesía llama “Semana Trágica” a la huelga revolucionaria
de enero de 1919, que se desató con la huelga de los talleres Vassena. La
burguesía la llama “trágica”, porque es la primera vez que sintió el frío de la
muerte en la nuca. Sin embargo, no fue trágica, fue la acción más importante y
heroica que realizó la clase obrera argentina. Posiblemente muy superior al
“Cordobazo”. Pero pasó a la historia con ese nombre, que nadie cuestiona;
¿trágica para quién? (quieren hacerla aparecer como “neutra”).
La Revolución Rusa, y el proceso
posterior, ponen muy “blanco sobre negro”, un dilema histórico que está
presente hoy: o revolución socialista o barbarie capitalista.
Salvo un breve paréntesis de unos 20
años –que es un paréntesis muy relativo– ese dilema signó a todo el siglo XX. Al
no triunfar la revolución proletaria en Europa, se abrió paso la barbarie del
nazismo, del holocausto, del fascismo, del nacionalismo; sobrevino la segunda
guerra mundial, con sus 50 millones de muertos. El proletariado salió de ella
agotado.
Con la experiencia de la primera
guerra mundial, la burguesía busca que, a la segunda, no le sucediera la
revolución. Y los imperios “democráticos” destrozaron sin misericordia al
proletariado alemán con bombas convencionales, y al japonés con la bomba
atómica. Ellos habían aprendido la lección.
Ese dilema se trasladó a la
periferia, porque no es que no hubo guerras desde 1945. Hubo infinidad de
guerras: hubo 30 millones de muertos en la etapa más pacífica de Europa. Vietnam
es el ejemplo más espantoso, pero no es el único. Está Africa, Asia, y ni que
hablar de Medio Oriente. Ese dilema sigue absolutamente planteado en todos los
continentes.
Por ejemplo, la descolonización fue
un fenómeno positivo. Pero un fenómeno positivo donde la última palabra la tuvo
el imperialismo. En consecuencia, dejó un arsenal de bombas bien distribuidas
para controlar la situación.
Veamos lo que es hoy el mapa de
Medio Oriente. No sólo dividieron con líneas rectas los actuales países árabes
sino que, además, en Palestina, crearon un estado tapón expulsando a la
población local, y dieron lugar a un montón de emiratos y monarquías. Todas
esas dinastías que existen, el rey de Arabia Saudita, el emir de Qatar, el rey
de Jordania, todos estos títulos que parecen nobiliarios, todos esos personajes
que tienen dinero para derrochar en cantidades industriales, son inventos de
los ingleses. Se habla de la dinastía Hashemita, pero fue inventada por
Churchill: como necesitaba dividir Palestina, nombró un rey, empalmando con las
tradiciones de la región. Y todo eso está instaurado, no se discute: es la
“casa real Hashemita”. Así se logró dividir a los palestinos de Jordania y de
Cisjordania. Armaron el rompecabezas que hace 10 años participó de la Guerra
del Golfo. Todo es un invento en la región (por ejemplo, Kuwait, también es un
invento).
Otro ejemplo: en 1958 se formó la
República Arabe Unida, que unía a Egipto y a Siria, a la que estaba a punto de
unirse Irak. El partido gobernante en Siria se llama el “Baath”, y es el mismo
partido que gobierna en Irak. Porque la división es una división artificial,
armada por los ingleses y los franceses. Ellos se quedaron con el Imperio
Otomano, que era el imperio turco, que controlaba la región hasta que fue
derrotado en la Primera Guerra. Y después de la Segunda la partieron, cuando
tuvieron que descolonizar, dividieron el territorio en mil pedazos, que son los
estados que hoy conocemos.
Lo mismo hicieron con países que hoy
están con el dedo en el gatillo atómico: India y Pakistán. Ya hicieron tres guerras
en los últimos 50 años, y ahora tienen armas atómicas, en uno de los
territorios de mayor concentración de población del mundo.
El mismo dilema de revolución
socialista o barbarie capitalista, que signó a todo el siglo XX, es el desafío
con el cual se entra en el XXI. Y es el que signa casi todo lo que está pasando
en este momento en el mundo. Yugoslavia, y las guerras en los Balcanes; las
guerras étnicas y religiosas de Argelia, de las que no se habla, y provocaron
más de 100.000 muertos.
El Congo, y toda el Africa
Subsahariana, es área de disputa entre Estados Unidos y los viejos “dueños”,
que son los europeos. Hace poco salió una noticia, medio perdida, que decía que
hubo dos millones de muertos en el Congo. No se sabe a ciencia cierta, porque
las burguesías “tapan” sistemáticamente estos crímenes. Pero en Ruanda mataron
a un millón; y entre los hutus y los tutsis ni siquiera hay un problema étnico:
ambos son iguales. Para matarlos, tenían que obligarlos a mostrar la cédula de
identidad: sólo así podían saber si eran hutus o tutsis.
Es así como se hizo la
descolonización. Si se mira un mapa político de Africa, se puede ver que las
fronteras son todas líneas rectas: no hay ríos o montañas sinuosas que separen
países con líneas. Y Medio Oriente es exactamente igual.
La barbarie que asoló en la década
pasada, por ejemplo, a los Balcanes. Se despanzurró Yugoslavia, hubo cientos de
miles de muertos, minorías que venían siendo reprimidas fueron arrasadas, y es
un problema que hoy todavía sigue. Es que no tiene solución, porque no hay una
posible solución, ni nacional, ni étnica, a los problemas heredados de la
colonización capitalista-imperialista.
¿Qué va a pasar con Montenegro
después de que Yugoslavia se partió en cinco o seis pedazos? La OTAN está ocupando,
de hecho, la Península. Con lo cual la población no sólo tiene el problema de
sacarse de encima a la burocracia (nacionalista, proimperialista y genocida), a
la burguesía y a todas sus lacras, sino que tienen que expulsar a la OTAN que
tiene 50.000 hombres sólo en Kosovo, por ejemplo, y otros 60.000 en Bosnia. No
se trata de una lucha intelectual, ideológica; es una lucha que sólo se
resuelve a balazos.
Lo de Medio Oriente tampoco tiene solución nacional. Hoy, los
imperialistas tratan de tapar todo el horror que siembran por el mundo, con las
noticias de los atentados de la ETA. Pero por cada muerte provocada por la ETA,
hay 50 o 100 palestinos asesinados Eso es muy evidente. Y sobre la base de una
lucha horrenda, desigual, desgarradora, como es la de niños enfrentando con
piedras a un ejército de primer nivel.
Al mismo tiempo, Arafat y las
burguesías árabes y palestinas, han sido “la gran conducción de derrotas”
durante medio siglo. Han llevado a los pueblos de desastre en desastre,
tratando de encontrar una solución nacional, religiosa, o variantes por el
estilo, que son inevitablemente imposibles. Porque sólo se puede terminar con
el estado de Israel apelando a la lucha de clases, y con una política para
destruir también a todos los estados capitalistas de la región.
No se va a conquistar la paz de la
mano de una guerra nacional, sino de guerra de clases, que incluya a los
obreros judíos. Y tampoco con la política de “tirar a los judíos al mar”, que
muchos pregonan, con la cual lo único que se logra es soldar al “pueblo
elegido” detrás del sionismo y sus métodos nazi-racistas.
Otro ejemplo es el Plan Colombia,
que sigue en marcha. Y que significa establecer una relación militar de América
latina con Estados Unidos, similar a la que tiene Africa con Inglaterra y
Francia. Donde no necesitan ningún permiso para intervenir, por ejemplo, en
Sierra Leona. No se conmueve nadie en el mundo porque en Freetown bajan los
marines ingleses, es tan “normal” como si desembarcaran en el puerto de
Londres. Ese es el camino de América latina si el Plan Colombia prospera.
Al no haber sido derrotado el
capitalismo en el mundo, por más que haya habido desarrollo técnico y
científico en muchas áreas, en realidad hay una regresión absoluta. La miseria,
las guerras, las cifras de la gente que vive con un dólar por día, o con menos
de un dólar, los 900 o 1.000 millones de desocupados, la degradación de las
condiciones de vida y del planeta, y el embrutecimiento del trabajo humano
valen para todo el mundo.
Incluso en Estados Unidos, después
de diez años de desarrollo descomunal, aumentó la pobreza absoluta: lo opuesto
a la “teoría del derrame”. Lejos de haber “derrame”, el 1% más rico se hizo 15%
más rico; y el 14% que está por debajo del nivel de pobreza, aumentó su
miseria. Y se trata de Estados Unidos, un país que se presenta como modelo a
imitar para el mundo.
Es global la degradación de las
condiciones de vida en todos los terrenos. Por ejemplo, viejas plagas que
estaban erradicadas hace un siglo, han vuelto a aparecer en toda América
latina, y han surgido otras nuevas, como el Sida.
Se vive una contradicción terrible:
por un lado el desarrollo científico y técnico ha ido derrumbando casi todos
los mitos, religiosos, o esotéricos, en relación con un siglo atrás. Casi todos
los “misterios” han ido encontrando una explicación material que los deja sin
sustento.
Sin embargo, en lugar de ser más
independiente la cabeza humana, hay un crecimiento descomunal de todo tipo de
religiones, oscurantismos o esoterismos. En la Argentina también podemos verlo.
En Francia, el 40% de la población consulta diariamente el horóscopo como una
cosa crucial (“¿qué voy hacer hoy, qué me dice la carta astral?”).
Hace poco salió un libro de Housbawn
(un historiador que ha hecho aportes interesantes), donde él opina que estamos
viviendo un apogeo descomunal desde el punto de vista cultural, porque hay una
“cultura de masas” a través de los “enlatados” para TV... Esto es, por
supuesto, un tema muy discutible, que da para una linda polémica. Yo opino lo
opuesto, creo que hay un embrutecimiento global, desinformación permanente.
En épocas de dictadura militar,
había transmisiones en cadena, todas las noches pasaban los “partes”. Ahora, se
elige una cadena de TV por cable, y toda la información está direccionada. Mientras
se cortaba la ruta 3 en La Matanza, con De Gennaro llamando a un paro general,
parecido a lo de Moyano, la noticia que ocupaba todos los “informativos” era
que el delincuente “Tractorcito” cayó preso en Bahía Blanca. Por supuesto,
además, los mismos medios ni siquiera recordaban que ellos mismos habían hecho
correr la versión de que “Tractorcito” era quien había organizado la fuga del
Departamento Central de Policía en Buenos Aires. Y ahora mostraban que cayó
como una rata de albañal, como un “perejil”.
Si esto se compara con lo que era la
cultura obrera de fines del siglo XIX y principios del XX (previo a la Primera
Guerra), nos encontramos con dos mundos distintos. El anarquismo, el
socialismo, fueron vehículos de cultura para millones. En países como la
Argentina o el Uruguay, el teatro nace con el anarquismo; las bibliotecas
populares, con el socialismo; son millones y millones los que aprenden a leer y
escribir. La primera tarea que tenían los anarquistas era enseñar a leer y
escribir. Y, en cambio, hoy, el grueso de la gente crece en un analfabetismo
funcional: escucha la radio, mira la TV_ hay una degradación global de las
condiciones de vida y de existencia. La ley de ocho horas, por la cual murieron
miles y miles, es un “viejazo”, algo que era de 1928 y ya no existe más; se
trabaja 12 o 14 horas, si se tiene empleo, o no se trabaja nada. Ese es el
capitalismo de hoy.
Cuando decimos “o revolución socialista
o barbarie capitalista”, no estamos haciendo futurología: estamos describiendo
el presente.
Ilumina de conjunto la política de
hoy, por ejemplo en Latinoamérica. Veamos lo siguiente: el ministro de Defensa
de Estados Unidos no acompañó a Clinton en su viaje a Egipto, para poder ir a
Manaos, a firmar con López Murphy un acuerdo de absoluta reserva militar. Y ese
tratado, de hecho, es explosivo para el Mercosur. Porque dentro de él, la
Argentina es aliada privilegiada de Brasil, y sin embargo, a partir del
acuerdo, no le puede pasar la información militar que le provea Estados Unidos.
Están preparando la explosión del Mercosur, para ver si logran imponer el ALCA
(el tratado de “libre comercio” de Alaska a Tierra del Fuego), para establecer
un salto en la colonización yanqui de América latina, acompañando el anillo de
bases militares que están desparramando por todo su territorio.
Esto, en parte, también explica los
hechos en Perú. La “neutral” banca suiza, la misma que “bancó” a Hitler,
descubrió casualmente que Montesinos tenía 50 millones de dólares en tres
cuentas. Algo más de un mes antes, se había publicitado una filmación donde se
ve a Montesinos pasando una coima de 15.000 dólares a un diputado. Si se lo
pudo filmar, es porque hay poderes fuertes que están dispuestos a hacerlo; esto
es la CIA, los servicios de inteligencia_ ¿Y por qué sale a la luz todo esto
ahora, si ya hace ocho años que está Montesinos haciendo absolutamente lo
mismo?
Simplemente porque Perú es un país
muy importante para involucrarlo en el Plan Colombia. Y no se puede contar con
meter a combatir tropas peruanas, que no estén férreamente disciplinadas. Es
muy fácil que se derrame el conflicto en la región. Hace pocos días se conoció
la noticias de campesinos que se pasaban de Colombia a Ecuador, y junto con los
campesinos pasaban guerrilleros, cocaleros_
Y hoy Perú está fracturado. La
reelección ultratrucha de Fujimori, y un frente interno partido al medio, en un
eventual proceso de guerra es jugar a la ruleta rusa con el tambor lleno. No se
puede meter en la guerra a un país que está, como mínimo, partido al medio. Necesitan
poner orden, reestructurar el frente interno; por eso hay que barrer a
Fujimori; y ésa es la política de los yanquis. Por eso la banca suiza
“descubre” ahora los 50 millones. Tratan de mostrar, por ejemplo, el absurdo de
que aparece Fujimori, como si fuera un detective, buscando con una lupa a
Montesinos. Pero lo que hay es una pelea por el poder. Incluso se levantó un
sector pequeño del ejército. Sin embargo, es evidente que debe tener la
simpatía de todo un sector de los mandos medios, de lo contrario los hubieran
reprimido con plomo.
Todo tiene elementos de sainete,
como si se tratara de una cosa ridícula. Pero pensemos que lo de Chacho Alvarez
en la Argentina, también debe ser presentado en el exterior como una cosa
ridícula. Y nosotros tenemos que ser capaces de ver que, en realidad, se trata
de hechos que tienen profundos contenidos políticos, muy reaccionarios.
De algún modo, todo en América
latina está vinculado con el plan Colombia. En Bolivia, por ejemplo, Estados
Unidos se ofreció a perdonarle la deuda externa. Eso dijo Clinton, ¿por qué?:
por el buen cumplimiento de Banzer en la erradicación de los cultivos de coca
al costo que sea. Porque quieren quedarse con el negocio de la coca que mueve
500.000 millones, o 300.000 millones, no se sabe bien (porque, además, no hay
nadie que lleve una contabilidad al respecto), pero son cifras muy, muy
grandes.
El tema es que uno tiene que tratar
de pensar, y de armar el rompecabezas que es la “información”, que se presenta
absolutamente fragmentada, y minimiza hechos de importancia descomunal. El
acuerdo militar secreto que firmó López Murphy con el secretario de Defensa
estadounidense pasó totalmente desapercibido. Y la relación entre esa noticia,
y lo que pasa en Perú o Bolivia con el Plan Colombia, no existe desde los medios
de comunicación. Que la caída (o renuncia forzada) de Chacho Alvarez tenga también
que ver con una ofensiva de conjunto en la región, aparece como un análisis
“raro”. Nada parece tener que ver con nada. Y nosotros creemos que es
exactamente al revés, que todo tiene que ver con todo, más allá de que existan
contradicciones específicas de cada país, que hay que analizar. Pero hay que
analizarlas a partir del marco más general.
Hay una pelea entre los europeos y
los yanquis por el control de Latinoamérica. Y un sector de la burguesía, en
particular de la burguesía brasileña, trata de resistir. Esa resistencia tiene
los límites que se pueden esperar de cualquier burguesía de estos países. Pero
Brasil es un gran país y, para resistir, se apoya en Venezuela que, a su vez,
se apoya en Fidel Castro, la socialdemocracia y el imperialismo europeo en
general.
El gran drama de Cuba era el
abastecimiento de petróleo; ahora, la tercera parte –57.000 barriles por día–
se la provee Venezuela, con dos años de gracia y con fletes bajísimos porque
están muy cerca.
Hay una pelea para ver quién se
queda con la colonización de América, si Estados Unidos o de nuevo España, para
decirlo simbólicamente. Y, por ejemplo, en el caso de la Argentina esto no es
simbólico, ya que España es el principal inversor, igual que en Cuba.
Acompañando esta pelea, hay movidas
de todo tipo. No es una casualidad que empezara a publicarse Le Monde
Diplomatique para Latinoamérica.
Cómo se dará el desarrollo de esta
lucha en curso, no lo podemos saber, pero que es muy importante tomarla en
cuenta. Se busca el control del negocio de la droga, y se busca controlar
América latina, por razones geopolíticas, como ocurre con el Africa
Subsahariana. Estados Unidos y Europa están en plena disputa, que por ahora, no
es militar, pero sí comercial y económica.
“La guerra es la continuación de la
política por otros medios”. Esto no significa que vamos a la tercera guerra
mundial en pocos años, pero no se puede descartar nada. Porque hay muchos
elementos profundos de crisis y las tendencias más generales del capitalismo
para resolver las crisis, son las guerras, por el control y la hegemonía.
En contra de la visión edulcorada
que proponía el “fin de la historia”, ésta no llegó a su fin; sigue la lucha
por el control de los recursos y del mundo. Hoy por hoy Estados Unidos
hegemoniza la fuerza militar, muy por encima de Europa. Pero con la economía no
pasa lo mismo. Están “cabeza a cabeza”. Uno controla el 21% (depende de las
estadísticas) y el otro el 19% de la producción mundial, Japón el 10% y
porcentajes menores controlan China, la India y Brasil.
Esto no quiere decir que haya que
tomar partido por unos u otros: Estados Unidos y la Unión Europea, son bandidos
imperialistas por igual.
En casi todas las grandes ciudades
de Brasil, ganó las elecciones el PT. Se está expresando un cierto corrimiento
“hacia la izquierda” que no es un proceso lineal, ni va a terminar
necesariamente en posiciones más radicalizadas. Es muy probable que termine en
una nueva frustación. Por ejemplo, en Lima, en los años ochenta, Izquierda
Unida ganó las elecciones de Lima e hizo tal desastre que terminó desembocando
en Fujimori.
No creo que los procesos en la
conciencia de las grandes masas sean evolutivos, que empiecen por el primer año
de primaria, luego segundo, tercero, y se corone con un título universitario. Por
el contrario, se avanza y se retrocede a saltos. Pero es evidente que hay
movimientos muy importantes, de erosión de las instituciones, de la
credibilidad de los regímenes democráticos burgueses de América latina, en
plena decadencia desde la década de los ’80. Y eso se está expresando en primer
lugar en las grandes ciudades.
Por eso cobra cada vez mayor
importancia hacer esfuerzos para avanzar hacia el reagrupamiento del socialismo
revolucionario, tratar de armar una amplia corriente socialista, porque ambos
proyectos responden a una necesidad objetiva de la realidad, no son ningún
capricho.
El presente artículo recoge, en parte, la desgrabación de
la conferencia de Jorge Guidobono, en la reunión abierta de la Liga Socialista
Revolucionaria, del viernes 3 de noviembre de 2000.