CHAVEZ: DE LA GRAN ILUSION A LA ESTAFA

Chávez arrasó en las urnas con el 56% de los votos: la esperanza de millones de pobres de salir de la miseria, se centró en él. Su triunfo se basó en prometer al pueblo la moratoria de la deuda externa y todo un palabrerío y una imagen de corte populista (se mostraba como un “descamisado”, como gustaba hacer Perón)_ que se iban “achicando” a medida que su probable triunfo aparecía como un hecho categórico, y entonces había que tranquilizar al gran capital. El inicial “tira y afloja” con los yanquis duró muy poco. Estos le negaron la visa de entrada al país cuando alardeaba con la moratoria y el populismo. Poco después las aguas volvieron a su cauce y Chávez apareció abrazado con Clinton en Estados Unidos. El 7 de diciembre, tras el triunfo electoral de Chávez, la LSR emitió una declaración que, entre otras cosas, planteaba: “En el aplastante triunfo electoral de Chávez se atisba el comienzo del irrumpir de la América pobre, marginada, desocupada, hambrienta y desencantada con el viejo bipartidismo de Acción Democrática (socialdemócratas) y Copei (socialcristianos). ”Se desplomó la partidocracia de cuatro décadas a manos de algo supuestamente “nuevo”, con un tramposo discurso demagógico, “nacionalista y populista”. Esto muestra la profunda erosión del régimen democrático burgués en la democracia más estable de América del Sur en los últimos cuarenta años. ”Se sale del régimen partidocrático apuntando hacia algún tipo de bonapartismo, o sea, a una figura presidencial que tenderá a colocarse por sobre las instituciones, como “árbitro” entre las clases. El llamado de Chávez a Asamblea Constituyente y a la disolución del Congreso apunta a eso. ”Chávez fue moderando su discurso a medida que se aseguraba el triunfo y terminó tirando al tacho las promesas de dejar de pagar la deuda externa y todas las banderas nacionalpopulistas que le permitieron encumbrarse. Lo más probable es que se parezca más al Menem del ’89 que al Perón del ’45, y que sea un vulgar demagogo que intente gobernar para el gran capital, haciendo con sus promesas lo mismo que Menem hizo con el “salariazo”. Más aún, intentará también seguir los pasos de desmantelamiento del estado y de la privatización de la economía. Venezuela tiene pendiente todas esas “tareas” realizadas ya en la Argentina, posiblemente porque la magnitud de la crisis social y política de la última década creó un impasse. ”El telón de fondo de las limitaciones para un juego populista de Chávez está dado porque la economía venezolana depende casi exclusivamente del petróleo y el precio de éste se encuentra en su punto más bajo (9/10 dólares el barril); y su privatización puede ser una inmensa fuente de inversiones y recursos. ”Un capítulo aparte merece el grueso de la izquierda, que constituye la base de partidos que apoya a Chávez. Los cinco partidos –varios de los cuales fueron también base política del gobierno saliente, con ministros y capos máximos– intentan un regreso al pasado, una especie de vuelta carnero de treinta años, al nacionalismo militar iniciado en Perú por el general Velazco Alvarado el 3 de octubre de 1968, con repercusiones en Bolivia, Panamá, Ecuador y otros países. ”No vamos a hacer aquí un balance del fracaso del nacionalismo burgués de entonces. Pero sí es claro que en estas tres décadas la burguesía latinoamericana está cualitativamente más imbricada al imperialismo por mil vías y, en general, tiene ínfimas posibilidades de ofrecer una resistencia seria. Incluso si quisiera apelar, tibiamente, al apoyo de las masas, cualquier movilización seria de éstas podría quedar, con relativa facilidad, por fuera del control de los restos de la burguesía nacional y de los partidos pequeñoburgueses “de izquierda” que trabajan para ella. ”La posición de la izquierda no es nueva: es la reedición de la posición histórica del stalinismo y la guerrilla en los años ’60 y ’70 de combinar electoralismo, putschismo y búsqueda de alianza con sectores militares nacionalistas, para lograr ‘golpes progresistas’. ”Es una política profundamente reaccionaria: subordina a los explotados a una dirección patronal que proviene de la institución más archirreaccionaria y jerárquica del estado burgués, sus fuerzas armadas. La clase obrera y el pobrerío que inundan las calles de las ciudades son, en esas condiciones, fuerza de apoyo y de presión, no protagonistas de nada. ”Habrá que ver qué pasa con las masas, si esta victoria que creen suya les da confianza y la vuelcan a la lucha y a dificultar los planes del chavismo. Es imposible decir hoy nada definitivo al respecto. Sí destacamos que es un indicio muy claro de cambios profundos en el movimiento de masas de la región, cuando ésta entra en un año que va a ser particularmente duro en lo económico, y donde habrá, además, varias elecciones presidenciales. ”Chávez es un estafador. Los millones que lo votaron fueron engañados por su demagogia nacionalista-populista. Delimitarse claramente de este tramposo burgués, y trabajar para que las masas dejen de depositar su confianza en este representante de los capitalistas –y de las fuerzas armadas–, es la tarea central de los revolucionarios hoy, utilizando las más diversas tácticas.” El militar en acción Desde su asunción hace poco más de un mes Chávez confirmó plenamente lo previsto por la LSR. Como muestra de continuidad dejó en su cargo a la ministra de Economía del gobierno anterior, el aumento de sueldos prometido a los estatales, un 20%, está muy por debajo de la inflación, la moratoria “ya fue”, y no hay ninguna medida económica real a favor de los trabajadores y pobres. La única política real tiene un objetivo ultra reaccionario: lavar las manos sangrientas de las fuerzas armadas ante los ojos del pueblo. Para esto implementa circences medidas publicitarias, como hacerlas desfilar con tractores o emprender “obras sociales comunitarias” en los barrios carecientes. Que esto se haga con el apoyo del pueblo no cambia el fondo de la cuestión. En la Argentina del ’73, Perón ordenó a las odiadas fuerzas armadas, emprender el llamado “Operativo Dorrego”, junto a los Montoneros, en las villas miseria. El objetivo era amortiguar el odio hacia ellas y acostumbrar a la población a su presencia para cuando hiciera falta su nuevo accionar represivo, que no tardó en reaparecer con el estado de sitio declarado en noviembre de 1974 y el “Operativo Independencia” en Tucumán contra la guerrilla. Chávez no necesita preparar a las fuerzas armadas contra una inexistente guerrilla, sino entrenarla contra posibles nuevos “caracazos” y, mientras tanto, monta una farsa de militares “populares que trabajan para el pueblo”. Chávez se encamina a realizar un gobierno proimperialista, antidemocrático y reaccionario, en uno de los países más ricos y estratégicamente más importantes para Estados Unidos en la región (es su principal proveedor de petróleo, por ejemplo). La Asamblea Constituyente programada, en la que posiblemente aplaste electoralmente, no es ningún paso positivo. La única intervención útil en ella es para denunciar su carácter reaccionario y demostrar que Chávez no es enemigo del régimen democrático burgués partidocrático, sino que pretende terminar de demoler sus restos para suplantarlos por un régimen crecientemente dictatorial encabezado por él y apoyado en las fuerzas armadas, para utilizarlas contra los trabajadores y sus posibles rebeliones. No hay márgenes para el nacionalismo ni para el populismo. Es más que una vergüenza el papel de la izquierda que apoya a Chávez en un continente con amplia experiencia acerca de lo que puede esperar de militares “progresistas”: cobardía y claudicaciones ante el imperialismo, y balas para los pobres. Y Chávez comparado con los militares “nacionalistas” de hace tres décadas en Perú, Bolivia o Panamá no es más que una mueca tardía, patética y horrenda de aquel fenómeno.

JORGE GUIDOBONO

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