¡Guerra al racismo xenófobo!

El gobierno de Menem y Corach, capitanea una repugnante campaña xenófoba –rememorando los tiempos del nazi-fascismo– en contra de nuestros hermanos latinoamericanos. Campaña que fue, y es, masivamente difundida por los monopolizados medios de comunicación, y apoyada sin tapujos por la gran burguesía. El único sector del poder que se pronunció en contra de la ley racista de Menem fue la iglesia, que no puede quedar abiertamente enfrentada con los parias del mundo que le dan de comer. Son los mismos medios que en los tiempos de las privatizaciones de Entel callaron ante el hecho de que quienes realizaban el nuevo cableado, en jornadas interminables, condiciones de seguridad deplorables, relaciones “en negro” y por unas pocas monedas, eran precisamente inmigrantes latinoamericanos, más que probablemente indocumentados en su mayoría. Tampoco tuvieron nada que objetar sobre el verdadero aluvión “inmigratorio” de grandes empresas extranjeras que cayeron como aves de rapiña sobre las ex empresas del Estado. Pero el gobierno encarga y ellos obedecen. Y en estos días se dedican a fortalecer la propaganda racista/fascista, resaltando cualquier delito, por menor que sea, cometido por inmigrantes, culpándolos por la desocupación de 4.000.000 y de la inseguridad social. Esta campaña fue acompañada desde su inicio, por los burócratas de la Uocra, inundando la ciudad con afiches que reclamaban “trabajo para los argentinos”. Todo esto es, como mínimo, contradictorio, ya que las cifras muestran que la inmigración del ’93 al ’98 se ha reducido de un 8,4 a un 7,8%. Franco, el “capo” de inmigraciones dice que el 50% de los delitos es cometido por inmigrantes, y tiene que salir a desmentirlo hasta la Policía Federal. Por otro lado, el número de inmigrantes residentes en el país, es equivalente a la cifra de argentinos que reside en el exterior; es decir, no tiene la menor incidencia sobre la totalidad de la población. Cabe preguntarse, además, si quienes responsabilizan a los inmigrantes por la desocupación, consideran que son los argentinos emigrados los causantes, por ejemplo, de la altísima desocupación en España. Lo que persigue el gobierno con esta arremetida xenófoba es mostrar un chivo expiatorio que esconda las miserias que surgen de la explotación capitalista; hacer creer a los trabajadores y a los pobres que los responsables de la desocupación y demás penurias son... otros trabajadores y otros pobres. Se busca desviar el descontento popular, para que no se transforme en lucha contra la clase dominante, desatando una verdadera guerra entre pobres. Esto no ocurre sólo en la Argentina. Menem sigue el ejemplo del fascista francés Le Pen o del gobierno yanqui y su intento de cerrar la frontera con México, para que el país no se les llene de pobres. Es que en América y en todos los países capitalistas del mundo, se dan permanentes migraciones de pobres que huyen de la miseria de sus países natales. Ese es el caso de gran cantidad de bolivianos, peruanos, chilenos, paraguayos o brasileños que llegan a la Argentina, para terminar siendo contratados como semiesclavos (los ingresos medios de los inmigrantes son 30% inferiores que los de los nativos), carentes de todo derecho gremial, perseguidos por la policía, y por mil trabas burocráticas y monetarias cuando intentan regularizar su documentación. Esta campaña fascista y de clase incentiva la división de la clase obrera mundial. Son las patronales y sus gobiernos quienes fomentan la inmigración y el empleo en negro para abaratar los costos de producción (como sucede en las zonas rurales en época de cosecha con los trabajadores “golondrinas”). La propuesta de extraditar a los inmigrantes “ilegales” tiene la misma lógica de la “tolerancia cero” y “mano dura”, que pregona Menem junto con su cíclica propaganda en favor de la pena de muerte. Hoy, la desproporcionada publicidad sobre los delitos menores, busca justificar redadas que son verdaderos “estados de sitio” selectivos, contra la juventud pobre, y contra nuestros hermanos extranjeros. Las razzias masivas en los lugares de concentración de inmigrantes (Once, Liniers, Constitución, etc.), las detenciones por portación de cara, y los allanamientos a los comedores peruanos (un plato por $1) como si estuviesen buscando mafiosos, son sólo algunos de los tantos atropellos injustificables. Los operativos que despliegan 500 efectivos, entrando a las patadas en las casas de las villas de emergencia, al mejor estilo de la dictadura genocida, para arrestar a “delincuentes” de 14 y 15 años (que, como ya se sabe, además eran inocentes), son “ejercicios de entrenamiento” para los flamantes cuerpos de elite. Al mismo tiempo, tienen el objetivo de “acostumbrar” a la población a este tipo de acciones, a convivir con ellas, e ir implantando una disciplina donde lo “normal”, lo seguro, sea una sociedad militarizada. Hoy la excusa son los inmigrantes indocumentados, mañana seremos todos quienes intentemos rebelarnos contra tanta explotación y tanto atropello a las libertades más elementales. El enemigo de clase no se duerme en los laureles y nos lo demuestra a cada instante, como lo demostró el discurso de Menem en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, llamando a todos los partidos burgueses a apurar el tratamiento del proyecto de ley racista. Hay que repudiar y desarrollar masivamente una campaña de esclarecimiento y movilización contra toda esta andanada xenofóbica (ideológica y represiva) que se está llevando adelante desde el poder. Esta es una tarea ineludible para todas las organizaciones de izquierda, organismos de derechos humanos, y todos quienes se consideren demócratas, pertenezcan al partido que sea, o a ninguno; incluso compromete a la iglesia que se ha pronunciado en contra del proyecto del gobierno. Es a la vez, una tarea que debe encararse, en primerísimo, lugar desde la propia clase trabajadora nativa, si no quiere contribuir a engrosar la soga con la que está siendo ahorcada. Desde mediados de enero, la LSR, junto a diversas organizaciones de derechos humanos, delegados sindicales y partidos de izquierda, han acordado propagandizar en común los siguientes puntos: ¡Basta de persecuciones contra nuestros hermanos inmigrantes! ¡Cese inmediato de razzias y deportaciones a indocumentados! ¡Repudio a la actitud fascista del gobierno! ¡Abajo el proyecto de Menem y todo proyecto de ley racista! ¡Plenos derechos civiles, laborales, políticos y sindicales para los inmigrantes! Esta tarea no se agota en un día, ni pasa en lo fundamental por las puertas del Congreso. Hay que desarrollarla sin descanso en cada lugar de trabajo, estudio, barrio. Debe estar presente en la movilización del 24 de Marzo y es parte ineludible de cualquier llamamiento obrero en la conmemoración del próximo 1º de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores. Está más vigente que nunca la necesidad de alzar el grito de ¡proletarios del mundo, uníos!, ante todos aquellos que no tenemos otra patria que la de las cadenas que nos impone la explotación, que no reconoce fronteras.

ABASCALIO

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