PARAGUAY: Al borde del caos institucional
Tras la asunción del presidente Raúl Cubas el pasado agosto, se desató una dura disputa en Paraguay. A los tres días de asumir la presidencia, Cubas liberó por decreto al ex general Lino Oviedo, quien había sido encarcelado por un tribunal militar conformado por el ex presidente Juan Carlos Wasmosy, luego del intento de golpe de estado en agosto del 96. El ex general Oviedo fue candidato electo en las internas del Partido Colorado para las últimas elecciones, pero su candidatura fue anulada 20 días antes de los comicios por un fallo de la Corte Suprema, cediendo su candidatura a su compañero de fórmula que pasó a encabezar las listas del Partido Colorado, acompañado por Luis María Argaña (segundo en la interna partidaria y opositor férreo a Oviedo). A la payasada iniciada con el decreto que pone en libertad a Oviedo, le sigue la acusación de la Corte declarando inconstitucional el decreto, por considerar que pone en tela de juicio los fallos de los tribunales castrenses, ya que ordenaba al Presidente arrestar a Oviedo en 72 horas, cosa que Cubas se negó a hacer. Aunque la cara de la crisis sea Oviedo, el problema no es si el ex general es más, menos, o nada democrático por intentar hace algunos años un golpe de Estado, o si Cubas respeta la legalidad burguesa con su decreto. La crisis paraguaya se debe, en lo fundamental, a que las distintas fracciones burguesas no han logrado cimentar estructuras económico-sociales que sostengan la institucionalidad demoburguesa. Esto se expresa en las pujas dentro de la burguesía nacional contrabandista en buena parte y en el seno del Partido Colorado, entre las fracciones que vienen gobernando el país desde hace más de cuarenta años. De una u otra forma todas ellas siguen estando ligadas al tráfico de armas, las drogas y el contrabando en general, razón por la cual el control del Estado es absolutamente decisivo para proteger a las diferentes camarillas que, naturalmente, luchan por la mejor tajada de estos prósperos negocios. De aquí las diferencia entre los partidarios de Wasmosy, Oviedo y Argaña, más allá de que pueda existir un sector más progre en la oposición liderada por Laíño, pero absolutamente impotente para tallar con fuerza en la crisis explosiva desatada dentro del históricamente oficialista Partido Colorado. La apuesta actual es el negociado de contratos licitatorios y de las grandes obras de infraestructura (por ejemplo, un nuevo puente con Brasil, la aduana privatizada de Ciudad del Este, y un largo etcétera). Ligado a esto está la disputa política en el seno del partido por lograr un importante apoyo que los respalde, recrudeciendo cada vez más la pelea hacia la próxima interna de abril del partido entre el vice Argaña y Oviedo. Por su lado, el ex general ha logrado introducir a su gente en la estructura política surgida tras las elecciones y contaría con el apoyo de las Fuerzas Armadas o de buena parte de ellas, factor de poder decisivo en Paraguay. En cuanto a los opositores a Oviedo, cuentan con el supuesto apoyo incondicional de los Estados Unidos y del Mercosur, en su lucha por destituir y/o bloquear a Cubas mediante un juicio político. En este paraíso de la corrupción desenfrenada, los cargos que se le imputan a Cubas son mal desempeño de sus funciones, alzamiento contra el poder del Estado, delitos cometidos en el ejercicio del cargo, y delitos comunes. Desde la LSR denunciamos la farsa del juicio político, como una vía mágica que intente solucionar la crisis paraguaya y decimos que esta maniobra lo único que intenta es encubrir las luchas burguesas por el reparto del poder. Llamamos a no confiar en las buenas intenciones de los opositores a Oviedo y a Cubas ni en las de éstos, y afirmamos que no habrá ni un asomo de democracia burguesa mínimamente real, sobre la base de la miseria generalizada y la permanencia del aparato estatal montado por Stroessner a lo largo de casi cuatro décadas. La lucha obrera, popular y campesina tiene que barrer con todo esto.
CECILIA