8 de Marzo - Día Internacional de la Mujer
LA ESCLAVA DEL ESCLAVO
Durante miles de años la mujer fue sierva del hombre, y en estos tiempos capitalistas, por más avances tecnológicos que haya, éstos no están al servicio de liberar a la mujer de la opresión sino que, por el contrario, la hacen más insoportable. El día de la mujer nació como el día de la mujer obrera, rememorando el 8 de marzo de 1857. Ciento veintinueve trabajadoras textiles de Nueva York, ocupaban la fábrica contra la jornada laboral de 16 horas, que las obligaba a vivir con sus hijos pequeños al pie de la máquina. Semejante osadía la pagaron con su vida, ya que la fábrica fue incendiada con ellas adentro. Sus cuerpos calcinados son una muestra del desprecio que siente la burguesía por la vida. Durante la Conferencia Internacional de la Mujer, celebrada en Copenhague en 1910, la revolucionaria alemana Clara Zetkin propuso declarar esa fecha, como el Día Internacional de la Mujer, día de duelo, memoria y lucha. A mediados del siglo pasado durante la expansión del capital, el brutal período de concentración de la riqueza y el crecimiento del aparato de estado, se hizo necesaria la incorporación de la mujer al mundo del trabajo asalariado, por lo general accediendo a empleos precarios. Esa contradicción entre el crecimiento del número de mujeres en la producción, y su discriminación, da origen a los primeros movimientos feministas. La lucha por los derechos de la mujer fueron desde el inicio estandartes de los socialistas, en la Argentina y en el mundo. Justamente dentro de los partidos socialistas es donde la mujer va a encontrar un terreno muy favorable para llevar adelante sus reclamos. En los años 60 y 70, un fuerte alza del movimiento feminista en los Estados Unidos y en Europa, obliga a la burguesía a realizar concesiones tanto culturales como jurídicas. En países como Italia, por ejemplo, la ley de divorcio no existía. Ni que hablar de la Argentina, donde recién se legisló bajo el gobierno de Alfonsín, y donde el oscurantista poder de la iglesia católica ha impedido sistemáticamente cualquier mínima legislación acerca del aborto (ni siquiera la despenalización en caso de violación, como propició en algún momento la dirigente radical Florentina Gómez Miranda en los 80). La burguesía, que actúa de manera ruin y siente un particular desprecio por la vida de quienes no pertenecen a su clase, no vacila en bastardear y desnaturalizar los hitos de la lucha y las raíces del movimiento obrero y sus organizaciones, para intentar vaciar de contenido la memoria histórica de los explotados. El 8 de marzo no podía ser ajeno a esa política. En 1975, las Naciones Unidas formalizaron para el mundo el 8 de marzo, como el Día Internacional de la Mujer y de la Paz. Una de las mujeres que fue ejemplo internacional en aquel año por haber alcanzado la presidencia de una nación, era argentina: se hacía llamar Isabelita, y era la viuda del general Perón. Guerra de clases y no de sexos Las mujeres no forman una clase donde todas comparten idénticos objetivos. En nada iguala el sexo a María Julia Alsogaray, Margaret Thatcher, Zulemita Yoma, o cualquier otra señora de las altas esferas que presuma de cómo gracias a su talento se abrió camino en un mundo machista, con la mujer de las clases explotadas y oprimidas. Son ellas las víctimas de los peores atropellos, como en Cipolletti y las innumerables violaciones seguidas de muerte que vemos a diario. Son ellas las discriminadas por estar embarazadas y las que sufren el acoso cotidiano de capataces y patrones. Miles son golpeadas por sus maridos, idiotizados por el alcohol, la miseria y la desocupación. Enorme cantidad de madres jóvenes deben abortar o abandonar a sus hijos porque no los pueden alimentar. Es escalofriante el índice de menores de 12 años que son introducidas compulsivamente en las garras de las mafias internacionales de prostitución (desde Japón hasta Latinoamérica)_ Todo es parte de la decadencia capitalista. En los países imperialistas hay una regresión en cuanto a libertades democráticas y en los países capitalistas del tercer mundo la situación es aún peor. La mujer es discriminada en el mundo: desde el horror islámico de los talibanes afganos hasta la barbarie (¡democrática!) que en los Estados Unidos se manifiesta en sectores de la derecha republicana (muy ligada a las iglesias cristianas), que realiza atentados con bombas contra clínicas que practican abortos legales. Es curioso, también, ver el cinismo de la burguesía cuando se refiere al tema del aborto. Se declaran abiertamente en contra, en pos de la moral, pero corren a una clínica de confianza cuando alguna de sus hijitas tiene un ¡accidente! Eso sí, calladitos, para cuidar la moral de la familia. Es cierto que, a lo largo de la historia, se obtuvieron conquistas importantes, como el acceso a la educación, o el voto. Pero de fondo, la situación no cambió. Los ritmos de trabajo siguen siendo agotadores; los salarios, en promedio, son inferiores al del hombre, con el agregado de tener que llevar adelante el hogar. Esta es una sociedad machista en todos los aspectos, pero la lucha es de clases y no de sexos; hombres y mujeres son explotados por el capital, que no distingue sexos. Hay que defender los derechos conquistados por las mujeres y luchar por ampliarlos, en la más amplia unidad en la acción. Pero es iluso creer que la mujer se podrá emancipar dentro del capitalismo. Sólo el socialismo posibilitará sentar las bases materiales para que la mujer logre su plena liberación. Objetivo éste que será particularmente lento y difícil de alcanzar, ya que, más allá de dar adecuada cobertura a todas las necesidades que surgen de la maternidad, crianza y educación de los hijos, etcétera, implica acabar con una cultura milenaria que trasciende ampliamente la breve historia de la sociedad capitalista. La actual situación de las mujeres afganas habla a las claras de los horrores que engendra la sociedad de clases y sus correspondientes pautas religiosas. Para los socialistas revolucionarios del mundo, el Día Internacional de la Mujer no es entonces una jornada en la que las clases históricamente enfrentadas puedan ser amigas, hermanadas por su sexo: es un día de lucha y de reivindicación de las mujeres proletarias de todo el mundo. l El género común no elimina las diferencias de clase; la mujer explotada no es aliada de la mujer capitalista. l Guerra de clase contra los/las explotadoras/es. l Unidad de acción democrática contra la opresión y por todas las reivindicaciones específicas de las mujeres.
HERNAN