DEMOCRACIA BURGUESA LATINOAMERICANA
En el Tobogán
No hace falta más que echar un vistazo. Fujimori es una dictadura apenas cubierta por un antifaz. El pinochetismo sigue teniendo un descomunal peso institucional en Chile. En Paraguay, la democracia post-Stroessner se parece a un oso polar veraneando en el Caribe. Banzer manda, esta vez con respaldo no sólo uniformado, en Bolivia. Chávez camina hacia un régimen personalista basado, en lo fundamental, sobre las fuerzas armadas, porque el transitorio apoyo popular se le esfumará al compás con que se evaporen sus promesas. En Colombia, las fuerzas armadas y los paramilitares asesinan a cientos de miles de personas, incluyendo a dirigentes de derechos humanos, y hay un millón de campesinos obligados a emigrar para evitar ser, real o potencialmente, base social de las FARC o el ELN. En Ecuador es asesinado a una cuadra del Congreso un reconocido diputado de la izquierda, y el nuevo gobierno se encuentra atrapado en una pinza entre la caída del precio del petróleo y las movilizaciones populares, en medio de rumores de autogolpe, declaración de estado de sitio y paros generales. En México el régimen del PRI ha superado en tiempo a la dictadura stalinista de la ex URSS y en los últimos años se ha dedicado a asesinar candidatos presidenciales, secretarios generales y cardenales. En la Argentina la pelea por la inconstitucional re-re se da con el mismo pudor que puede tener un violador. Brasil, apretado por la crisis económica camina, con sus peculiaridades, por igual rumbo. En Uruguay cogobiernan blancos y colorados y modifican la ley electoral para bloquear al Frente Amplio, completamente adaptado al régimen capitalista y candidato a concretar el desmantelamiento de los restos del estado de bienestar, con los métodos que sea_ ¿Por qué pasa esto con la quinceañera democracia explotadora latinoamericana? ¿Por qué se está pudriendo tan aceleradamente un régimen que generó inmensas ilusiones entre los explotados y que resultó una salida mágica de la burguesía para las dictaduras imperantes en la región? Hay mucha tela para cortar, pero empecemos con algunas reflexiones. Digamos en primer lugar que democracia burguesa más o menos real y pobreza generalizada, no conjugan. Más bien arman un Frankenstein, estilo Fujimori, con jueces encapuchados, miles de presos, prensa amordazada y/o encarcelada y un largo etcétera. La crisis económica es un inmenso fuelle que aviva el fuego sobre los jirones de democracia burguesa en la región. En segundo lugar, en la mayoría de los países de América latina, la institucionalidad burguesa, más o menos normal (aunque no menos bárbara) en los países imperialistas, es una flor exótica, carente de base económica y para nada enraizada en las clases fundamentales, por más que parte de la clase media crea en ella durante algunos períodos. De estos dos elementos, el primero es el fundamental. Podríamos enunciar casi como una fórmula: crisis económica capitalista = restricción y/o liquidación de libertades democráticas... O, dicho de otra manera, lucha burguesa por lograr liquidarlas y lucha obrera y popular por defenderlas. Para vencer en esta lucha algunas veces la burguesía se disfraza de populista, o de lo que sea, para estafar a los explotados, justamente indignados con el régimen político democrático de los capitalistas. Este proceso no ha llegado a su cúspide sino que está, en términos relativos, en sus comienzos. Pero hay una clara tendencia a su profundización y generalización. Esto es así, por más que en buena parte de la región se mantenga alguna cobertura ultraformal al estilo de Fujimori de un régimen básicamente dictatorial. Si no es abiertamente contrarrevolucionario como hace un cuarto de siglo, no es por pudor democrático sino porque el movimiento obrero y popular no representa un peligro concreto de la magnitud que tuvo en el pasado. Frente a ello es necesario no marearse, como lo ha hecho, por ejemplo, la izquierda venezolana frente a Chávez. Hay que decir con claridad que no habiendo posibilidad inmediata de revolución obrera es un deber defender los jirones de libertades burguesas frente a demagogos y sinvergüenzas o frente a gobiernos abiertamente represivos, tengan la cobertura institucional que sea. La lucha por las libertades democráticas no está separada de la lucha por la revolución anticapitalista. Por el contrario, ésta es la única que posibilita defenderlas de fondo, impidiendo su liquidación a manos de la decadente burguesía. Por supuesto, esto requiere no atar las fuerzas obreras y revolucionarias como la quinta e inútil rueda del carro de cualquier fracción burguesa. Se trata exactamente de lo opuesto: de tener una política para que los obreros y explotados logremos acaudillar la lucha de todos los sectores que se oponen al atropello antidemocrático perpetrado por la burguesía y de que seamos capaces de dirigir esa lucha en todos los terrenos, utilizando todas las tácticas necesarias y principistas.
J. G.