CRISIS ECONOMICA EL GOBIERNO CAMINA
SOBRE UNA CORNISA
Hace poco más de 20 años el Ministerio de Economía, liderado por Martinez de Hoz, iniciaba un ambicioso plan de crecimiento económico basado en la exportación de cereales, petróleo y productos agroindustriales. El prerrequisito, era una contrarrevolución social, que posibilitara aumentar a niveles inimaginables la explotación sobre el movimiento obrero y los sectores populares. La inestabilidad de la situación política y la derrota de la guerra en Malvinas llevaron a la caída de la dictadura y, con ella, el sueño de Martínez de Hoz y toda la junta militar de realizar esta estrategia económica. Alfonsín siguió, a los tumbos, con ese rumbo, hasta que un gobierno peronista vino a aplicar a fondo ese plan. Durante los años 93-97 el crecimiento en las exportaciones de cereales fue de un 50%, basado en fuertes inversiones en tecnología volcada a la extracción de petróleo y minerales, y a la renovación de maquinaria en el campo para producir cereales (trigo, oleaginosas, soja, etc.). De esta manera, la Argentina contribuyó en la crisis de sobreproducción que vive en estos momentos el mercado mundial. Los vientos del sudeste asiático azotan al país Dialécticamente el crecimiento en las exportaciones prepara su debacle. En 1997 comenzó la crisis en el sudeste asiático que llevó a una fuerte devaluación en los precios de los commodities (materia prima y productos básicos). El país termina 1998 y abre 1999 con una situación económica muy delicada, pese a las fanfarronadas de Roque Fernández. Con un déficit de US$ 5.581 millones en la balanza comercial, con la caída del 32,7% de las exportaciones a Brasil, la baja del 8% en la producción industrial 25% de las ganancias de las siderúrgicas, Acindar y Techint, y el 15% en el comercio durante el mes de enero (con respecto al mismo mes del año pasado; datos de FIEL y de la Cámara Argentina de Comercio). En el sector agropecuario la crisis brasileña golpea y los subsidios de los gobiernos europeos al agro, traban las exportaciones argentinas. Los analistas del FMI plantean que el gobierno argentino debe sincerar la situación delicada que atraviesa: no podrá cumplir con la meta de poner al déficit comercial en un piso de US$ 3.000 millones y que en el año corriente se generalizará una recesión en el país. La UIA reclama que se limiten las exportaciones brasileñas y el gobierno contesta que no tomará ninguna medida unilateral que perjudique al socio mayor del Mercosur. Al mismo tiempo, contradictoriamente, lanza la propuesta de dolarización del sistema monetario argentino. La pelea interburguesa, interna y externa, todavía está latente, pero es potencialmente explosiva. La concentración en el mercado bancario es descomunal: es la primera vez en 30 años que la Argentina vuelve a cruzar la barrera hacia abajo de los 100 bancos. Los mercados se contraen y las necesidades de expansión se hacen sentir cada vez más fuerte. La vulnerabilidad de la situación monetaria en el país y la caída de la tasa de ganancia (que se expresa sólo relativamente, en la bolsa) provocará que la Argentina, tarde o temprano, prosiga el camino de Brasil, en relación con la retirada de capitales, proceso de desinversión y, por lo tanto, desaceleración de la economía. La Nación (6/2/99) titula Prevén que no crecerá la Argentina para 1999, diagnosticando que los sectores más afectados son los autos, material de transporte, productos lácteos y calzado. En la producción de mercancías alimentarias y agrícolas los productos más afectados serán el arroz, el té, el algodón, el aceite de oliva, el ajo y la cebolla. Las regiones más afectadas serán el Noroeste, la Mesopotamía y el Cuyo. El gobierno y la credibilidad El 3% de crecimiento anual garantizado por Roque Fernández termina siendo una carta de fe religiosa, más que un pronóstico relativamente serio. Y como gobernar es prever, el gobierno se para, así, sobre arenas movedizas (en el último trimestre del 98, por ejemplo, hubo un retroceso del 0,5%). Por ahora, logra salir del paso colocando parte del paquete accionario que le quedaba de YPF, en US$ 2.000 millones. Por otro lado, emite un bono por US$ 1.000 millones a 20 años que sólo le sirve para tapar baches conyunturales internos y externos, como la cobertura de un tercio de los compromisos con el FMI. La tasa de interés con que se emitió el bono es altísima (12,7%), lo cual engrosaría el monto actual de la deuda externa (alrededor de US$ 120.000 millones). De esta manera, el gobierno continúa con el peligroso juego de la bicicleta financiera, con todas las cuentas del estado en rojo (fiscal, corriente y comercial). El temor a la recesión y a la avalancha de productos brasileños en el país es expresado por los analistas de distintos sectores. La economista Debora Giorgi (del sector privado, Alpha) aseguró:la recesión será del 5,5% en Brasil y del 1,3 en la Argentina.. El economista Miguel Bein ... advirtió que en los próximos tres meses habrá que ponerse cascos porque ninguna medida podrá compensar la avalancha de saldos brasileños (La Nación, Economía y Negocios, sábado 6/2/99). La caída de la capacidad de consumo del mercado brasileño retrotrae parte de las exportaciones argentinas. Al mismo tiempo, la posibilidad de que llueva una cantidad importante de productos del país vecino en los próximos meses puede dejar a la industria nacional, fundamentalmente a las Pymes, en una situación inferior para soportar la competencia de la avalancha. Hasta ahora, ésta no se produjo porque la contracción de la economía argentina hizo que bajaran drásticamente las importaciones. Por supuesto, esta tendencia general del rumbo económico tiene altibajos y contratendencias, pero estas últimas no logran contrarrestar con suficiente fuerza la debacle económica, social y política en curso. El gobierno puede seguir maniobrando y estirando los pagos con la bicicleta financiera, pero la especulación y la liquidez de capital no duran para siempre. Tienen un techo asegurado en el actual contexto mundial. Mayor dependencia y precaridad Ante esta delicada situación de la economía regional, el gobierno lanza dos propuestas en pos de afianzar el sistema monetario y contrarrestar el desempleo. 1) La dolarización del sistema monetario argentino significaría una dependencia absoluta del imperialismo norteamericano. Por más que el billete aparezca con la cara de Sarmiento o algún prócer argentino, esta propuesta significaría anular la movilidad políticaeconómica del BCRA para intervenir directamente en el salvataje de cualquier crisis futura (una corrida bancaria o una fuerte caída de la bolsa). Toda operación financiera estaría sujeta a la decisión de la Reserva Federal Estadounidense y la banca internacional. Para lograr la dolarización el gobierno tendría que lograr abrir una ventanilla para acceder a la banca norteamericana. Pero la negativa rotunda de Alan Greenspan (presidente de la Reserva Federal norteamericana) aclarando que no tiene ningún interés, ni tampoco lo tiene el Tesoro, de ser un prestamista de última instancia fuera de los Estados Unidos (La Nación, 25/2/99), junto con la negativa de Pedro Malan (ministro de Hacienda de Brasil), llevaron a Roque Fernández a retroceder, diciendo que era un proyecto a largo plazo, después de mucha discusión y análisis. 2) La anunciada creación de 200 a 500.000 puestos de trabajo para principios de marzo o abril revela dos problemas. En primer lugar, de ser creados esos puestos, sólo permitirán reabsorber parte de los despidos del sector industrial y comercial (fundamentalmente las automotrices), sin modificar un ápice la tasa de desempleo. En segundo lugar, no se avizora ninguna expansión del mercado laboral, por lo que los nuevos puestos serán de una precaridad temporal, ni que hablar de las condiciones salariales y de trabajo en general (al mejor estilo de los planes trabajar). La Alianza le reprocha este aspecto, pero por la positiva tiene para ofrecer tanto como nada. No sólo no va a bajar la tasa de desempleo, sino que todos los pronósticos apuntan a que trepará del 12,5 al 15,5 %. Una vez más la crisis golpea sobre los trabajadores y los sectores populares: tarifazos y despidos La Secretaría de Transportes aprueba la suba del 80% en los boletos de trenes, copiosamente subsidiados por el estado. Las boletas de luz y agua ya empiezan a venir con aumento y no tardarán en subir los demás servicios. La caída del empleo ya se empieza a marcar en Capital Federal y Gran Buenos Aires (0,4%) y en Córdoba (0,6%). Un 1,2% en la construcción, un 0,5% en la industria manufacturera, un 0,3% en electricidad, gas y agua, y un 0,1% en comercios, restaurantes y hoteles. En el sector papeleros ya hay suspensiones y parálisis de producción en plantas. En textiles disminuyó un 30% la producción; en calzado hay 1.600 suspensiones; en la madera hay adelanto de vacaciones y suspensiones; en metalúrgica hay suspensiones rotativas en la empresa Siderca; y en el sector del caucho se adeuda hasta 4 meses de sueldo (datos de La Nación, 10/2/99). Disparen sobre los trabajadores de automotrices y autopartes El gobierno le ha concedido a las patronales de las automotrices un precioso regalo suspendiéndoles y refinanciándoles las deudas que tienen con el estado y, por otro lado, sigue propulsando eliminar los aportes patronales. Algo similar hace con las petroleras de Comodoro Rivadavia. Desde luego no es ésta la suerte que corren los trabajadores. Los gastos superfluos han sido desterrados, las compras de alimentos se redujeron, las vacaciones quedaron truncas y las boletas de impuestos o servicios se acumulan desde hace tiempo. A esto le podemos agregar que tampoco se sabe cómo se van a encarar los gastos de la canasta escolar para los hijos y un largo etcétera de penalidades y sufrimientos. De esta manera relataba La Nación (16/2) la vida de un trabajador y su familia. Este trabajador es uno de los 1.200 obreros suspendidos hasta el 31 de mayo por la empresa Renault. Para los trabajadores que quedaron trabajando se reduce un turno, lo que reduce a la mitad su ingreso normal. La fecha (31 de mayo) que puso la empresa para la reincorporación de estos trabajadores es inconsistente, ya que la empresa apeló, de entrada, al retiro voluntario y a la jubilación anticipada (55 años) abonando montos de hasta $ 9.000, según la antigüedad. La Fiat, por su lado, suspendió a 2.100 trabajadores, la Ford 1.400, la General Motors 200, la Volswagen 1.050, etc.. Hay 1.500 suspendidos en autopartes y 2.000 contratos que no se renuevan. Se calcula que ya hay 11.000 trabajadores despedidos bajo el rótulo de suspendidos, y se esperan más para los primeros meses del año. Todo esto llevó a una baja de 4 millones de horas de trabajo en lo que va de la crisis. En toda esta catástrofe, es decisivo el papel de Smata. Valga, entre muchos, el ejemplo de su actuación en Córdoba. Allí, el Smata se lanza, sin consultar a los trabajadores perjudicados, a realizar un acuerdo con la patronal de Renault. La comisión directiva del gremio, de la mano de su secretario general, José Campellone, acuerda con la patronal un 75% para marzo y febrero, 60% para abril y 50% para mayo, del salario para los trabajadores suspendidos. Ya esto es una verdadera aberración para los trabajadores; pero la pregunta es: ¿qué pasa después de mayo?. Ni la patronal ni la burocracia pueden dar respuestas a este interrogante
CARLIN