"¡ARMAS PARA BOSNIA!”

MENEM-CLINTON, ¿VASALLOS DEL PTS?

Toda persona que alguna vez quiso resolver un teorema, sabe que si éste parte de una premisa falsa, su resolución también lo será. Y, a la vez, con una premisa falsa, se puede “demostrar” cualquier absurdo. Por ejemplo, si uno parte de la premisa de que en la ex Yugoslavia hubo, o hay, una revolución (del tipo que sea, política, nacional, socialista, transgaláctica), puede tranquilamente hacer que cualquier pieza “encaje” en esa premisa. Claro que, al ser falso todo el andamiaje, cualquier soplo de la realidad lo hará caer. Eso le sucedió al PTS con la ex Yugoslavia. Hace siete u ocho años, el PTS “resolvió” que había una revolución, y que el motor de la misma eran las viejas pandillas nacionalistas, provenientes de los distintos sectores regionales del PC. En el mejor estilo de una película de cowboys, el PTS resolvió dónde estaban “los buenos” y dónde “los malos”. Los primeros estaban constituidos por las pandillas stalino-titoístas de la media docena de republiquetas que se oponían a los “malos”, o sea, a la pandilla más grande, la stalino-titoísta de Serbia, tan procapitalista como sus gemelas croatas, eslovenas, bosnias o macedonias. El problema es que no había nada que se pareciera a una revolución en la ex Yugoslavia. Lo que había era una feroz pelea entre las distintas fracciones de la burocracia procapitalista (ligadas cada una a distintos “patrones” imperialistas), dispuestas a explotar los sentimientos democráticos o nacionales de los pueblos, para poder avanzar en su integración social plena al capitalismo y en su propio ascenso social como burguesía. El imperialismo manipuló la opinión pública, en particular la de la clase media europea, sin forzar demasiado su imaginación. Repitió los mismos “argumentos” de los “aliados” durante la guerra de 1914. Así, el pequeño y heroico Sarajevo fue el correlato de la pequeña y heroica Bélgica; las mujeres belgas violadas por la soldadesca alemana en 1914, fueron sustituidas por los padecimientos de sus pares bosnias a manos de la tropa serbia (sin mencionar siquiera, que todas las etnias sufrieron iguales humillaciones y vejaciones, como ocurre en toda guerra, máxime con peso campesino). La izquierda y el “progresismo” europeo, educados en medio siglo de boom económico y democracia burguesa, “compró” todos los buzones que se le ofrecieron. Y el PTS y otros, con menos justificaciones materiales, se sumaron al mismo coro. Pero el problema para el PTS –¡porca miseria!– es que le tocó actuar justo en el país cuyo gobierno llevó adelante, en la práctica, la venta de armas a Bosnia y Croacia (por más que lo haya hecho en forma trucha y por orden de EE.UU., su socio “carnal”). Es comprensible que resulte muy desagradable para cualquiera, tener que ver que la política central que levantó su organización durante años, es llevada adelante por su propio enemigo, sin que uno ni siquiera lo haya sospechado, y despreciando los alertas que otras corrientes le formulasen. Pero una corriente proletaria que se encontrase en esta situación, reaccionaría como Bebel: “¡Qué macana habrás hecho, viejo Bebel, que la burguesía te aplaude!”_ Los dirigentes del PTS reaccionaron exactamente al revés: tienen el descaro de reivindicar su política de “armas para Bosnia”. Lo hacen explícitamente polemizando con un supuesto pacifismo del PO; y aun cuando éste fuera real, esa no es la cuestión. El problema real es que Menem concretó, por orden de Clinton, el reclamo que el PTS levantó durante años como eje de su política internacional (incluyendo el envío de “caravanas obreras” y otras estafas alentadas por el imperialismo). Las “armas a los musulmanes bosnios” las proveyó Menem. ¿Es tan genial el PTS que colocó a Menem-Balza al servicio de la revolución? El PTS –y quienes callan, habiendo defendido la misma política–, debe preguntarse qué lo llevó a estar durante varios años, objetivamente alineado en la misma política, junto al imperialismo y el gobierno argentino. Cualquier otra argumentación, no es más que un intento de tapar con hojarasca el inmenso bosque de la adaptación a la propaganda “democrática” imperialista. Como la pifiada es tan grande, el PTS apela a un cúmulo de forzadas analogías con hechos del pasado –¡incluyendo hasta la gloriosa revolución proletaria española!– para tapar un error tan grosero como confundir una revolución y sus reivindicaciones, con el desguace imperialista de un país y su colonización capitalista. Si el PTS quiere apartarse del camino irracional de las sectas, debe apartarse de las justificaciones “bíblicas” –además, sacadas por completo de contexto– y reflexionar acerca de qué mecanismos políticos lo llevaron a ubicarse en el campo de Clinton y Menem, para desarrollar, supuestamente, una política revolucionaria. Y preguntarse, siguiendo a Bebel, ¿qué macana habrás dicho, PTS, para que la burguesía y el imperialismo cumplan tus consignas?

JORGE GUIDOBONO

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