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FRENEMOS EL ATAQUE
CON LA MOVILIZACION Y LA
HUELGA NACIONAL
Autor: Mario Caballero
Fecha: 14 FEBRERO 2008
La manifestación del 31
de enero, donde cerca de 200,000 personas ocuparon el
Zócalo de la ciudad de México, y en la cual participaron
cientos de organizaciones campesinas y obreras (como el
STUNAM, el IPN, el INAH, del IMSS, del SME, Mineros y
telefónicos), muestra que hay condiciones para enfrentar
el ataque de Calderón y el FMI, para lo cual es
necesario desarrollar la movilización y preparar el
terreno para la huelga nacional.
Con la llegada de los
empresarios panistas al poder, se profundizó la pobreza de
la clase trabajadora y la pérdida de derechos laborales y
sindicales. Son casi ya 30 años de esta ofensiva iniciada
por el priato y profundizada por el «gobierno del cambio»;
medidas impulsadas en contubernio con organismos
patronales como la Coparmex y la pro-patronal Secretaría
del Trabajo. Ahora, los patrones y el gobierno negocian
con la Cámara de Diputados la aprobación de una reforma
laboral netamente patronal (avalada por las viejas
direcciones charras del Congreso del Trabajo) que, si las
organizaciones obreras y populares no frenamos, será uno
de los golpes más duros de las últimas décadas, pues
limitarán más el derecho de huelga y un conjunto de
ataques a los derechos de los trabajadores. Al mismo
tiempo, en los sindicatos crece la intromisión del
gobierno en su vida interna, como la persecución al
sindicato minero. Para ello vulnera los contratos
colectivos de trabajo y, el derecho de huelga, como en
Mexicana de Aviación y en Cananea), y ataca a las
direcciones sindicales antiburocráticas que, como en
General Tire y Vidriera del Potosí, enfrentan despidos
significativos- para poner en su lugar a dirigentes
pro-patronales. Este ataque se profundiza por las
repercusiones del TLC sobre los pequeños productores y la
miseria de los campesinos pobres y jornaleros agrícolas.
Mientras tanto, Calderón, el PAN y el PRI preparan la
«reforma energética», para entregar PEMEX a las grandes
trasnacionales. Medida que significaría –junto con la
pérdida de la soberanía energética, volver a las
condiciones que vivían los trabajadores en las empresas
extranjeras antes de la expropiación petrolera de 1938.
La
Gran Movilización del 31 y las tareas contra «los de
arriba»
Ante este ataque patronal y
pro-imperialista, el 31 de enero se dio la masiva
movilización que las organizaciones del campo y los
sindicatos, realizaron el 31 de enero contra el TLC en la
ciudad de México y en varios estados (aunque entre esas
organizaciones, había algunas que aprobaron el TLC y la
reforma al artículo 27), mostrando que el «México bronco»
está despertando en medio una nueva etapa de la lucha de
clases donde, si los sectores oprimidos y explotados, y la
clase media rural perjudicada por los grandes exportadores
junto a los millones de campesinos, sin tierra enfrentamos
decididamente los planes neoliberales (convocando a los
trabajadores precarizados y a los desempleados y
despedidos del campo y la ciudad), podemos frenar la
ofensiva antipopular. Una de las lecciones de esta
movilización es la potencialidad de la unidad del
movimiento obrero y popular en las calles. Por eso el
gobierno y sus «plumas» han salido a minimizar los
alcances desastrosos del TLC. Es necesario avanzar en este
nuevo periodo de la lucha donde, hace años que el
descontento campesino no empalmaba con los trabajadores de
la ciudad originando tendencias a la unidad y mostrando
que existe una recomposición y disposición a la lucha
entre los trabajadores y el pueblo. Este descontento se
está expresando-todavía incipiente- en luchas
antiburocráticas en los sindicatos como el SITUAM y el
STUNAM o en sectores del movimiento obrero industrial,
como el caso de Vidriera San Luis, Continental Tire,
Minera San Xavier y la fábrica Gamesa. O con el aumento
salarial de 9 por ciento y 3.5 en prestaciones, arrancado
por los mineros de las secciones sindicales tres y 259 de
Pachuca, Hgo. y Palau, Coahuila a la patronal Altos Hornos
(mostrando que se puede superar los topes salariales por
un margen mayor al que se viene aceptando por varios
sindicatos). Todo esto es continuidad de de los procesos
iniciados en los últimos meses contra las medidas del
gobierno, los patrones y los partidos del Congreso. Pues,
sectores de trabajadores comienzan a movilizarse,
retomando el camino de lucha marcado por la Comuna de
Oaxaca» y las luchas obreras del 2006: como lo fueron la
movilización de los trabajadores mineros (que inició con
la lucha de Sicartsa en el 2006 que enfrentó las balas de
la policía del perredista Lázaro Cárdenas Batel), y el
paro nacional de más de 100 mil trabajadores, así como las
huelgas de las minas de «La Caridad» y «Cananea», son un
indicativo del potencial combativo de la clase obrera.
Igual papel desempeña el magisterio de la CNTE en el
rechazo a la ley del ISSSTE y contra el charrismo de la
oficialista Elba Esther. Junto con el paro de seis meses
de la sección 22 contra el gobierno de Ulises Ruiz en
Oaxaca, expresan el punto más alto de respuesta a los
planes del gobierno y el viejo aparato charro. Y es que,
la situación de «los de abajo» se agravará más en los
siguientes meses debido a las repercusiones de la
dependencia de la economía mexicana respecto de la
norteamericana que ya entró en recesión. ¡Enfrentemos el
TLC y el ataque sobre las condiciones de vida y de trabajo
de obreros y campesinos! ¡Que la crisis la paguen los
patrones! Por lo que, ninguna tregua o medida que lleve a
frenar la movilización, o llame a evitar «radicalismos»,
debe bloquear este ánimo de lucha contra los planes
neoliberales. El reto que tenemos los trabajadores, es
superar las trampas de las direcciones más proclives a la
negociación con el gobierno (como la priísta CNC y las que
negocian por separado, o la UNT que quiere ser incluida en
las negociaciones de la reforma laboral del gobierno),
pues tratarán de desactivar la movilización para sacar
raja de sus pactos. ¡No debemos permitirlo!
Coordinemos las luchas para preparar la huelga
Es necesario lograr la
mayor unidad de los trabajadores del campo y la ciudad, y
unificar las demandas de todas las fuerzas que luchan
contra los planes y la entrega del país al imperialismo, o
contra la violación a sus derechos (comunales,
ambientales, servicios, etc.) para potenciar la fuerza de
millones de trabajadores. Pero esta unidad puede ser
efectiva, si se da de manera independiente de las
negociaciones que comprometan la movilización y de
cualquier pacto que pretenda desactivar el descontento.
Tampoco deben ser las demandas de los trabajadores, usadas
para fines electorales, ni subordinadas a partidos como el
PRD, que llaman a confiar en la acción de instituciones
como el Congreso (el que prepara la entrega de PEMEX y la
nueva ley laboral, y aprobó el alza a la gasolina). La
independencia de clase es la base para la reorganización
de la clase trabajadora. La necesaria unidad no puede
basarse en otorgarle un «cheque en blanco» a las
direcciones (como la burocracia rural) que tratarán de
aprovechar el descontento en el campo para negociar
prebendas con el gobierno, en perjuicio de los campesinos
pobres y sin tierra. Necesitamos una coordinación
combativa e independiente para frenar la explotación y la
miseria. Hay que unir y coordinar todas las luchas,
haciendo crecer la movilización y la organización, pues
para que triunfen, ninguna lucha debe quedar aislada. Por
eso es importante apoyar a los sindicatos que han
emplazado a huelga por revisión salarial (como Mexicano de
Electricistas, STUNAM), u otros que ya estallaron su
movimiento (como el SITUAM, el sindicato de la Universidad
Veracruzana. Así como apoyara a los combativos
trabajadores de Industrias Ocotlán y Vidriera del Potosí,
que viajaron al DF para exigir solución a sus justas
demandas.
Tenemos que rodear de
solidaridad de clase a estos sindicatos. Es hora de pasar
de los pronunciamientos a las acciones efectivas para
frenar el ataque del gobierno. En primer lugar, hay que
impulsar una Coordinación Nacional de Lucha que agrupe a
los sindicatos, organizaciones campesinas y populares y
movimientos sociales, que vote -en base a delegados
representativos y elegidos democráticamente en sus
sectores-, audaces planes de lucha anticapitalistas. Para
hacer real esa coordinación, las organizaciones campesinas
que se están movilizando, junto a sindicatos como el SME,
la CNTE, y los demás que se movilizan este 31/1, deben
convocar a un gran Encuentro Nacional de Organizaciones.
En ese Encuentro, los
trabajadores del campo y la ciudad podemos discutir un
programa común y un plan de lucha, que tenga como primeros
puntos la lucha contra la entrega de PEMEX y por echar
abajo el TLC, y que avance hasta la preparación de la
huelga nacional que pare la ofensiva patronal y
pro-imperialista. En ese sentido, el Quinto Diálogo
Nacional, que integra a distintas organizaciones, si
realmente quiere enfrentar al gobierno y sus planes, debe
pugnar por una unidad combativa que no comprometa la
independencia política de la clase obrera y el movimiento
de masas. Para enfrentar el ataque, hay que preparar una
gran huelga nacional, que hace muchas décadas no realiza
la clase trabajadora mexicana, que paralice la industria,
los servicios y el campo, y que sea organizada en base a
asambleas de base representativas. El SME y las demás
organizaciones del Dialogo Nacional, la CNTE así como la
UNT y otros sindicatos que se pronunciaron contra los
planes de Calderón, tienen que demostrar su disposición y
poner todos sus recursos para garantizar la preparación de
la misma. La huelga anunciada para marzo puede ser una
oportunidad para eso.
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