GeografíaApuntes de clase |
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TEMA
1: LA GEOGRAFÍA
Y SU OBJETO DE ESTUDIO
La
Geografía estudia la naturaleza y las sociedades desde el punto de vista de su localización
y distribución en el ESPACIO,
así como las relaciones que se establecen entre ellos. Para averiguar las
causas de esa distribución y de las interrelaciones existentes, muchas veces la
Geografía debe acudir al estudio de su evolución en el tiempo, por lo que
puede ser ayudada por la Historia. Asimismo, las diferentes ramas de la Geografía
se apoyan en diversas ciencias afines:
| Partes de la Tierra | Ciencias afines | Ramas geográficas | Objetos de análisis y estudio |
| Endosfera | Geología | Geomorfología | Relieve, formas de relieve (génesis, evolución, características), unidades del relieve, incluyendo costas. |
| Atmósfera | Meteorología, Física del aire | Climatología | Elementos y factores climáticos, zonas climáticas. |
| Hidrosfera | Hidrología, Oceanografía | Hidrogeografía | Masas de agua oceánicas, corrientes y masas de agua continentales. |
| Biosfera | Biología | Biogeografía | Suelos, plantas y animales, en cuanto a sus relaciones y distribución en la supeficie terrestre. |
Estos
ejemplos pertenecen todos a la parte de la Geografía que vamos a estudiar en
los primeros temas: la Geografía Física.
Es la parte de la Geografía que estudia la superficie de la Tierra, una
“envoltura” que, además de su extensión, tiene un cierto grosor en
profundidad y altura. Dentro de ella quedan integradas la parte más externa de
la masa terrestre sólida (endosfera), las masas de agua oceánicas y las
corrientes hídricas (hidrosfera) y el nivel inferior de la esfera gaseosa que
envuelve el planeta (atmósfera).
Los
contenidos de esas cuatro “esferas” son considerados naturales o “físicos”;
dentro de ellos no incluimos a los grupos humanos (objeto de estudio de la
Geografía Humana o, en su evolución en el tiempo, de la Historia), que se
desarrollan en ese ambiente físico con el que interaccionan. En esa relación, obviamente es más notable el papel
del ser humano como transformador (destructor) que como ser natural, incluso en
las sociedades menos complejas.
Nosotros hablaremos del medio físico como si no hubiese intervenido el ser humano en él, pero es obvio que su actuación ha sido capaz de modificar la vegetación, las costas, los suelos, las dinámicas de erosión e incluso el clima.
El
estudio del relieve
La
Geomorfología, la rama de la Geografía Física que estudia el relieve, se
dedica a explicar cómo se han originado y cómo han evolucionado esas formas
del relieve. Para ello, es conveniente conocer la posición
y extensión de los fenómenos estudiados (lo que puede darnos pistas
sobre su pertenencia a conjuntos y procesos de un ámbito más general), así
como los materiales que los componen
(lo cual nos servirá para explicar por qué se ha producido un plegamiento, una
falla, etc.). Ambos aspectos pueden servir también para comprender mejor la
acción de agentes externos erosivos (clima, aguas).
Las
fuerzas internas de la endosfera (fuerzas
tectónicas) dan lugar a formas de fractura (es decir, de “ruptura”) o fallas
y a formas de plegamiento (pliegues).
Las formas fracturadas (fallas) forman bloques que se levantan o se hunden. Los
pliegues, por su parte, pueden producir una gran diversidad de formas, según
las presiones recibidas y las características de los materiales.
Por
otro lado, los agentes erosivos terminan de conformar esas formas tectónicas
(fallas y pliegues). Las formas de erosión
pueden ser de desgaste (circo glacial, valle fluvial) o resultado de la
acumulación de los materiales arrancados por la erosión (morrena glacial,
terraza fluvial, delta). Para que se acumulen estos materiales, es necesaria una
segunda fase tras la erosión: la del transporte. Así pues, el ciclo es erosión-transporte-acumulación.
En
la Península Ibérica, durante la Era Cuaternaria (desde hace casi 2 millones
de años hasta hoy) han actuado principalmente cuatro formas de erosión: los glaciares
(por la acción directa del hielo); hielos
(por el hielo y deshielo de materiales, que han producido su fractura); erosión
pluviofluvial (producida por los
cursos de agua); y erosión semiárida
(el viento actúa como agente erosivo y, además, transportando materiales, con
lo que la acción erosiva es doble).
El estudio del clima
En
la atmósfera, en la zona que está en contacto con los seres vivos, se dan una
serie de fenómenos (lluvias, vientos…) que configuran lo que llamamos clima.
Los rasgos de un clima determinado son establecidos estadísticamente: es la
regularidad en la repetición de ciertos fenómenos, en unas condiciones
concretas, lo que nos hace denominar “clima” a ese conjunto de hechos geográficos.
Es decir, que podemos definir el clima como el conjunto de fenómenos
meteorológicos que tienen lugar en una zona, de forma regular, a lo largo de un
amplio período de tiempo.
El
tiempo atmosférico, en cambio, sería
el conjunto de fenómenos meteorológicos que tienen lugar en un lugar y
momento concretos.
Elementos
climáticos como el calor y las precipitaciones influyen especialmente en la vegetación, fauna, régimen
hídrico (es decir, volumen de agua que fluye por un caudal a lo largo del año),
suelos… También en las formas de relieve, por la erosión.
Toda la biosfera depende, en mayor o menor medida, del clima, y aquí también se incluye al ser humano: agricultura, ganadería, explotación forestal, pesca, incluso el comercio (el fluvial) dependen del clima, aunque los avances tecnológicos puedan minimizar esa dependencia (frecuentemente, con un alto coste ecológico). A lo largo de la historia, los seres humanos han buscado para establecerse lugares que les fueran lo más favorables posible gracias a la existencia de agua, de vegetales que pudiesen ser recolectados o de suelos cultivables, de madera… todo lo cual se halla en estrecha conexión con el clima.
Son
elementos climáticos los
diferentes fenómenos meteorológicos que caracterizan la baja atmósfera:
calor, radiaciones, cargas eléctricas, humedad (contenido de vapor de agua),
precipitaciones hídricas, vientos. De ellos, el calor
(expresado en temperaturas, que miden
el calor del aire cerca del suelo y a la sombra, en ºC) y las lluvias (medidas por la altura que alcanzan en milímetros –mm.),
son los más importantes.
Por
otro lado, tenemos los factores climáticos,
fenómenos que condicionan, de diversas formas, las características del clima.
El más importante lo constituye el movimiento de las masas de aire en la baja atmósfera, dinámica que produce
masas inestables (depresiones atmosféricas).
Las depresiones arrastran grandes masas de aire con determinados rasgos de
movimiento, humedad y temperatura, creando sobre la superficie terrestre amplias
areas de inestabilidad atmosférica, con tiempos atmosféricos caracterizados
por el dominio de bajas presiones, nubes, precipitaciones y vientos (borrascas).
Las áreas anticiclónicas, por el contrario, se caracterizan por el
predominio de masas de aire pesadas y estables, dando lugar a un tiempo sereno,
estable y seco.
La
latitud es otro factor
fundamental, pues de ella depende la intensidad de la radiación solar que
recibe la superficie terrestre en un punto determinado, lo que influye a su vez
en la existencia de zonas de depresiones o anticiclones.
La
cercanía o lejanía del mar (carácter
marítimo o continental) influye tanto en la humedad del aire como
suavizando los contrastes térmicos, pues la masa del mar retiene calor por la
noche, compensando el rápido enfriamiento de la tierra, y la refresca durante
el día. El Mediterráneo, por ser un mar cálido, tiene un menor efecto
atemperante en verano, al tiempo que sigue proporcionando humedad, lo que da
lugar al “bochorno”.
Tambien
la altitud es muy importante, tanto porque al crecer la altura
disminuye la temperatura, como porque las montañas retienen y condensan las
masas de aire húmedo provenientes del mar en su vertiente de barlovento (la cara de la montaña a la que no golpea el viento se
llama sotavento). En las montañas se
establecen diferencias, asimismo, entre la solana
(lado que recibe el calor del sol) y la umbría
(cara que permanece sombreada y, por tanto, es más fría).
No
hace falta señalar la importancia del agua para la vida de las plantas, los
animales y, por supuesto, de las personas: su papel en la agricultura, la
industria, la vida doméstica… es conocido por todos. Lo que debemos tener
claro, de momento, es la estrecha relación que mantienen su distribución y
localización con los rasgos del clima (lluvias, evaporación…), relieve, etc.
Tampoco debemos olvidar la importancia que tienen los comportamientos de las
sociedades en lo que se refiere a la calidad y cantidad de las aguas, según el
uso que se les dé: sobre esto, debemos recordar los problemas que afectan a las
aguas españolas: contaminación, sequía, despilfarro…
El
suelo, por su parte, depende de diferentes elementos: aguas, materiales sobre
los que se forma (roca madre),
vegetación… Se produce una compleja interrelación entre todos ellos, que
podemos apreciar en el mapa conceptual que resume este tema (Figura
1).
La
Geografía, al estudiar la vegetación, pone su atención en la presencia de
conjuntos vegetales o formaciones vegetales, que se distinguen por las diferentes especies
que las componen. Si predominan los arbustos, hablamos de matorral o “monte
bajo”; si los árboles son su componente más importante, se trata de bosques
o “monte alto”. También hay, claro, formaciones herbáceas. Suelos y
vegetación dependen del clima pero también (y actualmente quizá en mayor
medida), tanto directa como indirectamente, de la acción humana y de los
intereses en función de los cuales se organiza el territorio y se establecen
sus usos.
La
imagen global de todos estos elementos y factores, con las relaciones que se
establecen entre ellos, es lo que los geógrafos denominan paisaje.