BIENVENIDOS Y BIENVENIDAS A LA PÁGINA DE GEOGRAFÍA E HISTORIA DE ESPAÑA DEL LICEO "MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA"

 

Geografía

Apuntes de clase

 

 

 

 

 

 

TEMA 1: LA GEOGRAFÍA Y SU OBJETO DE ESTUDIO

 

La Geografía estudia la naturaleza y las sociedades desde el punto de vista de su localización y distribución en el ESPACIO, así como las relaciones que se establecen entre ellos. Para averiguar las causas de esa distribución y de las interrelaciones existentes, muchas veces la Geografía debe acudir al estudio de su evolución en el tiempo, por lo que puede ser ayudada por la Historia. Asimismo, las diferentes ramas de la Geografía se apoyan en diversas ciencias afines:

 

Partes de la Tierra Ciencias afines Ramas geográficas Objetos de análisis y estudio
Endosfera Geología Geomorfología Relieve, formas de relieve (génesis, evolución, características), unidades del relieve, incluyendo costas.
Atmósfera Meteorología, Física del aire Climatología Elementos y factores climáticos, zonas climáticas.
Hidrosfera Hidrología, Oceanografía Hidrogeografía Masas de agua oceánicas, corrientes y masas de agua continentales.
Biosfera Biología Biogeografía Suelos, plantas y animales, en cuanto a sus relaciones y distribución en la supeficie terrestre.

 

Estos ejemplos pertenecen todos a la parte de la Geografía que vamos a estudiar en los primeros temas: la Geografía Física. Es la parte de la Geografía que estudia la superficie de la Tierra, una “envoltura” que, además de su extensión, tiene un cierto grosor en profundidad y altura. Dentro de ella quedan integradas la parte más externa de la masa terrestre sólida (endosfera), las masas de agua oceánicas y las corrientes hídricas (hidrosfera) y el nivel inferior de la esfera gaseosa que envuelve el planeta (atmósfera).

Los contenidos de esas cuatro “esferas” son considerados naturales o “físicos”; dentro de ellos no incluimos a los grupos humanos (objeto de estudio de la Geografía Humana o, en su evolución en el tiempo, de la Historia), que se desarrollan en ese ambiente físico con el que interaccionan. En esa relación, obviamente es más notable el papel del ser humano como transformador (destructor) que como ser natural, incluso en las sociedades menos complejas.

Nosotros hablaremos del medio físico como si no hubiese intervenido el ser humano en él, pero es obvio que su actuación ha sido capaz de modificar la vegetación, las costas, los suelos, las dinámicas de erosión e incluso el clima.

 

El estudio del relieve

 

La Geomorfología, la rama de la Geografía Física que estudia el relieve, se dedica a explicar cómo se han originado y cómo han evolucionado esas formas del relieve. Para ello, es conveniente conocer la posición y extensión de los fenómenos estudiados (lo que puede darnos pistas sobre su pertenencia a conjuntos y procesos de un ámbito más general), así como los materiales que los componen (lo cual nos servirá para explicar por qué se ha producido un plegamiento, una falla, etc.). Ambos aspectos pueden servir también para comprender mejor la acción de agentes externos erosivos (clima, aguas).

 

Las fuerzas internas de la endosfera (fuerzas tectónicas) dan lugar a formas de fractura (es decir, de “ruptura”) o fallas y a formas de plegamiento (pliegues). Las formas fracturadas (fallas) forman bloques que se levantan o se hunden. Los pliegues, por su parte, pueden producir una gran diversidad de formas, según las presiones recibidas y las características de los materiales.

 

Por otro lado, los agentes erosivos terminan de conformar esas formas tectónicas (fallas y pliegues). Las formas de erosión pueden ser de desgaste (circo glacial, valle fluvial) o resultado de la acumulación de los materiales arrancados por la erosión (morrena glacial, terraza fluvial, delta). Para que se acumulen estos materiales, es necesaria una segunda fase tras la erosión: la del transporte. Así pues, el ciclo es erosión-transporte-acumulación.

 

En la Península Ibérica, durante la Era Cuaternaria (desde hace casi 2 millones de años hasta hoy) han actuado principalmente cuatro formas de erosión: los glaciares (por la acción directa del hielo); hielos (por el hielo y deshielo de materiales, que han producido su fractura); erosión pluviofluvial (producida por los cursos de agua); y erosión semiárida (el viento actúa como agente erosivo y, además, transportando materiales, con lo que la acción erosiva es doble).

 

El estudio del clima

 

En la atmósfera, en la zona que está en contacto con los seres vivos, se dan una serie de fenómenos (lluvias, vientos…) que configuran lo que llamamos clima. Los rasgos de un clima determinado son establecidos estadísticamente: es la regularidad en la repetición de ciertos fenómenos, en unas condiciones concretas, lo que nos hace denominar “clima” a ese conjunto de hechos geográficos. Es decir, que podemos definir el clima como el conjunto de fenómenos meteorológicos que tienen lugar en una zona, de forma regular, a lo largo de un amplio período de tiempo.

El tiempo atmosférico, en cambio, sería el conjunto de fenómenos meteorológicos que tienen lugar en un lugar y momento concretos.

 

Elementos climáticos como el calor y las precipitaciones influyen especialmente en la vegetación, fauna, régimen hídrico (es decir, volumen de agua que fluye por un caudal a lo largo del año), suelos… También en las formas de relieve, por la erosión.

 

Toda la biosfera depende, en mayor o menor medida, del clima, y aquí también se incluye al ser humano: agricultura, ganadería, explotación forestal, pesca, incluso el comercio (el fluvial) dependen del clima, aunque los avances tecnológicos puedan minimizar esa dependencia (frecuentemente, con un alto coste ecológico). A lo largo de la historia, los seres humanos han buscado para establecerse lugares que les fueran lo más favorables posible gracias a la existencia de agua, de vegetales que pudiesen ser recolectados o de suelos cultivables, de madera… todo lo cual se halla en estrecha conexión con el clima.

 

Son elementos climáticos los diferentes fenómenos meteorológicos que caracterizan la baja atmósfera: calor, radiaciones, cargas eléctricas, humedad (contenido de vapor de agua), precipitaciones hídricas, vientos. De ellos, el calor (expresado en temperaturas, que miden el calor del aire cerca del suelo y a la sombra, en ºC) y las lluvias (medidas por la altura que alcanzan en milímetros –mm.), son los más importantes.

 

Por otro lado, tenemos los factores climáticos, fenómenos que condicionan, de diversas formas, las características del clima. El más importante lo constituye el movimiento de las masas de aire en la baja atmósfera, dinámica que produce masas inestables (depresiones atmosféricas). Las depresiones arrastran grandes masas de aire con determinados rasgos de movimiento, humedad y temperatura, creando sobre la superficie terrestre amplias areas de inestabilidad atmosférica, con tiempos atmosféricos caracterizados por el dominio de bajas presiones, nubes, precipitaciones y vientos (borrascas). Las áreas anticiclónicas, por el contrario, se caracterizan por el predominio de masas de aire pesadas y estables, dando lugar a un tiempo sereno, estable y seco.

La latitud es otro factor fundamental, pues de ella depende la intensidad de la radiación solar que recibe la superficie terrestre en un punto determinado, lo que influye a su vez en la existencia de zonas de depresiones o anticiclones.

La cercanía o lejanía del mar (carácter marítimo o continental) influye tanto en la humedad del aire como suavizando los contrastes térmicos, pues la masa del mar retiene calor por la noche, compensando el rápido enfriamiento de la tierra, y la refresca durante el día. El Mediterráneo, por ser un mar cálido, tiene un menor efecto atemperante en verano, al tiempo que sigue proporcionando humedad, lo que da lugar al “bochorno”.

Tambien la altitud es muy importante, tanto porque al crecer la altura disminuye la temperatura, como porque las montañas retienen y condensan las masas de aire húmedo provenientes del mar en su vertiente de barlovento (la cara de la montaña a la que no golpea el viento se llama sotavento). En las montañas se establecen diferencias, asimismo, entre la solana (lado que recibe el calor del sol) y la umbría (cara que permanece sombreada y, por tanto, es más fría).

 

Aguas, suelos y vegetación

 

No hace falta señalar la importancia del agua para la vida de las plantas, los animales y, por supuesto, de las personas: su papel en la agricultura, la industria, la vida doméstica… es conocido por todos. Lo que debemos tener claro, de momento, es la estrecha relación que mantienen su distribución y localización con los rasgos del clima (lluvias, evaporación…), relieve, etc. Tampoco debemos olvidar la importancia que tienen los comportamientos de las sociedades en lo que se refiere a la calidad y cantidad de las aguas, según el uso que se les dé: sobre esto, debemos recordar los problemas que afectan a las aguas españolas: contaminación, sequía, despilfarro…

 

El suelo, por su parte, depende de diferentes elementos: aguas, materiales sobre los que se forma (roca madre), vegetación… Se produce una compleja interrelación entre todos ellos, que podemos apreciar en el mapa conceptual que resume este tema (Figura 1).

 

La Geografía, al estudiar la vegetación, pone su atención en la presencia de conjuntos vegetales o formaciones vegetales, que se distinguen por las diferentes especies que las componen. Si predominan los arbustos, hablamos de matorral o “monte bajo”; si los árboles son su componente más importante, se trata de bosques o “monte alto”. También hay, claro, formaciones herbáceas. Suelos y vegetación dependen del clima pero también (y actualmente quizá en mayor medida), tanto directa como indirectamente, de la acción humana y de los intereses en función de los cuales se organiza el territorio y se establecen sus usos.

 

La imagen global de todos estos elementos y factores, con las relaciones que se establecen entre ellos, es lo que los geógrafos denominan paisaje.

 Subir

 

 

 

 

 

Hosted by www.Geocities.ws

1